Estilo de vida
Apenas un techo que flota

Un singular refugio en las sierras

En Calera del Rey, los arquitectos Marcelo y Martín Gualano encontraron la manera de crear un lugar donde los límites se difuminan y el entorno se apodera de todo

22.08.2021 07:00

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2021-08-22T07:00:00
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El enclave: 20 hectáreas de terreno, un conjunto de rocas y un coronilla. Sierras, horizonte lejano, territorio rústico y suave. El programa: un refugio de fin de semana. El proyecto: una pieza de arquitectura en el paisaje; austera, sencilla, colocada en el lugar como si fuera un galpón, un granero, un rancho, como los que habitan el campo, sin interrumpir demasiado el entorno.

Lo primero que iban a construir los hermanos Marcelo y Martín Gualano en Calera del Rey, Pan de Azúcar (Maldonado), para una pareja integrada por una diseñadora industrial y un empresario textil iba a ser tan solo un refugio en las sierras para ir a comer asados con amigos. Pero el lugar invitaba a quedarse un poquito más, y terminó siendo una singular casa con dos dormitorios.

Marcelo asegura que trabajar en las sierras es alucinante, porque no hay nada que funcione de referencia, como puede ser el mar; allí es solo la llanura levemente ondulada y el silencio.

Y entonces, con su hermano, decidieron hacer "una pieza muy sencilla, una raya horizontal, tranquila, delicada, que toma fuerza del propio paisaje". Estos arquitectos y docentes de la Facultad de Arquitectura, que también llevan juntos el destacado estudio Gualano + Gualano, definieron toda la construcción a partir de un techo largo abovedado de seis metros de ancho por 24 de largo, que se apoya en dos muros de piedra del lugar, y está sostenido por una ligera estructura metálica. Por debajo se encuentran tres piezas de piedra: la más grande contiene los dormitorios, los baños y la estufa, mientras que las otras, la mesada de la cocina y el sector de fuegos del parrillero. Según ellos, los muros de piedra, pesados, vinculan a la tierra; la bóveda, más ligera, vincula con el horizonte.

"Los muros definen bordes, contienen, el techo apoya y define un lugar para estar. La arquitectura que planteamos es simple, el desafío era ser lo más austeros en términos formales", dicen los arquitectos. La piedra, que en sectores nace como incrustada en el terreno, fue un pedido de los propietarios, lo que implicó un punto de partida.

Esa geometría tan contundente es la que organiza todo el espacio y la circulación. La galería formada debajo de la bóveda tiene una parte interior y otra exterior. Se abre hacia el norte a un paisaje de plantaciones de almendros y un arroyo al final del predio. Al sur miran el ingreso a la casa y un patio protegido que contiene el único árbol, cuyo rol fue casi de piedra fundamental.

En sentido longitudinal, la galería conecta los extremos de la casa donde hay dos espacios, uno es la zona de la parrilla y el horno de pan, del comer afuera; y sobre el ala de los dormitorios se abre el lugar para las mañanas, para desayunar o hacer telas (¿por qué no?), ya que hay un dispositivo instalado para ese fin.

En total son 150 metros cuadrados de superficie cerrada y 110 de superficie cubierta abierta. Y así de simple, entre la piedra y lo ligero, esta casa fue llamada a participar en la selección de 2016 de la Bienal Internacional de Arquitectura de Argentina (BIAAR); ese mismo año integró la selección por Uruguay para la X Bienal Iberoamericana en San Pablo (BIAU) y también quedó finalista en los Mies Crown Hall Americas Prize (MCHAP), además de salir publicada en destacadas revistas especializadas de Argentina y Brasil.

"Creo que lo particular de la casa es la espacialidad que genera la bóveda única, flotando en el paisaje. Y por debajo pasa la casa, pasan los eventos, se desarrollan las actividades públicas de cara al paisaje, y en las piezas de piedra, más protegidas, suceden las íntimas, que son las que ordenan las fugas del espacio también. Y es muy linda la secuencia del espacio afuera-adentro-afuera, el techo es el mismo, el espacio es el mismo, pero van pasando cosas. La casa puede leerse como solo un techo que flota, y eso se siente; más con la casa abierta en verano. Es una pieza muy sencilla, una raya horizontal, tranquila, delicada, que toma fuerza del propio paisaje, que lo entiende en su abstracción, para desde ahí entablar una conversación. No de una casa, sino de una pequeña pieza diseñada en escala con el paisaje, una bóveda de campo que se potencia estando ahí, apoyada atrás contra la coronilla ya existente que organiza el patio trasero, el del ingreso. Y atravesás el umbral, una línea (geometría pura) y cambiás de estado, pasás a un adentro, a un abajo, contemplando el horizonte infinito. Es como una pausa, un silencio, y ves diferente, la arquitectura entra en juego, abre una pequeña distorsión, genera un lugar", resume con sutileza y contundencia Marcelo.

Martín y Marcelo Gualano participaron con esta casa en la Bienal Internacional de Arquitectura de Argentina, la Bienal Iberoamericana en San Pablo y en los Mies Crown Hall Americas Prize.

 

Fotos: Federico Cairoll