Personajes
Actriz y cantante

Natalia Oreiro: "Para mí en el humor no todo es válido"

Nombre: Natalia Oreiro • Edad: 44 • Ocupación: Actriz y cantante • Señas particulares: Tiene un proyector donde mira las películas de su infancia con su hijo, se ríe del humor británico, trabaja sus personajes con una coach

21.09.2021 07:00

Lectura: 6'

2021-09-21T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

La película La noche mágica (se estrena este jueves 16) transcurre en Nochebuena. ¿Para usted esa noche es mágica? No, no tiene para mí una connotación religiosa. Lo que me gusta de las fiestas más que nada es el reencuentro familiar, el armado del arbolito. Con mi hijo siempre hicimos el arbolito y los chirimbolos nosotros. Como él hace origami, el año pasado los tres (con su marido, Ricardo Mollo) hicimos el arbolito de cartón grande y le pusimos todos los origami que mi hijo había hecho en el año. El año anterior había sido todo con maderitas pintadas por nosotros.

¿Eso viene de una tradición familiar? Yo viví dos años en España cuando era muy chica, y al regresar la situación económica en mi familia era muy precaria y no teníamos para un arbolito de Navidad. En mi familia siempre se festejaba la Navidad, mi mamá siempre armaba el pesebre, entonces para mí no tener un arbolito era como que faltaba algo. Yo vivía en ese momento en la casa de mi abuela Hilda, en el Cerro, y encontré en un galpón donde jugaba un paraguas gris, viejo, que estaba roto. Agarré una maceta, planté el paraguas, lo abrí y le empecé a cortar flequitos para generar un pinito. Pasó una vecina, cuatro años más grande que yo, y me preguntó qué estaba haciendo. Le dije que un arbolito de Navidad y ella me dijo, muy mala: “Aunque el mono se vista de seda, mono se queda”. Yo tenía ocho años. La miré, me fui casa por casa a pedir que me regalaran un chirimbolo, y armé ese arbolito en una esquina de la casa. Era el mejor arbolito del barrio. Eso tiene una connotación de fuerza de voluntad y de confianza en uno mismo, entonces a partir de que fui mamá, siempre lo hicimos con mi hijo.

¿Es un plan para los dos mirar películas juntos? Sí, nos ponemos un proyector y vemos las películas que yo veía cuando era chica. Vimos Los cazafantasmas, La historia sin fin, Beetlejuice, Volver al futuro. También vamos al cine a ver juntos cuando se estrena una peli.

En La noche mágica, como en otras películas, trabajó con una coach. ¿Por qué? Me sirve mucho porque me puede acompañar en las continuidades emocionales, en colocarme en un estado particular y tratar de no correrme de ahí. Siempre preparo los personajes con una coach y si el director me lo permite, también está en el set.

Se tiñó de rubio para interpretar a Eva Perón en la serie Santa Evita. ¿Hasta dónde llegaría para interpretar a un personaje? Si acepto un papel hago todo lo que el papel necesite. Me ayuda mucho interpretativamente verme lo más parecida al personaje. Me sirve mucho el hecho de teñirme, cortarme el pelo, bajar o subir de peso; son cosas que componen una parte importante de cómo uno se siente y se ve. Para Santa Evita estuve trabajando con una fonoaudióloga para ir no tanto hacia una voz parecida, sino a un desgaste de voz que ella tuvo a lo largo de su vida. Todas esas cosas ayudan y componen. Si acepto un rol me entrego en todo lo que pueda.

¿Se ríe de usted misma? Creo que es importante reírse de uno mismo, y yo tengo muchas cosas por las cuales reírme de mí. A veces es también un escudo: vos reíte todo lo que quieras de mí porque la que primero se rio fui yo. En general me gusta reírme con el otro y no del otro. Para mí en el humor no todo es válido. Hay cosas que por suerte la sociedad ya no permite. No estoy a favor de la cancelación, pero sí de cuestionar cierto tipo de humor que me parece que ya no va.

A causa de Got Talent está viniendo más a Uruguay. ¿Ha sido una especie de reencuentro? Desde que me fui a Buenos Aires no pasaba tanto tiempo en Uruguay. Tuve muchos años una casa en Carmelo, o sea que he pasado largas temporadas acá, pero en Montevideo tanto tiempo no. La pandemia sigue siendo algo duro por una infinidad de cosas, pero si tengo algo bueno que rescatar fue la posibilidad que me dio de instalarme tanto tiempo en mi país. 

Rara vez comparte fotos de su hijo en Instagram. ¿Se cuida de no exponerlo? Sí, porque me parece que él no lo está eligiendo, y uno tiene que elegir exponerse. El hecho de que él tenga dos papás que están expuestos por sus vocaciones no quiere decir... Pero alguna vez he compartido algo, siempre cuidando mucho el ángulo. Lo mismo me pasa con Ricardo, nosotros no somos de exponernos juntos públicamente, pero alguna que otra cosa a veces... La pandemia me ha hecho un poco más abierta.

Ya lleva 20 años con Ricardo Mollo. ¿Cuál es el secreto del éxito de su pareja? No hay secreto. Es elegirse todos los días. Es ser compañeros. Lo que pasa es que él es una persona maravillosa, entonces es muy fácil estar con él. Yo soy una persona no tan maravillosa, o sea que él la tiene un poco más complicada (risas).

¿Cuál es su idea de la felicidad? Paz interior, que a veces es difícil de encontrar en la locura que vivimos; independientemente de mi profesión. Obvio que me canso, como todo el mundo, pero a mí me gusta lo que hago, yo elijo lo que hago. Pero a veces parar la cabeza, tener esa paz, ese silencio, para mí es difícil en estas épocas y es lo que más anhelo. Obviamente la salud de mi hijo, que mi hijo sea feliz, pero creo que si tengo que pensar en mí es eso, paz interior.