Cultura
Sopa de Cabeza de Cabra

The Rolling Stones reeditan el mítico Goats Head Soup, su disco de 1973

Menospreciado en su momento, el nuevo y lujoso boxset incluye tres canciones inéditas; una de ellas con el guitarrista de Led Zeppelin.

21.09.2020 06:00

Lectura: 8'

2020-09-21T06:00:00
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Por Leonel García

Como la resaca luego de la borrachera, como la calma luego de la tempestad, como la paz amodorrada luego de un orgasmo. De todas estas formas se ha definido al Goats Head Soup, el disco que los Rolling Stones editaron en 1973 y reeditaron el último 4 de setiembre, en múltiple configuración, incluyendo boxsets de cuatro discos y con material nuevo. Estos son tres temas nuevos que se suman a los 10 originales, entre los cuales hay una colaboración de Jimmy Page, el guitarrista de Led Zeppelin.

Y aun así, el que fue el onceavo disco de los Stones en Gran Bretaña y el decimotercero en Estados Unidos no genera unanimidad. Si lo hubiese editado cualquier otra banda de la época, sería perfectamente la obra cumbre de su discografía. Hay blues, hay rock, hay funk, hay baladas. Pero también hay un sonido más relajado de lo que solía ser una producción de Mick Jagger, Keith Richards y compañía. De hecho, el primer corte de difusión y el tema que más perduró, Angie, no dejaba de ser una herejía. ¿Cómo podían los malos más malísimos del rock, Sus Majestades Satánicas, ofrecer como single tan melosa canción de amor? Canción que, vale recordar, fue un éxito en todo el mundo y aún hoy es un habitual número en los recitales en vivo.

La respuesta puede ser obvia. Goats Head Soup es el disco que sucedió al póquer de álbumes más glorioso de toda la discografía de The Rolling Stones. Beggars Banquet (1968) fue una absoluta maravilla; Let It Bleed (1969), con el debut de Mick Taylor en la guitarra en reemplazo de Brian Jones, otra; Sticky Fingers (1971), ufff, por Dios, una más; Exile On Main Street (1972), si eso fuera posible, fue un peldaño aún más alto. Como si fuera poco, en el medio editaron el Get Yer Ya-Ya's Out! (1970), uno de los mejores discos en vivo de la historia. Eran humanos, no dioses, y en algún momento tenían que "patinar" (aunque la gran mayoría de las bandas setentosas hubieran vendido su alma al diablo por una "patinada" como esta). Puede ser que Jimmy Miller, el productor del grupo desde Beggars..., ya estaba tan limado por su adicción a las drogas que no le daba la vida para hacer algo de igual nivel; puede ser que Keith Richards ya empezaba su cuesta abajo por motivos similares y sus peleas con Jagger que siguen hasta hoy; puede ser que Mick Jagger tuviera más ganas de ser una figura de la jet set -como marido de la socialite Bianca Pérez de Macías- que una estrella de rock, y que al tiempo que iniciaba su distanciamiento con Richards empezaba a ver a la banda más como un grupo de acompañamiento suyo que como tal; puede ser que el guitarrista Taylor ya comenzara a hacer evidente su frustración, que el bajista Bill Wyman estuviera tan en otra que apenas tocara su instrumento en tres canciones y que el baterista Charlie Watts metiera menos cuchara que de costumbre...

En una entrevista reciente con la revista Rolling Stone, Mick Jagger admitió que los Stones estaban "perezosos" en la época de este disco, motivo por el cual las piezas inéditas recién vieron la luz ahora. "Me dijeron: ‘Bueno, hay pistas inéditas allí'. Y recuerdo haber pensado: ‘Oh, no'. Pistas inéditas para mí, eso siempre significa mucho trabajo. Es como, ‘¡Cosas que no te gustaron y no terminaste!'. Tengo algo negativo sobre ellas; pero luego comienzas a escucharlas y dices: ‘Bueno, en realidad, no está nada mal. No sé por qué no lo terminamos'. Solo estábamos siendo perezosos, ya sabes".

Scarlet, con Jimmy Page en la guitarra, es uno de los nuevos descubrimientos de esta reedición. Esa mezcla Stones-Zeppelin es algo así como el Santo Grial del rock de su época dorada. Criss Cross y All The Rage completan las novedades que trajo este 2020.

Entretelones de una grabación lisérgica. Se ha dicho hasta el hartazgo que si Exile... tiene la marca de Keith (de hecho, nació en el sótano de su casa en el "exilio" francés), Goats... es 100% Mick. Un gran indicador lo da la amarillenta portada del álbum, "perversa, mefistofélica, con Jagger cubierto por una suerte de mortaja", según lo definió el blog El Planazo de elDiario.es. Su voz y su presencia en el sonido de la banda lucen más, sin lugar a dudas. Y esa "mortaja", en rigor, era una seda rosácea que el diseñador Ray Lawrence veía inspirada en Katharine Hepburn en La reina africana.

El disco comenzó a grabarse entre noviembre y diciembre de 1972 en Kingston, Jamaica. Esa ciudad comenzaba a estar en el mapa del rock gracias al suceso internacional de Bob Marley & The Wailers. También es cierto que, problemas legales y con el fisco británico mediante, no había demasiado para elegir. "Jamaica fue uno de los pocos países donde nos dejaron trabajar. Por aquel tiempo, casi que el único país que me permitía vivir era Suiza, que me resultaba insoportablemente aburrido, porque a mí no que gusta esquiar... Nueve países me patearon, lo que les agradezco mucho; entonces fue todo un tema seguir en esto juntos", contó sobre esos tiempos Keith Richards en el libro According To The Rolling Stones (2002). En aquel momento, el guitarrista era un tipo de 29 años cuya vida al límite hacía que nadie apostara un mango a que iba a llegar a los 40 (vaya a saberse cómo, en diciembre va a cumplir 77).

Si un disco puede tener connotaciones más allá de lo musical, Goats Head Soup suena a exilios, drogas, excesos, euforia, soledad, pérdidas y sexo. Keith estaba totalmente detonado y apenas hacía algún aporte. Mick Taylor -el mejor guitarrista que jamás tuvieron los Stones y el que menos duró en la banda- se puso la parte musical creativa al hombro sin recibir ningún crédito por ello (todas las canciones estaban firmadas por Jagger-Richards y no había demasiado espacio para discutir). Había rock del bueno en Dancing With Mr. D (D por death, muerte) y Star Star. El funk estaba presente en 100 Years Ago y Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker), sobre el gatillo fácil de la policía de Nueva York que causó la muerte de un niño de 10 años. Esta canción -el segundo corte de difusión de la placa- contó con el aporte en los teclados de Billy Preston, para darle un toque más negro y frenético (ese solo fue uno de los ilustres colaboradores de la banda en este disco; también estuvieron Nicky Hopkins, Ian Stewart y Bobby Keys). En Coming Down Again, Keith canta en tono crudo sobre sus momentos lúcidos entre un viaje narcótico y otro. Winter y Can You Hear The Music, dos baladas, son otros momentos altos, así como la armónica de Mick en Silver Train. Aun así, cómo no se incluyó el tema con Page es un misterio aún no resuelto; lo mismo el por qué desecharon Waiting On A Friend, que recién vería la luz en 1981 en el disco Tattoo You.

El disco terminó de mezclarse en Londres y Los Ángeles. La tapa resultó ser un problema: hubo una idea de portada muy literal con la cabeza de una cabra muerta sobresaliendo de un caldo (eso es la traducción de Goats Head Soup). Para evitar un escándalo -las defensoras de animales no tenían la fuerza de hoy, pero igual se hacían sentir-, primó la idea de Lawrence, que incluyó las sedas también para Keith y el resto de la banda en contraportada y fotos interiores. Atlantic, la discográfica, puso el grito en el cielo al saber que Angie iba a ser el corte de difusión; es sabido que querían otro Brown Sugar o cualquier tema más guarro. Sin embargo, la banda se mantuvo firme y se apuntó un éxito mundial, un clásico instantáneo (posiblemente es la balada Stone más famosa de todas) y una duda para todos los tiempos: ¿a quién estaba dedicada?, ¿a Anita Pallenberg, la esposa de Keith?, ¿a Marianne Faithfull, la primera novia famosa de Mick?, ¿a la actriz Angela Dickinson?, ¿a Dandelion Angela, la hija recién nacida de Keith?, ¿a Angela Barnett, la primera esposa de David Bowie, la misma que descubrió juntos en una cama a su marido y a Mick Jagger?

Por más resaca que sea, Goats Head Soup fue, comercialmente hablando, un bombazo. En Estados Unidos, por caso, fue triple platino. Sin embargo, la revista Rolling Stone le dio tres estrellas en cinco. Esta reedición quizá le dé a esta aventura jamaiquina y narcótica de los Stones una reivindicación. No era fácil para la Sopa de Cabeza de Cabra salir al ruedo inmediatamente después de los mejores discos de la banda y cuando la interna grupal comenzaba a resquebrajarse. Además, ya con el diario del lunes (y de un lunes 47 años más tarde) muy pocos de los discos de los Stones que vinieron después (quizá Some Girls, de 1978; el ya nombrado Tattoo You; el Steel Wheels, de 1989) pueden mirarlo a los ojos. Respect.