Estilo de vida
Prontuarios amatorios

Número de parejas sexuales: ellos exageran, ellas ocultan

¿Cuál es el currículum vitae amoroso ideal? Según un estudio británico, los varones tienen 14 parejas sexuales en su vida y las mujeres siete; sin embargo, parece que nadie dice la verdad

29.03.2020

Lectura: 10'

2020-03-29T06:00:00
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Por Leonel García

La primera vez que Ana y Andrés tuvieron relaciones sexuales, él estaba hecho un manojo de nervios. Hoy cuarentón largo, al igual que su hoy esposa y colega, Andrés ríe al recordar ese primer encuentro del noviazgo incipiente entre dos compañeros de facultad. A él le asustaba que Ana tenía, a sus 21 años, lo que él consideraba un profuso historial amatorio: tres hombres, que ella le admitió sintiendo más culpa que complicidad. Él, que apenas era un par de meses mayor, tenía miedo de que su experiencia en la cama fuera insuficiente para complacer a una compañera que evaluaba muy exigente. Él había estado con tres mujeres. Mucho o poco, resultó ser más una cuestión de género que de aritmética.

La literatura le dejó al mundo la historia de Don Juan, personaje originalmente creado por Tirso de Molina en el siglo XVII, replicado mil veces en otros idiomas y expresiones artísticas, y a quien en la versión fílmica de 1995, producida por Francis Ford Coppola y protagonizada por Johnny Deep, se le habían atribuido 1.500 amantes. La fama, el dinero, las luces, el afán seductor y un porcentaje no mensurado de inflar los números le atribuyen (en muchos casos, se autoatribuyen) al cantante Julio Iglesias haber seducido a 3.000 mujeres; al bajista de Kiss, Gene Simmons, unas 4.000; 5.000 para el exfutbolista brasileño y hoy entrenador Renato Gaúcho; y más de 12.000 al astro de Hollywood Warren Beatty, que en algún momento libre entre sus ratos de cama se las ingenió para ser un reconocido actor, director y productor.

Más allá de que situaciones así esconden, al decir de la psicóloga y sexóloga clínica Gabriela Michoelsson, un posible trastorno de la personalidad y una ansiedad soterrada que habría que tratar, el macho sexualmente prolífico es un ser digno de admiración. Cuantas más parejas sexuales haya tenido en su vida, mejor. Por el contrario, son muchas menos las mujeres a las que se les conoce -o menos aun, se jactan- un profuso historial amoroso. Se habla de la emperatriz rusa Catalina la Grande y de la actriz Joan Crawford; pero tal vez la más conocida sea la bailarina Mata Hari, cuyo final no fue nada feliz: acusada de doble espionaje por Francia durante la Primera Guerra Mundial, fue fusilada a los 41 años en 1917. Hoy se conoce que no había pruebas concluyentes para tal condena, pero sí se supo que los hombres -incluyendo los altos oficiales de los bandos en guerra que ella supo intercalar- siempre hablan de más en la intimidad.

La promiscuidad, entendida como la multiplicidad de parejas sexuales y sin connotaciones morales, es vista aún hoy como un mérito para los hombres y una mácula para las mujeres, recuerda el médico internista y sexólogo Santiago Cedrés. Este experto, también presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica, apunta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la define cuando un individuo tiene más de dos parejas sexuales diferentes en un plazo de seis meses. Esto, agrega, no se ajusta a la realidad actual. El psicólogo y sexólogo Ruben Campero, por su lado, ironiza con la "ilusión" de cuantificar conductas de la "ciencia positivista moderna", relacionada con una suerte de necesidad de los organismos de "regular conductas" dándole una "connotación negativa" a la promiscuidad.

Número ideal. Cuando Marcela, maestra, se saca la túnica, deja ver un tatuaje de buen tamaño, una enredadera, en su brazo derecho. Tiene pelo rojo furioso, labios gruesos, sonrisa pícara y mirada penetrante. Es divorciada. Por algún motivo que ella intuye en su look, aunque no se anime a asegurarlo, la mayoría de los hombres que ella conoce pretende acelerar los tiempos más de lo que ella quiere. "La juventud se disfrutó", dice hoy, más cerca de los 50 que de los 40. Su madre le ha dicho que se tiña el pelo de negro y use siempre mangas largas; su psicóloga -ahora expsicóloga- le sugirió que lo vivido lo deje para ella y no para los demás. Ella asegura que hablar de sus ex, algo que siempre hizo muy naturalmente, ahuyentó a algún pretendiente que tenía intenciones "serias".

¿Cuántas son demasiadas parejas sexuales? ¿O las suficientes? The Journal of Sex Research publicó en julio de 2018 una extensa investigación de la Universidad de Glasgow, con 15.162 británicos de ambos géneros (con una leve prevalencia entre las mujeres) entre 16 y 74 años, arrojó que ellos promediaron 14,14 parejas sexuales en su vida contra 7,12 de ellas. En el percentil superior, los varones cantaban aproximadamente 110 y las mujeres unos 50; en el inferior, el sexo seguía siendo un misterio. Este se considera el estudio más extenso realizado hasta el día de hoy.

El psicólogo e investigador Norman R. Brown, de la Universidad de Michigan, hablaba en 2015 de una brecha aun mayor: 8,6 para las mujeres y 31,9 en el caso de los hombres. Este mismo profesional, para cuya afirmación encuestó a 2.600 personas de entre 35 y 55 años, dijo que cuando se consultó a cada persona sobre cuál sería el número ideal de parejas sexuales que debía tener cada individuo, sea hombre o mujer, se llegó a un democrático y redondo 10.

Pero estos estudios, que se replican en distintos países, tienen una contra no menor: no es raro que los participantes mientan, los hombres suelen exagerar su historial y las mujeres lo reducen, por el factor cultural antes mencionado. Ellos para parecer más experientes -sobre todo ante sus pares- y ellas para evitar ser juzgadas negativamente. El apelar al sexo pago también influye: en el estudio británico 10,8% de los varones afirmó haber acudido a prostitutas, mientras que solo un mínimo 0,1% de las mujeres requirió los servicios de un taxi boy.

Esta probabilidad la han sostenido los propios investigadores, más otros terapeutas sexuales muy reconocidos en el mundo como Michael Aron y Barbara Gold. Y además, hablar del número "ideal" de parejas sexuales limita la sexualidad al desarrollo de habilidades amatorias y elimina -o reduce a su mínima expresión- la variable afectiva. No, no hay un número ideal.

Por todo esto, Michoelsson duda de la fiabilidad de estos estudios, donde siempre el hombre aparece más liberado que las mujeres (cuando el "mercado" es más o menos el mismo). "Hace varios años me llamaron de una radio y me consultaron por un estudio de esos. Juega mucho el país, la cultura, no es lo mismo China, que un país musulmán u Occidente. Y es común que los hombres y las mujeres mientan. Eso se los enseña la cultura, cuanto más experiencia sexual tenga un hombre es más varón; la mujer se quita. ¿Y sabés una cosa? Por experiencia en la consulta vamos a la par", asegura. El cambio se ha dado, dice, en que un hombre muy jactancioso, de esos que presumen de las muescas en su fusil, es poco atractivo a los ojos de una mujer hoy en día. "Pero hay varones que aún no se han enterado".

Campero también es de la idea de que la fidelidad de estos estudios es cuestionable, aunque opina que en el marco de una investigación -"que no es lo mismo que estar ante una barra de amigos en la que jactarse"- el entrevistado no tendría por qué mentir. Este psicólogo apunta a la etimología de la palabra promiscuidad. Proviene del latín promiscuus, donde pro significa "ir hacia adelante" y miscere es sinónimo de mezclar. "De ahí viene la expresión cultural que habla de ‘mezclarse', ‘revolcarse' con alguien", señala Campero. Lo mezclado, resalta, aparece como lo opuesto a lo ordenado: la monogamia o -más aun- la castidad. "Lo mezclado, históricamente, ha justificado la necesidad de una estabilización sobre todo en las mujeres. Es que la promiscuidad de los varones, si es en clave heterosexual, está aceptada. Yo dije que es un término despectivo, pero solo es despectivo en caso de mujeres heterosexuales y hombres gais o personas trans. ¡La mujer lesbiana está en un espacio límbico, no se la imagina promiscua!". Este psicólogo destaca que "incluso hay categorías estéticas de la promiscuidad". Todo el mundo, alguna vez, ha dicho que fulana de tal "tiene pinta de puta".

Adicciones y facilidades. Miguel tiene labia, qué negarlo. Y también tiene ganas de seguir soltero. Hace un tiempo leyó, no recuerda dónde, que el promedio mundial de parejas sexuales es 13. Él, que tiene 45, calcula que alcanzó esa cifra mucho tiempo atrás, antes de casarse. Al separarse, quiso saber qué tanto cotizaba "en el mercado". Para su alegría, aún cotizaba bien en bolsa. El número fue creciendo: veinte, treinta, cincuenta, setenta... No lleva la cuenta exacta, pero sí aproximada. Dice que quiere enamorarse y sentar cabeza. Muchos de sus amigos ya no le creen. Él mismo está empezando a no creerlo.

Hay preguntas que son frecuentes en el consultorio del doctor Cedrés: ¿yo soy promiscuo?, ¿nunca voy a ser fiel a mi pareja?, ¿soy sexualmente sano o estoy enfermo? El médico señala que tanto él como sus colegas intervienen cuando tener varias parejas sexuales genera insatisfacción y cuando el individuo, queriendo cambiar, no cambia. Si uno disfruta de encuentros sexuales con personas distintas sin ataduras sentimentales, sin que esto le altere el resto de su vida, no habría problema. No dejaría de ser un tema privado. "La salud sexual es el estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad", resume.

El hecho de que la promiscuidad masculina haya sido socialmente más tolerada, también tuvo su reflejo en las adicciones. Cedrés dice que las compulsiones sexuales, la adicción al sexo (que no es el objeto central de esta nota), está presente más en hombres que en mujeres en proporción de nueve a uno. "Cuando uno no decide, cuando tiene una conducta que no es capaz de inhibir, es cuando hay riesgo de enfermedades de transmisión sexual, de embarazos no deseados o de delitos sexuales".

"Si aumentás los contactos, aumentás los riesgos" de infecciones de transmisión sexual (ITS) o embarazos no deseados, subraya Ruben Campero, quien resalta su disconformidad con el discurso "demonizante" sobre la promiscuidad. Además, estos son tiempos propicios. Aplicaciones como Tinder o Happn han permitido resolver en la práctica pasos de los rituales sociales que antes eran indispensables para conocer a alguien. "Antes ibas a un boliche, conversabas, tomabas algo. No digo que en las redes no haya rituales, pero si están en un determinado lugar, de alguna forma estás predispuesto a encontrarte", señala Campero. "Si estás en Tinder, estás para eso; si estás en un boliche, andá a saber", simplifica aun más.

En estos tiempos líquidos, al decir de Zigmunt Bauman, el acceso a varias parejas sexuales está en un teléfono celular, en el bolsillo.