Estilo de vida
Escapada veraniega

Punta Sal para descansar, Lima para explorar

Dos destinos diferentes y complementarios para visitar en Perú

29.01.2020

Lectura: 11'

2020-01-29T16:39:00
Compartir en

Por Alejandra Pintos

Al pensar en Perú, lo primero que suele venir a la mente es el Machu Picchu. Y es entendible, Patrimonio de la Humanidad, maravilla del mundo y una de las obras de ingeniería y arquitectura más avanzadas de la antigüedad. Solamente en 2018, 1 millón y medio de personas visitaron las ruinas de la región de Cusco. Pero Perú es mucho más que eso; es desierto, playa, montaña, glaciar, selva e incluso ciudad. Esa diversidad de paisajes es impensada viajando desde Uruguay. Entonces, cuantos más destinos se puedan incluir dentro de un mismo viaje, mejor.

De todas las posibilidades que ofrece Perú, Punta Sal es uno de los secretos mejor guardados. Es una de las playas más extensas del norte del país, ubicada a pocos kilómetros de Ecuador. La arena es blanca, fina, y el agua de un azul intenso y tibia, gracias a la corriente del Niño que atraviesa esa zona del Pacífico. Alejándose de la costa, la tierra es seca y árida. Al ser un clima semitropical, la temperatura media a lo largo del año ronda los 25 grados.

Punta Sal se encuentra en el departamento de Tumbes -a 79 kilómetros de la ciudad que lleva el mismo nombre-, históricamente dedicado a la extracción de petróleo y gas y a la pesca, pero que en los últimos años se ha ido inclinando hacia el turismo, con balnearios como Zorritos y Máncora.

Para llegar a ese paraíso, primero hay que viajar desde Montevideo hacia Lima. Los 4.000 kilómetros de distancia se traducen en cinco horas de vuelo que, con una película, una lectura y alguna siesta breve, se hacen más que llevaderos. Y antes de lo que uno cree, queda atrás el verde de las pasturas uruguayas y aparecen cordilleras y salares. Una vez en Lima, hay que tomar otro vuelo a la ciudad de Tumbes, que implica solo dos horas más pero el tiempo de espera para esa conexión puede ser de unas nueve horas. Por eso, un buen plan es hacer el viaje de a tramos y tomarse al menos un día en Lima para conocer las bondades de la capital peruana.

Finalmente, se llega al aeropuerto de Tumbes, pequeño y modesto, en el que aterrizan solo dos aerolíneas de vuelos internos. Ahora, queda un último tramo por tierra de 79 kilómetros y dos horas. En Punta Sal, existe un puñado de hoteles de buena categoría, entre ellos el Royal Decameron, que se encuentra en nueve países de Latinoamérica. Este all inclusive contempla el traslado en camioneta desde el aeropuerto hasta sus instalaciones.

La playa de Punta Sal. Foto: Adrián Echeverriaga.

Un hotel que es una ciudad

La camioneta atraviesa la garita de seguridad y entra al predio del Royal Decameron en medio de la noche. Toma por un camino sinuoso al costado de un cerro en el que todo es oscuridad, y después de un par de curvas se empiezan a ver las luces de las instalaciones que, por su extensión, parece ser una pequeña ciudad.

La dinámica de los "todo incluido" es bastante conocida: se puede comer y beber todo lo que uno quiera y están todas las comodidades a disposición como para lograr un disfrute al máximo sin necesidad de salir del predio. El hotel cuenta con unas 600 habitaciones, dos restaurantes de especialidades, restaurante principal, cuatro bares, spa, canchas de tenis, discoteca, dos piscinas y lo más importante: 1.5 kilómetros de playa prácticamente privada donde, además de tomar sol y darse unos buenos baños de mar, se puede practicar deportes acuáticos como kayak. El staff está compuesto por unas 500 personas dispuestas a atender amablemente todos los requerimientos de los huéspedes.

Un día en un all inclusive

Suele haber dos tipos de viajeros: aquellos que les gusta despertarse temprano, desayunar rápido y salir a explorar la ciudad, y los que solo buscan relajarse y se toman las vacaciones con tranquilidad. Sin embargo, después de pasar un par de días en un "todo incluido" no hay quien no se haga militante de este tipo de hoteles en los que la única decisión que hay que tomar es qué servirse en el plato a la hora del buffet. Todo el resto, es disfrute.

La vida en el Royal Decameron gira en torno a las piscinas, que es el lugar elegido posdesayuno.- Hay dos, una más multitudinaria y otra VIP para quienes hayan pagado el paquete preferencial. Junto a las piscinas están los bares y todos le sacan provecho: no hay quien no esté con bebida en mano, ya sea un licuado, una cerveza o un trago con bastante ron. En la zona también hay reposeras y quinchos para refugiarse aunque sea por un rato del sol y disfrutar de un libro o ver alguna película en un dispositivo móvil. Y entre chapuzón y chapuzón se pasa la mañana.

El área Premium del Royal Decameron Punta Sal. Foto: Adrián Echeverriaga.

Sobre el mediodía llega la hora de elegir dónde comer, si en el buffet del restaurante principal o en uno de los cuatro de especialidad, que son a la carta -en estos últimos es conveniente reservar con tiempo para asegurarse el lugar-. En cualquiera de ellos se pueden encontrar las delicias características de la gastronomía peruana como el cebiche, las papas a la huancaína y la causa rellena (una suerte de pastel de papas con varios pisos relleno de pescado y palta generalmente). De postre, la delicia dulce del suspiro limeño.

Hacia la tarde es un buen momento para visitar la playa y darse un baño de agua salada, aunque dependiendo del viento el océano puede estar revuelto, y en ese caso siempre está la piscina. El Royal Decameron tiene palapas distribuidas a lo largo de la costa para quienes buscan algo de resguardo.

Nadar con tortugas

Otra opción es hacer uno de los paseos del hotel, como conocer el pueblo de Máncora, visitar los manglares o nadar con tortugas en el puerto de El Ñuro. A una hora y media de Punta Sal, se instaló hace unos 25 años un grupo de tortugas provenientes de Ecuador. Para conservarlas, los pescadores de la zona cambiaron las redes por técnicas menos invasivas y así las tortugas se fueron asentando y multiplicando, y se convirtieron en un atractivo turístico.

Hay dos formas de nadar con las tortugas. La primera es saltando al agua desde una plataforma flotante dispuesta para eso y la segunda es desde una embarcación. Cuando hay muchas olas, solo se puede hacer la segunda.?Luego de embarcarse, el capitán ubica la lancha en una zona donde se reúnen las Chelonia mydas (nombre científico de la especie que se encuentra allí) y les da de comer para que se acerquen. Lo siguiente solo es cuestión de zambullirse. Las tortugas pasan por abajo y por el costado de uno, pero hay que procurar no pegarles ni molestarlas. Es una experiencia magnífica.

Los días en el all inclusive se pasan rápido, entre los baños de piscina, los de agua salada, la abundante comida y las largas siestas. Es prácticamente imposible preocuparse o estresarse, por lo que es el destino ideal para soltar el teléfono, desconectarse y recargar la energía.

Foto: Adrián Echeverriaga.

24 horas en Lima

El tránsito limeño es caótico. A los conductores les encanta tocar bocina: para avisar que van a cruzar, para saludar, para llamar la atención de otro o incluso por mero aburrimiento. Por este motivo, llegar al centro lleva alrededor de una hora pero puede tomar hasta dos si el tránsito está pesado. Si bien el taxi es barato, la mejor opción es un ómnibus tipo transfer que cuesta ocho dólares e incluye wifi y puertos USB para cargar los dispositivos móviles. De todos modos, si le gusta charlar, un mano a mano con un taxista peruano puede ser fuente de información y buenas anécdotas.

Turísticamente, Lima tiene tres grandes zonas de influencia. La primera es el casco histórico, donde la arquitectura colonial se luce en su máximo esplendor -y humilla a otras capitales latinoamericanas a las que el Imperio español evidentemente no les puso tanto esmero-. La acción gira en torno a la Plaza de Armas, el sitio fundacional de Lima, donde se ubican el Palacio de Gobierno de Perú, la Catedral de Lima, la Iglesia del Sagrario, el Palacio Arzobispal de Lima, el Palacio Municipal de Lima y el Club de la Unión. Como podría esperarse, esa zona es perfecta para los amantes de la historia, con edificios que datan aproximadamente del 1500. Desde el centro de la plaza se pueden apreciar los balcones de la época del Virreinato del Perú, construidos en madera, una particularidad de la arquitectura de ese país que resulta muy pintoresca.
Aunque el casco histórico es uno de los destinos tradicionales, para quienes disponen solamente de 24 horas en Lima, es aconsejable salteárselo, y, en cambio, visitar el moderno barrio de Miraflores. Allí, por ejemplo, se concentra lo mejor de la gastronomía peruana que en los últimos años se ha posicionado como una de las más ricas del mundo.

El centro de Lima y sus balcones. Foto: Adrián Echeverriaga.

Miraflores, la vedette de Lima

Si el centro de Lima gira alrededor de la Plaza de Armas, Miraflores lo hace entorno a la costa. Allí, la ciudad se extiende hasta los barrancos que terminan en la costa del Océano Pacífico, que le da una bocanada de aire fresco a una zona densamente poblada. Sobre la costa se ubica el centro comercial Larcomar, un buen punto para sentarse a tomar un trago mirando el mar.

En este barrio predominan los edificios en vidrio y las construcciones vanguardistas, lo que le da un aire moderno. Las tiendas de ropa y los pequeños cafés de especialidad abundan y, teniendo en cuenta que Perú es uno de los principales productores de ese grano del continente, se lo puede encontrar a buen precio.

Pero, si hay algo que se destaca en la gastronomía limeña, es el cebiche, el plato típico por excelencia. Esencialmente se compone de pescado crudo, frío, que se cocina con el ácido del jugo de limón y de lima, a lo que se le agrega cebolla colorada, maíz, pimientos y cilantro. Eso sí, suele ser picante. Prácticamente no hay lugar donde no sirvan un buen cebiche. Uno de los más particulares es el de Ámaz, un restaurante de comida amazónica, que le da un giro diferente incorporando plátano y ají charapita, dos ingredientes característicos de esa región.

Barranco, bohemia e historia

Si Miraflores es el lugar ideal para quedarse, Barranco es un buen plan para recorrer una tarde. Son barrios linderos, pero en esencia diferentes. Barranco fue construido en el siglo XIX como el destino playero para la aristocracia limeña, por lo que abundan las construcciones coloniales pintadas en colores pastel, muchas de ellas ahora convertidas en galerías de arte, tiendas de autor, restaurantes y bares. Las calles son angostas y empinadas, y repletas de street art.

Para quienes van por poco tiempo y están dispuestos a caminar bastante, un free walking tour por Barranco es altamente recomendable. Bajo esta modalidad, se indica un punto de encuentro y una hora, y a ese lugar acuden todos los interesados. Generalmente, se arman dos grupos, uno en inglés y otro en español. Dos guías locales -uno para cada idioma- van indicando el camino por las callejuelas del barrio, comentando datos históricos y señalando los mejores lugares para visitar. 

Datos útiles

En Lima casi nunca llueve pero suele estar nublado. De hecho, los limeños se ríen de los turistas que llevan paraguas.

Por otro lado, en Punta Sal hay temporada de lluvias en febrero y marzo.

Latam tiene vuelos diarios de Montevideo a Lima y de Lima a Montevideo. El trayecto dura unas 5 horas.

La aerolínea también vuela a diario a de Lima a Tumbes. El viaje es de 1 hora 50 minutos.

-

Alejandra Pintos y Adrián Echeverriaga fueron invitados a Perú por Latam.