Cultura
Clásicos que cumplen

Pánico, horror y locura en el Hotel Overlook

Hace 40 años se estrenaba El resplandor, película de Stanley Kubrick odiada por algunos y fuente de asombro y terror para otros

02.08.2020

Lectura: 15'

2020-08-02T07:00:00
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Por Juan Andrés Ferreira

Era 1977 y El resplandor, de Stephen King, era por entonces la novela más ambiciosa del escritor, que recién daba sus primeros pasos como autor de éxito. La historia de King se desarrolla en Overlook, un hotel aislado por la nieve en Colorado, y narra en detalle el deterioro mental y moral del sereno, Jack Torrance, bajo la influencia del edificio, un lugar en el que se agitan entidades malignas. Torrance es un aburrido exprofesor con problemas de alcoholismo y pretensiones de escritor que se instaló en Overlook junto con su esposa Wendy y su hijo Danny con la intención de liberarse del bloqueo creativo y terminar el texto en el que lleva tiempo trabajando. La historia se centra en el enfrentamiento entre Jack y su hijo Danny, un niño con poderes telepáticos.

Era 1977 y el director Stanley Kubrick necesitaba volver a filmar pero, muy especialmente, necesitaba un gol. Había invertido tiempo y esfuerzo en Barry Lyndon (1975), que resultó ser el peor fracaso comercial de su carrera (recaudó menos de 10 millones de dólares cuando Warner Bros. necesitaba al menos 30 millones). De todos modos, tal como él mismo le había anunciado a Warner, la producción acumuló varias nominaciones al Oscar, siete en total: mejor película, director, guion adaptado, dirección artística, diseño de vestuario, fotografía y banda sonora (ganó en las últimas cuatro).

El cineasta había rechazado dirigir El exorcista (1973), adaptación que Warner le había ofrecido años atrás. El éxito del filme finalmente dirigido por William Friendkin lo dejó con la sangre en el ojo. Warner le sugirió hacer la continuación, que también rechazó. Pero sabía que quería hacer algo dentro de ese género. Bastante antes, en 1966, había comentado a un amigo su deseo de "hacer la película más terrorífica del mundo, con una serie de episodios que provoque pesadillas al público".

En lo personal, era una época difícil para Kubrick, que desde el éxito y la polémica de La naranja mecánica (1971) había acentuado su aislamiento. Cada vez concedía menos entrevistas, por ejemplo. Si un periodista o un escritor manifestaban interés en elaborar una nota o un informe sobre él y su obra, Kubrick accedía con la condición de reservarse el derecho de autorizar el texto. "Entonces se guardaba la aprobación hasta que vencía el plazo o la paciencia del escritor se acababa", cuenta John Baxter, autor de Stanley Kubrick, una de las biografías más completas (y menos amables) del director.

En esos años, Kubrick estaba presente a través de la ausencia. Y, sobre todo, a través de los rumores que se tejían alrededor de su cada vez más misteriosa y elusiva figura. Por entonces era retratado como un misántropo genial que vivía aislado pero conectado (recibía The New York Times por correo aéreo todos los días, además de grabaciones de sitcoms, documentales y partidos de fútbol y béisbol de Estados Unidos), un obsesivo del control total que vestía como el Che Guevara (traje de combate, boina y barba descuidada), un vampiro que absorbía los conocimientos y la energía de quienes trabajaban junto con él, un tirano demente capaz de extender a varios meses procesos de trabajo que podrían ejecutarse en semanas (solo el montaje de La naranja mecánica llevó seis meses, trabajando siete días a la semana).

La edición galerada de la novela de King llegó a Warner antes que a las librerías a través de The Producer Circle, un grupo de productores independientes responsable de trasladar exitosamente a la pantalla plateada otros best-sellers en títulos como El viaje de los condenados (1976) y Los niños del Brasil (1970). Warner ofreció a Kubrick la posibilidad de hacer una adaptación, esperando un no como respuesta. Sin embargo, el director dejó lo que estaba haciendo (estaba por comenzar la adaptación de Los superjuguetes duran todo el verano, de y con Brian Aldiss) e incorporó El resplandor a su agenda. En una entrevista con Vicente Molina Foix en 1980, Kubrick aseguró: "Consideré que el argumento, las ideas y la estructura eran mucho más imaginativas que nada de lo que hubiese leído del género. Me pareció que podría hacerse una buena película con ella".

El guion. El contrato de King con Warner establecía que escribiría el primer borrador de El resplandor. En la novela, el hotel y los arbustos recortados del jardín topiario junto al Overlook están encantados y el protagonista de la historia es el pequeño Danny, cuya capacidad telepática y premonitoria da título a la novela. Y escribió el borrador teniendo presente estos puntos.

Kubrick, en cambio, tenía otra lectura. Para él, el protagonista era Torrance, el sereno, y los elementos fantásticos del relato, así como Danny y Wendy, eran secundarios. Al director le interesaba el conflicto interior del personaje, la lucha entre su lado bueno y su lado malo, su luz y su oscuridad. De ahí que el filme está cargado de simetrías e imaginería dual, desde las dos niñas que se le aparecen a Danny a las dos mujeres de la habitación 237. "Creo que tendemos a ser un poco hipócritas con nosotros mismos", le dijo Kubrick a Michel Ciment, autor de un libro esencial titulado simplemente Kubrick. "Somos capaces del mayor bien y del mayor mal, y el problema es que a menudo no podemos distinguirlos cuando sirven a nuestros propósitos".

Las hermanas Lisa y Louise Burns antes de una nueva toma de una de las escenas míticas del filme

Esta visión estaba influida por otro texto leído por Kubrick, El hotel azul, de Stephen Crane, en el que una partida de cartas entre tres hombres atrapados en un hotel acaba sangrientamente mal. La historia de Crane es una fábula sobre la paranoia y la autodestrucción, y es la que sugirió el desvarío psicológico de El resplandor. Según lo documenta Baxter en su biografía, Kubrick veía a Torrance como uno de los personajes de Crane, aquel que busca su propia destrucción y se rinde a los horrores imaginarios del hotel para librarse de su familia y, finalmente, autoaniquilarse.

Hubo, a su vez, otras lecturas determinantes. Como La sombra sabe, novela de Diane Johnson, sobre una mujer recién divorciada, desesperada e indefensa, que es amenazada por unos ladrones y una serie de llamadas telefónicas sumamente extrañas. Tras leerla, Kubrick se comunicó con la autora, que vivía en California y daba un curso de literatura gótica en Berkeley. A partir de entonces, cineasta y novelista tuvieron largas charlas telefónicas. Kubrick la invitó a mudarse a Inglaterra, cerca de su casa, y trabajar en la adaptación de King. "Tuve la sabiduría de no aceptar y alquilé un piso pequeño en Londres", le contó Johnson a Ciment. Según la autora, a Kubrick le atraía el trasfondo psicológico del relato original (se refería a El resplandor como "la historia de la familia de un hombre, que se vuelven locos todos juntos silenciosamente"). "Un padre que amenaza a su hijo es algo impresionante. Es una representación arquetípica de las iras inconscientes", comentó Johnson en una nota con The New York Times. "El odio familiar parecía bastante importante".

Kubrick y Johnson empezaron a trabajar juntos en noviembre de 1977. Hablaron del libro sin escribir una sola línea. Se planteaban cuestiones tipo: "¿Es Jack un tipo agradable?", "¿Wendy lo quiere?", "¿cómo se viste?". Así lo recordaba Johnson: "Escribir era secundario. Lo importante era conocer a los personajes, los acontecimientos y la función exacta de cada escena". Según Kubrick, "cuando sabes lo que ocurre en una escena las palabras vienen solas".

También leyeron mucho. Freud (su ensayo Lo siniestro) y Bettelheim (Psicoanálisis de los cuentos de hadas) fueron fuentes de información y consulta casi constante, como también lo fueron Cumbres borrascosas, Jane Eyre y los relatos de (y estudios sobre) Poe. Y trabajaron en el guion prácticamente dejando de lado el borrador de King (también se dice que nunca lo leyeron). En la novela y en la primera versión de King había arbustos con formas de animales, que fueron sustituidos por el laberinto con muros de seto de cuatro metros de alto. En el libro, el Overlook explotaba al final de la historia. Eso también se modificó.

"Nos sentábamos y hablábamos de una escena", contó Johnson. "Luego yo me iba y escribía los diálogos". Así era el sistema de trabajo: escribían primero un breve resumen de la escena ("Jack y la familia llegan al hotel"), luego la ampliaban incluyendo una motivación ("Llenos de esperanzas, Jack y su familia llegan a su nuevo trabajo en el hotel"). La autora le atribuyó a Kubrick la inclusión de elementos cargados de sexualidad, como la mujer que sale desnuda de la bañera y los hombres que son sorprendidos en un momento de intimidad. Según Johnson, el torrente de sangre saliendo del ascensor cuando abre sus puertas también salió de la cabeza del cineasta.

Kubrick, su hija Vivian y Nicholson fuera de foco

El reparto. Para el papel de Torrance, Kubrick convocó al actor que tenía en mente para hacer su eternamente postergada biografía sobre Napoleón: Jack Nicholson. Para el director, el mejor de Hollywood en ese momento. El hombre venía de ganar un Oscar por Atrapado sin salida, dirigida por Milos Forman, quien precisamente le arrebató el premio como director a Kubrick por Barry Lyndon.

Sin embargo, en Hollywood Nicholson era más conocido por las fiestas de las que era anfitrión, su defensa constante del uso de drogas recreativas y por haber prestado la casa donde el director Roman Polanski sería acusado de violar a una chica de 13 años. Nicholson venía de separarse de la actriz Angelica Huston, de fracasar estrepitosamente en su debut como director y de recibir revelaciones perturbadoras sobre su infancia: había sido criado creyendo que su abuela era su madre, y su madre su hermana mayor. A esto se le sumaba su idilio con el alcohol y las drogas, y un estado mental fluctuante entre la depresión y la excitación. "Estaba mucho más loco al principio de su actuación que el personaje y mucho peor de lo que Kubrick había previsto", dijo Johnson. "Había una escena difícil para mí, en la que escribía a máquina, un momento clave para el personaje", recordaba Nicholson. "Cuando hice esa escena recordé los momentos en los que nos peleábamos a los gritos con mi mujer. Usé eso para mi interpretación".

King lamentó la elección del actor desde el principio. "Traté por todos los medios de que la Warner y Kubrick no contrataran a Nicholson", confesó el escritor, que prefería a Michael Moriarty o John Voight. "No quisieron. No fue negociable".

Para interpretar a Wendy el Señor K convocó a Shelley Duvall, cuya carrera se había desarrollado principalmente en películas de Robert Altman, en producciones independientes y en rodajes donde reinaba la improvisación como Del mismo barro, El volar es para los pájaros y Tres mujeres. A mucha gente le pareció una decisión extraña haber escogido a esta actriz. Entre esos sorprendidos estaba el propio Nicholson, que se lo hizo saber al director. "Me explicó que tenía una apariencia doble, a la vez atractiva e irritante. Según él, el público debía tener razones para creer que este tipo tendría ganas de perseguir y aterrorizar a su esposa".

A Duvall le costó muchísimo adaptarse al rigor y al ritmo de la producción, y fue tratada de una manera poco amable de parte del director. En el documental Making The Shining, filmado por Vivian, una de las hijas del cineasta (quien supervisó el montaje y el corte final), puede verse el maltrato al que la actriz fue sometida. "Shelley parecía bastante chiflada. Más tarde me dijo que se estaba volviendo chiflada por estar rodando aquella película", comentó Johnson. "Fue duro conmigo, pero amplió mi registro como actriz", reconoció Duvall varios años después. "Puedo ir más fácilmente de un extremo a otro y desde aquel momento puedo interpretar a personajes extravertidos".

Danny Lloyd y Shelley Duvall, Danny y Wendy en El resplandor

Leon Vitali, actor de Barry Lyndon devenido asistente de Kubrick, entrevistó a más de 5.000 niños menores de seis años y sin experiencia en cine. Kubrick escogió a Danny Lloyd, de cinco. Durante el rodaje Lloyd tuvo la impresión de que filmaba un drama, no una película de terror. Recién vio la película 11 años después del estreno. Y solo volvió a actuar en dos oportunidades, una de ellas en Doctor Sueño (2019), la continuación de El resplandor.

La producción encontró en el hotel Timberline Lodge -en las pendientes del nevado Mount Hood, en Oregon- el exterior del Overlook, el hotel maldito, construido sobre un cementerio de nativos. Los interiores fueron creados en estudio, replicados principalmente del Ahwahnee Hotel, ubicado en Yosemite National Park, California. Kubrick no abandonó Inglaterra durante todo el rodaje (ocurriría lo mismo en sus siguientes filmes) y mandó construir la fachada del Overlook y la entrada al laberinto en los estudios Elstree (hubo que destruir un decorado de más de una década que había sido usado en una gran cantidad de películas).

La filmación. El rodaje se inició en mayo de 1978. Estaba programado para 17 semanas. Se prolongó a 14 meses. En total fueron 200 días de trabajo. Se dice que Kubrick filmó más de 400.000 metros de cinta, que se corresponden a 102 minutos de metraje por cada minuto de película. Escenas mínimas podían consumir días. Para la escena en la que Hallorann (Scatman Crothers) guía a Wendy y Danny por lo almacenes del hotel hasta la cocina, Kubrick hizo 85 tomas. La escena en la que Jack destroza la puerta con el hacha se hizo casi 40 veces.

Esto contó Gordon Stainforth, uno de los montajistas del filme: "La larga toma en movimiento en que Nicholson persigue a Duvall por las escaleras mientras ella lo amenaza con un bate de béisbol fue rodada 50 o 60 veces. La primera toma de Nicholson fue absolutamente brillante. La cosa empezó a estropearse después de las 10 tomas. Se le puede ver casi marcando el paso para no agotarse (...). Mi impresión fue que Stanley tendía a escoger lo más excéntrico y pasado de rosca. Hubo muchas veces en las que Stanley y yo veíamos aquello y no se escogía lo que para mí era lo mejor sino lo más estrambótico".

En su anterior obra Kubrick había recurrido al uso de lentes especiales creados para la película a partir de unos dispositivos ópticos fabricados para la fotografía de satélites de la NASA (se había empecinado en rodar con luz de vela y con el tipo de vela que se usaba en la época en la que transcurre la historia). Ahora, en El resplandor, iba a incluir un nuevo prodigio técnico: la steadicam. Creada por Garret Brown, se trataba de un arnés de cámara giroestabilizado que permitía al camarógrafo caminar, correr, atravesar diferentes distancias, subir y bajar escaleras sin afectar la estabilidad de la imagen. La steadicam es una muestra más de cómo un recurso técnico condiciona un lenguaje y define un estilo. Tanto El resplandor como Nacido para matar llevan su rúbrica.

Duvall experimentó dificultades para adaptarse a las duras condiciones del rodaje

El estreno. El resplandor se estrenó en mayo de 1980 de forma escalonada. La primera semana se vio en 11 salas. Se fueron sumando pantallas hasta llegar a 750. El público acompañó y la película acabó entre las 10 más taquilleras de ese año (en total lleva recaudados más de 46 millones de dólares). La crítica, en cambio, se dividió. Desde The New York Times se habló de una obra "fascinante y magníficamente diabólica" y desde Sight & Sound se elogiaron los niveles de complejidad del filme. Como suele suceder, muchas de las opiniones negativas surgieron de sensibilidades que le reclamaban lo que ellas querían ver antes que prestar atención y juzgar aquello que la película les daba. En The New Yorker, Pauline Kael se quejó de que el filme le negaba la atmósfera tenebrosa y aterradora que esperaba de un título de ese género. La crítica más dura y más severa fue la del propio King, que en 1997 terminó haciendo su propia versión en una miniserie para la televisión.

Ciment considera que El resplandor y Ojos bien cerrados (1999), la última obra de Kubrick (que murió poco después de haber terminado el montaje), forman una pareja dentro de la filmografía del director: "Un filme ofrece una visión horrible de lo que ocurre cuando un hombre está encerrado con su familia demasiado tiempo, el otro narra una pesadilla igualmente extraña sobre lo que ocurre cuando un hombre se aventura y se aleja demasiado de la estructura protectora de la familia". Cuarenta años después de su estreno, la cinta es revisada, estudiada y revalorizada. Es que el Overlook parece siempre bien dispuesto a recibir nuevos inquilinos.