Cultura
Centenario

Un siglo de cultura en Canelones: el Politeama cumple 100 años

El histórico teatro comenzó como un cine, albergó circos y montó peleas de boxeo; hoy es un complejo cultural que apuesta a ser referencia nacional

28.03.2021 06:00

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2021-03-28T06:00:00
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Por Leonel García

Al principio fue el cine. Porque Canelones, que en 1921 apenas llevaba cinco años con el grado de "ciudad", no escapaba a la popularidad mundial de esa joven industria aún muda. Hasta ese momento había dos salas que rivalizaban por los favores de los casi diez mil vecinos que habitaban esta localidad: el Biógrafo Moderno y el Gran Cinema Colón. Este último tenía una mejor programación, un mayor prestigio y más público. Pero estaba quedando chico, y sus dueños -Bernardo Grolero, Ángel Romano, Antonio Monserrat Reig y Antonio Monserrat Casamiquela- adquirieron el terreno baldío ubicado enfrente, cruzando la actual semipeatonal Tomás Berreta, para erigir una construcción aún mayor. Compraron el predio en 1917, comenzaron a construir el edificio en 1919 y el Teatro Politeama abrió sus puertas el 26 de marzo de 1921. En el programa inaugural destacaba la película Se vende un niño, comedia dramática con Creighton Hale, Gladys Leslie y Bobby Connelly, más la actuación de la Orquesta Pathé Journal. Los asistentes, que pagaron entradas que iban desde 10 centésimos en el paraíso -la parte más alta- hasta 1,20 pesos en los palcos de cuatro sillas, quedaron asombrados con una sala que podía recibir a 750 personas, 412 de ellas en la platea principal.

"Desde entonces, el Politeama fue el gran centro cultural que tuvo Canelones", resume Leonel Dárdano, exdirector del hoy Complejo Cultural Politeama, nombre que adquirió luego de la gran reestructura realizada entre 2012 y 2014, que costó dos millones de dólares y lo dotó de una infraestructura que lo puso al nivel de las mejores salas del país. Dárdano estuvo en ese proceso, disfrutó de su resurrección y padeció su anterior decadencia; motivos más que suficientes para que estos días su centenario sea un motivo de festejo.

El Complejo Cultural Politeama hoy gira en torno a su sala principal, llamada Atahualpa del Cioppo (en homenaje a uno de los canarios más ilustres), con un total de 330 localidades en tres niveles, aire acondicionado, cien focos de luces para teatro y espectáculos musicales, buena amplificación y una acústica que permite que desde el escenario (de 14 metros por 12) llegue bien el sonido a la última butaca. En la parte superior, donde antes había un altillo sin un uso definido más que extender el paraíso, se instaló la sala multiuso Beto Satragni, con capacidad para 54 personas, ideal para ensayos, conferencias y presentaciones de libros.

"Este es el teatro de Canelones y entonces se debe al público y a los artistas de Canelones", resume quien desde el 26 de noviembre es el director del complejo, Jorge Schellemberg. Como Mahoma yendo hacia la montaña, él piensa en un proyecto itinerante llamado El Politeama en tu Pueblo, que llegará a las distintas localidades del departamento. Eso en equilibrio con lo que realmente hace exitosa a una gestión: traer artistas de primer nivel nacionales e internacionales. El 25 y 26 de febrero se agotaron las entradas para los primeros espectáculos de la temporada: Agarrate Catalina. "Me quedé contento porque Yamandú Cardozo le dijo al público de Canelones que tenían que estar orgullosos de su teatro, que está a la altura de cualquier escenario del mundo", agrega el director.

Los planes a futuro incluyen la llegada de un proyector y una pantalla de primer nivel para ofrecer también espectáculos de cine, respetando las raíces. "Pero no será un cine comercial. Creemos que el Politeama va a tener que interactuar con festivales a nivel nacional. Acá tiene que haber una sala viva donde coexistan el teatro, la música, la danza y el cine", explica Schellemberg, que todos los días recorre 80 kilómetros desde su casa en Neptunia hasta Canelones para ponerse la empresa al hombro.

El director Jorge Schellemberg quiere que el Politeama se posicione a nivel nacional (Foto: Lucía Durán).

Schellemberg sueña con espectáculos teatrales clásicos y contraculturales. Pues el inmenso escenario permite grandes puestas en escena. Ahora se puede soñar en grande porque el presente lo permite. (*)

No siempre fue así.

Auge y decadencia. Uno ve la limpia fachada y los prolijos interiores, con el mismo color claro que da calidez y uniformidad, la buena conservación de las barandas originales, más las ampliaciones de espacio que dialogan arquitectónicamente en forma armoniosa con el estilo historicista original, y cuesta creer que este templo cultural supo de una decadencia extrema. Tanto que con el primer cierre, entre 1977 y 1983, los canarios temieron que el teatro tuviera destino de supermercado. Fue en esa época que dejó de estar en manos privadas para pasar a funcionar dentro de la órbita comunal, como persiste hasta ahora.

El nombre Politeama deriva del griego: polis, que en español remite a pluralidad y teama, que refiere a temas. "Muchos temas" sería su traducción. Efectivamente, para los dueños del teatro nada de lo humano les fue ajeno. El cine era el gran negocio, pero también competía en partes iguales con el teatro (actuaban muchas compañías canarias, españolas de zarzuela) y con el circo. Es que el escenario era desmontable y abajo había una pista de arena. Según el libro editado para conmemorar la reforma de 2014, los carromatos de los circos estacionaban en los fondos del edificio, por calle Tolentino González. Ahí llegó el "mundialmente" famoso Circo Sarrasani, el Globo de la Muerte, tigres y leones, caballos amaestrados y payasos infalibles como Petico y Viruta. "Muchos eran circos criollos. La primera parte era circense y la segunda eran obras de teatro, como las de los hermanos Podestá", recuerda Dárdano. También se organizaron, para escándalo de los más conservadores, espectáculos populares de boxeo.

Si de teatro se habla, las paredes del Politeama recuerdan obras de Del Cioppo y Carlos Brussa, actuaciones de Juan Carlos Mareco, China Zorrilla, Blanca Burgueño y Delfi Galbiati. "Todos los que hicieron a la cultura en Uruguay desde 1921 para acá pisaron estas tablas", asegura el exdirector. Esto incluye a Carlos Gardel, Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños y Daniel Viglietti. Sin embargo, lamenta, el teatro tiene un acervo documental muy pobre, a diferencia de otros pares del interior.

La etapa "privada" del teatro duró hasta 1977. En el recuerdo de los canarios quedan las travesuras de quienes querían colarse en el paraíso trepando por las hendiduras de la fachada (unos 10 metros de altura) y meterse por una de las ventanas para ahorrar el pago de la entrada. En esos momentos, el ingreso de los artistas al escenario era a través de una fila que dividía la platea en dos. Además, era común que los asistentes llevaran sus sillas plegables.

Luego de seis años de ostracismo, el Politeama reabrió el 17 de diciembre de 1983. Ahora era un teatro municipal, como sigue siendo hasta hoy. La reapertura fue con pompa, con la Banda de Tala, el Conjunto de Cámara de Héctor Gamba y, según el ya citado libro, una función de Las artiguistas de Milton Schinca. La noche, que incluyó ballet y danza folklórica, siguió hasta la madrugada.

Pero la infraestructura edilicia comenzó a conspirar contra los espectáculos, el público y el propio teatro. El capataz general, Miguel Santos, habla de instalaciones sanitarias deficientes, de problemas de sonido, de malabares para hacer espectáculos con "no más de 10 o 12 tachos de luz", de artistas que no tenían intenciones de pisar tanta decadencia, de una triste foto que muestra a Petru Valenski actuando mientras una catarata de agua caía al costado, producto de techos que se llovían. No había aire acondicionado. "La gente en verano pasaba calor y en invierno frío. En las vacaciones de julio poníamos películas para los chicos y daba pena verlos metidos bajo gorros y bufanda. Era duro pensar que el clima estaba mejor afuera del teatro que adentro. Era realmente penoso venir a trabajar para ver qué era lo que podíamos hacer con lo poco que teníamos", dice el técnico.

El sorprendente Hombre Araña, La era del hielo 4, Blancanieves y el cazador, Hombres de negro 3, Los vengadores y Madagascar fueron parte de esa última temporada de vacaciones de julio de 2012, hasta su cierre por reformas.

Reforma y presente. Los recuerdos como artista que tiene el hoy director Jorge Schellemberg del Politeama son acordes a esa época. "En 2006 vine con una banda grande de ocho músicos; nos traíamos todo el equipamiento. Era una gira por las principales capitales del país. Yo llegué acá y mis recuerdos son de un lugar bastante venido a menos pero que aún se notaba la grandeza que había tenido. Y había un pequeño grupo de funcionarios, algunos de los cuales todavía están, que le ponían mucho amor a la tarea más allá de las carencias. Esa es una constante que he visto en muchos teatros del interior", dice su director.

Los arquitectos Víctor Lorieto, Luis Santellán y Conrado Pintos fueron los encargados de intervenir en el proyecto original, diseñado en 1921 por Buenaventura Addiego. Pintos contó que lo que se buscó era darle "musculatura" a un teatro en el que se notaban ya las instalaciones precarias. El objetivo era conseguir lo que es hoy: un agente cultural de actividad permanente. "Buscamos, primero que nada, recuperar la dignidad del edificio. Luego había que mejorar la infraestructura técnica, como la iluminación y el aire acondicionado. Finalmente, hicimos algunas transformaciones para un uso más eficaz de los espacios".

Esa reforma edilicia trató de respetar lo que Pintos llama "la materialidad existente". Permitió optimizar espacios, mejorar la accesibilidad con rampas y ascensor, actualizar los servicios higiénicos, eliminar escaleras innecesarias y adaptar espacios para dirección, administración y una cafetería que funciona de forma tercerizada. Desde afuera, donde coexisten armónicamente lo viejo y lo nuevo, es notorio el aumento del espacio hacia el lado de la cafetería. Es jueves al mediodía y transeúntes y estudiantes ocupan sus mesas.

Los nuevos tiempos incluyen una moderna cafetería en el propio complejo (Foto: Lucía Durán).

"Aunque este edificio no sea considerado patrimonio, uno tiene que ser consciente de que está sumándole historia. No es buena cosa tener la soberbia de decir: 'Llego yo y tiro todo y hago todo de nuevo'. No hay que olvidar que lo que está en la cabeza de la gente de Canelones es este edificio", señaló Pintos.

Del total del dinero invertido, aproximadamente 1,7 millones de dólares se destinaron al edificio, el resto fue para mejorar la infraestructura. La última reapertura fue el 19 de setiembre de 2014 con El Mesías, del Ballet Nacional del Sodre dirigido por Julio Bocca.

Según el listado de la Comisión Nacional de Patrimonio, el Politeama no es un monumento histórico. Sí lo es su vecino de enfrente, el Teatro Colón, su "padre", podría decirse. En su momento funcionó allí el Conservatorio Departamental de Música. La fachada está totalmente venida a menos, pero desde la Intendencia de Canelones hay planes para intervenirlo también.

Schellemberg vive desde noviembre una realidad muy distinta a la que conoció en 2006. Eso lo hace entusiasmarse con la idea de que todos los artistas nacionales, regionales e incluso internacionales "incluyan en su mapa" al Politeama a la hora de diseñar sus giras. "Acá se da una situación virtuosa poco frecuente: el edificio está en perfecto estado, el equipamiento es de primer nivel y tengo 24 funcionarios municipales que se dedican pura y exclusivamente al teatro". Recursos técnicos y humanos, esa es una buena forma de celebrar 100 años.

(*) La programación prevista para celebrar los cien años del Politeama, que iba del 25 al 28 de marzo, fue suspendida por decisión de las autoridades nacionales y departamentales debido a la situación sanitaria.