Personajes
Realeza española

Sofía, siempre serena

Con más de 80 años, una relación más fluida con su marido, el rey emérito Juan Carlos, y su nuera, la reina Letizia, Sofía de Grecia sigue dando material para artículos de prensa y libros biográficos

14.09.2019

Lectura: 11'

2019-09-14T22:50:00
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por Tessa García

Muchas cosas cambiaron últimamente en la vida de Sofía de Grecia. Para empezar, su marido, el rey emérito don Juan Carlos, se ha hecho mayor y de tanto en tanto es ingresado al hospital para ser sometido a una intervención quirúrgica. A veces es la cadera, la rodilla o las várices; la más reciente fue el corazón. Esto, que podría sonar trágico y desgraciado, para Sofía no lo es. En primer lugar, porque significa que el rey ya no tiene cuerpo para salir con otras mujeres y dejarla en evidencia. Su última amante pública durante mucho tiempo, la alemana Corinna Larsen, desapareció del mapa, no sin antes haberle jugado sucio contando a la prensa algunas cosas sobre sus negocios poco transparentes (con los cuales ella se benefició) y así terminó de hacer añicos la relación. Desde entonces y en medio de sus achaques, Juan Carlos se ha mostrado mucho más tranquilo y amigable con su mujer. Se los vio juntos y jocosos en un partido de handball que jugó su nieto Pablo Urdangarín y en una semifinal de Rafael Nadal. También se acompañan en los funerales, algo impensable años atrás, cuando el rey no quería tener absolutamente nada que ver con Sofía e incluso dejaba al descubierto gestos feos, como aquel famoso donde le rechazó el brazo que ella quiso sostener en la escalinata de la iglesia de Santiago de Compostela. Un ademán que salió fotografiado en varios medios pero que solo indicaba una distancia de la que todos estaban enterados. 

En los últimos años, Sofía acompaña al rey Juan Carlos a los funerales, algo impensado tiempo atrás.

Los problemas de salud de Juan Carlos también trajeron unión a la familia, bastante azotada en los últimos años, no solamente por el escándalo de corrupción de la infanta Cristina y su marido Iñaki Urdangarín sino también por el temperamento de la consorte del rey Felipe, doña Letizia, quien hasta ahora ha parecido querer deslindarse completamente de la familia de su marido y casi no permitía que sus hijas se vieran con su abuela o primos.

Pero como sucede casi siempre, las desgracias o contratiempos les dan armonía y felicidad a las familias. Y la realeza española no es una excepción. Mientras el rey se recupera en el posoperatorio, la familia entera ha desfilado por el hospital para verlo, preguntar por él y darle ánimo. La primera en llegar siempre es Sofía y no hay quien no piense que la reina sigue enamorada del rey como el día en que se vieron por primera vez, ambos con 16 años, a bordo del Agamenón, un crucero que paseaba esos días por el Mediterráneo.

Antes, la reina Letizia casi no permitía que sus hijas se vieran con su abuela o primos, pero hace unos días, todos los nietos de Sofía, incluidas las infantas Leonor y Sofía, se reunieron en una pijamada en el Palacio de la Zarzuela, algo que nunca antes había ocurrido.

No solamente hubo cambios en la relación con su marido, algo también sucedió en la psiquis de la reina Letizia, la mujer de su único y adorado hijo varón y heredero al trono. Letizia parece haber abandonado su postura poco amistosa y recelosa. Seguramente, por inseguridad, tampoco nunca ha sabido relacionarse bien con el resto de la realeza europea. Fue muy comentada la poca simpatía que tuvo con las otras reinas europeas -Kate, Máxima e incluso Camila- cuando en junio acompañó a su marido al castillo de Windsor para el acto de investidura como caballero de la Orden de la Jarretera. Sin embargo, ya no se muestra tan distante e incluso algo cambió en su fisonomía y no a causa de las cirugías estéticas. Quizás sea el paso de los años, la práctica del oficio, la gestión de su energía o su crecimiento personal. Pero ahora luce otra expresión en el rostro y muestra otras actitudes. En el verano se la vio varias veces con sus hijas y suegra paseando relajadamente por Palma de Mallorca, un balneario que nunca le gustó y que siempre había considerado trabajo. "¿Esto te parecen vacaciones?, le espetó a un periodista. "No son vacaciones, es trabajo", aclaró. Quizás se acostumbró al Palacio de Marivent, la residencia estival de la familia real española y el palacio preferido de Sofía, quien reside allí gran parte del año. Probablemente, Letizia empezó a encontrarle el gusto, cosa muy frecuente cuando en un principio se desdeña algo por ser demasiado bueno. Sea como fuere, la nueva cara de Letizia le ha dado un respiro a la reina que fue coronado hace unos días cuando todos sus nietos, incluidas las infantas Leonor y Sofía, se reunieron a comer y jugar en una pijamada en el Palacio de la Zarzuela, algo que nunca antes había ocurrido.

Letizia siempre mantuvo a las infantas algo aisladas y no fomentó su amistad con los primos Marichalar ni Urdangarín. Se dice que es muy controladora de sus hijas y que ni siquiera les permite tener voz a la hora de elegir su vestuario. A Leonor la viste de acuerdo con su propio gusto, en complicidad con su madre, Paloma Rocasolano, e incluso alguna vez la niña se ha parecido a una miniatura de Letizia. Se sabe que la abuela materna está muy presente y es quien queda a cargo cuando los reyes salen del país. Leonor, que tiene 14 años, ya debería estar forjando su propia personalidad. Pues no. Cuando la entrevistan en algún medio siempre se la ve buscando la aprobación de su madre y en su garbo y postura corporal no se ve a una adolescente sino a una niña insegura. Su hermana parece un poco más avispada pero no demasiado y ambas tienen poca fuerza si se las compara con las infantas de Holanda, Amalia, Alexa y Ariadna, por ejemplo.

Se dice que es muy controladora de sus hijas y que ni siquiera les permite tener voz a la hora de elegir su vestuario. A Leonor la viste de acuerdo con su propio gusto, en complicidad con su madre, Paloma Rocasolano, e incluso alguna vez la niña se ha parecido a una miniatura de Letizia.

Mientras que Leonor y Sofía visten con colores pastel, llevan el pelo en una melena recta y proyectan la imagen de dos pajarillos inocentes, las hijas de Máxima son un espectáculo de color y movimiento. En su visita a la feria de Sevilla a principios de año las infantas holandesas con su madre llegaron vestidas de flamencas y bailaron sevillanas con vestidos alegres y peinados de fantasía, dándole una buena lección de vida y estilo a Letizia, quizás demasiado pendiente de los pliegues estéticos de su rostro y perfil. En realidad, lo que más le hace falta a Letizia es espontaneidad. Se la ve demasiado preocupada por su apariencia personal y ese acartonamiento es precisamente lo que les transmite a sus hijas.

Mientras que Leonor y Sofía visten con colores pastel, llevan el pelo en una melena recta y proyectan la imagen de dos pajarillos inocentes, las hijas de Máxima son un espectáculo de color y movimiento.

De todas formas, Letizia no va a poder -como no puede ninguna madre- mantener eternamente bajo su control a las chicas. Las paredes del Palacio de la Zarzuela ubicado cerca de Madrid, donde viven, seguramente sean testigos de algunos berrinches, portazos e insolencias de las niñas para con su madre. Por lo pronto, parece ser que Leonor tiene una fuerte amistad y afinidad con su prima Irene Urdangarín, ambas nacidas el mismo año.

Ni fitness ni nada. Hay algo que no ha cambiado para nada en todos estos años y es la popularidad de Sofía, incluso luego de la abdicación del rey y el acceso de su hijo Felipe a la jefatura del Estado hace cinco años. Aunque sus actividades y actos oficiales disminuyeron considerablemente, Sofía aún mantiene sus funciones como miembro protocolario de la familia real y en las encuestas de opinión sigue siendo quien lidera por lejos en la simpatía de la gente.

En ella vemos a una mujer bien plantada, atenta, serena, siempre adecuada, presente, cálida y sólida. Con motivo de sus 80 años, la corresponsal ante la casa real Carmen Enriquez publicó un perfil biográfico de la reina, Sofía, nuestra reina, a quien conoce en profundidad luego de haberla acompañado durante muchos años. A través de esta biografía podemos saber algunas cosas de la alta cuna de Sofía, con raíces en las más rancias aristocracias europeas, sus estudios, la relación de sus padres Pablo I de Grecia y Federica de Hannover, su casamiento con el rey Juan Carlos y sus obras benéficas, pero no mucho más. Aunque es un libro excelentemente bien escrito, es más lo que oculta que lo que muestra. Por ejemplo, de su relación con Letizia se habla muy por encima. Las relaciones amorosas paralelas de Juan Carlos y el sufrimiento y humillación que estas ocasionaron en la reina apenas se dejan entrever. Sí destaca muy bien que en sus momentos personales más difíciles Sofía se comportaba como una verdadera profesional y jamás mostraba signos de sufrimiento ni malestar anímico. Hay bastantes datos de su trabajo en obras de beneficencia como la fundación Alzheimer, su apoyo a la música o al Banco de Alimentos, a los que la reina aporta sobre todo desde la presencia y no tanto desde lo financiero. Nos podemos enterar de su formación en un colegio de Salem en Alemania, su vida cosmopolita y la estrecha relación que guarda con su prima Tatiana y sus hermanos Constantino e Irene. Esta última prácticamente vive con ella.

Podemos saber también que no hace ningún tipo de fitness ni ejercicio físico, salvo las caminatas en los actos oficiales, y que aun así tiene una salud de hierro. O que siempre que puede se toma un avión a Londres, adonde vive su hermano Constantino. También nos enteramos de que es una mujer curiosa a la que le encanta preguntar todo y en detalle. Verdaderamente, se compenetra con los lugares que visita y se interesa. Nunca se le ve un gesto de cansancio o de irritación, como en cambio sí se le notan a Letizia, el más reciente en una Escuela de Grabado, donde la mujer de Felipe estaba visiblemente de mal humor y le pidió a una alumna que le estaba hablando que ya no lo hiciera. O aquel desliz bastante impresentable donde le respondió a una vendedora de productos cosméticos algo acerca de un shampoo: "Claro, con eso me queréis llenar de grasa la cabeza". Gestos impensables, muy lejanos a Sofía, quien siempre tuvo claro cuál era su papel y misión. "Reinar es una palabra llena de contenidos. La más sutil, más bella y más buena forma de reinar es servir, estar a disposición de los demás. Yo, porque soy reina, no puedo permitirme ser egoísta. A mí me programan cada día, y cada hora, en función de los intereses del país.", dijo en una ocasión, según recoge el libro de Enriquez.

Si quisiéramos saber más sobre la vida íntima de Sofía deberemos acudir a otras fuentes. Hola! ofrece imágenes generosas de la familia real en acción, pero los textos de esta revista no son demasiado informativos. Quien más nos puede desasnar sobre la vida de Sofía es el periodista Jaime Peñafiel, experto en casa real y suficientemente independiente. Gracias a él sabemos que el rey Juan Carlos tuvo algunas relaciones extramatrimoniales -aunque no tantas, teniendo en cuenta su posición y el hecho de que cuando joven era muy buenmozo y varonil- y que algunas de ellas fueron prolongadas, como con la decoradora Marta Gaya, con quien dicen que fue realmente feliz. En realidad, parecería que el matrimonio de Sofía y el rey duró menos de diez años y lo que se desprende es que él nunca estuvo enamorado y que se casó por puros intereses políticos. "La de Juan Carlos y Sofía no fue una historia de amor", dice Peñafiel.

También sabemos que Sofía nunca pensó en divorciarse y más bien estuvo muy nerviosa durante el tiempo en que Juan Carlos estaba enardecido con sus mujeres. Tanto con Marta como con Corinne tuvo momentos donde consideró la posibilidad de romper su matrimonio para volver a casarse, aunque luego fuera disuadido por cuestiones de intereses. Si se divorciaba, Sofía perdía su posición de reina consorte, algo que ella no podía ni imaginar. Después de todo, ese hubiera sido el peor de los movimientos, el pateo del tablero, la caída de la reina.
Pero esos tiempos ya han quedado lejos y ahora los días de Sofía parecen transcurrir con más serenidad.