Estilo de vida
Gracias, pero no estoy a la altura

Qué es el "síndrome del impostor" y por qué afecta más a las mujeres

Se trata de un fenómeno psicológico en el que las personas son incapaces de asimilar sus logros y temen ser descubiertas como un fraude.

07.03.2021 07:00

Lectura: 13'

2021-03-07T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Un nuevo logro. Este es aún mayor que el anterior. Siguen pensando que soy brillante. Claro, es que soy buena haciéndolos creer eso. ¿Cuándo sabrán la verdad? Que no soy tan talentosa como creen. Que en realidad me esfuerzo mucho. Los verdaderamente inteligentes no necesitan trabajar tan duro. En algún momento podrían enterarse de que no soy tan habilidosa, que solo he tenido suerte. ¿Y qué va a pasar cuando se enteren? Tengo que encargarme de que no suceda. Seguiré trabajando duro.

Si alguna vez y ante cualquier logro su mente siguió esta línea de pensamientos, la buena noticia es que es muy probable que no sea un fraude. Lo que está experimentando es una sensación mucho más común de lo que cree, un fenómeno psicológico conocido como "síndrome del impostor". Se trata de un mecanismo mental en el que una persona -generalmente exitosa- es incapaz de asimilar sus logros, está convencida de que no los merece y los atribuye a la suerte o a cualquier elemento externo a su propia capacidad. Detrás de un "gracias" poco efusivo o aparentemente antipático ante el reconocimiento ajeno no hay falsa modestia: esa persona realmente siente que no está a la altura, que está actuando un papel, que engaña a los demás sobre sus habilidades y que cuando sea "descubierta" sufrirá las consecuencias, será castigada y terminará en el lugar al que pertenece, el de los "tontos" o "farsantes". Así lo explica el psicólogo e integrante de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay Roberto Martínez.

Quien experimenta este "síndrome" es incapaz de disfrutar un logro. A esto se refiere la psicóloga y coach Liliana Guerrero: "Junto con esos pensamientos, están las emociones negativas sobre su propia capacidad. Aunque consiguen buenos resultados y los demás reconozcan sus habilidades, estas personas creen que es una casualidad, que tuvieron suerte, pero no es un mérito propio".

El "síndrome del impostor" no es una enfermedad ni un trastorno mental, ya que no se encuentra reconocido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM). Sin embargo, el estudio The Impostor Phenomenon (publicado en Behavioral Science Research Institute) estimó en 2011 que 70% de las personas lo experimentaron o lo sufrirán al menos una vez en su vida. Y aunque ni hombres ni mujeres están a salvo de padecerlo, ellas son las que se llevan la peor parte, según un informe de la empresa de investigación de mercado OnePoll realizado en 2018 para el Access Commercial Finance (Reino Unido). Este estudio constató que mientras que dos tercios de las mujeres (66%) habían experimentado este "síndrome" en los últimos 12 meses, un poco más de la mitad (56%) se había sentido impostor en los mismos 12 meses. Los hombres tenían 18% menos posibilidades de sufrirlo.

Los psicólogos, alarmados ante estos datos, sostienen que es un tema del que se habla poco. Quienes se sienten impostores en general no lo comunican ni a su círculo más íntimo. "Ni con la pareja, ni en el trabajo, porque tienen miedo de que el otro les confirme lo que ellos creen", explica Guerrero. Y así empieza el círculo vicioso: el trabajo o cualquiera sea el rol del supuesto impostor pasa a ser un estresor constante y el perfeccionismo, la autoexigencia y el esfuerzo desmedido se convierten en ley con un único objetivo: que nadie descubra la condición de fraude.

Aunque todavía se habla poco, el fenómeno del impostor no es nada nuevo. Las psicólogas Pauline Rose Clance y Suzanne Imes lo descubrieron en 1978, cuando designaron como fenómeno del impostor a una experiencia interna particularmente frecuente e intensa entre un grupo selecto de mujeres exitosas que se sentían farsantes intelectuales". Estas mujeres en general sufrían de ansiedad, falta de autoconfianza, depresión y frustración relacionada con la incapacidad de cumplir con los estándares de éxito autoimpuestos. En hombres, en tanto, la vivencia podía darse pero con menos frecuencia e intensidad.

Varios de los psicólogos consultados atribuyen la mayor frecuencia del "síndrome" en mujeres a las exigencias autoimpuestas y lo que creen que la sociedad espera de ellas: ser excelentes trabajadoras, grandes madres y esposas; en resumen, "mujeres maravilla". "Lo que me parece es que la mujer siente que tiene que ser exitosa en muchas cosas. Si le va bien en el trabajo está siendo una mala madre, y viceversa", sostiene Guerrero. El psicólogo Nicolás Vivas, por su parte, acota que las mujeres son las que más van a terapia, razón que puede influir en el hecho de que parezcan las más afectadas. "Un hombre es mucho menos comunicativo y expresivo, y es menos común que vaya a consultar a un psicólogo", subraya. De todas formas, según Guerrero, las mujeres "son más resilientes" que los hombres, por lo que tienen mayores posibilidades de salir a flote tras detectar que experimentan el "síndrome".

El fenómeno del impostor puede originarse por factores como la crianza y la visión desajustada de la idea de éxito. El psicólogo Roberto Martínez señala que son más propensos a sentirse impostores los segundos o terceros hijos, sobre todo si sus hermanos mayores tuvieron un desempeño laboral o académico destacado. "Siente que haga lo que haga no logra llegar a los estándares familiares que marcó el primero y se puede sentir comparado en función de él. Siente que sus logros no son tales, piensa que recibe cosas porque su hermano las pasó primero, duda de su capacidad".

También pueden verse afectados quienes se criaron en un ambiente de alta penalización a los errores. "Si te criaste en un ambiente en el que había violencia por un error que cualquiera puede cometer, no te vas a creer nada de las cosas que te pasen después, porque ese patrón mental está ahí. Es lo que uno considera; el paciente con este ‘síndrome' piensa: ‘Yo para esto no sirvo'".

En la cima. En cualquier caso, si experimenta el "síndrome del impostor" hay otro punto a favor: usted ya salió de su zona de confort. Sobre eso habló Nicolás Vivas. "Cuando la persona se da cuenta, generalmente es porque ya salió de su zona de confort e intentó lograr algo. Lo intentó una vez, dudó y lo dejó de hacer, lo intentó dos veces, dudó y a la tercera ya empezó a sentir una contradicción, que la gente le dice que es bueno, los resultados son buenos y no logra convencerse. Ahí es cuando consulta", sostiene el psicólogo.

Esta es la principal diferencia entre quienes sufren el "síndrome del impostor" y quienes tienen baja autoestima. Mientras que los primeros ascienden a determinados cargos, ganan premios y aceptan esa propuesta laboral desafiante, quienes tienen la autoestima baja y son inseguros directamente no se presentan a ningún puesto y no dan el paso hacia lo desconocido o desafiante, ya que están seguros de que no tienen posibilidades. Sobre ese punto Guerrero hizo hincapié: "Alguien con ‘síndrome de impostor' siente que está en un lugar equivocado y que ha engañado. El que tiene baja autoestima siente que no va a poder, no da el paso, no se siente mentiroso. No se presenta al puesto pero se queda en una posición que no se reprocha. Se siente bien así. Dice: ‘Para qué una maestría, me la voy a complicar'". Los supuestos impostores, por lo tanto, suelen estar en la cima de la pirámide con la sensación persistente de que quienes lo ascendieron o confiaron en él están absolutamente equivocados. "Ahí aparece la culpabilidad, están permanentemente rumiando, piensan y piensan, porque tienen temor a ser descubiertos, lo que hace que aumente el estrés. Luego viene la depresión. El estrés es algo que genera agotamiento", asegura la psicóloga.

La visión de éxito, desajustada en estas personas, es otra de las causantes de este comportamiento. "Tienen una visión de éxito que tampoco existe. ¿Qué es éxito? Es tener un momento de éxito y que en otros momentos no te vaya tan bien. Hay un montón de variables en juego", explica Guerrero. A su consultorio llegan una cantidad de inquietudes de quienes fueron ascendidos o cambiaron de trabajo. "Esta empresa internacional cree que soy capaz de hacer esto y no duermo, adelgacé 10 kilos en los primeros días", es un testimonio que bien podría pertenecer a alguna de estas personas. El riesgo de quienes se sienten impostores no está solamente en la posible pérdida de numerosas oportunidades. Entre quienes lo experimentan directamente descienden abruptamente los índices de bienestar, ya que pierden parcial o totalmente la capacidad de disfrutar de sus logros. "Sienten que su desempeño, extraordinario para los demás, no es tal, sino que lo hacen para suplir su verdadera falencia. Que son incompetentes y están a cargo de algo que ellos no saben. ¿Te imaginás viviendo bajo esa presión? A la persona le resta una gran calidad de vida. Sus índices de bienestar suelen desplomarse bastante porque trabaja para que no descubran que es un impostor", indica Roberto Martínez, de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay.

Lejos, pero también cerca. Le pasó a Michelle Obama, a Neil Armstrong, a Natalie Portman, a Kate Winslet, a Howard Schultz (CEO de Starbucks), a Sheryl Sandberg (directora de Operaciones de Facebook). Varios son los famosos ejecutivos o celebridades que por accidente o intencionalmente manifestaron haberse sentido impostores. "Como muchos otros, caminaba por esa escuela (Harvard) con un estigma en mi cabeza. ‘¿Soy lo suficientemente buena?' es una pregunta que me ha perseguido durante buena parte de mi vida. ¿Soy lo suficientemente buena para tener todo esto? ¿Soy lo suficientemente buena para ser la primera dama de Estados Unidos? Pienso que muchas mujeres, y definitivamente muchas chicas jóvenes de todos los ámbitos se hacen la misma pregunta. Pero lo superé como supero todo: trabajando duro.

Cada vez que dudo de mí misma agacho la cabeza y hago mi trabajo, y dejo que este hable por sí solo. Sigo sintiendo que en algún nivel todavía tengo algo que demostrar, por el color de mi piel, por la forma de mi cuerpo, porque ¿quién sabe cómo me está juzgando la gente?". Al asumir como primera dama -la primera afroamericana en ocupar ese lugar en la historia de Estados Unidos-, Michelle Obama dejaba atrás una exitosa carrera como abogada. Se recibió de la escuela de leyes de Harvard y llegó a estar entre las 10 mejores abogadas de Estados Unidos. Pero se sigue cuestionando si es realmente merecedora de todo eso.

Natalie Portman, ganadora del Oscar y psicóloga recibida en Harvard, dijo en un discurso a graduados de esa universidad que a veces se siente como en sus primeros días de estudiante. "Sentí que había habido un error, que no era lo suficientemente inteligente para estar en esta universidad. Y ahora a veces siento que cuando abro la boca tengo que demostrar que no soy solo una actriz tonta".

Hasta el primer hombre en poner un pie en la luna manifestó sentirse impostor en una convención: "Veo a todas estas personas acá y pienso: ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? Todos ellos han hecho cosas asombrosas. Yo simplemente fui hacia donde me enviaron". Y el fenómeno del impostor lo puede estar sufriendo silenciosamente cualquier familiar, amigo o pareja. Marjorie Spitalnik es uruguaya y fundadora de Little Rebels, colección de muñecas inspirada en mujeres icónicas. Hace pocos meses fue distinguida en los TAGIE Awards, uno de los premios más importantes de la industria de juguetes. Allí compitió con empresas como Fisher-Price. Vio su nombre y su primer pensamiento no fue el esperado para quien acaba de recibir semejante reconocimiento. "Lo primero que pensé fue que se habían equivocado. ‘Ya alguien les va a avisar que se equivocaron', pensé. No fue así. Había ganado. Después de eso me puse a pensar en lo zarpado que es que tu primera reflexión sea esa", dijo a Galería en febrero, días después de haber obtenido ese premio.

Macarena Botta es cofundadora de Sinergia y Doctari entre otras empresas. La más reciente de sus creaciones es Brava, una agencia de talento femenino -fundada junto con Magdalena Giuria- con el objetivo de visibilizar a las mujeres líderes. Se sintió impostora varias veces y enterarse de que no era la única -y que hasta existía un término para ese sentimiento- le dio mucha paz, cuenta.

Una de esas veces fue cuando (ante una situación difícil) lloró en una reunión de directorio de Sinergia, donde era la única mujer. "Me fui enojada conmigo misma por haberme puesto a llorar, porque era la única socia mujer", recuerda. También lo experimentó antes de viajar a Serbia para dar talleres y capacitaciones a mujeres de ese país. "Cada vez que dudo de mí misma me acuerdo del miedo que tenía antes de irme a Serbia y lo bien que me fue. Trato de contarles a las mujeres que nos pasa a todas y tenemos que hacernos visibles, ser vulnerables, compartir nuestras historias para que las demás se den cuenta de que no les pasa solo a ellas", manifiesta. A su entender, el "síndrome del impostor" explica, en parte, por qué muchas mujeres no llegan a
puestos de liderazgo: "Yo creo que tiene mucho que ver con las conversaciones que tenemos con nosotras mismas, con lo que nos hacen creer, con lo que el entorno nos exige y con no abrazar eso de ‘somos suficiente, hacemos suficiente, logramos suficiente".

Para ganarle a este "síndrome", Liliana Guerrero recomienda abrirse y comentar en el trabajo o círculo cercano cuando se sienta esta sensación. De esa forma, quienes rodean al "impostor" podrán darle una visión más ajustada a la realidad. "Escuchar lo que el otro le reconoce como habilidad y generando diálogo es como pueden empezar a ajustarse. ‘¿Qué te hace pensar que no sabés tal cosa?, ¿de dónde lo sacaste? Dame un ejemplo'", señala. A partir de esas preguntas y razonamientos, la persona puede empezar a visualizar su idea distorsionada de sí misma y sus capacidades. Y empieza a ganar confianza y bienestar emocional.

Cómo superarlo

La coach de ejecutivos y directora de Up Coaching Graciela Foggia dio una serie de tips para dejar de sentirse impostor:
1. Prestar atención a la conversación interior. "Preguntarte: ¿qué historias me estoy contando? Los pensamientos provocan emociones y estas emociones generan acciones, por lo cual es importante prestar atención a tus pensamientos para poder cambiarlos y sentirte mejor". La meditación es una de las herramientas para controlar los pensamientos negativos.
2. Reencuadrar la realidad: "Hacernos preguntas que nos desafíen a salir de ese lugar de victimización y tomar contacto con lo real".
3. Conexión con uno mismo. Desde la conexión con uno, trabajar la autoestima. "La desconexión de quién sos y lo que valés es el origen de no sentirte merecedor o merecedora de lo bueno que te sucede".