Editorial
Editorial de Daniela Bluth

Veranos y libros más allá del tiempo

Los autores que nos marcaron los veranos de la infancia y el nuevo podcast de Galería

21.05.2020 12:37

Lectura: 5'

2020-05-21T12:37:00
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Por Daniela Bluth

En la entrevista que publicamos esta semana a Leticia Jorge, la directora de Alelí, la cineasta recorre los temas más diversos. Habla de la película, de su gato, de cómo maneja, de su pareja y de sus veranos. Y allí, en ese último punto, fue que al leerla mi memoria entró en una especie de loop. La pregunta de Patricia Mántaras venía a cuento del reciente estreno del filme, cuyo título refiere al nombre de la casa de veraneo de los Mazzotti. Al de Alba y Alfredo, e de Ernesto y lí de Lilián, dejando afuera a la menor de las hijas de la familia, Silvana, que nació más tarde. Como suele suceder, más que las comodidades o la belleza, las casas en las que uno pasó sus veranos brillan por los recuerdos que traen consigo. En la nota, la propia Leticia hace referencia a la casa de sus abuelos en El Pinar, donde compartía los días de vacaciones y calor con sus primas. Cuando quiso volver, durante el rodaje, y después de años de que la casa se había vendido, no supo el camino. Una vez en el lugar, lo que recordaba era más el espacio que las cosas concretas. "Viste que al final los veranos de una época de tu vida podrían haber sido todos un gran verano". Cuánta razón tiene. Los míos fueron en la casa de veraneo de mis abuelos en Carrasco (sí, en Carrasco), donde podía tener mascotas, donde salía a dar la vuelta a la manzana en bicicleta 20 veces al día, donde me preparaba para ir a patinar en la pista de la Conaprole, donde bajaba a la playa con los vecinos de la bicicletería y pasaba las tardes entre árboles y pedregullo, donde era tan feliz que nunca quería que llegara el final de las vacaciones.

Como dice Leticia, es difícil identificar qué recuerdo ocurrió y cuándo. Todos forman una gran masa cálida, liviana, tierna. En el verano, por lo general, también es el momento en que uno se encuentra más con la lectura. Hay más tiempo (algo parecido a lo que ocurre en cuarentena, aislamiento, confinamiento o como se le quiera llamar). Por eso, esos recuerdos de verano también me llevaron hasta los libros, las series de Enid Blyton en la niñez, las revistas de la Turma da Mônica en lo de mi amiga Gabriela, los poemas de Benedetti o Galeano en la adolescencia, Truman Capote y Charles Bukowski en los años de facultad. Y la lista sigue, formando una dupla que nunca pierde vigencia: vacaciones y libros.

Sin distinción de géneros, formatos y autores, en Uruguay el Día del Libro es el 26 de mayo y en general coincide con un montón de actividades públicas y gratuitas. Este año, pandemia del coronavirus mediante, también será un Día del Libro diferente. Desde galería hace meses que venimos pensando ideas para rendirles homenaje a las letras y al papel, esos con los que tanto nos identificamos, que defendemos y que resultan aliados infinitos para la inspiración, información y creatividad. En la revista generamos y contamos historias basadas en otras historias, esa es la clave de todo. Sin ellas, sería imposible.

Así fue que surgió la propuesta de celebrar los libros con un podcast, un formato nuevo para la revista pero muy vigente en estos tiempos (Búsqueda hace algunos meses tiene el suyo, llamado El Semanario, donde comparte algo así como el "detrás de escena" de las notas). Fue Patricia la que primero tiró la idea, gran consumidora de Modern Love, uno de los podcasts de The New York Times. En equipo, esa idea fue tomando forma y, finalmente, se concretó la semana pasada cuando un grupo de actores fue -por separado y con las medidas de seguridad necesarias- hasta el estudio de grabación de Montevideo Portal a leer un texto que, para ellos, tuviera un significado especial. El resultado se llama G+, verá la luz -o el aire- en los próximos días y prefiero no revelar todos los detalles.

Una vez más, allí aparecieron fragmentos de distintos autores que tienen que ver con la identidad, las luchas, la familia y los recuerdos. El domingo de noche, mientras recorría con la mirada una pequeña biblioteca que tengo en mi dormitorio encontré uno de los textos elegidos por uno de nuestros invitados, Confieso que he vivido, de Pablo Neruda. Y volví al capítulo que unos días antes había escuchado de cuerpo y alma de Leandro Núñez. En él, el poeta chileno hablaba de su infancia y aclaraba que en aquellos años su "único personaje inolvidable" fue la lluvia. Después, recorría sus rutinas en el pueblo donde creció, sus primeros amores, los apellidos de sus compañeros de colegio, las grandes fiestas en la casa de los ricos, los bichos extraños que recogía en los bosques y su primer contacto con la literatura. En el prólogo de la obra -cuya redacción quedó interrumpida por su muerte-, Neruda aclara que "estas memorias o recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida". Para todo lo demás, entonces, están el verano y los libros.