Gastronomía
Gastronomía | Reseña

Pequeños bocados y nuevas etiquetas

En la calle Rostand, en el corazón de Carrasco, abrió Bar de Vinos, una apuesta que tiene como protagonista a la copa

17.09.2021 07:00

Lectura: 10'

2021-09-17T07:00:00
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“No se puede hablar del Bar de Vinos sin mencionar a la bodega Compañía Uruguaya de Vinos de Mar”, dice Leo McLean a Galería. Todo empezó con un viñedo en Garzón. Allí convergen cuatro historias y de él surgen al menos tres proyectos. La pareja de enólogos mendocinos Gerardo Michelini y Andrea Mufatto, y su hijo Manuel, reconocidos por sus elaboraciones en el Valle de Uco y la zona del Bierzo en España, buscaban elaborar un vino cerca del mar. El empresario argentino Leo McLean —que se alejaba del mundo corporativo después de trabajar para la cadena ESPN en América Latina— les presentó a Juan Pablo Clerici, copropietario de Café Misterio y dueño de una chacra en Garzón, con quien comparte la pasión por la gastronomía. Clerici, a su vez, tenía un vínculo de más de 20 años con el vino, creando las etiquetas insignia de su restaurante en conjunto con la familia Deicas. Y ahora, estos últimos, que también tienen viñedos en la zona, aportan el know how y cuidado permanente a las viñas que plantaron con Clerici, Michelini, Mufatto y McLean en setiembre de 2019. Juntos son Compañía Uruguaya de Vinos de Mar, una nueva bodega que desde 2020 tiene en el mercado un pinot noir y un albariño elaborado con uvas de Sierra de Las Palmas. Con el viñedo nació una planta de elaboración que acaban de construir en Pueblo Garzón, y hace casi tres meses abrieron Bar de Vinos, un espacio gastronómico en el que se pueden disfrutar más de 200 etiquetas de distintas partes del mundo. Este concepto, que replicarán en Garzón y que buscan exportar a otros puntos del planeta, contiene mayoritariamente etiquetas importadas por ellos mismos, como los vinos elaborados en España y Argentina por la dupla Michelini i Mufatto. Además, incluye una selección de la oferta nacional e internacional que hay en el mercado. “Traemos entre 60 y 70 etiquetas de Portugal, Italia, Francia, España y Argentina”, comenta su propietario.

Las botellas más destacadas del Bar de Vinos se exponen desde la entrada, en estanterías cuidadosamente iluminadas. “Un estudio dedicado a trabajar con teatros nos ayudó a transmitir la sensación de entrar a un bar de vinos francés de unos siglos atrás. Podría ser una cantina de los Tres Mosqueteros, por ejemplo”, explica McLean. Entre los detalles, aclara que para dar textura a las paredes tomaron como base una fotografía del corte de tierra que excavaron para construir la cava de la bodega y la reprodujeron sobre papel maché. Para continuar la línea del interiorismo, utilizaron sillas thonet y el artista Gustavo Genta realizó una instalación en el techo, sobre la barra, que recuerda las estalactitas de una cueva. La madera que recubre la barra y gran parte de la sala formaba parte de un fulón de lapacho paraguayo en desuso que provino de una curtiembre centenaria, del que se aprovecharon hasta las tachas, convertidas hoy en ganchos de perchero. Para los comensales, descubrir todos los detalles en la puesta en escena del Bar de Vinos llevará varias visitas, sin contar con su impactante sala privada, también intervenida.

La carta de vinos es tanto o más impresionante que la puesta en escena. Allí conviven vinos de España, Italia, Francia, Argentina, Hungría, Australia, Uruguay y Chile. Las botellas se venden para llevar y para tomar en el lugar. El precio base comienza en los 500 pesos, pero rápidamente escala a los 1.000 y más, mucho más. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la mayoría de estos vinos son poco o nunca vistos en los restaurantes de la ciudad y su precio en origen también es costoso. El alto estándar de calidad en la selección hacen que la ecuación resulte beneficiosa para el consumidor. 

La gastronomía también es distinta a la que plantea la mayoría de los bares de tapas que han abierto en el último tiempo en Montevideo, que son principalmente gastrobares, con cocina elaborada en porciones más pequeñas. “No somos un restaurante, aquí el protagonista es el vino”, aclara McLean, con la esperanza de transmitir que el Bar de Vinos es un lugar de paso para probar botellas diferentes más que para cenar. La propuesta se acerca más a un tapeo típicamente español, con platos más bien sencillos para ser consumidos en uno o dos bocados. El propietario destaca las croquetas de chorizo colorado y queso gruyere que van muy bien, por ejemplo, con un tinto de la zona de Rías Baixas, en Galicia, de la variedad caíño, elaborado por la bodega Telmo Rodríguez, una excentricidad para el paladar local. 

En la noche de sábado en que la mesa de dos de Galería llegó al Bar de Vinos se eligieron primero los vinos de producción propia, un expresivo albariño elaborado al estilo de Galicia y un pinot noir más liviano y refrescante que de costumbre, en el que los Michelini utilizan una parte del escobajo en su fermentación. Estos vinos fueron acompañados con hongos al escabeche, lisa curada y unas empanadas de camarón fritas, crocantes y con un ligero sabor a coco. Para continuar, llegaron una tortilla de papas con chorizo y una tabla de quesos servida algo más fría de lo esperado. Estos platos se probaron junto con una copa de Plop! en el camino, mencía elaborado por Michelini i Mufatto en Bierzo (España) y otra de Garage Blend de Paso a Paso Wines de Argentina que combina las cepas bonarda y malbec. La comida se sirve sobre platos esmaltados que resultan llamativos en un espacio con una escenografía tan detallista. La elección responde, quizás, a un intento de aggiornar el servicio de cantina utilizando un plato de metal, pero no termina de comulgar con el lugar. 

Para quienes buscan tomar vino por copa, Leonor Soza de la Carrera, la sommelière chilena que dirige la sala, ofrece tres escalas de vinos, que sirve de a 150 ml. La base son los vinos propios de Compañía Uruguaya de Vinos de Mar, sigue por vinos argentinos y termina con españoles especiales como un mencía, por ejemplo. Muchas de las variedades de vinos que se seleccionaron en la carta resultan extrañas para el consumidor más conservador, por lo que es necesario llegar a este nuevo emprendimiento con la mente abierta y dejarse sorprender. n

Rostand 1571. Teléfono: 093 313 106. Martes a jueves de 18 h a medianoche. Viernes y sábado de 19 h a una de la madrugada.

Por una copa de pinot noir y otra de albariño de Compañía Uruguay de Vinos de Mar, un Plop! y un Garage Blend más hongos al escabeche, tortilla con chorizo, lisa curada, empanada de camarón y una tabla de quesos Galería pagó 3.450 pesos

fotos: mauricio rodríguez

Probar antes de comprar

En el último tiempo, la oferta de vinos ha crecido en Uruguay y con ella los espacios en los que poder disfrutarlo. El modelo de wine-bar, bar de vinos, club de vinos o tienda de vinos con degustación se replica por la ciudad. Los mercados como Ferrando, Sinergia Design, Williman, Inmigrante y del Prado tienen entre sus locales espacios dedicados específicamente a la venta y cata de esta bebida, casi todos con una orientación hacia el vino nacional. En este camino, al menos dos emprendedores buscaron llevar a los enófilos un paso más hacia adelante. Es el caso de Julio González en Vinbutik y Miguel Libonati con Puerta de Hierro, dos propuestas que combinan tienda de vinos con catas e importación de etiquetas, un mix que hasta el momento no se veía en el ámbirto local.

Foto: Adrián Echeverriaga

Foto: Adrián Echeverriaga

Vinbutik

Julio González se dedicaba al mundo de la pesca cuando comenzó a incursionar en el vino. Empezó por España, especialmente Galicia, región con la que tiene una estrecha relación, pero con el tiempo se fue animando a más. Al principio solo vendía a restaurantes y gente que llegaba a él de forma directa. Justo antes del comienzo de la pandemia decidió instalarse en un local en Pocitos a puertas cerradas, donde proponía una membresía anual que habilita a catas, descuentos en la compra de vino y la posibilidad de contar con un espacio privado fuera de casa. Lejos de retraerse por la pandemia, acompañado por su yerno Diego Rodríguez, González decidió doblar la apuesta para dedicarse de lleno a la importación y venta de vinos. Para ello, acaba de mudar la tienda a media cuadra, en Benito Blanco entre Juan María Pérez y Federico Abadie, para ahora sí tener una vidriera de exhibición. “Vinbutik es una joyería de vinos”, cuenta su propietario y así lo muestra su puesta en escena. Los vinos están cuidadosamente ubicados en estantes de madera, en las paredes se muestra el trabajo de distintos artistas como si fuera una galería, y en el centro se luce una gran mesa de madera maciza en la que apoyar la copa. La casa tiene dos pisos y un subsuelo. En la planta baja está la tienda, en el primer piso la sala de catas y en el segundo una cava de cristal con un espacio privado para los miembros del club. En la selección de vinos de este espacio abundan las etiquetas difíciles de encontrar, sobre todo españolas, como las de las bodegas Pitacum del Bierzo y Terras Gauda en Galicia, pero también de otras zonas vitivinícolas de España, Francia, Argentina y Chile. Suma, además, una pequeña selección de botellas locales. 

Vinbutik es un espacio de encuentro con el vino, un lugar de tertulia, copa en mano, con tiempo, dispuesto a despertar el paladar con los sabores de otras tierras.

Benito Blanco 774/2. Teléfono: 092 798 988. Lunes a viernes de 11 a 20 h y sábado de 10 a 13 h. 

Foto: Lucía Durán

Foto: Lucía Durán

Puerta de Hierro

Miguel Libonati se dedica a las finanzas, pero siente una gran pasión por el vino. “Mi familia es italiana, siempre me vinculé mucho a la cocina por mi madre, que vino de Génova. Hace muchos años que quería incursionar en el mundo del vino. El año pasado, encerrado por la pandemia, me animé a empezar a trabajar en el tema”, cuenta a Galería. Primero armó la sociedad, después buscó una sede, contactó bodegas y proveedores, y finalmente abrió hace tres meses. “Quería hacer algo vinculado a la calidad, con vinos de todo el mundo y alimentos italianos”, aclara.

La tienda se encuentra en la calle Divina Comedia, en Carrasco, en una casa que estaba abandonada hacía cuatro años. Allí cuentan con un salón principal de ventas y exhibición de vinos, y un cuarto/almacén con quesos, embutidos y conservas, principalmente italianas. Además, tienen un jardín donde se puede disfrutar de una picada y probar algunas etiquetas, y una barbacoa para eventos.

En Puerta de Hierro se pueden encontrar casi 160 etiquetas de 11 países distintos. Libonati importa vinos de Argentina como Cuvelier de los Andes,  Altar Uco de Juan Pablo Michelini (hermano de Gerardo Michelini del Bar de Vinos y la bodega Compañía Uruguaya de Vinos de Mar), Clos de Chacras y Corazón del Sol de Mendoza, Roda de España y San Filippo de la región de Montalcino en Italia. 

El aumento en la venta de vinos del último año —que superó 10% en grandes superficies— y la posibilidad de aportar nuevas etiquetas al mercado local, ha impulsado a emprendedores a aventurarse en el mundo de esta bebida. Bien dicen que la crisis muchas veces trae oportunidades, en este caso permitió cumplir el sueño de Libonati de dedicarse también al vino.

Divina Comedia 2024. Teléfono 095 309 038. Lunes a viernes de 11 a 19 h y sábado de 10 a 14 h.