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Elecciones departamentales

Una charla con la futura intendenta de Montevideo

Una lidera la interna del Frente Amplio, el favorito; la otra es la candidata de la coalición multicolor. Diferentes y parecidas, Carolina Cosse y Laura Raffo disputan el gobierno de la capital

24.09.2020

Lectura: 35'

2020-09-24T09:24:00
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Por Juan Andrés Ferreira y Leonel García

La ingeniera Carolina Cosse y la economista Laura Raffo tienen mucho en común. Ambas son profesionales exitosas en lo suyo, han tenido una profusa actividad en diferentes áreas y son hijas de padres conocidos y reconocidos. Ambas, que las encuestas ubican como las dos candidatas con más chance a alcanzar la Intendencia de Montevideo (IM) en las elecciones del próximo domingo 27, también comparten el barrio. La que figura primera en la interna del Frente Amplio y la que aglutinó a casi todo el arco opositor bajo el paraguas del Partido Independiente viven en Punta Carretas, van a la misma peluquería y hasta coincidieron en el último espectáculo artístico que vieron: Fito Páez, en noviembre de 2019, en el Antel Arena.

Sin embargo, también las separa mucho más que las escasas ocho cuadras de distancia entre la casa de una y otra. Alcanza con revisar las últimas novedades de la campaña electoral para notar que no parece haber una sintonía personal entre ambas. De los tres candidatos del oficialismo en Montevideo, es notorio que la senadora, expresidenta de Antel, exministra de Industria y exprecandidata a la presidencia es la de discurso más beligerante; sobre su rival, ha denunciado que ha difundido fake news sobre ella. Raffo, una recién llegada a la arena política (en esto sí hay una clara diferencia), ha repetido a su vez que su contrincante ha optado por el "agravio" contra ella. La posibilidad de que aparecieran juntas en esta nota era mínima; y ante la solicitud, una de ellas se negó.

Buscando coincidencias, o aún más diferencias, galería se reunió con ellas y les formuló las mismas preguntas. La charla solo varió en sus respuestas y en el derrotero que de estas preguntas se derivó. Ambas se mostraron muy amables y abiertas al diálogo, que sobrevoló diferentes puntos más allá de lo estrictamente político. Ambas también se mostraron tranquilas y relajadas, quizá -y esto es una apreciación de quienes escriben- con el convencimiento de que la suerte personal de cada una ya está echada.

Carolina Cosse

"Cuando querés cambiar algo, tenés que amarlo, quererlo. Y yo quiero cambiar la realidad. A fuerza de órdenes no se cambia la realidad"

Foto: Mauricio Rodríguez.

Una guitarra española, una mesa de pool, una bandera de la diversidad, un teléfono rojo de disco traído directamente de la década de 1970 y un cuadro con 14 pequeños retratos a carbonilla y tiza de José Luis Zorrilla de San Martín titulado Estudios sobre la fisonomía de José Artigas adornan el búnker de campaña de Carolina Cosse (58), en su carrera hacia la Intendencia de Montevideo (IM). Es un primer piso por Peatonal Sarandí, bien frente al Registro Civil, lo que garantiza bullicio y arroz en la calle.

Ella se muestra tranquila. Las encuestas le sonríen, pero la recta final la encuentra con la agenda cargadísima. En su encuentro con galería habla de su niñez, de la generación del 83, de la aplicación tecnológica a la gestión municipal, de sus gustos artísticos y también de la "grieta", la que rechaza y teme, aunque durante su campaña ha tenido una retórica dura -que parece destinada al votante frenteamplista más militante y aún dolido por los resultados de noviembre- contra el gobierno nacional.

También reconoce su fama de mujer "dura", la que, asegura, no es real. Durante la conversación se mostró amable y abierta, permitiéndose reír varias veces y emocionarse algunas. Tiene un tono de voz calmo y pausado que rara vez se altera. Y una mirada que, cuando apunta fijamente a su interlocutor, parece que lo atravesara.

¿Contra quién está compitiendo por la intendencia?

En esta competencia, más que "contra" siento que estoy trabajando "por". Somos un partido de programa, uno que está enfocado en Montevideo. Alrededor de eso he hecho propuestas concretas y un nuevo encare. Naturalmente, soy una persona de proponer y el equipo que tenemos es propositivo.

¿Se refiere al ABC (Apoyo Básico a la Ciudadanía)?

No solo eso. Hablamos de tres pilares: limpieza, movilidad y trabajo; de un eje transversal muy fuerte de innovación y de cultura; y un nuevo encare en la forma de trabajar que pasa por consolidar información, llevarla de manera accesible a las personas. Yo quisiera que las personas tuvieran a Montevideo en su celular y que sea fácil de leer en todos sus aspectos. El Plan ABC es para atender la emergencia social, algo que vamos a hacer el primer año.

¿Por qué considera que es la mejor opción para la intendencia? ¿Qué virtudes se encuentra?

Me da un poco de pudor hablar de mí... pero en una entrevista de trabajo hay que hablar de uno, así que vamos. Yo tengo una trayectoria con experiencia de gobierno. Trabajé en la IM tres años, encargada de un área con 250 personas, Tecnología; después me asignaron dos áreas más: Calidad y el Instituto de Estudios Municipales. Empezamos a hacer un merge que me entró a entusiasmar mucho. Y cuando estaba muy entusiasmada, Pepe (José Mujica) me ofreció la presidencia de Antel. Estuve cinco años en una empresa enorme con más de 6.000 personas. Luego fui ministra cuatro años en el gobierno de Tabaré (Vázquez). Experiencia de gobierno tengo, pero con eso no alcanza. Yo pongo por encima de la mesa que tengo compromiso político: soy una persona de códigos, unitaria, sé formar parte de un equipo político. La unidad, cuando estamos todos de acuerdo, es una papita; la unidad se pone a prueba cuando no estamos todos de acuerdo. En la política, respetar la unidad es muy importante. Yo puedo aportarle al gobierno de la IM claridad, firmeza y compromiso.

¿Recuerda cuál fue el último viaje en ómnibus que hizo?

Pah... no... De 21 de Setiembre y Luis de la Torre al Centro. No viajo mucho en ómnibus. Tengo auto, iba a la intendencia en auto. Iba en mi auto a Antel hasta que mis amigos me dijeron que, por ir pensando en otra cosa, me lo iba a poner de sombrero; empecé a usar el auto oficial. Uso mi auto para los mandados. Pero me gusta mucho caminar; me gusta ir a la feria, aunque hace unos tres meses que no voy.

Vayamos a su etapa liceal, ¿qué aspiraciones o ambiciones tenía entonces?

Estudiar, estudiar y estudiar. En tercero de liceo tenía un matute en la cabeza. Me gustaba todo: geografía, historia, literatura, matemática, ballet; no la actuación. Me gustaba leer. En mi casa el hábito de la lectura era grande, mi madre leía todo el tiempo, mi papá también y yo no. Pero empecé a leer literatura, por mí misma, a los 14 años, en un verano. Mi primer libro fue La guerra y la paz, de León Tolstoi. Entre mis tareas en casa estaba limpiar la biblioteca y en un verano, muy aburrida, abrí un libro, ni sabía cuál, y seguí y seguí. ¡Luego me di cuenta de que había empezado por el tomo dos, tuve que leerme el uno! Pero a partir de ahí empecé a leer todo lo que me caía cerca. Cien años de soledad, todo Vargas Llosa, clásicos de ciencia ficción como Clifford Simak o Ray Bradbury... Leía a Bradbury y me daba cuenta de que sabía los finales. Es que mi madre y mi padre me leían cuentos de Bradbury cuando era niña.

¿Y de los estudios?

Me había puesto a aprender francés, ingresé a un conservatorio para estudiar guitarra clásica. Estaba en plena efervescencia y no sabía qué quería. En un momento una vecina me propuso hacer carreras cortas y mi madre me dijo que debía hacer una carrera universitaria. ¡Se terminó la discusión! Pensé que sería Arquitectura, porque me gustaba la geometría y el arte; pero el día antes de empezar sexto, pedí ver cuántas matemáticas había en sexto de Arquitectura: había una, cuando en Ingeniería había tres. Me vino una desesperación y le dije a mi madre de llamar al liceo para cambiarme... Nunca me arrepentí.

¿Se siente parte de alguna generación en particular?

Sí, la del 83. Fue la generación con la que reenganché la facultad. Fui madre muy joven. Fui a la facultad embarazada de mi primer hijo hasta lo que pude. Terminé primero y así comencé segundo. Vivía en Villa Española y el viaje era de una hora en ómnibus. Un año y poco después vino mi hija. Todo el mundo me decía: "Mejor, así se crían juntos". Bueno, ¡depende de dónde estés parada! Y me reenganché con la generación 83, haciendo segundo de nuevo. Yo había dejado una facultad congelada de miedo y me encontré con una generación efervescente, peleadora, muy feliz.

¿Qué le aporta su profesión a una eventual gestión como intendenta?

El haber trabajado toda mi vida en el sector privado me aporta no tener prejuicios. Los tenía al entrar al sector público, respecto a los funcionarios públicos. Aprendí a no dividir al mundo entre públicos y privados porque en ambos hay gente valiosa. También sé el esfuerzo que tiene que hacer mucha gente para llegar a pagar los salarios a fin de mes. Cuando era ministra el área de Pymes estaba ahí (en el Ministerio de Industria, Energía y Minería); ahí vi que los empresarios pueden ser grandes aun en empresas pequeñas. Y de la Ingeniería está el afán de resolver, el ver el vaso medio lleno. Estoy acostumbrada a ver que cuando en una organización hay un vector de avance, el resto tiende a tirarlo para atrás. Por eso cuando planteo un proyecto empiezo a rodearlo para tener menos resistencias internas. Esta candidatura propone una información basada en evidencias, llevar adelante una política de open data, de datos abiertos. Me inspira en ese sentido lo que hizo (el expresidente de Estados Unidos) Barack Obama en su primer gobierno, con resultados fabulosos. Si abrís los datos de una ciudad, empiezan a surgir estudios que al final trabajan para vos.

Mencionaba a Obama, ¿qué maestras o referentes tiene?

Tengo profunda admiración por Obama, por Michelle Obama, por Michelle Bachelet, por Dilma Rousseff. Y debo decir también al viejo Batlle, Batlle y Ordóñez. También por nuestros maestros legendarios: Artigas, José Pedro Varela, Liber Seregni, Alba Roballo... hay un montón, estoy cometiendo muchas injusticias.

¿Qué más se puede hacer por la cultura en Montevideo?

Yo creo que la cultura va a ser un gran aliado en la pandemia. Si hablamos de expresiones artísticas, sería interesante armar un circuito cultural con los parques. Si hay problemas para los cines y los teatros, ¿por qué no tener un programa en cada parque? Títeres, murga, un retablo, armar un circuito uniendo esos parques. Tenemos que empezar a trabajar en turismo entre barrios y los parques con espectáculos pueden tironear ese movimiento. También me parece interesante hacer un relevamiento de expresiones artísticas para el celular.

¿Cómo es el tratamiento de la basura en su casa?

Ah, soy histérica (carcajada). Me gusta que mi casa esté muy limpia y que la basura no esté en casa. Saco la basura todo el tiempo. Si me voy de casa, llevo la basura al contenedor, para que no quede adentro.

Aproximadamente 15% de los montevideanos no tiene saneamiento, sobre todo en las zonas periféricas. ¿Qué se puede hacer ahí?

Es verdad que falta saneamiento, pero también es bueno saber que somos la ciudad más saneada de América Latina. Lo primero será arreglar las pluviales. Si recorrés esos barrios, verás que no hay canaletas o están tapadas. Y que las calles centrales de los asentamientos se han pavimentado, pero falta pavimentar las laterales. Donde se pueda hacer algo, porque los terrenos lo permiten o lo permite una figura legal, lo vamos a hacer. Me he reunido con muchos sectores privados y la Academia, porque también quisiéramos abrir una ventanilla de innovación, ya que el tema de saneamiento alternativo es algo a investigar. Si recorrés estos lugares, en muchos te vas a encontrar con curvas de nivel muy irregulares porque es una ciudad autogenerada, no planificada. Por eso va a ser necesario innovar, porque el propio territorio propone dificultades.

En tiempos de pandemia se ha destacado mucho el papel de las mujeres gobernantes en el mundo. ¿Hay una forma femenina de liderar?

Sí, participativa y abierta. La escuela pública me enseñó que cuantos más distintos juntos, mejor. Y eso naturalmente lo fui poniendo en práctica en equipos de trabajo. También tenemos marcha atrás: no veo en el error un motivo de castigo sino una oportunidad para aprender. Cuando alguien comete un error en un equipo lo veo así. Y también -ahora te voy a decir una característica femenina un poco condicionante-, cuando en un equipo se decide una cosa, el que cambia tiene que avisar. Si no, quedamos todos en falsa escuadra. O sea, exigimos lealtad.

¿Qué obstáculos ha encontrado, a la hora de liderar, por su condición de mujer?

No sé si solo por ser mujer encontré obstáculos, creo que no. El derecho de piso no es privativo de las mujeres, demostrar que uno puede y vale. Y después, si he sufrido discriminaciones... en el afán de seguir adelante mucha bolilla no le he dado.

Foto: Mauricio Rodríguez.

¿Sabe si tiene fama de algo?

Sí (gran sonrisa). Dicen que soy dura. Yo no soy dura, soy firme. Pero recién después de que la gente me conoce se da cuenta. Para mí la dureza es algo malo, es inflexibilidad. Soy mujer, soy madre. Cuando querés cambiar algo tenés que amarlo, quererlo. Y yo quiero cambiar la realidad. A fuerza de órdenes no se cambia la realidad. Fijate que en Antel yo entré en 2010 y me fui el último día de febrero de 2015; el 1º de marzo asumí como ministra. Yo siempre hacía recorridas por el interior porque dialogaba con los funcionarios. Y sobre el final, no sé si fue Tacuarembó o Artigas, en una de las recorridas les compartí todo lo que logramos juntos: la fibra óptica, el cable, todas las grandes obras; y desde allá atrás una funcionaria me gritó: "El satélite" (se emociona). Cuando entré a Antel dije que tenía que lograr que internet "bañara" la empresa. Y que cualquier funcionario supiera con qué tiene que ver una URL. Antel no era una empresa de internet en 2010, ahora sí. Por eso, cuando alguien me marcó lo que fue poner a Antel a la orilla de la investigación científica, me dije: "No lo hice tan mal".

¿Qué reflexión le genera que su mayor rival sea otra mujer?

Me parece que es un avance para todo el Uruguay. En la campaña es increíble la reacción de los niños. Se me acercan muchos niños, madres y muchas niñas. Me he encontrado con más de una que quiere ser política, otra quiere ser presidenta, además de doctoras, veterinarias. Me parece que el futuro está por ahí. Me parece muy bueno que la oposición haya postulado a una mujer.

De ser intendenta, ¿siente que va a tener atrás suyo encolumnado a todo el Frente Amplio?

Sí. Yo voy a armar un gabinete de todo el FA.

Si le digo que estamos importando la "grieta" de Argentina, ¿qué opina?

Mirá... yo no quiero la grieta. Los uruguayos siempre hemos resuelto todo a la uruguaya, algo que me genera mucho orgullo; no quisiera que importáramos eso, que hace mal a la sociedad. Una vez que algo se quiebra, es muy difícil zurcir después. Lo que sí creo es que ante signos de intolerancia, que corran los límites del ordenamiento republicano democrático, todo el sistema político tiene que pararse de punta enseguida. Ahí hay una enorme responsabilidad del sistema político, mantener el diálogo y los códigos, los mejores códigos de la política del Uruguay.

Ahora, de asumir, va a tener que trabajar con un gobierno que no es del FA y contra el que usted ha tenido una postura firme. Ha hablado incluso de un Estado "en retirada". ¿Cree que puede tender puentes?

Por supuesto, porque para mí no es el gobierno de mi oposición; es el gobierno democráticamente electo en Uruguay. Y si soy electa, seré la intendenta democráticamente electa de Montevideo. Por lo tanto, para respetar este ordenamiento político y conservar los códigos de Uruguay, por supuesto que voy a dialogar. Y voy a hablar con (el ministro de Desarrollo Social, Pablo) Bartol porque yo misma planteé un plan de emergencia para Montevideo donde hay un montón de puntos de contacto. Y en ese plan hay una propuesta de usar los fondos de la cartera de tierras para Montevideo para comprar terrenos y les vamos a dar prioridad a las cooperativas; y voy a invitar a la ministra de Vivienda (Irene Moreira) para que participe, y también porque las cooperativas las tiene que financiar ese ministerio. La política es la dinámica de las diferencias y la democracia es que esas diferencias se resuelvan con un diálogo profundo, no al grito. Discrepar no está mal.

¿Qué rituales considera indispensables en el día a día?

Un buen café a la mañana. Tengo una cafeterita italiana muy vieja, para dos tazas. Nadar. Ahora estoy yendo a nadar cuando puedo. En la agenda trato de hacerme un hueco de dos horas, antes iba de mañana, todos los días. Si puedo todos los días, mejor. Y leer algo... eso lo tengo abandonado.

Nombre tres lecturas que la marcaron en su vida.

La plenitud de la vida, de Simone de Beauvoir, No robarás las botas de los muertos, de Mario Delgado Aparaín y.... qué difícil... Galileo Galilei, de Bertolt Brecht.

¿Con qué discos tiene relación de muchos años?

Tengo una relación con la música de muchísimos años, muy intensa y muy variada. Franz Liszt, algunas sonatas de Beethoven... Me gustan mucho los clásicos, ¡pero muchas cosas más! ¡No sé elegir! También Ruben Rada, Norah Jones me encanta, el soul, el jazz, me gustan mucho las murgas, algunas...

¿El ritmo de La Teja o la fuerza de La Unión?

(Se ríe) Me gustan los Pasteles. Malena Muyala me gusta mucho, ¡la mejor versión que escuché en mi vida de Naranjo en flor se la escuché a ella! Impresionante. También me gusta mucho Fito Páez.

Que estuvo en el Antel Arena...

¡Y yo también, entre el público!

¿Cuál fue el último espectáculo en vivo que vio?

Seguramente fue ese.

¿De qué director espera una película?

No estoy muy ducha en los directores de ahora. En una época me gustaba mucho Stanley Kubrick.

Por la campaña, ¿ha tenido que cambiar hábitos de vestimenta o estética personal?

Antes de hacer campaña yo era el revés de los zapallos: todo el mundo se emperifollaba para el fin de semana y yo quería estar lo más informal posible. En la semana estaba formal. Si voy a un lugar donde sé que hay piso de tierra, voy de championes. Siempre me gustó usar tacos. Mi madre siempre fue muy coqueta; todavía lo es. ¡Lo heredé!

Volvamos a la liceal. Si tuviera la oportunidad de encontrarse con ella, ¿qué consejo le daría? ¿O qué le diría?

Le diría: todo va a salir bien. Eso le diría.

Recorrido

Hija de la profesora de Historia Zulma Garrido y el actor Villanueva Cosse, la ingeniera Carolina Cosse nació en Montevideo el 25 de diciembre de 1961. "La Navidad siempre fue una fiesta en mi casa", dice. Es divorciada y tiene dos hijos, Rodrigo y Ángeles.

Luego de una amplia trayectoria en el sector privado, en empresas como Siemens, Verizon o Edesur, en 2007 comenzó su recorrido en la administración pública, en la División Tecnología de la Intendencia de Montevideo (IM), cuando Ricardo Ehrlich era el jefe comunal.

Durante el gobierno de José Mujica (2010-2015) fue presidenta de Antel; en la segunda administración de Tabaré Vázquez (2015-2020), ministra de Industria, Energía y Minería.

Respaldada por el Movimiento de Participación Popular (MPP) y otros sectores como Rumbo de Izquierda o el Partido Socialista de los Trabajadores, Cosse se presentó como precandidata a la presidencia en la interna del Frente Amplio en las elecciones internas de junio de 2019. Salió segunda en esa carrera, detrás de Daniel Martínez. Finalmente, fue electa senadora en los comicios de octubre de ese año por el Espacio 1001, una alianza con el Partido Comunista del Uruguay (PCU).

Martínez, quien el año pasado no la eligió como compañera de fórmula, algo que fue muy comentado por dirigentes y analistas, hoy vuelve a ser su rival en la interna del FA por la IM.

La candidatura de Cosse a la intendencia tiene el respaldo del PCU, el Partido Socialista (PS), Casa Grande, el Partido por la Victoria del Pueblo y Lista Amplia.

La "madre" de Cómo Ir

La senadora Carolina Cosse no es una desconocedora de la Intendencia de Montevideo. Fue directora de la División Tecnología, cargo al que luego sumó Calidad y el Instituto de Estudios Municipales. En el primero de esos lugares, entre 2007 y 2010, comenzó la implementación tecnológica del Sistema de Transporte Metropolitano (STM).
"Esa tarea pasó por un área de testing, por interfasear con todas las compañías de transporte, todas las cuales tenían tecnologías diferentes. También había que dirigir la incorporación de información a la base de datos y pensar cómo distribuir la tarjeta STM", recuerda sobre las dificultades que hubo que resolver.

Si el STM tuvo -como ella misma dice- "múltiples maternidades y paternidades", ella sí es responsable de herramientas tecnológicas como la app Cómo Ir. "¡De eso sí soy madre! Y del sistema de reclamos en línea también. Lo que hoy para nosotros es normal, como el uso de mapas en el teléfono celular, en ese momento no lo era. Antes solo usabas un mapa cuando te ibas de viaje. Hoy sí es normal marcar origen y destino, ver horarios y recorridos de ómnibus o ver cómo ir a pie. Insistimos mucho con la georreferenciación. Yo ahí tuve mi primer acuerdo con Google al brindarle la información sobre el flechamiento de todas las calles para que no hubiera errores (en los mapas). En esos días aprendí a querer a la intendencia".

Laura Raffo

"Además del techo de cristal, existe algo más que impide a la mujer avanzar hacia posiciones de liderazgo: el suelo pegajoso, ese suelo de la tarea no remunerada"


Foto: Mauricio Rodríguez.

La sede principal de la campaña de Laura Raffo (47) se ubica en el mismo edificio que albergó al comando de Luis Lacalle Pou durante la elección presidencial. Uno de los vidrios de la fachada, emplazada sobre Bulevar Artigas, todavía exhibe las cicatrices derivadas del ataque con piedras que dos jóvenes perpetraron días atrás.

El código estético que parece imperar en la sala de reuniones, en el primer piso de la sede principal de campaña, transita la senda de la discreción. Hay una pizarra blanca con anotaciones en fibra azul recostada en uno de los rincones. Un mapa de Montevideo en el que están delimitados los municipios y marcados puntos claves ocupa buena parte de la pared.

Raffo viene de grabar una nota para un programa de televisión. Lleva un saco verde por encima de un vestido de color oscuro, el pelo suelto, caravanas doradas, las uñas cortas, esmaltadas. Con serenidad bebe una infusión de ginseng y cuando habla lo hace con entusiasmo y seguridad, coronando algunas afirmaciones con una sonrisa. Le brillan los ojos al evocar expresiones como "planes estratégicos" o desplegar su visión del liderazgo femenino.

¿Contra quién está compitiendo por la intendencia?

Más que en esos términos, prefiero centrarme en lo que buscamos: mejorar la calidad de vida de los montevideanos y las montevideanas. Tenemos una propuesta; el Frente tiene otra. Estamos mirando dos modelos distintos de hacer las cosas. Uno ya gobernó Montevideo por 30 años, logró algunos avances pero dejó temas importantes sin resolver. Nosotros presentamos un modelo de trabajo más transparente y abierto al diálogo con la gente, que se haga cargo de los temas centrales como la basura, la iluminación, el transporte, el arreglo de calles y veredas.

¿Por qué piensa que es usted la mejor opción para resolver esos problemas? ¿Qué virtudes se encuentra?

Creo que tenemos una cultura de hacer las cosas que pone en el centro a las personas. Cada plan de acción, cada compromiso, siempre está atravesado por cómo afecta a la gente. Con esa mentalidad trazamos un plan de gobierno. Eso, más una capacidad de liderazgo, trabajo en equipo y diálogo nos hace la mejor opción.

¿Recuerda cuál fue el último viaje en ómnibus que hizo?

Lo hice este año, antes de que los chiquilines míos empezaran a tomarse el ómnibus para ir al liceo. Les enseñé el recorrido. Ellos usan la STM, en mi época viajabas con la boletera.

¿Qué aspiraciones o ambiciones tenía en aquella etapa liceal?

Ser una profesional que fuera autónoma, que pudiera mantenerse a sí misma y crear su destino. Eso me inculcaron mucho en mi casa, el valerte por vos misma siendo mujer.

¿Tenía en ese entonces figuras femeninas -o masculinas- a las que consideraba referentes?

A esa edad había mucha más visibilidad de referentes varones. En aquella época no era tan fácil encontrar mujeres destacadas en algunos rubros para tomarlas de ejemplo. Estamos hablando de 30 años atrás, era un mundo mucho más dominado por el varón, que demandaba mucho más que la mujer se masculinizara para lograr las cosas y que no te proponía modelos de rol femeninos, aunque los había. Hoy eso cambió. Cuando empecé a trabajar en Endeavor, que impulsa el desarrollo de emprendedores (y en la que activé un programa para desarrollar el emprendedurismo femenino, para el que tuvimos el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo para apoyar a 4.600 mujeres), lo que más faltaba eran modelos de rol femeninos.

¿Se siente parte de alguna generación en particular?

Me siento con la carga de responsabilidad de la Generación X. Formo parte de esa generación a la que le machacaron el valor del sacrificio, esforzarse y laburar. Cuando veo a mis hijos me doy cuenta de que su equilibrio entre vida laboral y vida personal va a ser distinto al que tuve yo. Nosotros nacimos en un mundo en el que nunca se te hubiera ocurrido llegar a un trabajo y al mes pedir un poquito de licencia porque se casa un amigo. Vengo de esa generación en la que tenías que pagar derecho de piso, calladito la boca, y en la que nadie te regalaba nada.

¿Qué le aporta su profesión a una eventual gestión como intendenta?

Por un lado, administrar cuidadosa y eficientemente algo tan sagrado como la plata que ponen los montevideanos; por otro, la parte economista te da una visión estratégica global. Cuando tenés que definir un programa, primero mirás estratégicamente el departamento, elevás la mirada para ver las asimetrías que hay, las cosas que funcionan y las que no; ahí surge la estrategia. No se marcha a impulsos aislados. Mi experiencia de 20 años en organizaciones del sector privado y en fundaciones me aporta un enorme sentido de la responsabilidad: ahí si no cumplís los objetivos trazados a principios de año, a fin de año podés perder tu trabajo. Tomo como un valor enorme el sudor frío que te corre por la espalda cuando sabés que si no llegás a los resultados, este puede ser tu último año. Si soy electa intendenta, quiero que me siga corriendo ese sudor frío todos los años. Todos los años tienen que volver a confiar en vos. Así me pienso tomar la función pública.

¿Qué más se puede hacer por la cultura en Montevideo?

Hay que aprovechar mejor el alcance territorial. Tengo un capítulo entero del programa titulado Montevideo te invita, precisamente porque queremos que la ciudad invite a disfrutar de la cultura, en el entendido de que la cultura es lo que genera una mayor inclusión social y una mejor convivencia. Por un lado está todo el fortalecimiento de los elencos estables y las salas teatrales, que hay que mantenerlo; por qué la EMAD (Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático) no tiene un título que sea considerado como terciario universitario. Más allá de eso, creo que lo que le falta a Montevideo es consolidarse como un polo de atracción turístico-cultural en la región y el mundo. Buenos Aires es la capital del tango, ¿por qué Montevideo no? Hemos desaprovechado una oportunidad. Se nos hicieron advertencias de que si queríamos conservar el título de "patrimonio intangible" que tiene el tango, teníamos que hacer más acciones para valorarlo. Tenemos que tomar cosas como el tango y el candombe y darles mayor relevancia. Estuve hablando con muchos referentes de la cultura afrouruguaya que me decían que, si bien se promociona al candombe como algo muy uruguayo, y tiene su punto alto en las Llamadas, no está trabajado en Primaria ni en Secundaria. Creo que la intendencia tiene que trabajar mucho junto con los ministerios de Educación y de Turismo para fomentar recorridas en barrios con un enorme valor; las casonas de Lezica, por ejemplo. Sueño con que llegue un turista a Montevideo y no solo recorra Ciudad Vieja y haga un recorrido por distintos barrios. Que haya turismo de arquitectura y turismo mortuorio. Creo que si no se ha potenciado es por una concepción ideológica en la que se ve a la cultura muy separada del marketing. Si tomás un barrio, su tipología, sus leyendas, sus personajes y construís una historia y un recorrido, vas a provocar un montón de sinergias: gente de otros barrios que va a ir a recorrerlos, comer ahí, alojarse ahí, revitalizarlo.

¿Cómo es el tratamiento de la basura en su casa?

Recién este año empezamos a separar lo compostable de lo no compostable. Mis hijos vinieron con una papelera de cartón para exigirme la clasificación de residuos. Da trabajo clasificar la basura en el hogar. Pero de nada sirve el esfuerzo que uno haga a nivel individual si ese esfuerzo no entra luego en una cadena donde la intendencia tiene que ser la protagonista, haciendo la recolección diferenciada de los residuos. Tenemos que cambiar de manera radical la recolección separada -que solo se hace en el Municipio B- y generar el volumen suficiente de residuos segregados para que sea rentable transformarlos y convertirlos en riqueza. Hoy por hoy, 2.600 toneladas de residuos al día se entierran en la Usina Felipe Cardoso sin posibilidad de recuperación alguna; montañas de 40 metros de altura. Nuevamente, tenés que ver cómo solucionarlo dentro de un plan estratégico; si no, igual ponés bancos en la plaza Zabala, terminás gastando medio millón de dólares y levantándolos a los cinco meses.

Aproximadamente 15% de los montevideanos no tiene saneamiento, sobre todo en las zonas periféricas. ¿Qué se puede hacer ahí?

El saneamiento no es uno de los mayores problemas de Montevideo. El gran problema pasa por todos los asentamientos irregulares que no acceden a él porque se encuentran en terrenos que no fueron previamente amanzanados, loteados y conectados. En el último relevamiento, de 2018, el Ministerio de Vivienda cuantificó 330 asentamientos irregulares. De 2018 a la fecha han surgido más asentamientos, habrá unos 350. Conversé mucho con el BID de esto. Algunos de esos asentamientos están ubicados en tierras cuyo nivel es más bajo que el troncal de saneamiento, por lo tanto son muy difíciles de conectar. Algunos asentamientos necesitan ser realojados, otros no. Hay que hacer soluciones bien diferenciadas para cada uno, trabajando con los vecinos. Es dramático que no tengan saneamiento, que no tengan baño, que se les inunde la casa, que no tengan vereda ni calle, que el ómnibus pase atravesando todo el asentamiento a las ocho de la mañana y que después de las 21 no pase ninguno. Y que eso sea lo normal desde hace años. En un asentamiento por Camino Lecocq, en verano los chiquilines se suben a las heladeras que se tiraron por ahí, las usan como botes y van flotando por la cantera de basura. No digo que no se hayan hecho cosas, pero lo que se hizo fue muy poco respecto a lo que hay que hacer. Hubo 10 años de bonanza económica donde el gobierno nacional y el departamental fueron del mismo signo y no se coordinó lo suficiente; si no, no habría más asentamientos que en 2018.

En época de pandemia se ha destacado mucho el papel de las mujeres gobernantes en el mundo. ¿Hay una forma femenina de liderar?

Sí, por supuesto. Es una forma que tiene que visibilizar más a las mujeres y a la contribución que ellas hacen en la economía y en la sociedad. Somos la mitad de la población, no siempre nuestro trabajo es visible. Y esa mirada, la de visibilizar lo que durante tanto tiempo fue invisible, también la aplicás a muchos otros temas. Por ejemplo: personas con mayor vulnerabilidad, en situación de discapacidad o en situación de calle.

¿Qué obstáculos ha encontrado, a la hora de liderar, por ser mujer?

Infinitos. Empiezan cuando empezás a salir a la calle siendo adolescente para tomar el ómnibus, porque te comés una mano, te aprietan, te dicen una grosería. Porque caminar por el espacio público no es lo mismo que si sos varón. El segundo obstáculo tiene que ver cuando ingresás en el mercado laboral y las oportunidades que se te brindan. A mí más de una vez me preguntaron cuál era mi estado civil, si pensaba casarme, si tenía hijos, si pensaba tener más. Un jefe me evaluó peor porque no estuve durante tres meses tras mi licencia maternal. También participé en reuniones de trabajo en las que tuve que soportar micromachismos, comentarios sexistas o que te apoyen la mano en una pierna. Creo que las mujeres que dicen que no hay obstáculos es porque no son conscientes de que están ahí. Y está muy bueno trabajar en eso, en verlos. Cuando doy charlas a mujeres jóvenes, los señalo, les digo: "Les puede pasar esto o esto otro. Y si les pasa, hagan esto". La típica es la entrevista laboral donde te preguntan tu estado civil y si estás dispuesta a parir en breve o no. Yo les digo: "Mentí. No se pueden meter en tu vida privada. Decile que lo que más te importa en este momento es el desarrollo de tu carrera profesional". El que está haciendo esa pregunta tiene un prejuicio. Porque están todos los obstáculos relacionados con los prejuicios inconscientes que hay sobre la mujer. La sociedad cría, o solía crear a las personas colocando al hombre como el proveedor, el líder, el que se tiene que ocupar, y a la mujer como quien cría, nutre y concilia. Cada vez que una mujer busca superarse y abrirse un camino que tenga que ver con liderazgo, choca con ese sesgo inconsciente que te quiere ver criando un bebé u ocupándote de roles tradicionalmente femeninos. Digo inconsciente porque hoy en los asados, en las reuniones, en los grupos de amigos, nadie va a decir racionalmente que la mujer no puede trabajar, desarrollarse, liderar, ocupar cargos de relevancia. Pero ese sesgo sigue ahí. La brecha solo se explica por la existencia de prejuicios y de sesgos inconscientes. Y existe algo más que te impide avanzar hacia posiciones de liderazgo, además del techo de cristal: el suelo pegajoso. Es ese suelo de la tarea no remunerada, de la mamá que tiene un bebé a upa y al mismo tiempo está cocinando y se ocupa de la tarea doméstica y el piso va quedando chorreado por la mugre, es lo que le impide la autonomía económica a la mujer porque le dificulta su inserción en tareas sí remuneradas. Por eso tenemos que pelear. Y ese compromiso por las mujeres fue el que firmamos todas las candidatas de la coalición, candidatas a alcaldesas y edilas y las legisladoras.

¿Qué reflexión le genera que su principal rival sea una mujer?

Me parece relevante. De hecho, cuando comenzó la carrera electoral nos mensajeamos con Carolina (Cosse) y la reflexión que le compartí fue esa: "Por más mujeres en política".

En un momento hubo diálogo entonces.

Nos conocemos desde hace muchos años. Siempre tuvimos diálogo. Después, bueno... recibí algún agravio que otro, y preferí no meterme en ese camino porque no me siento cómoda agraviando a los demás. Sí puedo criticar administración, resultados, maneras de hacer las cosas, estilos de gestión; personas, no.

¿Sabe si tiene fama de algo?

Sí, de ser divertida y, a veces, mal hablada (risas).

Foto: Mauricio Rodríguez.

De ser intendenta, ¿sentirá encolumnada detrás suyo a la coalición de gobierno?

Sí, muchísimo. Somos nativos multicolores. Esta candidatura nació multicolor. Mis suplentes, las listas, el programa son multicolores. Yo siento un gran respaldo.

Si le digo que estamos importando la "grieta" desde Argentina, ¿qué opina?

Creo que están tratando de imponer un discurso de grieta. Está escrito en el programa del FA. Habla de usar la intendencia como herramienta para enfrentar los embates de un gobierno nacional de derecha que defiende los intereses de las clases dominantes. Es como disonante. ¿Qué pasó ahí? En serio. ¿Por qué, en vez de poner a la persona primero vas a poner al poder? Eso va hacia la grieta y jamás voy a alimentarla. Las cosas que han dicho de mí los candidatos del FA, si yo los tengo en persona, no me las dicen. Porque todos me conocen. Nos conocemos personalmente. Es muy difícil que vos le digas cara a cara los agravios a una persona. Ahí aflojás. Intercambiás ideas. Y era eso lo que buscábamos.

¿Qué rituales considera indispensables en su día a día?

Muchos. No me despego de los ejercicios musculares, de trabajo de equilibrio, del eje troncal. Son mis favoritos, me mantienen centrada. Y alimentarme bien, sin exceso de cafeína ni refrescos.

¿Con qué discos mantiene una relación de muchos años?

Tengo más relación con canciones, como Start Me Up. A mí me levantan los Rolling Stones, el rock. Yendo a un lado no tan rockero, Resistiré. Soy muy de las canciones para arriba.

Tres lecturas que la marcaron.

La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa. Me gustó mucho El motel de voyeur, de Gay Talese. Soy muy de los policiales escandinavos también.

¿De qué director espera la próxima película?

Sale una de Quentin Tarantino y voy seguro. Me gustaban mucho las películas de Woody Allen, pero ahora me genera un rechazo horrible, lo cancelé.

¿Cuál fue el último espectáculo que vio en vivo?

Creo que fue Fito Páez, en el Antel Arena.

Por la campaña, ¿ha tenido que cambiar hábitos de vestimenta o estética personal?

La vestimenta acompaña la actividad que hacés. Siempre fue así en mi vida. Cuando hablaba en un noticiero, me veían vestida formal, probablemente de tacos, peinada, maquillada. En mi actividad corporativa también, fui directora de un banco, trabajé en el mundo financiero, así que me veías de traje. Ahora, en actividades con emprendedores, uso vestimenta más informal. El fin de semana, con mis hijos, ando de jean y championes. Adapto la vestimenta según la recorrida que tenga. Ni cambios ni comprar nueva ropa. Es más: me toman el pelo porque ando siempre con la misma camperita azul.

Si tuviera la oportunidad de encontrarse con esa joven de la que hablamos más al principio, ¿qué consejo le daría?
Probablemente le diría cosas muy personales que hacen a la vida en pareja y la convivencia (risas).

Números y empresas

María Laura Raffo Degeronimi es hija de Juan Carlos Raffo y Marta Degeronimi. Su padre fue diputado, senador y ministro de Transporte y Obras Públicas en el gobierno de Luis Alberto Lacalle (1990-1995). Está en pareja y es madre de mellizos, Francisco e Ignacio, de 13 años.

Economista por la Universidad de la República, su tesis de grado fue sobre discriminación y segregación laboral por género en el Uruguay durante la década 1986-1996. MBA por el IEEM, también se ha desempeñado como docente en la Udelar y en Universidad ORT Uruguay.

En el ámbito empresarial trabajó en diferentes áreas de compañías como Microsoft, Manpower, PGG Wrightson y ESPN. Fue directora ejecutiva de Fundación Endeavor, donde colaboró en el desarrollo del emprendedurismo femenino, integró el directorio del Banco Santander Uruguay y fue directora de la firma Mind Nutrition.

Trabajó en periodismo, en los inicios del diario El Observador, cubriendo información económica, en el suplemento Café y fax -que luego se transformó en Café & Negocios-, así como en Canal 10, Canal 12 y Setiembre FM. Publicó La economía al alcance de todos. Claves para entender cómo afecta tu vida y tu bolsillo (Penguin Random House, 2016), libro por el que obtuvo el Bartolomé Hidalgo en Investigación y Difusión Científica.

También poeta

"En la adolescencia tenía una veta de escritura muy fuerte, que me impulsaron mucho en mi casa, mi viejo es escritor, todos somos muy lectores. Tuve un profesor de Literatura, Jorge Medina Vidal, que me dijo: ‘Laura, no estudies economía, vas a perder tu veta de escritora'. Pero no la perdí, porque después empecé periodismo, y me apasionaba escribir. Siempre me mantuve conectada a la escritura, a través de informes y columnas. Y terminé publicando un libro, que me dio muchas satisfacciones, tiene cinco ediciones y una edición de bolsillo".

Cuando tenía 19 años ganó el Premio Nacional de Literatura Obra Inédita de Poemas. "Nunca los publiqué, están en una carpeta en la casa de mi madre", confiesa Raffo. "Eran poemas bien de la rebeldía de esa edad, esa época en la que vomitás lo que escribís. Escribía cuentos también. Antes de eso me había presentado a un concurso de cuentos del INJU, no me acuerdo, creo que gané el segundo premio".