Cultura
Netflix

Vuelve Sophia Loren

A los 86 años la actriz italiana regresa al cine dirigida por su hijo menor, Edoardo Ponti, en la película La vida ante sí

14.11.2020 07:00

Lectura: 7'

2020-11-14T07:00:00
Compartir en

"Cuando ya no lo crees, suceden las cosas más hermosas". Todos, en algún momento de la vida, necesitan escuchar esto. A Momo (Ibrahima Gueye) se lo dice Madama Rosa (Sophia Loren), la mujer que lo acoge en su casa cuando ya nadie quiere hacerse cargo de él. Para el niño, este es su debut en cine. Para ella, con casi 100 largometrajes en su haber, esta película es particularmente importante: es su regreso después de más 10 años (su última actuación en cine fue en Nine, una vida de pasión, de Rob Marshall), es volver al set con 86 años, y es trabajar con su hijo menor, el realizador Edoardo Ponti.

La vida ante sí (La vita davanti a sé), que Netflix estrena este viernes 13, se filmó justo antes de que el coronavirus confinara a la actriz en su casa de Ginebra y a sus dos hijos (Edoardo y Carlo, director de orquesta) en Estados Unidos. Loren, una verdadera matriarca italiana, que ha hecho a un lado proyectos por priorizar el tiempo compartido con hijos y nietos, ya había trabajado bajo las órdenes de su hijo en La voz humana, la obra de un solo acto de Jean Cocteau que este año reversionó Pedro Almodóvar con Tilda Swinton como protagonista. Tanto ese proyecto como La vida ante sí, basada en la elogiada novela de 1975 La Vie Devant Soi, de Romain Gary, eran dos metas que el realizador, de 47 años, quería cumplir con su madre.

Ganadora de un Oscar honorario en 1991, la actriz podría lograr con esta actuación una tercera nominación al premio de la Academia y convertirse en la actriz de más edad en integrar esta categoría. Siguiendo con las hipótesis, si ganara, sería la intérprete (incluyendo hombres) más longeva en llevarse una estatuilla. Loren, que ya fue la primera persona en ganar un Oscar por una actuación en otro idioma por el filme Dos mujeres (La Ciociara, de Vittorio de Sica), en 1960, podría sentar un nuevo precedente.

Nace una leyenda. Últimamente Sophia Loren en las entrevistas suele calificar las cosas de "maravillosas". Su vida, sus colegas, su trabajo, su familia, sus experiencias; todo es maravilloso desde su óptica, y eso habla de su espíritu.

La infancia de Sofía Scicolone (llevaba el apellido de su padre, aunque nunca la reconoció) estuvo signada por las carencias. Viviendo en Nápoles, en plena Segunda Guerra Mundial, sus recuerdos de la niñez están salpicados de episodios en los que había que correr a resguardarse de un ataque o una explosión. El cine solía ser su lugar de escape (de la guerra, del hecho de crecer sin padre en un pueblo católico) y evasión con las historias que le contaba Hollywood a través de la pantalla grande.

Rita Hayworth fue dejando su marca en la chica, que empezó a gestar un sueño. Mucho antes de que ella misma fuera leyenda, el gran parecido que su madre guardaba con Greta Garbo hacía que en la calle los extraños la interceptaran para pedirle un autógrafo. Aunque su madre disfrutaba de esa confusión que generaba, no terminaba de entender la insistencia de su hija, que desde muy joven estaba decidida a ser actriz.

Según relata Loren hoy, en aquel momento no imaginaba las dificultades que ese camino conllevaría.
Sus primeros pasos hacia el estrellato los dio en fotonovelas, las revistas que narraban historias de amor a través de fotografías. Por entonces todavía llevaba su verdadero nombre, aunque estaba pensando en cambiarlo por uno más apropiado para una futura estrella. En los créditos de sus primeras películas figura como Sofía Lazzaro, pero en 1953 fue el productor Goffredo Lombardo, con quien trabajó en África bajo el mar, quien le sugirió que cambiara la f de Sofía por ph, y que sustituyera Lazzaro por Loren.

Con el nuevo apellido llegaron las primeras películas con Marcello Mastroianni, que terminó siendo, además de compañero de reparto en más de 10 filmes, su amigo. Después vendría Hollywood y una vida dividida entre una carrera excepcional y una familia, que comenzó con su matrimonio con el productor Carlo Ponti.

Todo queda en familia. La versión de Edoardo Ponti de la novela La Vie en Devant Soi (que ya había llegado al cine 1977 y ganado el Oscar a Mejor película extranjera) es una adaptación fiel de la historia de Madama Rosa, esta mujer, exprostituta y sobreviviente del Holocausto, que cuida durante el día a los hijos de prostitutas de su vecindario. Pese a su experiencia con niños, Momo, un huérfano inmigrante senegalés, representa un desafío adicional por sus arrebatos y problemas de conducta. Pero los días van pasando y, aunque Momo tiende primero a acercarse más a los polizontes o incluso a los traficantes del barrio que a Rosa, la fragilidad y los primeros signos de demencia que empieza a ver en ella hacen que se vaya estrechando el vínculo y que el niño baje lentamente la guardia; después de todo, ambos están familiarizados con los reveses de la vida. "Por primera vez me trataron como alguien confiable", dice Momo en un momento, aludiendo a esta oportunidad de cambiar que le dio Rosa.

Según contó a Variety, al filmar una de las escenas más importantes del filme, que transcurre en la azotea del edificio donde vive su personaje, la emoción desbordó a la actriz. "Era la primera vez que volvía a filmar una escena en una azotea y me sentí inundada por una oleada de recuerdos", dijo Loren. Fue precisamente en una azotea donde hace 40 años se filmó una de las escenas más reveladoras de Un día muy especial, una de las películas con las que compartió cartel con Mastroianni. A eso se sumó que a su lado, dirigiendo la película, estaba su hijo: "Ese día me sentí muy bendecida", contó. Edoardo Ponti pisó por primera vez un set de filmación a los 11 años, interpretando a un niño ciego en el telefilme Qualcosa Di Biondo (1984) junto a su madre.

"En la vida atraviesas muchas experiencias, pero yo siempre he intentado vivir sin arrepentimientos", dijo la actriz recientemente a The Guardian. "Creo que he logrado una vida pacífica. Tengo todo lo que siempre quise: una familia maravillosa con hijos hermosos y nietos hermosos", agregó. Sin embargo, sí hay algo que, sabe, habría sido un bonito recuerdo que atesorar: "El único pequeño arrepentimiento que tengo es no haberme casado de blanco. Ese fue el sueño de mi vida, y todavía lo llevo dentro". Pero su matrimonio no necesitó de ese convencionalismo para ser fuerte y duradero. "Me casé una vez en la vida, y fue un matrimonio maravilloso. Fue un matrimonio amoroso", dijo. Loren y Ponti se casaron en 1966, cuando ella tenía 32 años y él 54, y siguieron casados hasta 2007, cuando él murió con 94 años. "Mi familia está siempre conmigo, alrededor de mí (...). Siempre estoy rodeada de un gran, gran amor", aseguró ella.

El fruto del trabajo conjunto con su hijo se estrena en un contexto crítico. Cuando el cuidado del otro cobra una validez y un significado inédito para la sociedad actual. "Con Edoardo pensamos que este filme sería muy interesante en este momento", dijo la actriz refiriéndose a las circunstancias del estreno y a lo atemporal de los temas que trata.