Estilo de vida
Distintos destinos para un tren

Vagones de carga de AFE de la década del 50 se transformaron en originales guaridas

El sonido de los trenes al andar, las anécdotas de familiares que se trasladaban en ellos, las historias sobre diferentes estaciones del país, las películas, han hecho que el mundo ferroviario se recuerde con emoción y con una cuota de magia

21.08.2021

Lectura: 9'

2021-08-21T07:00:00
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Por María José Carricaburu. Fotos: Adrián Echeverriaga

De haber podido, muchos hubieran elegido viajar en tren toda su vida, pero sin poder hacerlo, decidieron dar una nueva vida a antiguos vagones de AFE. Se trata de vagones de carga americanos de la década del 50 que diferentes emprendedores adquirieron y que hoy se encuentran ubicados en la Sierra de las Ánimas y en Punta del Este. Lo mejor de la original iniciativa es que sus dueños decidieron abrir las puertas de sus vagones al público y ofrecen la posibilidad de alquilarlos por períodos cortos para hospedarse y disfrutar del entorno.

En la sierra. En los momentos más duros de la pandemia, cuando los viajes no eran una opción y las actividades sociales se veían limitadas, irse fuera de la ciudad para descansar y respirar otro aire era el deseo de muchos. Esta misma necesidad sintieron los hermanos Andrés, Juan Pablo e Ignacio Pío Guarnieri, quienes decidieron volver al campo. Si bien los tres vivieron mucho tiempo en la ciudad, tuvieron una infancia muy vinculada al campo por su padre, que vivía en una chacra en Sauce, por lo que siempre se sintieron atraídos por los lugares más pacíficos.

Estación Inchalá

En 2019 surgió la posibilidad de adquirir dos vagones americanos de carga de AFE de 1951 y a su vez encontraron un lugar en la Sierra de las Ánimas con el que quedaron encantados. Así fue que decidieron trasladarlos hasta ese sitio, en un principio para vivir allí. Más tarde pensaron en la posibilidad de que otros también pudieran disfrutar de ese punto tan maravilloso del país y conectar con la naturaleza como ellos lo hacían.

Estación Inchalá

Revalorizar algo viejo, darle una nueva vida y hacerlo con sentimiento. Eso hicieron los tres hermanos, que recordaban con mucha claridad y entusiasmo las anécdotas de familiares lejanos vinculadas a la pequeña Estación Achar (Tacuarembó), por donde vivían sus bisabuelos don Héctor y doña Angelita. Eso fue lo que los llevó a trabajar en los dos vagones y a trasladarlos desde Toledo hasta la Sierra de las Ánimas con tres camiones y dos grúas, puesto que cada vagón pesa 10.000 kilos.

Todas las piezas de los vagones, que son de madera de pinotea de 100 años, son originales, salvo los zócalos y la cocina. De hecho, uno de los vagones era de carga de portland, por lo que se encontraba totalmente blanco y antes de trasladarlo a la sierra requirió un trabajo intenso de recuperación de la madera.

Estación Inchalá

Actualmente los dos vagones se ubican a la altura del kilómetro 38,500 de la Ruta 60, en el límite departamental entre Maldonado y Lavalleja, sobre la Sierra de las Ánimas. Uno de ellos se llama Sierras de Leskem y es administrado por Andrés. Este funciona como monoambiente y ofrece hospedaje a entre dos y tres personas, es pet friendly y su baño es exterior. A algunos metros se encuentra el otro vagón, Estación Inchalá, administrado por Juan Pablo e Ignacio. Si bien ambos son iguales, este último está adosado a una pequeña construcción que simula ser esa Estación Achar que los hermanos recuerdan con tanto cariño. Ese espacio conectado con el vagón cuenta con una habitación con cama matrimonial, una con dos camas y un baño, por lo que admite hasta seis personas. El encargado de todo el lugar es Nicolás Centurión.

Estación Inchalá

La decoración de ambos espacios es obra de los tres hermanos, en su mayoría con muebles y objetos obtenidos en remates, adornos pertenecientes a familiares y algunos regalos que recibieron de visitantes.

El punto del país en el que se ubican los vagones es disfrutable en sí mismo. La vista, el aire que se respira, la cañada y las noches estrelladas son algunas de las motivaciones que atraen a los visitantes, además de la curiosidad de dormir en un vagón. Otros se interesan en lo histórico, como la tapera de piedra del 1700 ubicada al lado de Estación Inchalá, o en el aspecto místico de la Sierra de las Ánimas. Muy cerca del lugar hay un templo budista y un centro salesiano.

Otro atractivo son los animales. Considerados anfitriones, están domesticados y hasta tienen nombre. El fin de su presencia es exclusivamente la interacción con los visitantes, que disfrutan de conectar con ellos y viceversa. Hay una perra loba checoslovaca de cuatro meses llamada Lobita, que pasa el rato con las gallinas; está la chancha Betty, que en cuanto percibe que la van a acariciar se tira panza arriba; y la exyegua de carrera Manigua, que tras romperse el bazo iba ir al matadero y los hermanos la compraron, la recuperaron y hoy vive allí en la sierra.

Sierras de Leskem

"Estamos abiertos a todas las opciones que nos propongan. Lo que tiene de bueno el vagón es que es muy modificable y fácil de convertir en otra cosa", cuenta Andrés, y explica que muchas veces reciben a personas en modo cowork, que buscan inspiración en las sierras. También han realizado festejos de pocas personas o actividades con interesados en pasar el día como familias, grupos de amigos o empresas.

Sierras de Leskem

Pese a que no deja de ser un lugar turístico, la filosofía que siguen Andrés, Juan Pablo e Ignacio es que las personas puedan vivir en ese lugar místico lo mismo que ellos experimentan cada día. Del mismo modo, aseguran que no se sienten dueños del lugar sino más bien guardianes, que, junto con los vecinos de la zona, protegen y dan vida al lugar.

Sierras de Leskem

Por consultas visitar las cuentas de Instagram @sierrasdeleskem y @estacion_inchala_ruta_60_

En la ciudad y en el campo. Para el ambientador y diseñador Aarón Hojman, lo ferroviario es una inspiración desde niño. Cuando hacía carretera con su padre solía ver las pequeñas estaciones de madera y chapa al costado de la ruta y siempre le llamaron la atención. Hace alrededor de seis años participó en una licitación y consiguió en AFE su primer vagón, y dos años más tarde compró cuatro más.

Los vagones de Aarón también son americanos de carga de la década del 50 y, al igual que los tres hermanos, el empresario trató de intervenirlos lo mínimo indispensable. Todos tienen baño interior y se ubican en distintas partes de Punta del Este.

El primero se encuentra en el campo Divisadero, por Camino del Cerro Eguzquiza, muy cerca del hotel Fasano y de Aguaclara, una zona que ofrece la posibilidad de realizar variadas actividades. Allí mismo hay otro vagón, que se pretende tener listo para recibir huéspedes el próximo verano.

Otro de los vagones rescatados por Aarón se ubica en el mismo predio de la posada Casa Zinc, de la cual es dueño. Donde solía existir una cancha de bochas eligió colocar uno de los vagones y crear Angostura, un pequeño estudio/apartamento que lleva ese nombre por la angostura que se forma en el terreno y en referencia a Villa la Angostura, ciudad de la Patagonia argentina. Una de las particularidades de este vagón es que su deck, que simula ser un andén, es un vagón chata adosado.

Otros dos vagones se ubican en un terreno en la zona de La Barra y, por la cercanía con el arroyo Maldonado e inspirado en los talleres ferroviarios, los nombró Talleres Arroyo. Si bien el propietario los instaló allí pensando en ofrecerlos como hospedaje para períodos cortos, le sucedió lo que define como "una linda casualidad". La artista dedicada a la cerámica Lola Piñeyrúa estaba en la búsqueda de un taller donde trabajar y dar clases, y el emprendedor le ofreció hacerlo en uno de esos vagones, por lo que el espacio terminó siendo un taller, como lo indica su nombre. La idea para los vagones de Talleres Arroyo es que durante el verano funcionen como Airbnb y al comienzo del año lectivo vuelvan a ser el punto de encuentro entre artistas y alumnos. Para 2022 ya se prevé que se brinden clases de pintura y de arte gráfico.

Talleres Arroyo

Talleres Arroyo

Talleres Arroyo

Eso es algo en lo que los emprendedores de vagones coinciden, en que el espacio es muy dúctil. Hoy puede ser un hospedaje, mañana un taller, pasado una cervecería y así sucesivamente.

La decoración de los vagones de Aarón también es en su mayoría con muebles y objetos conseguidos en remates, antigüedades que según manifiestan los huéspedes "dan la sensación de estar viajando". El mobiliario que elige Aarón es reparado; prefiere no usar la palabra restaurado, que sería llevado a nuevo. Esto se debe a que al emprendedor le gusta generar la sensación de que esos elementos forman parte del lugar hace rato. "Mi leitmotiv es que las cosas tengan arraigo, lo que hago es una curaduría con hallazgos que me permiten armar el puzzle. El vagón, a pesar de ser de carga, da la sensación de estar en movimiento, y además es una muestra fiel de lo que suelo hacer en decoración", asegura Aarón.

La pasión del propietario de Salón No 3, Trading Post y Café Zinc por el mundo ferroviario también lo ha llevado a adquirir algunos otros vagones, que luego ha vendido y decorado a pedido de clientes.

Angostura en Casa Zinc

Angostura en Casa Zinc 

Vagón en Divisadero

Vagón en Divisadero

Vagón en Divisadero

Por consultas visitar las cuentas de Instagram @casazinc, @aaronhojman