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Estreno

Según Clint Eastwood ser macho está sobrevalorado

Este jueves 23 llegó al cine Cry Macho, la nueva película del actor y director, un western sin disparos que filmó en plena pandemia y que estrena a sus 91 años

25.09.2021 07:00

Lectura: 10'

2021-09-25T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

Que sea el propio Clint Eastwood quien dice esta línea en su habitual hablar entre dientes es un indicio del tono de su última película, y de la historia que con 91 años quiere contar. Aunque la atmósfera de western y hasta de thriller policial está, el espectador aficionado a Harry el sucio o a los forasteros enfurecidos probablemente no encontrará sus expectativas satisfechas en Cry Macho; de la testosterona desbordante de aquellos filmes que supo protagonizar en los 70 apenas hay algunos rastros aquí y allá. Claro que el repertorio de géneros que Eastwood ha interpretado y dirigido es vastísimo (Los puentes de Madison, Invictus, Río Místico, Un mundo perfecto, Más allá de la vida, Cartas desde Iwo Jima y La conquista del honor), y esta película en particular es una de las reflexivas.

Cry macho transcurre en los años 70 y tiene a Mike Milo (Eastwood), una exestrella de rodeo y domador de caballos, como protagonista. Hubo una tragedia y exceso de alcohol en su vida, pero eso quedó en el pasado. Cuando su exjefe le pide que le devuelva un favor trayéndole de vuelta a su hijo Rafo (Eduardo Minett), de 13 años, que está en México con su madre, comienza la odisea de este hombre que necesita dormir una siesta antes de retomar el camino, y que aunque se saca las ganas de lanzar un puñetazo y balbucear varios insultos a los delincuentes con los que se cruza, deja claro que “solía ser muchas cosas” que ya no es, y que “ser macho está sobrevalorado”. Entonces se permite leer cuentos para ir a dormir a las nietas de la mujer con la que luego bailará, a su propio ritmo, Sabor a mí.

Natalia Traven interpreta a Marta, la propietaria de una taberna en México, en Cry Macho.

Natalia Traven interpreta a Marta, la propietaria de una taberna en México, en Cry Macho.

La historia de un vaquero. Clinton (nombre real) Eastwood nació en San Francisco en 1930, un año después de la Gran Depresión. La inestabilidad económica llevó a su familia a mudarse repetidas veces, y a él a tener que adaptarse constantemente a escuelas diferentes. Por ser siempre el nuevo y además demasiado alto para su edad, vivía defendiéndose del ataque de otros niños. Además, una dislexia que nunca fue diagnosticada pero que él sospecha que lo acompaña desde siempre no le hacía fácil seguir los cursos.

A los ocho años empezó a encontrarle el gusto al piano de su abuela Andy, y a los 15 empezó a tocar en reuniones escolares y también en clubes nocturnos. Su lado rebelde empezaba a asomar y los cambios de colegio empezaron a tener más que ver con problemas de conducta: una vez incendió una estatua en el jardín del instituto y escribió obscenidades en el tanteador del campo deportivo.

A los 20 años fue reclutado para servir en la Guerra de Corea, hasta 1953. “Siempre desliza la referencia a la Guerra de Corea, con la esperanza de que todos concluyan que estaba en combate y que podría ser una especie de héroe. En realidad fue salvavidas en Fort Ord, en el norte de California, durante todo su período en el ejército”, escribió Sondra Locke, una de sus parejas más largas, en su incendiario libro de memorias The Good, the Bad, and the Very Ugly, publicado en 1997 (sus vínculos con las mujeres casi nunca terminaron bien).

Lo bueno, lo malo y lo feo (1966)

Lo bueno, lo malo y lo feo (1966)

Obsesión mortal (1971)

Obsesión mortal (1971)

Harry el sucio (1971)

Harry el sucio (1971)

Después de su salida del ejército se inscribió para estudiar drama en Los Angeles City College y al tiempo consiguió un contrato con Universal Studios. Corría el año 1954, ganaba 100 dólares a la semana y aunque su carrera empezaba a delinearse algunos criticaban su rigidez como actor. Los primeros roles fueron intrascendentes y más adelante, cuando firmó con CBS, llegó su primera experiencia en televisión. La serie ambientada en el oeste Rawhide fue un éxito y le acercó nuevas y mejores oportunidades en cine.

Empezaba a filmar en paralelo sus primeros spaghetti westerns con Sergio Leone, todos éxitos de taquilla: Por un puñado de dólares (1964); Por unos dólares más (1965); Lo bueno, lo malo y lo feo (1966). La fama golpeaba a su puerta.

Al año siguiente fundó su compañía Malpaso y empezó a producir. Entre sus primeras películas como productor figura Harry el sucio (1971), uno de sus trabajos más emblemáticos. Ese mismo año debutó como director con la cinta de suspenso Obsesión mortal (Play Misty for Me), que también protagonizó.

El siguiente gran mojón de su carrera fue en 1992 con Los imperdonables, filme por el que ganó sus primeros dos Oscar: mejor director y mejor película. Tres años después sorprendería con una película impensada para su estilo: Los puentes de Madison. Un filme romántico que le valió a Meryl Streep una nueva nominación al Oscar y que mostró otra cara del director. A principios de los 2000 vino Río místico (nominada a seis Oscar y ganadora de dos) y Million Dollar Baby (ganadora de cuatro estatuillas), un éxito de público al recaudar 200 millones de dólares alrededor del mundo.

En los últimos años ha optado por historias basadas en hechos reales, que terminaron en películas como Invictus (2009), J. Edgar (2011), Francotirador (2014), Sully: Hazaña en el Hudson (2016), 15:17 Tren a París (2018), La mula (2018) y El caso de Richard Jewell (2019). Parte de su filmografía más notoria está disponible en HBO Max.

Los imperdonables (1992)

Los imperdonables (1992)

Los puentes de Madison (1995)

Los puentes de Madison (1995)

Million Dollar Baby (2004)

Million Dollar Baby (2004)

Mujeres y amantes. Esposas no le faltaron a este señor, que contrajo matrimonio por primera vez a los 23 años. Maggie Johnson se llamaba ella; era modelo y se conocieron en una cita a ciegas. Diez años después, en 1964, se separaron cuando trascendió el vínculo del actor con la actriz y bailarina Roxanne Tunis, del que nació una niña que llamaron Kimber (1964). Se habían conocido en el rodaje de la serie Rawhide, y aunque él volvió con su esposa, también mantuvo en simultáneo su relación con Tunis. Recién en 1984, después de muchas idas y venidas de las que nacieron dos hijos, Kyle (1968) y Alison (1972), Johnson y Eastwood se divorciaron.

Unos años antes, en 1977, había conocido a la actriz Sondra Locke en el set de Ruta suicida (The Gauntlet). Aunque el matrimonio de él no estaba oficialmente disuelto, se mudó con Locke a una casa en Bel-Air. Nunca se casaron pero la pareja duró 12 años, plazo en el que hicieron cuatro películas juntos. El final llegó, una vez más, cuando Locke supo que él había tenido un hijo (Scott, en 1984, que terminó trabajando en varias películas de su padre) y una hija (Kathryn, 1986) en una relación paralela con una azafata de nombre Jacelyn Reeves. La ruptura fue escandalosa; él cambió las cerraduras de la casa que compartían y ella inició una demanda contra él para obtener un resarcimiento económico en 1989. Eventualmente llegaron a un acuerdo pero tiempo después, en sus memorias, ella aseguró que Eastwood la persuadió para que se hiciera dos abortos y que boicoteó su carrera como realizadora.

En 1990 el actor y director conoció a la actriz Frances Fisher en el set de En la pista de los asesinos (Pink Cadillac). La relación duró cinco años y de ella nació una hija, Francesca (1993). Antes de la ruptura Eastwood tuvo una entrevista a propósito del estreno de Los imperdonables (Unforgiven) con la conductora de televisión Dina Ruiz. La charla derivó en algo más y el director terminó separándose de Fisher y casándose con Ruiz en 1996. Poco después de la boda, él manifestó la confianza depositada en el éxito de ese segundo matrimonio: “En lo que a mí respecta, esta es la mujer con la que me gusta la monogamia”, dijo a The Independent. El matrimonio duró 17 años, una cantidad considerable comparada con otros de sus vínculos. Un año antes del divorcio, en 2012, Ruiz protagonizó el reality show Mrs. Eastwood and Company, en el que aparece Morgan (1996), la hija de ambos, y también varios de sus otros hijos para mostrar los entretelones de esta familia ensamblada.

El personaje de Clint Eastwood va en busca de Rafo (Eduardo Minett), el hijo de su exjefe, que le pide que lo traiga de vuelta a cualquier precio.

El personaje de Clint Eastwood va en busca de Rafo (Eduardo Minett), el hijo de su exjefe, que le pide que lo traiga de vuelta a cualquier precio.

Carmel-by-the-Sea. El reality transcurría en Carmel (California), el lugar favorito de Eastwood en el mundo desde que dirigió su primera película, Obsesión mortal (Play Misty for Me, sobre un musicalizador de radio de un programa nocturno acosado por una fan con quien pasó una noche), filmada en locaciones de ese pueblo costero, ubicado en la península californiana de Monterrey. Más que una celebridad recluida en su casa de playa, Eastwood se volvió parte de la comunidad y terminó postulándose para alcalde a pedido de los residentes, según cuenta: “Después de unas copas de vino dije que lo haría”. Y después: “Siendo una persona muy determinada, decidí ganar”. En 1986 salió electo y sirvió dos años como alcalde de Carmel-by-the-Sea.

En 1984, el escritor Norman Mailer se reunió con Clint Eastwood para un artículo de The Observer que luego sería tapa de la revista y que se tituló Mailer meets His Macho (Mailer conoce a su macho). El escritor, fanático declarado del actor, se refirió a su ídolo como “una de las personas más amables” que conoció, elogió sus dotes actorales (“Ha interpretado psicópatas que actúan con todo el silencio, la certeza y la solemnidad de los santos”) y opinó que no había nadie “más americano que él” y que tenía “cara presidencial”. Algo de razón tenía: no llegó a presidente, pero sí a alcalde de su ciudad.

Con cuatro Oscar (dos a mejor película y director por Los imperdonables, y dos por Million Dollar Baby en las mismas categorías), cinco nominaciones a la Palma de Oro en Cannes, como mínimo cuatro reconocimientos a la trayectoria (de la Academia de Hollywood, del American Film Institute, del Sindicato de Actores y del New York National Board of Review), la medalla de la Legión de Honor y el título de Comandante de la Orden de las Artes y las Letras, otorgados por el gobierno francés, Eastwood empieza a preguntarse si será momento de retirarse. “¿Para qué diablos sigo trabajando a los 90? ¿La gente va a empezar a lanzarme tomates?”, ha dicho. Pero todavía no se decide, y con cada estreno parece tener algo nuevo para decir. En plena pandemia, Eastwood filmaba estoico Cry Macho, añadiendo un grado más de riesgo a un calendario de rodaje ya desafiante para un director nonagenario. Antes de retirarse quería decir que incluso los machos lloran, y eso, viniendo de un vaquero, es una declaración revolucionaria.