Personajes
SE EDITÓ UN RELOJ QUE NO ES MÍO

Rafael Fremd escribió un libro con relatos sobre su padre, asesinado en Paysandú en 2016

Los 20 relatos breves reunidos en Un reloj que no es mío funcionan como anécdotas vívidas y le dan otras dimensiones a David: hablan de su sentido del humor y espontaneidad, su tendencia a compartir las buenas noticias, su solidaridad silenciosa. Son a la vez un tributo y una forma de mantener viva su memoria.

12.07.2020 07:00

Lectura: 10'

2020-07-12T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

Rafael Fremd estaba en Chile cuando se enteró de que habían asesinado a su padre. No consiguió un vuelo inmediato a Montevideo, así que le tocó volar a Buenos Aires y de ahí a Paysandú en auto. Esos más de 300 kilómetros interminables los hizo con sus tíos, sin saber con exactitud qué había pasado ni lo que vendría. Hablaron inevitablemente de David, y Rafael empezó a prepararse para lo que implica un duelo. "Les dije a esos tíos que tenía como sueño que mis (futuros) hijos conocieran a mi padre, y la conclusión fue: tendré que cambiar de sueños. En eso estoy", cuenta hoy.

Se cumplieron cuatro años de ese 8 de marzo en que un asesino antisemita mató a David Fremd en Paysandú, la ciudad en la que había vivido siempre con su familia. Se supo mucho del asesino, pero, según Rafael, demasiado poco de su padre. De eso, de dar a conocer a este hombre tan querido por su gente, vecinos y hasta conocidos ocasionales que al día de hoy recuerdan un gesto o una mano que les dio, se ocupó el mayor de sus tres hijos.

Los 20 relatos breves reunidos en Un reloj que no es mío funcionan como anécdotas vívidas y le dan otras dimensiones a David: hablan de su sentido del humor y espontaneidad, su tendencia a compartir las buenas noticias, su solidaridad silenciosa. Son a la vez un tributo y una forma de mantener viva su memoria. Todo lo recaudado con el libro se destinará al programa Educación Responsable, que se ocupa del desarrollo de la inteligencia emocional y social y de la creatividad en centros educativos desde el nivel preescolar hasta secundaria.

La conversación con Rafael denota un profundo proceso de reflexión y análisis sobre su padre y su relación con él. "Me decía Toro, Torito, porque de chico era retacón, como un jugador de rugby -dice-. Pero me gusta pensar que también era porque sigo adelante a pesar de los obstáculos". 

¿Cuándo empezaste a usar el reloj al que alude el título del libro? 

Creo que estábamos por ir al entierro de mi padre, que fue el día después de que lo mataron. Lo vi arriba de la mesita de luz, lo agarré, y les pregunté a mis hermanos qué pensaban, si les parecía bien que lo usara, y estuvieron de acuerdo. Lo limpié, porque estaba manchado de sangre, y me lo puse. No fue una herencia de por sí. No hay una historia más mágica alrededor de eso. Dos años después, cuando fue el segundo aniversario, surgió el primer relato del libro, que es el que dice que a mí el reloj no me dice la hora, me marca el camino. Ese no sé si es el relato más potente, pero sí el que da comienzo a todo lo demás.

Los 20 textos del libro se ven como un homenaje a tu padre, pero también como una forma de registrar los pequeños detalles que hacen a una persona para no olvidarse.

Absolutamente. Una prima decía que tenía miedo de olvidarse de su voz. Por momentos yo me olvido también. Me acuerdo que recién pude escuchar un audio de él dos años después de que había muerto, y fue recontra potente. Esa primera vez fue reveladora, una conexión difícil de explicar. Y creo que los relatos tienen eso. Creo que es una buena síntesis de su personalidad, que hablan del humor, la reflexión y la espontaneidad. Sintetizan el amor absoluto por mi madre, el cariño por la familia, por los hijos. Personalmente es una forma de no olvidarme de esas cosas, y de que quede registrada su personalidad para que mis hijos y futuras generaciones puedan conocerlo.

¿En qué cualidades de tu padre te ves reflejado?

Es difícil. Capaz que empiezo por decirte en qué soy diferente, o en qué me gustaría parecerme. Mi padre estaba todo el tiempo ayudando a su entorno sin decirle nada a nadie. Ni siquiera mostraba esa cualidad a su familia. Yo en cambio me doy cuenta a veces, con el libro, por ejemplo, de que hay una parte mía a la que le gusta el refuerzo positivo, el agradecimiento, el reconocimiento. Cuando decidí que iba a hacer la donación estuve pensando mucho tiempo en qué hacer, si no decir nada, que la gente comprara el libro y yo donar (las ganancias) de manera anónima. Al final llegué a la conclusión de que era mejor contarlo porque no quería que dijeran: "Este tipo está haciendo plata con el padre que se murió". Nadie hace plata con un libro en Uruguay, pero quería borrar todo tipo de suspicacia. Además quería darle visibilidad a la fundación Educación Responsable, y sobre todo creo que hay un valor, cuando estás comprando un libro de estas características, en saber que además estoy apoyando a una fundación como esta. 

En el libro hablás del Expreso Pocitos, donde iban a tomar capuchinos con tu papá cuando venían a Montevideo. ¿Hay muchos lugares por los que cuando pasás te recuerdan a él?

El camino de Paysandú a Montevideo y la vuelta es muy importante. A mis hermanos y a mí nos enseñó a manejar él y hay un relato que cuenta un poco cómo fueron esos viajes, en los que él preguntaba más de lo que respondía pero la pregunta era tan precisa, contenía tanta información, que nosotros no sabíamos que él tenía, que incluía un punto de vista, una opinión, un empujón. Cada vez que tomábamos una decisión, cualquiera de mis hermanos o mi madre, él preguntaba por qué. Se ponía como abogado del diablo y nos empujaba un poquito para mostrarnos la parte negativa. Pero una vez que habíamos tomado la decisión, él iba para adelante con nosotros como loco. Esa forma de ser era muy importante para nosotros, era un gran aporte, porque nos estaba mostrando todo lo que no estábamos pudiendo ver.

¿Cómo cambia una familia después algo así? ¿Hubo una reorganización de roles?
Yo estaba en Chile cuando me avisó mi madre. Estaba en el trabajo y me dijeron: "Lastimaron a papá, venite". Ahí ya me di cuenta de que le había pasado algo jodido. No sabía que era un musulmán, no sabía que era un ataque antisemita, no sabía las repercusiones que iba a tener después. No estoy seguro de si se reorganizaron los roles, pero lo que seguro no cambió fue la dinámica, los vínculos, la cercanía entre nosotros. Hemos hecho un trabajo muy grande, que no sé si fue intencional o fue natural, de mucho acompañamiento. El primer año o dos, cuando se notaban las diferencias de ánimo entre uno y otro (miembro de la familia), todos estábamos más preocupados por el otro que por uno mismo; eso se notaba y hacía que el vínculo fuera hermoso.

Fue increíble la marcha que se organizó en ese momento, después del asesinato; una demostración de cariño inmensa. ¿Terminaste de conocerlo a través de relatos de esas personas que se iban acercando y lo conocían desde otro lugar?

Te diría que son cientos las personas que se han acercado. Sobre la marcha, mi sensación por lo menos es que no estaban en una marcha porque habían asesinado a un judío sino porque habían matado a mi padre. Te lo digo y parece que lo dijera porque a todos los muertos se los pone en un lugar especial, pero son cientos las personas que todavía ahora se acercan y me cuentan historias suyas por Facebook, Twitter; es impresionante. Se dice que en la marcha eran entre ocho y diez mil personas. Había un silencio tal que se escuchaban los pasos.

"La incertidumbre tiene precio, pero también tiene recompensa", dice uno de los relatos. ¿Te falta cerrar algo o sentís que ya se acomodaron todas las piezas?

Esto lo hablamos mucho con mi vieja, y la conclusión a la que llegamos es que él dejó una familia absolutamente sana, con vínculos formados. No hay cosas por cerrar. La última vez que lo vi estábamos en Argentina. Lo abracé y no le dije: "Te quiero", le dije: "Te voy a extrañar". Y es cierto, lo iba a extrañar, y lo extraño, pero me quedó esa cosa en la garganta de decirle ese último te quiero. No me lo reprocho porque sé que él lo sabía, pero creo que es lo único, no hay otras cosas por cerrar.

Terminás el libro con un texto sobre el judaísmo, en el que decís que tu padre era "el judío más judío" que conociste, una muestra del orgullo que se siente al formar parte de la religión y la comunidad judía. 

Ahí se mezclan varias dimensiones. La primera es que el judaísmo no es solamente una lista de prácticas religiosas que se hacen dentro de una sinagoga o fuera, no está solamente enmarcado dentro de una religión, sino que implica muchas otras cosas. Creo que esas otras dimensiones atraviesan el libro: tienen que ver con el cuidado de la familia, con el estar intentando mejorar el entorno, con un amor y un vínculo a Israel muy fuerte; tiene que ver con la cultura, con las tradiciones que se heredan de una generación a otra, que algunas son de carácter religioso y otras no tienen nada que ver con eso. Ese último relato intenta contar eso.

¿Alude también a que en aquel momento el caso se dio a conocer como "el asesinato del comerciante judío"? ¿Sentís que había una connotación negativa en esa forma de titularlo?

Siento que al decir que era un comerciante que fue asesinado y que era judío, en esos titulares de diarios, noticieros, revistas, radios había una intención. No estoy seguro de cuál, pero me duele y me genera una gran inquietud preguntarme por qué hay que incluir en el texto que el judío era empresario y que era comerciante, sabiendo que uno de los principales elementos o impulsores del antisemitismo tiene que ver con eso, con lo que han intentado hacer muchísimas personas a lo largo de la historia hablando de los judíos usureros, que controlan el mundo. Creo que en ese vínculo entre comerciante y judío hay una intención. Creo que el libro tiene algo que ver también con darles respuesta a esos titulares, que a mí me rompían las pelotas, porque era comerciante, era judío y lo mataron, pero era también muchas otras cosas. Se le dio mucha prensa al asesino, se mostraba la foto, se decía dónde trabajaba, hablaban de lo que hacía en el día a día, y mi padre quedó reducido a "el judío asesinado".

¿Cómo ayuda la fe y la religión a superar este tipo de pérdida?

Todos los integrantes de mi familia tenemos diferentes vínculos con el judaísmo en la parte puramente religiosa. Estamos vinculados con la religión sobre todo por la parte más tradicional: las fiestas, Año Nuevo, Día del Perdón, Pésaj; yo me casé hace tres meses en un ritual judío y mi hermano el año pasado también. Creo que la idea de que después de la muerte hay algo más le da de alguna manera propósito a la vida. No estoy seguro de que alguno de nosotros esté cien por ciento convencido de que sea real, pero estoy seguro, sin haberlo hablado literalmente con mi familia, de que todos creemos que eso es posible y que elegimos creer que es así.