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CUANDO LAS CÁMARAS SE APAGAN

Tres comunicadoras uruguayas vieron El escándalo y estas fueron sus reflexiones

Rosario Castillo, Claudia García e Inés Pereyra debaten sobre el rol de la mujer en televisión después de mirar una película basada en una denuncia de acoso sexual y abuso de poder que sacudió a la cadena Fox News en Estados Unidos

17.01.2020 06:00

Lectura: 15'

2020-01-17T06:00:00
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Florencia Pujadas

El caso fue escandaloso. Hace cuatro años, la presentadora de Fox News Gretchen Carlson acusó a Roger Ailes, fundadoår del canal y uno de los ejecutivos más importantes de la elite televisiva, de acoso sexual. "Se la comía con los ojos, hacía comentarios sobre sus piernas, le pedía que vistiera prendas que resaltaban su figura y le decía que era sexy", se detalla en la demanda. Pero la denuncia fue recibida con pinzas: ella había sido despedida, muchos decían que estaba despechada y él era casi intocable. Siempre tenía la última palabra, era consultor de Donald Trump y gozaba de una gran impunidad. Nadie quería desafiarlo.

Los abogados de Gretchen le habían advertido que podía salir muy dañada, pero ella llevó el caso a la Justicia y las sospechas fueron suficientes para que las autoridades de 21st Century Fox, la empresa matriz de Fox News, iniciara una investigación interna del caso. Un equipo de abogados interrogó a más mujeres -incluida la presentadora Megyn Kelly- y descubrió que Gretchen no era la única víctima de acoso sexual ni abuso de poder. Él fue despedido y falleció un año después, a los 77.

Aquel sacudón a los cimientos de la televisión fue un precedente para movimientos feministas y de unión como #MeToo. Ahora también es el argumento de la nueva película de Jay Roach, El escándalo (nominada a tres premios Oscar), que se estrenará en Montevideo este jueves 16. Con el guion de Charles Randolph y actores del calibre de Charlize Theron, Nicole Kidman, Margot Robbie y John Lithgow, el drama muestra la misoginia y la violencia de una industria cada vez más cuestionada.

Antes de su estreno en cartelera, galería reunió a las comunicadoras Rosario Castillo, Claudia García e Inés Pereyra para mirar la película y reflexionar sobre el acoso, la violencia y la sexualización de la mujer en la televisión. Las tres tienen diferentes perfiles, son parte de distintas generaciones, pero están unidas por la posición que tienen o tuvieron frente a las cámaras. Todas salieron de la sala movilizadas y estuvieron de acuerdo en la importancia de visibilizar las situaciones de acoso y abuso de poder. Hablaron del coraje que han tenido las mujeres y recordaron que hoy, más que nunca, tienen que unir sus voces para acompañarse en este camino.

Rosario, ¿por qué saliste de la función y dijiste que la película era "como la vida misma"?

Rosario Castillo: Por el escenario y la edad me sentí representada en el magnífico papel que hace Charlize Theron (interpreta a Megyn Kelly). Creo que la película es regular porque hay un clima liviano y muy americano, pero es una manera de mostrar situaciones reales. Agradezco que se haya hecho sobre un tema tan fuerte. Para mí terminó la película y fue como si me hubieran dado una patada en el pecho, cuando en verdad uno tendría que salir del cine sonriente porque la historia se está revirtiendo y algunas mujeres tenemos otras posibilidades de enfrentarnos a la vida.

Claudia García: Yo creo que es una cuestión de valores. Todas en algún momento hemos transitado por estas situaciones, aunque capaz que con menos intensidad que en la película. A mí no me pasó que me pidieran un intercambio sexual para conseguir laburo y todo lo he conseguido con trabajo, pero sí hay matices en el camino donde una se ha tenido que bancar comentarios y ciertos franeleos. Yo nunca lo permití y creo que está en las mujeres dejar que eso suceda o poner un límite. Me parece que cada uno es artífice de su vida. Cada uno tiene su historia, su recorrido y sus recuerdos traumáticos; hay quienes tienen dignidad y quienes no. La película también muestra la ambición y eso de que por el poder que da la televisión hay personas que se bancan cualquier cosa. Yo creo que no hay que admitirlo bajo ningún concepto. Pero reitero: tampoco me sucedió algo tan grave.

La película muestra que en Fox News las mujeres eran elegidas, básicamente, por su aspecto. ¿Sienten que en los medios aún está esa mirada de mujer como un objeto?

Inés Pereyra: Sí, eso siempre está y sigue estando hasta el día de hoy.

RC: En todos los medios.

IP: En los medios y en la vida. En las redes también pasa que quizás alguien, sin ser cercano, te habla y te dice: "Hola, linda". Es como si la valoración fuese por ahí. A mí antes me pasaba que un tipo me decía eso y yo capaz que salía con otro tema y no le daba bola; ahora le digo que está todo bien, pero que esa parte tiene que evitarla; no me interesa saber qué piensa. No va por ahí.

RC: Hay tres palabras que detesto: hermosa, genia y reina.

IP: Es que te molesta. Algo buenísimo que está sucediendo ahora es que los hombres en vez de decirte "qué histérica que estás", te dicen "ay disculpá" o "perdoná que te dije eso". Estamos hablando de gente de mi generación. Esos tipos están empezando a hacer el clic.

RC: Esto que se está dando entre nosotras se da en la película con tres generaciones que podríamos dividir entre las que están en sus 20, 40 y 60. Es un planteo bien claro: la más joven es la primera que dice que no, y se va.

IP: También es la más joven la que mira a la más grande (que en la película también sufrió situaciones de acoso) y le dice: eras tú la que tenía que habernos cuidado a todas porque sos la que tiene poder. Entiendo que es difícil. Ella (la más grande) le hablaba a su marido y le decía que tenía miedo de hacer la denuncia porque se iban a quedar sin dinero, no sabía dónde iba a ir a trabajar. Hay una cuestión más fuerte.

En la película, el productor del informativo dice que "nadie quiere ver a una mujer menopáusica sudando". ¿Sintieron esta presión?

CG: Durante mis 16 años en Telemundo jamás fui de pollera para establecer una relación de igualdad, para que me trataran de igual a igual. Era un mecanismo de protección. Creo que todas hemos tenido mecanismos de protección en el trabajo para encontrar respeto e igualdad. Yo hacía eso y cuando me miraban les decía: ¿qué te pasa? Les hacía el mismo juego y no me miraban más.

RC: Yo me gané el respeto de mis compañeros de piso siendo "Carlitos", haciendo lo que los varones hacían, hablando de lo que ellos hablaban.

CG: Es que las mujeres de las noticias de la televisión hace 20 años no tenían que ser periodistas. Era suficiente con que fueran bellas, tuvieran presencia y una voz buena. No importaba la preparación.

RC: Yo tuve que resistir durante mis 14 años en Subrayado que hombres y mujeres siempre me dijeran en la calle "sos tan linda y tan dulce; siempre estás vestida tan bonita y con ese pelo". Nunca nadie -ni un hombre ni una mujer ni un niño- me comentó una noticia. Yo llegaba a las siete de la tarde y salía a la una de la mañana, pero, cuando le decía a mi compañero que quería ayudarlo, me respondía que fuera a lo mío; que me maquillara, que fuese a peinarme. Nunca pude ni siquiera sentarme a leer un texto. Nunca. Estoy hablando por mí. Me sentí muy identificada con el personaje más grande y siento que ahora hay una diferencia en cuanto al discurso y la forma. Las más grandes somos más contemplativas, más suaves y ustedes (las más jóvenes) tienen un poder enorme de hablar.

IP: Pero eso es gracias a todo lo que ha sucedido. Capaz que si no hubiese ocurrido lo que ocurrió, tanto en Argentina como en Estados Unidos, no hubiera pasado esto y seguiríamos siendo cuestionadas como ocurre hoy en las redes. También pasa que las mujeres se critican entre sí; tendríamos que ser las primeras en apoyarnos y cuidarnos.

Es una forma de ejercer violencia. El escándalo muestra cierta falta de diálogo y sororidad. ¿Falta una mayor unión entre las mujeres para animarse a hablar de estas situaciones?

CG: Claro, de todo esto que estamos hablando es de violencia, y es la violencia que hemos tenido que soportar las mujeres desde que estamos insertas en el mercado laboral. El tema es que nosotras, en el Uruguay, nos animemos a hablar. Siempre hay historias individuales fuertes que de repente no se denuncian por falta de sostén, de apoyo; también por miedo a perder lo poco que tenés. Habría que reflexionar y unirnos de una vez.

IP: La unión también está en incluir a los hombres, porque muchas veces tenemos que decirles las cosas y ponerlos en una situación para que entiendan. Quizás, si les preguntaras cómo reaccionarían si le pasara a una hija o una hermana, sintieran empatía.

CG: Claro. Hay muchos hombres que te entienden pero se quedan en silencio. A mí me parece que está bueno ese debate, y después de que la película se exhiba seguramente van a salir muchas historias. Está bueno que se capitalice desde las organizaciones, porque es parte del movimiento y del empoderamiento de las mujeres. Esa palabra me parece preciosa y a algunos hombres les molesta porque se sienten inseguros. Para mí el machismo es inseguridad. Somos diferentes, claro, pero podemos hacer las mismas cosas.

IP: El machismo también perjudica a los hombres; los roles establecidos, lo que pueden hacer. Es parte de una discusión que tenemos que tener en la sociedad que vivimos. Hoy hablaban de que ustedes la sintieron a la película liviana; a mí me gustó el guion y siento que si hubiese sido más fuerte, quizás hubiese sido más difícil que llegara a todos. Sean o no feministas, es una historia de vida que le pasó a muchas mujeres y que se puede trasladar a otros trabajos.

CG: Es políticamente correcta. Me pareció muy bueno cuando la presentadora sale sin maquillaje. Eso sí habla de una gran valentía y naturalidad.

RC: Esas son cosas que ni Claudia ni yo podríamos haber hecho. Nunca nos habrían permitido salir sin maquillaje.

Inés, ¿te parece que en estos tiempos sí se están ganando estas batallas sobre la imagen de la mujer? ¿Hay un cambio real en los medios?

IP: Yo creo que depende del lugar y del apoyo que puedas tener de tu productor o tu productora, y de la fuerza que tenga ante la directiva. A mí me pasó que en algunos lugares me querían cambiar el color de pelo, el corte. Eran cuestiones que al principio no entendía; me dolían, me sentía incómoda y no sabía por qué querían hacerlo. Son negociaciones en las que vas transando.

RC: Te estoy mirando los rulos, Inés, y cuando te veo me pone muy contenta. Yo tengo los mismos y a mí nunca me permitieron tener un cuarto de rulo. No me permitieron cambiarme el color, cambiarme el peinado.
CG: A mí tampoco. Cuando empecé a trabajar en los medios, más bien cuando pasé a Canal 12, el programa era en una mesa redonda. Como había una cámara que sobrevolaba por atrás me dijeron que mi pelo estaba muy desprolijo, y enseguida me dieron la orden de que me hiciera un brushing. Pero no es una tontería, porque a un hombre no le dicen esas cosas. Ahora estamos lejos de eso. Estamos hablando de cosas que pasaron hace 20 años.

IP: Y en parte también de hoy.

¿Vivieron episodios violentos?

IP: Antes de venir a ver la película me quedé pensando y me di cuenta de que uno vive cosas que por salud mental las va dejando de lado. Me puse a pensar si había tenido un episodio violento y me acordé de una situación que viví con un señor argentino con el que trabajaba para un blog. Él me habló de ir a cubrir una noticia, en San Luis o en Mendoza, y la conversación de WhatsApp incluía un mensaje que decía que solo había una habitación para quedarse. Yo me sentí tan mal... Quedás en un lugar de impotencia y no sabés cómo reaccionar ante esa falta de respeto. Me apoyé en los amigos, en la persona con la que estaba saliendo y se lo comenté a mis padres. Nunca más volví a tener trato con él. En el momento no hice las denuncias porque en las conversaciones no encontré algo tan fuerte, y fue antes de que pasaran estos episodios (habla de la película y movimientos como #MeToo).

CG: Tenemos que erradicar este tipo de situaciones de frente y ser valientes. Hay que sacar eso de nuestras mentes, de nuestras emociones; sentir que tenemos dignidad. Que se nos trate de igual manera y ganar lo mismo.

La brecha salarial es una forma de violencia más invisible...

CG: Claro. No es lo mismo entre hombres y mujeres. Está bueno el debate también para los padres y para transmitir que valés por lo que sos; no importa si tenés una camisa de marca o una rota. Aunque lo que justamente valoriza la sociedad es lo contrario. El éxito está medido por lo que podés conquistar materialmente.

En la película se muestran escenas donde hombres les dicen a mujeres que las tratan así por "ser demasiado atractivas". También parece que tuvieran que cumplir con determinados roles como una imposición social. ¿Se han sentido subestimadas también fuera de los medios?

RC: Yo pasé años en el canal estudiando y estudiando, y no me lo valoraron.

CG: Te voy a dar un ejemplo con todo el amor y el cariño que le tengo a mi mamá, a quien también se lo he dicho. Cuando yo terminé el liceo, por una tendencia generacional, ella me decía que hiciera un secretariado, que me casara; me tuve que revelar contra eso.

RC: Yo me tuve que ir del país para ir a la facultad. Y no soy Juana de Ibarbourou, te estoy hablando de una situación que ocurrió hace 35 años. Si no hacías lo que esperaban, te decían "¿qué te pasa? Sos rara".

IP: Eso sigue pasando: yo tengo 32 años y mis abuelas me decían "bueno, ¿cuándo te vas a casar?". A mí no me interesa que el Estado se meta en mis relaciones amorosas o en donde yo quiero estar.

¿Estos nuevos movimientos, la visibilización de experiencias de acoso y los relatos que aparecen como argumentos en nuevas producciones hacen que estemos en una nueva etapa?

IP: La gente que trabaja (en los medios) sigue siendo más grande y siguen teniendo los mismos parámetros. Se siguen haciendo chistes machistas o groseros. Ahora capaz que se cuidan un poco más.

CG: Cuesta todavía. Por ejemplo, vas a presentar un caso determinado a un canal o una radio y seguís teniendo tu condición de mujer para el jefe o el director del medio. Te va a mirar de otra manera. Todavía es más fácil para el hombre que para la mujer.

IP: Yo conozco casos de mujeres que han hecho proyectos para los medios y no los han podido presentar ellas. Ha tenido que ir un hombre a presentarlo ante el directorio.

CG: Pero la gente ya no quiere ver eso. Hasta vas a tener mejor rating si le das a la mujer el lugar que le corresponde. Basta. Capaz que habría que hacer una terapia entre los hombres para que no tengan miedo: se puede trabajar en equipo. Solo hay que saltar esa barrera del ego y vas a ver que te enriquecés mucho más y sos más feliz.

Me decían que faltaba unión entre mujeres. ¿Es una carencia que ven dentro de los canales?

RC: Depende de las edades.

IP: Creo que todavía pasa, incluso entre las mujeres, porque hay una especie de competencia masculinizada.

CG: Vamos a empezar a intentarlo. De hecho, ni siquiera lo intentamos. A cada una de nosotras nos va a pasar alguna situación de las que estamos hablando ahora.

RC: Todas las voces suman y, aunque no pertenezco a ningún movimiento, siento que tengo que sumar mi voz. Ya no es suficiente con hablarlo en privado. Ahora estamos estrenando en el interior Los monólogos de la vagina, que es a beneficio de una casa que ayuda a las mujeres que sufren violencia de género y no tienen dónde quedarse.

IP: Es que en los pueblos es todavía más difícil poder resguardarse ante situaciones de violencia.

CG: Yo creo, por último, que también hay que ayudar en silencio. A veces es poner el hombro y preguntar qué te está pasando. Eso lo he hecho con las más chicas: entran como terneritos y les digo que no tienen por qué permitir ciertas situaciones. Eso hay que hacerlo; salva vidas. Podemos ayudarnos.