Estilo de vida
Escape entre fronteras

Siete propuestas diferentes para las vacaciones de primavera en Uruguay

De norte a sur, este y oeste, en Uruguay siguen surgiendo nuevas propuestas para vivir diferentes experiencias sin tener que salir del país

19.09.2021 16:45

Lectura: 9'

2021-09-19T16:45:00
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Aventura para todos

De miércoles a domingo, los 1.500 animales de 120 especies que viven en el Ecoparque Talice reciben la visita de familias, instituciones educativas y adultos mayores que buscan vivir un día diferente. Ubicado a 2 kilómetros de Trinidad (Flores) y a dos horas de Montevideo, en las 75 hectáreas del Ecoparque Talice conviven en armonía las personas y la naturaleza. El lugar, que fue fundado en 1991, ofrece una propuesta tan entretenida como aventurera, didáctica y formativa, y se convierte también en un paseo distendido para todas las edades; sobre todo, desde que en 2018 reabrió renovado. Además de la enorme reserva que permite conocer cómo viven los animales en su hábitat natural, el parque cuenta con salas audiovisuales, plaza de comidas, circuitos de caminería, ómnibus eléctricos —preferidos por los adultos mayores— que recorren todos los rincones del parque a modo de safari, y vehículos a pedal. Desde ese año, otra de las atracciones más innovadoras y fotografiadas es la “nave orgánica”, un edificio de arquitectura curva que, enclavado a orillas de un lago, cuenta en su interior con una tienda de souvenirs y una cantina, uno de los dos puntos donde se puede parar para comer mientras se contempla el paisaje. A la vez, en el lago es posible navegar a bordo de unos botes con forma de cisnes blancos. Desde allí se puede observar tanto la gran variedad de aves acuáticas como las travesuras de los monos.

Este ecoparque en el corazón del país es, además, el segundo geoparque de América Latina en ingresar a la Red Global de Geoparques de la Unesco.

Abierto de miércoles a domingo de 10 a 18. Entradas: mayores de 9 años, 250 pesos; 2 a 9 años, 150 pesos; menores de 3 años gratis.

Entre vinos e historia

En setiembre volvió a abrir sus puertas la Viña Varela Zarranz, un lugar donde se respira historia. En 1888, el pionero de la vitivinicultura Diego Pons construyó allí una bodega, que fue adquirida en 1943 por la familia Varela Zarranz. Desde entonces, cuatro generaciones de la familia continuaron la historia entre renovaciones, modernizaciones y tesoros patrimoniales. La viña, ubicada sobre el kilómetro 29 de la Ruta 74 (Joaquín Suárez, Canelones), cuenta con más de 100 hectáreas que albergan cultivares de origen francés. Familias, parejas, grupos de amigos y todo el que quiera hacer una escapada entre vinos, historia y naturaleza podrá recorrer Varela Zarranz todos los sábados y domingos. Las visitas empiezan a las 11 con un recorrido por el viñedo, en el que se conoce la historia de la familia y su emprendimiento. Luego se pasa a la bodega, donde se expone la molienda de vino de mesa y vino fino. El recorrido sigue por la nave central y la cava subterránea, que data de 1892, donde descansa una colección de toneles de roble francés que convive con modernas barricas que contienen los mejores vinos de la familia. Continúa por la sala de toneles y de elaboración de espumoso, para luego pasar al granero, donde se realizan la degustación y el almuerzo. La visita dura aproximadamente tres horas y se ofrecen dos opciones: una con almuerzo, que incluye entrada, plato principal (que puede variar entre pasta y carne) y postre, y otra de degustación premium que contiene tabla de quesos y fiambres, tabla de empanadas y postre. Ambas opciones incluyen la degustación de vinos.

Sábado y domingo a las 11 horas. Precios: degustación premium 1.200 pesos por persona; almuerzo 1.800 pesos por persona. Reservas por WhatsApp al 092 532 646

Un hogar temporal de animales

Alpacas, ñandúes, ciervos, carpinchos, chanchos vietnamitas y una gran variedad de loros exóticos son solo algunos de los animales que habitan en la fundación Kerayvoty, inaugurada seis meses atrás en Artilleros, unos 20 kilómetros al este de Colonia del Sacramento. Uno de los objetivos de esta reserva, destinada a la preservación y conservación de especies autóctonas y exóticas, es brindar asistencia a los animales que lo requieran para luego ser liberados en su hábitat natural. Y todos están invitados a visitar este hogar temporal de cientos de animales. Las tres hectáreas de la reserva ofrecen varios atractivos para toda la familia; un puente colgante sobre un lago, un restaurante de dos pisos con menú a la carta, parrilla, comida rápida y hasta licuados de frutas, y paseos a caballo por todo el parque. “Como el lugar es lindo para estar afuera, estamos haciendo un horno de barro para vender pizzas, y se van a hacer fogones durante la noche”, cuenta el dueño de la reserva Kerayvoty, Julio Medina. Contó que en los próximos meses también se habilitará una piscina climatizada y se extenderá el horario de visita hasta la medianoche.

En vacaciones: martes, miércoles, sábado y domingo de 10 a 19. Entrada gratuita.

Una experiencia gastronómica diferente

A 15 kilómetros de Paysandú está Casa Blanca, un pueblo de poco más de 350 habitantes, a orillas del río Uruguay, donde predominan pintorescas construcciones del siglo XIX. Una de ellas es la de La Pulpería, una casona de 1860 donde en un inicio se vendía comestibles y se pagaba los sueldos de los empleados del saladero, posteriormente convertido en el actual Frigorífico Casa Blanca.

Aquella construcción, en ruinas durante décadas, se convirtió en 2012 en un peculiar restaurante: no se sirven refrescos, el menú tiene un precio fijo y es posible repetir el plato cuantas veces se quiera. “Como todo es de acá, tenemos huerta propia, invernáculos, cultivos de hongos, la idea es que la gente pruebe todo lo que quiera”, apunta Laura, administradora del lugar. El menú incluye copa de bienvenida, entremesa, sopa, plato principal, postre y café o té. Además, se incluye agua mineral durante todo el servicio, mientras que lo único que se paga aparte son los jugos naturales, el vino y las cervezas.

La Pulpería abre todos los días menos los martes. ¿Por qué? “Por la guerra”, responden quienes trabajan en el lugar cada vez que reciben la pregunta, lo que lleva, inevitablemente, a repreguntar: ¿la guerra?  “El martes es el día consagrado al dios Marte, que era el Dios de la guerra”, señala la administradora.

Precio: 1.800 pesos por persona. Todos los días menos martes, de 11 a 23 horas.

Pueblo turístico escondido

Hace apenas un mes, la estación de tren de Mal Abrigo fue declarada Monumento Histórico Nacional, todo un hito para la pequeña localidad de 344 habitantes ubicada sobre el kilómetro 124 de la Ruta 23. Ese pueblo, en realidad, le debe su existencia a las vías de tren, ya que surgió a partir de la extensión de las líneas de ferrocarril que unieron San José de Mayo con Rosario y Puerto Sauce, que entró en servicio el 27 de agosto de 1899, y a la línea Mal Abrigo–Mercedes, que comenzó a funcionar en 1902.

La histórica estación de tren puede visitarse con entrada gratuita todos los fines de semana y feriados. Dentro de la vieja construcción se pueden ver las oficinas, que permanecen idénticas, además de los muebles originales y un antiguo taller de locomotoras. Fuera, una antigua casa de guardavidas ahora alberga puestos de artesanos de cerámica y cuchillos, entre otras cosas. Y el salón de espera de la estación es ahora una cafetería. Alrededor de la estación también se vende vinos de las bodegas de la zona, además de los tan solicitados quesos de cabra y oveja producidos en el tambo caprino Los Vientos.

Pero la zona que rodea a Mal Abrigo tiene mucho más para ofrecer. A solo dos kilómetros de la estación de tren está Finca Piedra, una parada prácticamente obligatoria durante el circuito turístico, e ideal para almorzar. La exclusiva estancia ecoturística cuenta con 20 hectáreas de viñedos, servicios de alojamiento y un restaurante de comidas tradicionales uruguayas y europeas que funciona únicamente con reserva previa (434 031 18).

Por si fuera poco, a pocos kilómetros de la estación y Finca Piedra están las Sierras de Mahoma. Conocidas también como “mar de piedra”, este lugar es el resultado de la meteorización que actuó sobre una ladera de la Cuchilla de Mahoma, que pertenece a la serie de Cuchillas de Guaycurú, desprendidas de la Cuchilla Grande Septentrional. Las Sierras de Mahoma abren sus puertas todos los días de 8 de la mañana a 6 de la tarde, y el precio de la entrada es de 80 pesos. Allí también se ofrecen cabalgatas guiadas o libres.

Valles milenarios

A solo 8 kilómetros de la ciudad de Minas se encuentra el Valle del Hilo de la Vida, un antiguo territorio indígena entre las sierras. Allí existen más de 100 túmulos de piedra de un color blanquecino que, según los peritos, tienen más de 1.000 años de antigüedad.

Se ofrecen varias propuestas para conocer el lugar. Por un lado, quienes deseen ir por el día pueden llegar al lugar desde las 11:30. Hay un paseo que incluye almuerzo completo y visita al sitio arqueológico, con la posibilidad de quedarse hasta el atardecer o bien hospedarse en la posada del lugar. También es posible llegar por la tarde para la guía arqueológica. En este caso, la visita incluirá la merienda.

Además del tour guiado, las 54 hectáreas del Valle del Hilo de la Vida ofrecen una gran variedad de paisajes para recorrer, como la grupa San Antonio, un sendero en la cañada y el punto armónico, donde se ubica una gran roca de cuarzo blanco.

Reservas al 099 663 084 o a vía mail a info@valledelhilodelavida.com

Por su paisaje formado por erosiones naturales que se asemeja al del único satélite de la Tierra, a las Cárcavas Milenarias, ubicadas entre La Pedrera y Punta Rubia, se las conoce popularmente como el Valle de la Luna. La combinación entre vientos, aguas o acción directa de las lluvias fueron las responsables de generar una de las cárcavas más antiguas del mundo, con más de 140.000 años. En el lugar habita una gran variedad de animales, que conviven con una vegetación entre exótica y nativa. Además, se dice que allí se encuentran fósiles de vértebras de gliptodonte, entre otros elementos que fueron utilizados por los indígenas que habitaron la zona.

Mientras que lo más común es que las cárcavas se encuentren bajo aguas oceánicas, este majestuoso paisaje a pocas horas de Montevideo está al alcance de todos.

Acceso por la Ruta 10, en el kilómetro 230.