Personajes
Etoile del ballet nacional

Rosina Gil: "Los 30 han sido mis mejores años"

Nombre: Rosina Gil Edad: 37 Ocupación: primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre. Señas particulares: es la mayor de cho hermanos; corre una vuelta al escenario antes de cada función; tuvo salmonella en Taiwán

27.04.2021 09:47

Lectura: 5'

2021-04-27T09:47:00
Compartir en

Por María Inés Fiordelmondo

Si existiera la posibilidad, ¿qué le diría a la Rosina Gil de 10 años atrás? Que se avecinan cosas muy buenas y que no se imagina. Que va a vivir una pandemia y que esté tranquila que vienen cosas interesantes. 

¿Tuvo la crisis de los 30? El paso del tiempo suele preocupar a las bailarinas. Tengo una compañera que cumplió 30 hace poco y se puso a llorar. Para nosotras llegar a los 30 es refuerte, como puede ser para otra mujer llegar a los 40 o 50. Me acuerdo que a esa edad no me imaginaba todo lo que iba a pasar y a partir de los 30 fueron mis mejores años. Con 30 me fui a lo de Deborah Colker, abrí las puertas de lo contemporáneo. Fue el comienzo de otra etapa buenísima.

Hizo 14 años de su carrera en el extranjero, en diferentes países. ¿Qué tuvo que sacrificar? Estar cerca de mi familia, de amigas y amigos. Y momentos. Tengo hermanos más chicos, soy la mayor, y a veces siento un poco de culpa por haberme perdido varios momentos importantes en la vida de ellos. Pero una vez mi hermano me dijo que soy ejemplo de que los sueños se cumplen, y fue liberarme de toda esa culpa. También es muy difícil mantener parejas estando a distancia o que te puedan seguir a donde vayas.

¿Qué sueños le quedan por cumplir? Me gustaría trabajar como coreógrafa, poder hacer mi trabajo viajando, llevar mi arte a otras partes, conectar con toda esa gente que conecté en todo este tiempo en las diferentes partes del mundo.

¿Le gustaría ser madre? Sí, me encantaría. Es otro de los sueños que tengo que por ahora no se ha dado, pero está muy presente en mis prioridades y sueños. Ojalá se dé.

¿Es verdad que tuvo salmonella en Taiwán? Sí, y me marcó profundamente, sobre todo porque fue por comida, un omelette en un hotel cinco estrellas. Además, porque tuve mucho miedo de morir. Estuve muy grave, internada. En Taiwán casi nadie hablaba inglés, entonces toda la situación fue límite. Me acuerdo de estar hablando con las enfermeras por el traductor de Google. Siempre fui muy flaca y perdí siete kilos en cuatro días. Llegué a pesar 43, y mido 1,66 metros. Fue un antes y un después a la hora de decirme: "¿Querés hacer algo? Hacelo". 

En marzo del año pasado, estando en el Cirque du Soleil (Estados Unidos) vino a bailar como invitada y se terminó quedando. ¿Qué hubiera pasado si no se quedaba en Uruguay por la pandemia? Hubiese seguido como venía, en el circo con muchas funciones. Mi abuela iba a viajar conmigo un mes, íbamos a ir a Los Ángeles. Tiene 84. Ya fue una vez, hizo el viaje sola y en el circo todos piraron. El director de la compañía se puso a llorar. Dijo que nunca había visto que una abuela hiciera un viaje de 13 horas en avión para ver a una artista.

¿Se ve a sí misma como una típica uruguaya? No tomo mate, en eso siempre fui la excepción. Pero soy muy uruguaya en mis modos y mi forma de ser. Mis amigos finlandeses y japoneses me han dicho que siempre mantengo los vínculos.

Dicen que es espiritual. ¿Medita? Sí. Me encanta el yoga y meditar. Si bien siempre fui muy espiritual, es algo que descubrí de más grande. Soy muy nerviosa y para la hora de bailar me sirve mucho bajar un poco. En todo este momento que nos genera tanta ansiedad siento que ese es un gran aliado para mí. 

Si no fuera bailarina, ¿qué le hubiese gustado ser? Empecé Facultad de Química, hice Ingeniería de los Alimentos. Intenté seguir en Paraguay, hice Nutrición porque no estaba esa carrera. Quise seguir pero no pude porque me mudé mucho de cuidad. Me gusta también el diseño, la publicidad, todo lo que sea creativo. Actriz, me encantaría. Soy muy creativa pero muy analítica también.

Además de ballet, ¿qué ritmo le gusta bailar? Black Eyed Peas me encanta para bailar. Shakira. Las primeras músicas de Michael Jackson, la música disco. Es lo que escucho cuando me pongo a lavar la cocina.

En enero de 2020 fue a Machu Picchu y lo catalogó como el mejor viaje de su vida. ¿Por qué? Es un lugar supermístico y fue hermoso. Venía de muchas funciones, porque en el circo durante las fiestas llegamos a hacer 13 funciones por semana. Esa fue tremenda experiencia, pero muy dura a nivel físico, psicológico y hasta espiritual. Es muy intenso, es mucho el desgaste, tenés que darlo todo. Entonces, después de toda esa exigencia tuve siete días en Machu Picchu y fue como entrar a otra dimensión.

Este año, justo el día del estreno de Un tranvía llamado deseo, murió su perra Berta. Fue durísimo. Fue un accidente, entonces fue un estrés muy grande tener que actuar muy rápido y un dolor muy grande que me hizo reorganizar prioridades. Tenía tanta expectativa para ese día, era mi vuelta a Uruguay después de siete años y hacía un año no bailaba en un escenario. Era mucha presión y eso que fue terrible me trajo a tierra. La función fue un acto de concentración muy grande. Me ayudó entrar de lleno en el personaje y la dificultad que conlleva hacer de Blanche. Además, la obra es tan dramática que termina con ella dando vueltas sobre una bañera. En esa escena estás destruida física y emocionalmente, y sentí que pudo entrar todo ese llanto que tenía guardado por la pérdida de Berta. Dejé que se unieran las dos angustias y lloré en el escenario.