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Sexualidad 2.0

Santiago Cedrés: “Un ‘amigo’ digital no deja de ser un desconocido”

Para el presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica, la pandemia y el aumento de la sexualidad virtual impactaron en la salud emocional de las parejas e incrementaron la adicción a la pornografía

10.09.2021 07:00

Lectura: 13'

2021-09-10T07:00:00
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Por Leonel García

¿Uruguay, país gris? Desde el punto de vista de la satisfacción sexual, se puede decir que sí. Uruguay es uno de los países que punteó más bajo en satisfacción sexual durante la pandemia, según un estudio de la Academia Internacional de Sexología Médica (AISM) en más de treinta países. “Esa investigación todavía no está afinada”, precisa el médico clínico y sexólogo Santiago Cedrés, presidente de la AISM. Sin embargo, esa tendencia está bastante clara. Estamos en la otra punta que España, de acuerdo con ese mismo estudio. ¿Será la alimentación, será la costumbre de ir de cañas y tapas, serán los coletazos del destape posfranquista, el que la Madre Patria jamás abandonó, será el clima? Habrá que esperar más detalles, porque si se apunta a la región, en Argentina la satisfacción es mayor.

Desde 2010, el 4 de setiembre es el Día Mundial de la Salud Sexual y la Academia busca que todo el mes se dedique a la “promoción de los derechos sexuales”. En estos tiempos pandémicos que están por cumplir los dos años en todo el mundo, así como reinó el teletrabajo y las clases virtuales, las investigaciones concluyen que el sexo digital fue “el amo y señor”. Cedrés, médico internista de 49 años, exprofesor universitario, especializado en Sexología Clínica, Terapia Sexual de Pareja y Oncosexología, casado hace 20 años, tres hijas y un hijo, desde 2020 el primer latinoamericano que llegó a la presidencia de la AISM, dice que es necesaria una salud y una educación sexual que gire en torno al placer; y si se le formula la maldita pregunta de si vamos a salir de esta contingencia sanitaria mejor de lo que entramos, no es nada optimista, al menos en lo que al goce se refiere.

- ¿Qué es lo que se festeja los 4 de setiembre?

- La promoción de los derechos sexuales. La Academia Internacional determinó que todo setiembre se dedique a eso. Es importante promocionar la salud sexual, que es mucho más que no tener una disfunción sexual; es un estado de bienestar relacionado con la sexualidad que te permite tener experiencias sexuales que te realcen como persona, que te permitan comunicarte, amar, que te permitan ser. Esa es la salud sexual, en la vertiente y forma que quieras. Esto implica también el derecho a ser asistido por un médico formado en Sexología y a la información basada en conocimiento científico. Quizá el derecho más importante sea el derecho al placer, lo que incluye el autoerotismo, el tener una pareja o más de una, lo que vos decidas. Refiere a todo lo que hace placentera a una sexualidad; incluye una relación sadomasoquista, porque el que lo practica que lo haga por placer.

- ¿Y cómo está Uruguay en el goce de esos derechos?

- Y... está mal. Se ha avanzado mucho en la libertad sexual, sí, lo que también es un derecho sexual. Quizá en eso estemos más avanzados que en otros países de Latinoamérica. ¿Pero qué nos falta? Una educación sexual que nos vaya formando en el placer y no apenas en la reproducción o la no reproducción de la especie. Hoy se enseñan métodos anticonceptivos, hoy hay una educación sexual basada en la infectología. Se enseña cómo no contagiarte una ITS (infección de transmisión sexual) o cómo evitar un embarazo, lo que está muy bien, ¿pero quién me educó para ser pleno sexualmente?

- ¿Y quién me tendría que educar en eso?

- Eso tiene que ser un sistema que empiece en la casa y luego uno formal, en el sistema educativo. Tiene que haber una instancia donde lo que se promueva sea el derecho al placer, lo lindo de la sexualidad bien vivida. No el miedo ni el pecado. Está espectacular prevenir el aborto, pero una orientación pensada en la educación sexual tiene que hacer foco en el placer.

- ¿Algún país lo ha hecho, para tomar de ejemplo?

- Suecia tiene su camino recorrido en eso. Pero la comunidad científica, sobre todo la Academia que presido, pone como uno de sus objetivos promover eso: el derecho sexual al placer como algo necesario a promover. Otra meta es la formación: la persona tiene que sentirse atendida por gente formada. Yo salí de la Facultad de Medicina y nadie en mi formación de pregrado y posgrado me enseñó cómo ayudar a un paciente diabético con una disfunción sexual, cómo tratar a una mujer que tenía dolor en la penetración luego de un herpes genital, cómo tratar a una mujer que luego de una radioterapia quedaba con sequedad vaginal que le impedía tener un orgasmo. Tuve que hacer una carrera en Sexología. ¿Y qué especialidad puede trabajar más en la calidad de vida y no en la cantidad de vida de una persona? ¿Y no es esa la verdadera misión de un médico? Tenemos que educarnos para eso, militar para la calidad de vida. Y hay personas que no encuentran una buena calidad de vida sin una buena vida sexual. Yo atendí a un hombre del interior, de unos 70 años, al que le sacaron la próstata, que me decía: “Doctor, de haber sabido que me iban a dejar impotente, de que no iba a poder estar con mi mujer, preferiría morirme con el cáncer puesto y seguir siendo hombre”. Más allá de lo cuestionable de esta última referencia a la masculinidad, ¡nadie le avisó nada! Ningún médico le dijo: “Señor, le vamos a sacar la próstata. Va a quedar con un orgasmo seco o le va a costar mucho tener una erección de nuevo. ¿Qué prefiere? ¿Lo opero o le hago radiación?”. La comunicación médica en temas sexuales es algo que tenemos que tener. ¿Por qué un médico no habla con su paciente sobre temas de sexo?

- ¿No se habla?

- Salvo un sexólogo, nadie. En la Academia hemos trabajado mucho por qué no tienen lugar estos temas en la consulta. Eso lo veo tanto en seguros como en hospitales. Un ginecólogo te pregunta de tu período pero no si estás conforme con tu vida sexual. Un psiquiatra te da un fármaco para la ansiedad y te deja con una disfunción eréctil, te noquea. Hay varios factores que influyen para ello: el tiempo de atención que no permite profundizar; un médico que no se va a animar a preguntar algo en lo que no tiene ninguna formación; por el lado del paciente, está la vergüenza o la resignación. Por eso se pone énfasis en el derecho a la asistencia por un profesional que sepa y que pueda tratarme adecuadamente.

La vedette de estos tiempos. Este año, el lema del Día de la Salud Sexual fue “Sexualidad en un mundo digital”. Parecía imposible; la pandemia lo hizo posible. Y tiene hasta sus propias disfunciones.

- ¿Se puede hablar de tal cosa como la sexualidad digital?

- Sí. Hoy por hoy el mundo digital es un espacio donde hacemos todo, trabajamos, estudiamos, ¡el cumpleaños de 15 de mi hija fue por Zoom! Y también de manera digital se vivió la sexualidad.

- A alguno le puede resultar raro todo esto.

- El ejercicio de la función sexual no es el coito. Es mucho más: es tener una estimulación que te genere placer genital. Eso incluye masturbación, videollamada, el sexting, el contratar a un profesional a través de una cámara y vos masturbarte, un chat erótico, un video porno.

- Supongo que eso se multiplicó en este tiempo.

- En la Academia, cuando investigamos la sexualidad en cuarentena, la gran novedad fue que la conducta sexual más frecuente fue la masturbación a través de un dispositivo digital. Por eso se habla de sexualidad virtual. Y por eso la Asociación Mundial lo usó como lema este año. Hoy hay aplicaciones en las que vos indicás distintos síntomas y te dan posibles diagnósticos. Hay apps, como Tinder o Happn, que son para vivir la sexualidad, al menos propicia encuentros. ¿Pero cuántas apps hay para la salud sexual? ¿Cuántas hacen hincapié en tus derechos sexuales? Ninguna. La Academia Mundial dice que si la sexualidad en Internet ha tomado tal protagonismo, necesariamente tenemos que tomar en cuenta elementos como la privacidad, la confidencialidad, el consentimiento. ¿Qué pasa si no? Ciberbullying, ciberacoso o pornovenganza, que se ven todos los días en la consulta. Todo eso pasa en la sexualidad digital y hay que enmarcarlo dentro de los derechos sexuales.

- ¿Y eso cómo se hace?

- Tenemos que replantearnos cosas relacionadas con la responsabilidad sexual, saber que lo que vos posteás luego no lo vas a poder borrar, pensar muy bien qué es lo que subís, qué información metés en redes. Tenés que diferenciar bien lo público de lo privado, pensarlo, discernirlo, no colocar nombres, apellidos...

- Todo eso parece apuntar a una campaña de concientización.

- Sí, referido a la sexualidad a través de las redes. En la Academia se van a determinar pautas de ejercicio sexual saludable digital.

- Pero sin un marco legal acorde, eso puede quedar solo en las buenas intenciones.

- En pandemia, la Academia determinó pautas de una sexualidad sana en tiempos de Covid, lo que llamamos “Coronasutra”. Ahora estamos haciendo lo mismo para la sexualidad digital (ver recuadro). Esto trasciende a lo legal, porque también impacta en vos. “Ay, ¿por qué mandé esa foto?”.  Se sugiere nunca colocar nombres ni apellidos, no tener sexo virtual con alguien que puede estar exponiéndote, no mostrar un lugar de tu casa reconocible. Tener bien claro que lo que posteaste, lo que subiste, no lo borrás más.

- ¿Y cuáles delitos sexuales informáticos son los más comunes?

- El ciberacoso en los colegios, ufff, es muy común. La pornovenganza también es impresionante, la viralización de imágenes íntimas cuando un noviazgo se termina. Y todo eso está de la mano con la doble moral: el aplauso al varón y la condena a la mujer. Decimos que avanzamos y somos más cavernícolas que nunca. Hay que entender que un “amigo” digital no deja de ser un desconocido. Vos no podés mandar una foto íntima a alguien que no sabés quién es.

- Y ya que se replica tanto el mundo real, ¿existe algo así como una disfunción sexual digital?

- Estamos trabajando en determinar eso. Lo que sí está claro es que el uso masivo y excesivo de las redes dio lugar a la pornofilia, que es la adicción al porno y la preferencia del porno a la vida real. Hay quien prefiere ver una película porno a tener sexo. Y la pornofilia es una parafilia. Es tanta la adicción al porno que prefiere eso a un contacto real.

- Pero eso, si no se afecta a terceros como la pedofilia, ¿igual es un problema?

- Las funciones de la sexualidad pasan también por la reproducción, por el placer y por la comunicación. Sos sano sexualmente cuando a partir de tu sexualidad podés comunicarte. Si tu sexualidad es 100% autoerótica, cuando no podés transmitir o recibir placer, si bien no hay coincidencias en que se trate de una patología, sí hay consenso en que es un problema. Y la pandemia trajo mucha adicción a la pornografía. Está todo bien con el autoerotismo, pero no con que no te vincules con otra persona. Ojo, no necesariamente hablo de coito. Hablo de comunicación.

“Hechos pelota”. Si la pandemia trajo cosas para quedarse, si ya hay gente a la que no se la puede sacar del teletrabajo, si hay movidas de estudiantes para seguir en la virtualidad, si la distancia dejó de ser un problema para un montón de actividades, también es válido pensar que algo cambió en el sexo para siempre.

- ¿Cómo nos afectó sexualmente esta pandemia?

- En realidad, mucho. La afectación principal fue el encierro, reflejado en las tasas de suicidio y los cuadros de depresión, ansiedad o insomnio. Todo eso se entrecruza con la sexualidad, la pérdida del deseo, lo que llamamos la anestesia sexual. Vamos a poner en claro que lo que gesta el deseo, el morbo, es la novedad, lo no esperado, lo prohibido y lo clandestino. Eso es fundamental en cada pareja, donde hay que remarla siempre y pelear contra la rutina. Entonces, en una pareja donde cada uno termina estando sobreexpuesto al otro, al principio todo está bárbaro, pero luego el erotismo entra a bajar. Hay pocas parejas que se unieron más en este tiempo; la que venía funcionando bien la llevó mejor que otras, pero la que venía más o menos, ya sea porque viajaban todos los años, porque tenían rutinas con amigos y amigas, porque trabajaban afuera, sufrió mucho cuando se cortó todo eso. Ahí surgieron muchos casos de anestesia e incluso de rechazo sexual.

- Y lo digital, ¿no ayudó a la formación de parejas?

- No, no. Encuentros sexuales sí, pero formación de parejas afectivas no. Y ojo que los encuentros sexuales aparecen cuando la cosa se va tranquilizando. Pero en el peor momento (de la pandemia) era todo videochat...

- Casi desde el inicio surgió la disyuntiva sobre cómo saldremos de la pandemia, si mejores o peores como personas o como sociedad. En materia sexual, ¿cómo cree que vamos a terminar?

- Horrible. Hechos pelota. Con la pandemia hubo un antes y un después. La pandemia trajo un impacto en la salud emocional de la persona o de la pareja, por eso estamos colapsados de consultas. Acá aumentaron pila, al menos. Puede ser porque se sabe más que hay una especialidad de este tipo y se consulta más. Pero también porque toda esta situación trajo más disfunciones, todas relacionado con la pérdida del deseo.

BUENAS PRÁCTICAS DE SEXO ONLINE

En un evento online de la AISM realizado el sábado 4, el mismo Día Mundial de la Salud Sexual, científicos y académicos acordaron una serie de “pautas seguras para la vivencia de la sexualidad digital”.

Entre estas, señaló Santiago Cedrés, está el poder instalar en dispositivos móviles o computadoras antivirus VPN que determinen si hay un uso malicioso de los programas o un uso indebido de las cámaras; tener sexo virtual solo con una persona conocida y de confianza; evitar que terceros tengan acceso a esos dispositivos; en las fotos o imágenes no mostrar caras, tatuajes o partes de la casa que sean reconocibles; no guardar los archivos en la nube “porque es más hackeable”; guardar los archivos en dispositivos con contraseña.

De todos estos temas se hablará en el 25º Congreso de la Asociación Mundial de la Salud Sexual (WAS, por la sigla en inglés), que se celebrará desde Sudáfrica entre este jueves 9 y el domingo 12.