Cultura
Una noche sin tiempo

Patti Smith, leyenda del punk, en Montevideo

La leyenda del punk le cantó a la paz, a la libertad y a los amantes en el Teatro de Verano.

28.11.2019 23:00

Lectura: 6'

2019-11-28T23:00:00
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Por Patricia Mántaras

El himno. Eran las 22.30 de una noche de esas con más de 20 grados de temperatura y un viento que sopla a favor de las circunstancias. "Esta canción es para Fred Sonic Smith", declaró Patti Smith una hora después de comenzar su concierto en Montevideo, y empezó a cantar ese himno a los amantes que es Because the Night. "Take me now, baby, here as I am/ Pull me close, try and understand/ Desire is hunger is the fire I breathe/ Love is a banquet on which we feed", decía al público*, que no podía evitar pensar que esa noche les pertenecía, que en ese momento esta leyenda del punk estaba ahí haciendo poesía y música para ellos, aunque la canción -de su álbum Easter, escrita por Bruce Springsteen- fuera para Fred, su marido. Él, guitarrista y compositor, solía decirle que no todos los sueños tienen que hacerse realidad, cuenta ella en su libro de memorias M Train (2015), pero que juntos lograron cosas "que nadie podría imaginar". "Mirándolo ahora, tantos años después de la muerte de Fred, nuestra forma de vida parece un milagro, que solo pudo realizarse por la silenciosa sincronización de los rubíes del reloj y los engranajes de una mente común". Juntos se aferraban a la idea de un "reloj sin agujas". En esa vida sin tiempo tuvieron dos hijos: Jackson (1982) y Jesse (1987).

Retrato de 1988 Mapplethorpe) de Patti y Fred Sonic Smith con sus hijos: Jesse y Jackson.

Niños. Hace una semana, después de ser nombrada Visitante Ilustre de Montevideo, Patti Smith (Chicago, 1946) entró al Teatro de Verano y detuvo el reloj de todos en algún momento de la década de los 70. Su melena gris era el único recordatorio de que el tiempo había pasado, porque sus movimientos gráciles parecían los de una jovencita. Con casi 73 años, subió al escenario sin aspavientos y con una sonrisa. Caminó hacia un extremo, saludó, caminó hacia el otro, y volvió a saludar. Dancing Barefoot, de su álbum Wave (1979), abrió el concierto y una vez que el calor la obligó a quitarse la chaqueta, la clásica remera blanca con chaleco negro estaban ahí para confirmar que era Patti, con su look personal e históricamente andrógino, la que decía "Esta es para las chicas", antes de entonar Redondo Beach, uno de los temas de su primer disco, Horses, de 1975. En esos años de pura exploración, su centro de gravedad era el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Se habían conocido en Brooklyn, ella trabajaba en una librería vendiendo artesanías étnicas y él fue a comprar un collar. "No se lo regales a ninguna chica que no sea yo", le dijo, según relata en su libro Éramos unos niños. Poco después, tendidos en la cama, intercambiaban relatos de su infancia: "Decíamos que yo había sido una niña mala que intentaba ser buena y él un niño bueno que intentaba ser malo". Siempre supo que sería Robert quien le haría el retrato que ilustrara la portada de Horses; "mi espada acústica envainada en una imagen suya", escribe.

Libertad. La bandera de Uruguay siempre estuvo a la vista, toda la noche, y ella habló del cambio climático, instó a defender a los indígenas y llamó a un despertar antes de advertir: "Nos tenemos que unir porque estamos siendo globalmente separados por la extrema derecha". Y entonces sonó Ghost Dance (también del disco Easter), la canción que escribió para los nativos americanos. No hay tono aleccionador cuando es una poeta la que habla; cuando su forma de vida y su discurso son tan coherentes que resisten décadas turbulentas y cambiantes.
Habla de la Amazonia quemándose, y habla también de la libertad: "Levanten sus manos, sientan su sangre. ¡Están vivos!", grita, y canta Beds Are Burning (de la banda australiana Midnight Oil). El público explota, y Patti lo invita a dar un paseo por el lado salvaje con Walk in the Wild Side, de Lou Reed. Para entonces ya lleva dos trenzas en el pelo y el público sabe que se acerca el final. Pero todavía faltan Beneath the Southern Cross (de su disco Gone Again, 1996), que entona después de mostrar una remera que dice "Todos somos familiares", de la organización uruguaya Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, After the Gold Rush, de Neil Young (que también es parte de su disco Banga, de 2012), y Pissing in a River (del álbum Radio Ethiopia, 1976).
"La poesía debe ser escrita por todos, no por uno", dice en un momento, citando al conde de Lautréamont, quien, recuerda, "nació aquí en Uruguay". "Todos tenemos poesía en nuestra alma". Sabemos que ella sí la tiene.

La voz. Canta Gloria (Horses, 1975) enérgicamente; la canción le pide un esfuerzo extra y ella quiere darlo. Parece que se despide, pero vuelve y lo hace con una canción porque, dice, "también hay que pasarla bien". Es People Have the Power, del disco Dream of Life (1988), que en su carrera significó una especie de regreso a la música -casi 10 años después de su disco anterior, Wave- compuesto enteramente por canciones coescritas por Patti y su marido Fred. Este mes se cumplieron 25 años de su muerte, en la misma fecha (4) en que había nacido su otro gran amor, Mapplethorpe, que habría cumplido 73 años. "A ambos los extraño enormemente y son recordados siempre, a través de las cosas grandiosas y de las simples, de la amistad, el arte y el amor", escribió ese día en su cuenta de Instagram.

Es el final. "Usen su voz. Ustedes tienen el poder", dice antes de que se apaguen las luces. Algo queda vibrando en el público, que empieza, lentamente, a buscar las vías de salida hacia la rambla. En el rumor de las charlas no se oye hablar del nivel acústico del show, de lo atinado del repertorio o del virtuosismo de la artista. Se habla del encanto y la exquisitez de Patti Smith, porque el concierto fue, más que nada, una experiencia conmovedora y humana.


Querido Montevideo.

Como suele hacer con las ciudades en las que actúa, al día siguiente del concierto Patti Smith compartió en su cuenta de Instagram unas palabras con sus impresiones.

This is
waving goodbye.
To the people.
To the Mayor
who gave me
the key to the city.
To the Activists.
To the disappeared
always remembered.
To the poet Ines
To those who made
us beautiful food
To the great river
that feels like sea
To my driver and
a sprig of jasmine
from Montevideo.

Este es mi saludo
de despedida.
A la gente.
Al intendente
que me dio
la llave de la ciudad.
A los activistas.
A los desaparecidos
siempre recordados.
A la poeta Inés.
A los que nos prepararon
comidas hermosas.
Al gran río
que se siente como mar.
A mi chofer y
un ramito de jazmines
de Montevideo.