Estilo de vida
El combate imaginario

Poomsae: el arte marcial coreano sin contacto ni oponente

El poomsae concentra algunas posturas y movimientos característicos del taekwondo y los organiza en coreografías rigurosas sin contacto ni oponente.

29.12.2019 06:00

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2019-12-29T06:00:00
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Por Patricia Mántaras

En una de las paredes de la Academia Lee, un cuadro muestra en una secuencia de varias fotos, casi cuadro a cuadro, cómo Byung Sup Lee rompe un ladrillo en dos de un solo golpe. En Uruguay, es más conocido como el maestro Lee. Llegó en 1975 y fundó la primera academia de taekwondo del país. Cinco años después se formó la Federación Uruguaya de Taekwondo.

Aunque se asocia a un deporte de contacto, el taekwondo se divide en dos disciplinas, dos caras complementarias: una es el kyorugi, la más conocida, la de combate, y la otra es el poomsae, que ni siquiera necesita de un rival para practicarse. "El poomsae es una forma de enseñanza que existió históricamente", dijo Conrado González, secretario general de la Federación Uruguaya de Taekwondo. "Salgamos un poco del taekwondo y pensemos en el tenis, un tenista que hace sombra con los movimientos típicos del tenis. Antiguamente hacían coreografías de sombras de lo que era un ataque, como forma de estandarización de la enseñanza. Había uno que marcaba lo que había que hacer y los otros lo seguían, y así empezaron estos patrones de enseñanza que fueron evolucionando". Se define como un combate imaginario en el que se ejecutan técnicas de ataque y contraataque (golpes, puños, bloqueos, patadas) en una secuencia ordenada.
Recién en los Juegos de Sidney del año 2000, el taekwondo -entendido solo desde su disciplina kyorugi- fue oficialmente declarado deporte olímpico. El poomsae todavía no ha sido considerado, pero va ganando terreno: de ser una práctica dentro de la academia pasó a ser una disciplina competitiva a la que se vuelcan muchos taekwondistas.

Si el taekwondo es la síntesis de las artes marciales coreanas, el poomsae es la síntesis del taekwondo, pues se basa en la esencia de sus movimientos. En el último tiempo, la Selección Uruguaya de Poomsae ha ganado medallas en campeonatos internacionales y el mes pasado volvieron con tres del Campeonato Mundial de Poomsae, en Corea.

Coreografías y entrenadores. En cada academia, el profesor de taekwondo sabe de poomsae. Pero si el alumno llega a un nivel avanzado y quiere pasar al siguiente escalón, hay especialistas en el tema. Álvaro Sicardi y David Cerrato son entrenadores de poomsae y además de enseñar en sus academias, dan clases en la Federación a jóvenes de la Selección Uruguaya de Taekwondo.

Este "combate imaginario", que se constituye de una serie de movimientos ordenados, es el poomsae tradicional. "Desde el niño de cinco años que va a dar su examen para cinturón amarillo en adelante, hasta llegar al negro, se va aprendiendo un abanico de técnicas de forma individual y después se armonizan en coreografías que son una especie de lenguaje universal. Si yo pongo un taekwondista de Uruguay y uno de África, y los dos se ponen a hacer el mismo poomsae, lo van a hacer juntos y al mismo tiempo. O deberían", explica González.

Por otro lado, está la versión free style de poomsae que suma ciertas acrobacias. "El free style tiene algunas libertades, podés jugar un poco más, pero no es improvisado totalmente. Hay una especie de coreógrafo que lo diseña, que debe cumplir varias pautas, porque la coreografía tiene que tener ciertas instancias que son obligatorias porque si no, te descuentan puntos. Y tienen un orden también que tenés que respetar", explica Sicardi. Esas acrobacias, que tienen también movimientos de kyorugi, hacen que el free style sea más vistoso, "más Hollywood", según González.

Como sucede con la gimnasia artística, en la competición se califican las patadas, por ejemplo, por el grado de dificultad, si tienen un giro o la altura que alcanzan. "Si hiciste un giro doble, lleva más puntaje que un giro simple", aclara Cerrato.

En el poomsae tradicional se puntúa la precisión, y en el free style es más de apreciación. En un total de 10 puntos se evalúa, por un lado, la ejecución de la forma, y, por otro, la presentación, que se mide en la velocidad y la potencia, y el ritmo y el tiempo. Por lo complejo de la puntuación, la Federación Uruguaya de Taekwondo está desarrollando un software para centralizar las calificaciones en las competencias nacionales.
Se compite además en forma individual, en pareja o en grupo. En el último caso las posibilidades de errores se multiplican porque el equipo, casi por definición, tiene que estar sincronizado. Por eso requiere mucha práctica. "Vienen los competidores de kyorugi a entrenar, se matan, sudan, se van y los de poomsae siguen ahí", cuenta González.

Constancia y autoestima. "En poomsae tenés que trabajar mucho la técnica básica, eso tiene que salir perfecto. Por eso tenés que darle y darle y hacer las cosas hasta el cansancio, y repetir y repetir. Es la única forma", dice Sicardi. El entrenador es uno de los profesores de la Academia Lee, en Ciudad Vieja. Allí también enseña Daniel Lee (hijo del considerado padre del taekwondo en Uruguay) medallista en los juegos Odesur: bronce en 2002 (Brasil) y plata en 2006 (Buenos Aires). Lee, que entrena a la selección adulta y juvenil de taekwondo, ha competido más en kyorugi. "En mi época el poomsae no estaba a nivel internacional, se hacían torneos nacionales. Fue hace unos años que se empezó a masificar con los campeonatos mundiales; y ahí, además, se empezó a diferenciar del kyorugi".

Romina Pérez tiene 15 años y desde hace tres integra la selección. "El año pasado competíamos en Argentina y Uruguay, no había mucha difusión del poomsae en Uruguay, pero este año ya competimos internacionalmente", cuenta.

Abigail Techera, de 22 años, e Iván Casavieja, de 20, también son parte de la selección uruguaya. Los tres viajaron al Campeonato Mundial de Corea en noviembre de este año y volvieron con tres medallas: Abigail, de plata, e Iván y Romina, de bronce. "Empecé con taekwondo a los cinco años y me dediqué al poomsae por completo hace poco, después del último viaje que hicimos con Abigail a China. Viajamos con una beca de tres meses para entrenar", dice Iván.

Como entrenador, Lee busca que los jóvenes alcancen todo su potencial. "El tema de la constancia en la selección a veces es complicado porque es muy amateur. Tenemos muchos cadetes y juveniles, que son los que más se pueden dedicar porque solamente estudian. A nivel de adultos se complica más, porque no todos pueden entrenar todos los días doble horario".

Además de dedicarle tiempo, como en cualquier deporte competitivo, la disciplina y la perseverancia son fundamentales. Pero en el poomsae se suma además la importancia de ser ordenado y consecuente. "Para hacer las cosas bien y llegar a niveles de competencia tenés que tener orden y disciplina, ser constante y practicar mucho. No pain, no gain, como dicen", asegura Sicardi.

A cambio, el poomsae -y el taekwondo en general- ofrecen una contrapartida: dar una segunda oportunidad a niños que nunca se engancharon con deportes más tradicionales. "Los niños en Uruguay empiezan a jugar al fútbol con tres o cuatro años, y hay muchos niños que por equis factores se pierden ese primer contacto con el fútbol, quedan como relegados y después es más difícil integrarse a los grupos. Tener otro deporte que les permita engancharse es muy bueno para la realización personal", asegura González.

Además, está estudiado y demostrado el efecto positivo del taekwondo y las artes marciales en los niños: refuerza la autoestima y el concepto propio, reduce la agresividad y la ansiedad, y aumenta la independencia y la capacidad de liderazgo.

A partir de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 será además un deporte paralímpico. El taekwondo adaptado lo practican personas con discapacidad física e intelectual, y puntualmente el poomsae propone un trabajo muy efectivo con las series que incluyen una cantidad de movimientos "que permiten hacer un trabajo de bilateralidad", explica González. También es una disciplina amigable para los deportistas senior, con categorías de competición hasta más 65 años.

Históricamente, la práctica de artes marciales se asocia con el control del cuerpo y de la mente: aumentan la tonicidad y la fuerza muscular, la resistencia, el equilibrio y la coordinación, y es bueno para trabajar la concentración, la disciplina y la autoconfianza.
"¿Qué aportó el poomsae?", se pregunta Romina. "Paciencia, dedicación y manejar la frustración. Que no te salga algo y, en vez de parar, seguir. Cuando te sale es una satisfacción tremenda". En el poomsae no hay que enfrentarse a un rival para ganar, la meta está en superarse a uno mismo.