Editorial
Editorial de Daniela Bluth

Vivir el arte sin vergüenza

El confinamiento nos permitió mirar nuestras casas de otra forma, con más tiempo para vivirla y relacionarse con ella

19.11.2020

Lectura: 4'

2020-11-19T09:02:00
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Por Daniela Bluth

Este año seguramente pasamos más tiempo que nunca en nuestras casas. En estos ocho meses tuvimos oportunidad de mirar más de una vez por día el techo, de descubrir esa pequeña manchita de humedad en el rincón, de analizar una y otra vez qué cuadro colgar encima del sofá, de evaluar si la mesa del comedor era o no imprescindible, de querer cambiar la lámpara, la alfombra o los almohadones de la cama, de planificar cuál era el mejor rincón para instalar el home office. Nuestros hogares siempre dijeron mucho de nosotros mismos, pero en 2020 seguramente dijeron un poco más.

Quedarnos en casa nos permitió, en algunos casos, aprender esas tareas que antes veíamos como lejanas o imposibles. Pintamos paredes o decks, pusimos zócalos y empapelados, aprendimos a hacer macramé y tejimos mantas de crochet. En ese sentido, Internet en general y las redes sociales en particular fueron las grandes aliadas. La pandemia hizo que los hogares, igual que muchas personas, se tuvieran que reinventar.
En este contexto, la edición de interiorismo que hacemos todos los años cobra especial relevancia. Contrariamente a lo que podríamos pensar -que la gente está más reticente a abrir las puertas de su hogar-, la gran mayoría de las personas que contactamos para que mostraran sus casas no tuvo problemas en hacerlo. Apareció, más que otros años, una suerte de orgullo por la vida que llevamos puertas adentro; quizá porque este año la vida privada se volvió "la" vida.

Decidimos que el hilo conductor de este número especial fuera el vínculo entre el arte y la decoración, un tema que aparece de forma recurrente en las conversaciones y que no tiene una única mirada. La elección de las notas y las casas que mostramos no es casual. Aparecen, por nombrar solo algunas, la casa del arquitecto Diego Montero y su esposa, la artista Laura Sanjurjo, en Maldonado; el apartamento del fotógrafo Alvin y su pareja; el estudio del publicista y artista Diego Haretche y la casa de la artista y curadora Rossana Demarco, fundadora de La Pasionaria, en Ciudad Vieja.

El número también incluye varias entrevistas, entre ellas la de la última página al decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Marcelo Danza. Además, Carolina Villamonte -editora jefa pero algo así como la madre de estas ediciones de interiorismo- conversó con el arquitecto y curador argentino Federico Platener, quien resume sin vueltas esa difícil pero amorosa relación entre el arte y la decoración. Platener, en una entrevista que fue por Zoom y duró casi una hora, habla de los prejuicios con la habilidad de referirse a ellos sin nombrarlos. Y de su discurso se desprende la necesidad de despojarse de ellos. Cuando comenzó a trabajar como productor cultural, como le gusta llamarse, vio que había un "respeto excesivo" hacia las obras de arte, se las entendía como objetos de museo y estaba mal visto recurrir a ellas para ambientar una casa. "Posiblemente dentro del mundo del arte un montón de personas pensarían que el arte no se vende de esa forma, que no era para que combinase con un sillón. Esa era como la forma más despectiva de verlo. Pero yo no escuchaba esa campana", cuenta. El mercado generaba un discurso que expulsaba, nunca nadie sabía lo suficiente como para comprar. Platener, entonces, apeló a acercar el arte a esos clientes que querían tener obra, pero no sabían de estéticas ni movimientos. Quería que la gente no tuviera vergüenza de su conocimiento, ni de la falta de él. Opina que para comprar arte no hay que ser experto y que cualquier forma de acercamiento es legítimo. "Uno tiene que poder aproximarse desde el lugar que le dé placer. Hay un montón de elementos cuando uno elige una obra de arte. (...) No podemos obligar al otro a que hable en nuestro idioma".

La semana pasada, a raíz del remate de una obra de Joaquín Torres García, hacía referencia en esta misma columna a la importancia del arte como vehículo de sanación. Hoy, este número de interiorismo y las declaraciones de los entrevistados no hacen otra cosa que confirmar esa idea. En un momento en que las personas tenían otras preocupaciones, otras prioridades, el consumo de arte no solo se mantuvo sino que subió, aseguran los involucrados. La explicación, las razones, pueden ser muchas. Para Platener, se debe a que la gente estaba mirando su casa de otra forma, con más tiempo para vivirla y relacionarse con ella. Desde Galería coincidimos con esa percepción. Y, por eso, celebramos mostrando esas casas que eligieron, con orgullo, dejarnos entrar.