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FOTORREPORTAJE

Un amigo, un reflejo: nueve animales que se parecen a sus dueños

El domingo 4 de octubre se celebra el Día Mundial de los Animales; aquí, varios dueños le rinden homenaje a sus mascotas

01.10.2020

Lectura: 6'

2020-10-01T06:00:00
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Fotografía: Adrián Echeverriaga / Producción: Valentina Villano

Sofía Ares & Moscú


Arya fue la primera perra en llegar al hogar de Sofía y Gonzalo, su pareja. La adoptaron a ella, y luego llegó Moscú. "Él es hijo de una de las hermanas de Arya. Es cruza con labrador. Lo vimos desde que nació y era imposible no quedárnoslo", recuerda Sofía.

"Justo cuando lo adoptamos, Gonzalo estaba en Rusia por el Mundial y por eso decidimos ponerle ese nombre", explica. Tanto Arya, de tres años, como Moscú, de dos, son perros rescatados. Al no tener gran diferencia de edad, juegan mucho juntos y se hacen compañía.

Bernardo Wolloch & Boris


"Boris es hijo de un casal que vino de Alemania junto a una pareja de jubilados, que decidió instalarse en Uruguay en una casita en Tala, en Canelones", explica Bernardo. Al poco tiempo la pareja decidió volver a Europa y le dejaron los perros a su vecino, conocido de la familia de Bernardo. "Se los quedó y tuvieron crías; Boris es el único que vivió de siete hermanos. A los dos días de que lo llevamos, todos los otros cachorros se agarraron la enfermedad de la joven edad. Por eso decimos que Boris es el niño que vivió", cuenta.

Este borzoi o galgo ruso surge de la mezcla del galgo árabe con pastor ruso, una raza antigua con registros que empiezan alrededor del año 1200. Era el perro de la nobleza en Rusia y por eso su dueño bromea con que Boris, de siete años, es conocido como "el rey de Pocitos". Por las características de su raza, necesita espacio para correr pero también es desconfiado e introvertido. De todos modos, Bernardo señala otras dos cualidades: siempre encuentra los lugares más cómodos de la casa para dormir y es muy fiel a sus dueños.

Valeria Solórzano & Oliver


Cuando se mudó con su pareja, Valeria Solórzano quería un perro pequeño que pudiera vivir en un apartamento. Sin embargo, la belleza de la raza weimaraner los conquistó y, haciendo a un lado el tamaño que tendría de adulto, Oliver se sumó a la familia.

Como esta raza no es muy común en Uruguay y hay pocos criaderos en el país, la pareja decidió traerlo de Argentina. Entre trámites, vacunas y aduanas, Oliver llegó con 45 días de vida. Hoy tiene un año y disfruta de la terraza que tienen en su apartamento, pero sobre todo cuando va a alguna casa donde puede aprovechar a correr y estar al aire libre.


Guillermo Pujadas & Bodega


Bodega fue el único macho de toda su camada. Cuando Guillermo, su hermana Florencia y su padre -también Guillermo- lo fueron a buscar, fue el único cachorro que no los recibió; se quedó echado y solo en el fondo del local, detrás de todos los demás.

Esa actitud fue la que les llamó la atención y los terminó convenciendo de llevarlo con ellos. Bodega -en alusión a su tamaño- es un bulldog inglés y hoy tiene seis años. Según contaron sus dueños, esta raza tiene muchas ventajas: si bien es un animal que se estresa, también es un gran cuidador, de buen carácter, compañero y tranquilo. Y esa combinación les encantó.


Sebastián Pereira & Nolan


A Sebastián nunca le gustaron los gatos, hasta que un amigo le advirtió que un felino le cambiaría la vida. Y así fue. "Lo encontré a través de una amiga que conoce personas que tienen criaderos, que se contactó con otra en Pan de Azúcar, y lo fui a buscar ahí", recuerda.

Nolan es un gato de raza persa exótico. Tiene siete meses, y desde hace cinco se convirtió en su compañero inseparable.


Leticia Gonda & Olivia


Durante un viaje por Europa Leticia vio muchísimos cocker dorados. Tanto le gustó esta raza que una de las primeras cosas que hizo al volver a Uruguay fue buscar uno para tener como mascota.

"Justo los criaderos no tenían y yo la quería ya. Llegamos a un contacto en Buenos Aires, la dueña la trajo hasta Colonia, y la fuimos a buscar", recuerda. Así fue que Olivia llegó a Uruguay con dos meses y medio de vida. Hoy tiene cuatro años y son compañeras inseparables.

Julieta Pollifroni & Herbie


A Julieta siempre le habían gustado los labradores, pero nunca había tenido perro. "Un amigo me dijo que tenía un conocido que tenía cachorritos y los estaba regalando. Decidimos ir a buscar uno. Cuando llegamos él estaba a upa, supertranquilo, recibiendo mimos, mientras los demás hermanos estaban correteando por todos lados. Y ahí dijimos: ‘Nos llevamos este'".

En ese momento tenía tres meses, hoy dos años y medio. "Antes de adoptarlo me leí todos los libros", cuenta. Eso no impidió que el arranque de la relación fuera un poco caótico, aunque nunca generó ningún gran problema.


Victoria Fernández & Olivia


En la casa donde creció, Victoria siempre tuvo perro, pero desde que vivía sola no le había surgido la oportunidad. Hace tres años Olivia apareció en su vida gracias a una conocida que trabaja en S.O.S. Animal (Artigas). "Se comunicó conmigo para saber si quería un perro rescatado. Era superflaca, no tenía pelo, estaba mordida y era hipermiedosa. Apenas caminaba y me llevó meses escucharla ladrar. Fue todo un proceso y hasta el día de hoy veo que sigue evolucionando", cuenta Victoria.

Olivia es cruza de shih tzu con yorkshire y estiman que hoy tiene alrededor de cinco años. "Es rebuena, nunca la tuve que educar y es puro amor", resume.

Juan Frick & Maravilla


Maravilla no fue una perra buscada sino que llegó a la vida de Juan Frick de casualidad. "En una fiesta del trabajo, en Punta del Este, apareció ella. Empecé a dudar, pero finalmente decidí traerla", recuerda. Cuando llegó a la casa de Juan, hace cinco años, era un animal triste, asustadizo y que se notaba había sido golpeado. A partir de ese momento el nuevo dueño comenzó con su recuperación. "Le buscamos el corte, la tuneamos un poco, y ahí quedó". Hoy, dice, es una perra superagradecida y cariñosa.

Maravilla tiene los rasgos y la personalidad de un perro schnauzer, pero no así el tamaño ni el color característico de la raza. Por eso, estiman que es cruza con un perro callejero. "No es la primera vez que tengo perro, pero sí la primera vez que tengo una perrita rescatada. Creo que no volvería a comprar nunca más; sugiero y recomiendo que adopten o rescaten. El amor es el mismo y son infinitamente más agradecidos", cuenta Juan.