Mirador
Una subasta atípica

Se rematan souvenirs del London París

Frascos, disfraces, fotografías, reglamentos internos y corbatas de comunión rotuladas con el nombre de la tienda se subastarán en Bavastro el miércoles 20

11.11.2019 23:59

Lectura: 6'

2019-11-11T23:59:00
Compartir en

El reglamento interno para las funcionarias del London París era sumamente estricto. A la hora de hablar de los "toilettes y vestuario", las autoridades pedían "la cooperación de las más capacitadas" para guiar "debidamente" en su buen uso a aquellas compañeras "criadas en un ambiente huérfano de higiene y buenas condiciones". Es un librillo encuadernado y sin fecha, donde también se indica la prohibición de fumar y hacer colectas entre miembros del personal para evitar "colocar en crítica situación" a ciertos empleados que no pudiesen colaborar por motivos económicos.

Mucho antes de que nacieran los actuales shopping center el London París, que funcionó entre 1908 y 1966 en la esquina de 18 de Julio y Río Negro, donde hoy hay una sucursal de Mc Donald's, fue la mayor y más prestigiosa tienda por departamentos que hubo en Uruguay. La gran diferencia con los shoppings de hoy es que, si bien ahí podía encontrarse prácticamente de todo, se trataba de una única empresa comercial y no varias en una misma gran superficie. London París, símbolo de un Uruguay evocado con nostalgia, era una tienda al estilo de la británica Harrod's, la norteamericana Macy's y la española El Corte Inglés, a la que superaba por 32 años de edad. Como sus colegas, vendía -al estricto contado y con devolución en caso de insatisfacción del producto- desde una heladera a una pelela, detallados en lujosos catálogos que llegaban a todo el país.

Ahora, entre 50 y 60 lotes de los aproximadamente 400 que se rematarán en Bavastro el próximo miércoles 20 están integrados por elementos de la que fuera conocida como "la tienda del Uruguay". Se trata de objetos que reunió Nelson La Rocca, responsable de la recordada exposición en homenaje al London París que se desarrolló en el Museo del Gaucho y la Moneda en 2008 y fue visitada por unas 500 personas cada día durante un mes. Radicado en el extranjero desde 2016, una contingencia familiar llevó a estos elementos al martillero. Las veinte cajas repletas de historia estaban en una casa del barrio Jacinto Vera, pero ya no había más espacio para ellas. La alternativa al remate era el deterioro o el olvido.

Medallas, frascos de perfume, disfraces para niños, calzado, talco, banderines de Peñarol y corbatas de comunión rotuladas con el nombre de esta legendaria tienda son algunos de los elementos a subastarse. Están también el reglamento interno y algunas pelelas. Los catálogos, con los precios que se mantenían todo el año, llegaban a todo el país y permitían que cualquier cliente del interior pudiera darse dique con algo traído "del London", son otros de los puntos fuertes. Se imprimían dos por año, primavera-verano y otoño-invierno, e iban desde el último grito de la moda hasta un primus, juguetes o un ventilador de pie.

Entre los objetos a subastar se destaca el catálogo 100, el de la primavera-verano 1964-1965. En este último, según recuerda una crónica del Almanaque del Banco de Seguros del Estado de 2008, el London París anunciaba que se rompía la norma que les producía más orgullo: no se podían mantener los precios ahí anunciados: "Era la señal definitiva del ocaso", decía el texto.

Ya entonces estaba en funcionamiento la recordada "Multi", la mayor venta masiva de la historia del país. En rigor, fue una liquidación -nombre que nadie decía en voz alta, por el qué dirán- producida por el sobrestock de más de 30.000 productos acumulados en más de 50 años, que transcurrió desde 1963 al cierre. La vieja y tradicional tienda, que había sido orgullo de sus dueños y de la ciudad, y que le daba status a quien ahí compraba, ya empezaba a vivir su declive.

"Lo importante no es el valor económico de estas piezas, sino el valor simbólico. Es el recuerdo de una época que ya fue", dice a galería Federico Viana, encargado de montar las subastas para coleccionistas de Bavastro. Los lotes no tendrán base y la comisión del rematador es de 18,30%. Así, es una incógnita saber hasta dónde llegará la puja. "Esto es una caja de sorpresas. Es más que nada la satisfacción de rematarlo nosotros", agrega Héctor Bavastro, dueño de casa, días antes de encarar una puja para él inédita.

De todas formas, hay objetos que son tremendamente llamativos. Un enorme documento enmarcado y envidriado, fechado el 8 de marzo de 1958, reza con pomposos tono y tipografía: "El personal de London París S.A. atestigua el recuerdo afectuoso a su fundador, Pedro J. Casterés, a su gestor, Juan P. Tapié, y al festejar hoy su 50 aniversario testimonia su homenaje a su presidente, Juan B. Arricar, y a sus directores que, con perseverante dedicación, fueron y son los continuadores de las ascendentes etapas en que, hoy, festejando sus Bodas de Oro, London París S.A. marca una época de orgullo". Alrededor se sucedían las firmas de los 1.100 trabajadores que se desempeñaban en los 11.000 metros cuadrados de la tienda. Por este objeto se podrían superar los mil dólares, estiman en Bavastro.

Otra fotografía a rematar muestra que no todo tiempo pasado fue mejor. En una gigantesca sala se ve la totalidad del personal del London París en diciembre de 1940. Juntos, en primera fila y con el mismo uniforme de cadete, están sentados diez jóvenes afrodescendientes. No están mezclados con el resto del personal. Hoy sería un escándalo mayúsculo.

El London París, que supo tener 20 secciones repartidas en siete pisos, era para 1920 la mayor tienda de su tipo en América Latina. Tuvo importantes competidoras en Montevideo como La Madrileña, Angenscheidt o Introzzi y Cía. (que apuntaba a las clases populares, mientras que "el London" lo hacía a un público ABC1, término que por entonces no existía). El ya citado artículo del Almanaque del BSE indicaba que una de las características del servicio, la devolución del dinero en caso que la mercadería no fuera satisfactoria, era objeto de uso y abuso por parte de los clientes: esto se traducía, ahí se indicaba, en disfraces con restos inequívocos de haber sido usados en fiestas y trajes de casamiento con restos de comida en el bolsillo.

La exhibición de los objetos a rematarse el jueves 20 -que también incluye el catálogo 1 de London París, de 1914, proveniente de otra colección, y que podría rondar los 150 dólares, más unos porrones de cerveza de gres y tapa de porcelana, que han sabido superar los 300 dólares- comenzará una semana antes, el miércoles 13.