Estilo de vida
Surf adaptado

Una forma de hundir los límites en el mar

Con la adaptación de las tablas y nuevos referentes, este deporte se posiciona como una herramienta terapéutica y logra medallas en el exterior entre personas con discapacidad

09.01.2020 11:55

Lectura: 10'

2020-01-09T11:55:00
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Florencia Pujadas

Desde la costa esteña, los surfistas definen a Isabella Desseno y Christian Marcos Lepoivre como "bichitos del mar". Ella, de 15 años, y él, de 48, pasan la mañana en busca de la ola perfecta, atentos al pronóstico del tiempo y aprendiendo a leer el lenguaje del océano. Tienen tanto conocimiento del surf como los que practican con sus tablas en plena temporada, pero son los protagonistas de una historia bien distinta: Christian sufrió un accidente que lo dejó sin una pierna e Isabella nació con espina bífida. Ambos usan tablas adaptadas, practican distintos estilos y se sienten cómodos en el mar. Junto a Álvaro Pérez y Fernanda Yavarone, son referentes y parte de la delegación uruguaya que clasificó al Mundial de Surf Adaptado de 2020, una variación del deporte para personas con discapacidad. Isabella es la primera campeona sudamericana de Uruguay en la categoría AS4, y Christian es medalla de plata en S1.

Estos surfistas dicen que no importa cuál sea la dificultad, la patología o el problema motriz que se tenga para poder conectarse con el mar. "Es un deporte y un estilo de vida democrático. Al verlos te das cuenta de que son bichitos del agua; se sienten más seguros capaz que en la tierra. Nosotros en la ciudad tenemos obstáculos, trabas, que en la playa no tenemos. Se sienten libres. Y lo son", cuenta el surfista y profesor de Educación física Gonzalo Tato Eiris.

Hasta hace un tiempo eran muy pocos los que sabían que el surf podía adaptarse a personas con discapacidades físicas y mentales (nuevos estudios también lo recomiendan para niños con TEA). Muchos consideraban que eran actividades incompatibles hasta que se conoció el caso de Juan Martín de Posadas, un hombre que hace 15 años -en el día de su cumpleaños- sufrió un accidente practicando surf en Punta Colorada que lo dejó en silla de ruedas. El cambio fue drástico, pero nunca pensó en alejarse del mar. "Lógicamente, tengo días en que me da rabia estar en la silla, me da impotencia. Digo: ‘Qué ganas de estar caminando en la playa, de patear una pelota', pero no me dura. Me parece que mi cabeza entendió que no hay vuelta atrás", confiesa en su libro El diario de Juan, editado en 2019.

Aquella pasión por el deporte, el proceso de rehabilitación y el instinto de superación que comparte con quienes se atreven a entrar al mar, aun con una discapacidad, hizo que se adaptara al nuevo escenario. Se mandó a hacer una tabla con un motor, se subió a una ola y, de a poco, se convirtió en un referente del deporte adaptado. En 2015 fue invitado por la Unión de Surf del Uruguay y viajó como delegado al Mundial de Surf Adaptado que se disputó en San Diego, California. Entre 69 surfistas obtuvo la medalla de bronce en la categoría Assit y marcó un hito en el deporte local. Es una inspiración para deportistas tan jóvenes como Isabella y tan valientes como Christian.

Venciendo a las olas. A cinco años de aquella medalla, la historia de Juan de Posadas se repite con nuevos protagonistas y en nuevos escenarios. En 2014, la Asociación de Guardavidas uruguaya organizó un congreso e invitó al campeón y profesor de surf brasileño Cisco Araña, quien había creado una tabla adaptada con una tecnología especial para un alumno suyo que era ciego. Se conoció el método en Uruguay y se empezaron a construir tablas respetando sus indicaciones. "El surf en general es diferente a otras disciplinas porque es personalizado. La tabla que usa Gabriel Medina o Italo Ferreira, que son de los mejores surfistas del mundo, nunca son las mismas. Se toma en cuenta su peso, su altura, el tipo de olas que les gusta correr y hasta la tolerancia a la frustración", explica Gonzalo Eiris desde su escuelita de surf en la parada 30 de la Playa Brava.

El surf adaptado, sin embargo, recién pasó a estar en la agenda deportiva y cultural desde organismos estatales con el programa Soñando sobre las olas de la Escuela de Mar de la Intendencia de Montevideo, que luego se trasladó a otros rincones del país. Este espacio inclusivo -que cuenta con actividades en la playa entre enero y febrero- busca educar sobre la prevención de lesiones acuáticas y el vínculo con el entorno. Esta modalidad de surf integra a personas con discapacidad por sus beneficios terapéuticos a nivel motriz y emocional. Implica un ejercicio desafiante que potencia la autoestima y el crecimiento personal. Cada alumno cuenta con una tabla personalizada y adaptada a sus necesidades. Por ejemplo, una tabla para ciegos tiene relieves, texturas y es más blanda, una para alguien con poca visión tiende a ser más brillante, y las que usan las personas con discapacidades motrices tienen partes removibles. La de Juan de Posadas lleva un pequeño motor que se adapta a sus problemas de movilidad para entrar al agua, girar y correr la ola con independencia. Otro tipo de tabla cuenta con la posibilidad de adherir diferentes piezas según la discapacidad motriz de la persona que la vaya a usar, además de permitir ir de a dos para que el surfista -o el aprendiz- se sienta seguro. Hay tantos tipos de tablas como personas sobre el mar.

Del mar al podio. Detrás del crecimiento del surf adaptado hay un puñado de historias inspiradoras de adolescentes, mujeres y hombres que vencieron sus propios límites. En los últimos dos años, la delegación uruguaya ganó medallas de oro, plata y bronce en el ámbito regional. La historia comenzó con el primer campeonato Sudamericano de Surf Adaptado (2018) que se realizó en Mar del Plata. Tras meses de preparación casera y sin grandes apoyos económicos, se presentó un equipo formado por Jorge Cauto, Christian Marcos Lepoivre y Álvaro Pérez como representantes. Los tres volvieron con medallas de bronce. Como atleta ciego, Álvaro ha corrido desde duatlón y triatlón, hasta mountain bike, y llegó a la competencia de surf motivado por Eiris, con una tabla adaptada que le facilitó la profesora de Educación física, guardavidas y coordinadora del programa Soñando sobre las olas en Montevideo, Ana Ortíz.

Las historias de Jorge y Christian son diferentes. El primero empezó a practicar surf antes de tener un accidente de moto en el que perdió una pierna. Estuvo tres años sin animarse a volver al agua, pero se reencontró con su pasión en una actividad organizada por el surfista Tito Iglesias en Maldonado. Christian también se animó a tirarse con una tabla mucho después del accidente de tránsito que tuvo en Buenos Aires cuando tenía 19 años. Es uruguayo, se crió en Argentina y regresó en su adultez a Maldonado, hoy se considera un kamikaze. Después del accidente en el que perdió la pierna, se compró una moto porque le gustaba sentir adrenalina con nuevos obstáculos. También quiso hacer windsurf; se compró un tablón y probó en las playas sin olas de Marindia. Les enseñó a sus hijas y se volvió un experto sobre asuntos del mar. "Sabía todo, pero lo intentaba y no podía surfear porque tenía una tabla chica, que no me dejaba. Un día fui con un hombre en Las Toscas y le dije que quería un tablón ancho, largo, que me tuviera fuera del agua y se adaptara a lo que necesitaba. Cuando tuve la tabla me vine a Punta del Este y ese fue el primer día que me paré (con una prótesis)", recuerda.

Más tarde siguió con la típica rutina de los surfistas: fue encontrando su estilo, buscó una performance que le sirviera y venció sus ataques de pánico al animarse a competir. En 2019 lo volvió a hacer en el segundo Sudamericano en Mar del Plata con una delegación que cumplió con creces: clasificaron al Mundial que se disputará en marzo en ?Estados Unidos, al que aún no sabe si podrán concurrir por falta de apoyos.

Más medallas, más figuras. El año pasado hubo un quiebre repentino y enorme para el surf adaptado. Con una mayor preparación, experiencia y menos nervios, Christian Lepoivre se llevó una medalla de plata y Álvaro Pérez una de bronce en categorías individuales, pero que vivieron como un equipo. Los dos viajaron a representar la bandera celeste y se emocionaron al ver los resultados. Y no fueron los únicos. Para esta competencia también viajó Fernanda Yavarone, una deportista uruguaya de 32 años que obtuvo el bronce en silla de ruedas. A los ochos meses le diagnosticaron parálisis cerebral severísima, y le dijeron a su familia que no iba a moverse nunca, que pasaría su vida en una silla de ruedas. Sin embargo, Fernanda domina el equilibrio sobre la tabla y logra estar unos metros parada. También es una fuente de inspiración para los pequeños alumnos de las escuelas de surf en las playas: "Un día estábamos surfeando con los chiquilines y había un amigo sacando fotos. Cuando me pongo a mirar, veo que uno de los chicos estaba surfeando como Fernanda. Me emocioné y vi esa empatía que sentían. Se están transformando en nuevos ejemplos de superación", asegura Eiris.

El Sudamericano marcó otro hito: la aparición de Isabella Desseno. A los 15 años, esta adolescente de José Ignacio se consagró como la primera campeona sudamericana del país en la categoría AS4, sin asistencias. Ya había debutado en el Open de Costa Rica en categoría femenina y era la primera mujer uruguaya cuyo nombre figuraba en un torneo de surf adaptado internacional. Isabella nació con espina bífida, una afección congénita que le impide tener sensibilidad de la cintura hacia abajo. De pequeña pasó por varias cirugías que mejoraron su calidad de vida y estuvo estimulada por su familia. "Para mí ellos son todo en todo. Nunca sentí que había cosas que no podía hacer. Siempre están ahí para apoyarme", cuenta.

Ayudada por bastones, aprendió a andar en skate, se mantuvo en movimiento y siguió rutinas de rehabilitación. Pero hubo un factor que potenció su perfil en el surf: pasó su infancia entre el mar y la arena de José Ignacio, donde sus padres conducen el restaurante Marismo. "Me metía al agua desde muy chica. En febrero del año pasado fuimos a Cabo Polonio y llevamos un tablón. Ese mismo día papá (Federico Desseno) me enseñó un montón de cosas sobre el mar. Yo siempre lo había respetado pero me dijo cómo leer y saber cuándo se venía el set, cuándo vienen las olas más grandes".

De a poco y con paciencia, aprendió a subirse a la tabla y disfrutar de un deporte que la conecta con su padre y su hermano. De hecho, sus padres -ambos argentinos- decidieron vivir en José Ignacio por la pasión y conexión que sienten con el mar. Al poco tiempo de aquel verano en el Cabo, su padre la anotó en el Open de Costa Rica y en noviembre llegó a Mar del Plata. "Después de surfear me siento bien conmigo misma y me demuestro que puedo. Todos podemos, y por eso me gusta estar en el mar", dice. El surf adaptado muestra justamente ese impulso, esas ganas de seguir, de salir y desafiarse. Así, la conocida frase de Friedrich Nietzsche cobra sentido: "Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo".