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Entrevista

Natalia Oreiro: “Las ganas y la constancia han sido el motor de mi vocación”

Natalia Oreiro admite que construyó su carrera basándose en un "talento sutil", es compasiva con ella misma en el documental Nasha Natasha, asegura que está muy lejos de aspirar a un cargo político y opina que está bien que el actor tenga una tarea social

09.10.2020

Lectura: 23'

2020-10-09T07:00:00
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Por Daniela Bluth

Después de varias idas y venidas, el sábado a la tardecita es el mejor momento para la entrevista, que será por videollamada desde su casa en Buenos Aires. Natalia Oreiro da la primera señal por mensaje de WhatsApp y se conecta. Su imagen, un poco borrosa, y su voz, que se entrecorta al comienzo, se acomodan con los minutos. "Alegre y trabajadora", como se define en su perfil de Instagram -que con tres escasos meses ya tiene casi 600.000 seguidores-, se muestra la artista uruguaya más internacional. Habla largo y tendido, no escatima en palabras ni sentimientos, convencida de cada paso que dio y expectante por los que dará. En un momento, mientras intenta explicar ese amor recíproco que existe entre ella y Rusia, con un gesto tira el celular que estaba apoyado en una mamushka de 45 piezas, que cuenta a través de dibujos la obra de León Tolstoi. Oreiro aprovecha y hace un paneo de la habitación en la que está, el escritorio de su casa, donde vive la cuarentena porteña. Se ven más mamushkas -de distintos estilos y tamaños-, una balalaika -instrumento musical típico ruso- y algunas pinturas hechas por sus fans. Y eso no es todo, cuenta que tiene otra habitación especialmente dedicada a guardar todos los regalos que recibe en las giras. Salvo los peluches, que dona a instituciones infantiles, todo vuela con ella miles de kilómetros.

Buenos Aires, convulsionada por la pandemia y funcionando a media máquina, sigue empapelada con los afiches de algunas de las películas protagonizadas por ella que nunca llegaron a estrenarse en salas. Los rodajes y la gira por Europa del Este que tenía previstos para 2020 ya están reagendados para 2021. La nueva normalidad le dejó más tiempo en su casa, desde donde modera charlas, revisa guiones, conduce eventos virtuales, cocina, cuida su jardín y ayuda a su hijo Atahualpa, de 8 años, con las tareas del colegio. Sin embargo, este fue un año especialmente productivo para la actriz y cantante: se estrenó en Netflix del documental Nasha Natasha, dirigido por el también uruguayo Martín Sastre, y concretó su primer trabajo en la televisión uruguaya, como conductora del programa de Canal 10 Got Talent.

Aunque ya no tiene su campo en Carmelo, el rol en la tevé la obligó a cruzar varias veces el Río de la Plata. La próxima será a fines de octubre, cuando vuelva para hacer en vivo las semifinales y finales. Luego tiene previstos una serie para Amazon, la segunda temporada del programa de talentos y, tras una pausa de un mes, el rodaje de Santa Evita, la miniserie de Disney donde interpreta a Eva Perón. En las gateras la esperan los estrenos de tres películas: La noche mágica, ópera prima de Gastón Portal, con Diego Peretti; Las rojas, dirigida por Matías Lucchesi y coprotagonizada con Mercedes Morán; y Hoy se arregla el mundo, de Ariel Winograd, donde comparte cartel con Leonardo Sbaraglia por primera vez.

Romper la barrera del éxito no es sencillo, pero ella lo hizo sin darse cuenta. Es consciente de que no nació con un supertalento, pero sí con la voluntad de superarse a sí misma: "(...) yo tenía que ser constante y hacer un esfuerzo en aprender, en pulir, en perfeccionar, intentar, caerme, escuchar una crítica, reinventarme. Creo que uno puede nacer con un gran talento y no hacer nada con eso. Y creo que uno puede nacer con un talento más sutil y hacer mucho".

El documental de Martín Sastre se mostró en un festival en 2016 y estaba previsto para estrenarse en Uruguay ese mismo año. ¿Qué pasó en todo este tiempo?

Generalmente, los proyectos que son personales a mí me llevan cinco, seis, siete, 10 años poder realizarlos. Si es difícil poder llevar adelante un largo, una ficción con un guion, un documental termina siendo más difícil porque ese guion no existe, tiene que ver con lo que va sucediendo y con el material de archivo al que vas accediendo. Hicimos un primer corte con el que participamos en el Festival de Cine de Moscú, en 2016. En la proyección nos pasó que, si bien estaba bien, le faltaba algo de la búsqueda del porqué de esa conexión emocional con ellos, con Rusia, que es recíproca. Me parecía que eso sucedía, y lo digo en el documental porque crecimos juntos, y lo que te pasa en la infancia te marca para toda la vida. Entonces, necesitábamos hacer una vuelta a mi origen, volver a la casa de mis abuelos, volver al lugar donde yo jugaba a que era actriz, soñaba y empezaba a construir un sendero por el que después me iba a llevar la vida. Todos estos años tienen que ver con buscarle la forma a ese concepto.

Si bien obviamente me importa mucho lo que sucede arriba del escenario, y me preparo bien o lo mejor que pueda, me conmueve más lo que pasa abajo, el encuentro con el otro. Y eso en la gira se veía mucho. Cuando llegábamos a un lugar yo no me metía por la puerta de atrás, porque había mucha gente esperando y cada uno tenía una historia. Todo eso tenía que ver con quién era yo sin el traje de cosaca, por eso demoramos tanto. Lo primero que hicimos era más largo y estaba montado más que nada con la gira, pero para mí era más un musical, era medio fenomenal, le faltaba humanidad. Con Martín compartíamos la mirada de que le faltaba corazón, y el corazón tenía que ver con ponerme en el mismo lugar que cualquiera de las chiquilinas o chicos que contaban lo que les pasaba a ellos conmigo.

Más allá del valor cinematográfico, el documental también quiebra la barrera de no hablar o mostrar tu vida privada. En ese sentido debe haber significado varias conversaciones con el director e incluso con Ricardo Mollo, tu pareja.

Sí, yo participé en gran parte del proceso de edición, pero el último corte no lo quise ver y lo vio Ricardo. Yo estaba de viaje, en Rusia, y sabía que si lo veía iba a empezar a pedirle que le saque y cambie un montón de cosas. Sentía que ya habíamos llegado a un punto que, si sucedía, sucedía, y era soltar; a veces cuesta mucho soltar. Lo vio Ricardo, yo de hecho lo vi tres semanas después de que se estrenó en Netflix, ni siquiera lo puede ver al principio. No me gusta mucho verme a mí, me cuesta verme actuando; imaginate en el documental... Yo sé que hay una entrevista mía en la tele y no se me ocurre mirarla. Ricardo me dijo que le había gustado mucho, que se había emocionado mucho y que estaba muy bien. Como él es parte importante de esa intimidad a la que hacías referencia, si para él estaba bien, para mí también iba a estar bien. Y así fue.

El documental tiene esa pequeña gran historia de una niña que cumplió su sueño, como les podría pasar a muchas personas.

Cuando yo al final del documental vuelvo a la casa de mi abuela, creo que eso hace que la gente se identifique, porque todos tenemos esa casa de la infancia. Yo estaba ahí y conectaba con esa niña de ocho años, que casualmente es la edad que tiene mi hijo, y me daba cuenta de que a esa edad es cuando uno empieza a construir sus sueños. Sentarme en el mismo lugar 30 años después y reflexionar acerca de si yo traicioné a esa niña para mí fue muy fuerte. Me encontré con algunas cosas mejores y otras peores, pero vi que soy la misma, que no me traicioné y sí fui por ese deseo que tenía. También pienso que el docu tuvo una muy linda aceptación, primero porque Martín es un gran realizador, tiene una sensibilidad muy particular, pero también porque el momento en el que fue estrenado colaboró para que eso pasara. Está todo el tema de extrañar a la familia, de ir a lo importante. Uno en esta circunstancia de pandemia reflexiona sobre lo que tiene verdaderamente valor y cómo uno en la vorágine diaria se llena de cosas, de problemas. El documental habla de los afectos, está Ricardo, está extrañar a los hijos, el peso de la culpa, pero también querer realizarte como mujer. Para mí era muy hormonal todo, y creo que también es empático por eso. Obvio que no puedo despegarme de mí, porque soy yo la que está ahí, pero si tomo un poquito de distancia, y soy compasiva conmigo, cosa que no soy mucho, me da cierta cosita verme ahí con la gente y después resola. Y es así, tal cual. Lo elijo y lo sigo haciendo, pero hay algo fuerte en esa situación de adrenalina y después la nada total.

Siempre te mostraste reacia a las redes sociales, pero este año abriste una cuenta de Instagram, que hasta ahora no tenías. ¿Por qué tomaste esa decisión?

Siempre fui muy ajena a todo lo que tenía que ver con la tecnología, siempre me costó un poco entrar en ese mundo. De hecho, ahora me compré una computadora, pero todo lo manejaba desde el teléfono y todo lo que es redes siempre fue muy lejano. En medio de la cuarentena, hace tres meses, decidí abrirme un Instagram. Y tiene que ver con que yo siempre pensé que no tenía algo para contar a través de ahí. Creía, y lo sigo pensando en cierto punto, que son mis personajes o una canción los que hablaban por mí. Quizás un poco, o bastante, por prejuicios, sentía que me iba a notar un poco expuesta, a mostrar otro tipo de cosas que yo no sabía cómo manejar. Pero la realidad es que, justamente, un poco por Got y otro por Nasha, tenía una necesidad de comunicación más fluida con cierto público al que entendí que a través de las redes podía aportarle algo. Lo manejo yo, no podría delegarlo. Cuando subo algo no me importan las estadísticas, cuál es el mejor horario, trato de subir cosas cuando sé que voy a tener un rato para poder contestar lo más posible. Intento leer todos los mensajes, a veces obviamente no llego, pero los miro casi todos y trato de contestar los primeros 200, siempre que tenga una respuesta para dar.

¿Cómo te sentís con el rol de conductora en Got Talent? ¿Te hubiera gustado ser parte del jurado?

Más allá de mi rol, me encanta el programa. Cuando me llamaron lo primero que dije es que yo no soy conductora. Ya había recibido algunas propuestas en Argentina para conducir y siempre me negué. A mí no me interesa ser conductora, no quiero hacer una carrera de eso, a mí me encanta actuar. También siempre me negué a ser jurado, porque a mí no me interesa, no me sale eso, es un rol que no podría cumplir, la pasaría realmente muy mal. Y sé que algunos de los jurados también la pasan horrible, porque les cuesta mucho, uno siente la frustración del otro y lo que eso significa. En casa todos los lunes vemos Got, y Ricardo siempre me dice: "Qué diferencia hay entre la televisión argentina y la uruguaya", que es muy amable. Obviamente, hay gente que no va a pasar, pero no se apunta al conflicto, no se va al dolor, a sacarle algo negativo al participante. Yo soy la única de los cinco que conoce toda la historia de los participantes, hablo bastante con ellos cuando entran, y cuando salen los recibo e intento acompañar ese sentimiento. Acepté porque me sentí muy identificada con ellos. Además, lo lindo que tiene el programa es que le da posibilidades a la gente de todo Uruguay, que no solo se centraliza en los que pueden llegar a Montevideo, eso es un hallazgo total. Sentir que le podés dar la oportunidad a alguien es muy lindo, porque todos quisimos que nos dieran una oportunidad en algún momento.

Una de las aristas del programa que más repercusión tuvo fue tu vestuario, del diseñador Tavo García. ¿Conocías su trabajo antes de Got Talent?

No, no lo conocía. Yo siempre armé mi vestuario, siempre me involucré mucho desde los personajes. En cada película que hago, 60% o 70% del vestuario lo termino completando yo porque es algo que me gusta. Pero acá, que venía con muchos proyectos que al final no se estrenaron, sabía que no iba a poder preparar la enorme cantidad de cambios que sucedían en un mes. Por día eran tres cambios porque además del programa grabábamos las promos. Entonces propuse trabajar con una productora de moda que conocía y me gustaba mucho, Rosario San Juan, para que ella se abocara exclusivamente a mi vestuario. Al canal le pareció bien, entonces la llamé, le conté el proyecto y le planteé que me gustaría vestirme con diseñadores locales. Y no solo el vestuario, sino también accesorios. Ella me presentó a varios diseñadores y entre ellos estaba Tavo, que es de Tacuarembó. Me pareció supertalentoso, que tenía mucha vanguardia, que se animaba no solo a hacer vestidos diferentes, sino a aplicar texturas distintas. Nos conocimos y me fasciné. También uso diseños de las colecciones de otros uruguayos, pero Tavo me hace trajes a medida 100% y charlando. Me da mucha alegría no solo usar diseño uruguayo, sino que al Uruguay le guste eso.

En los últimos años, a partir de varias denuncias de acoso y abuso en el ambiente de Hollywood, surgió en Estados Unidos el movimiento Me Too. ¿Cómo lo ves?

Me parece que es importante que suceda, que se hable de eso, y no solo hablar de quienes lo sufrieron, sino también hablar para que quienes no lo sufrieron estén atentos y no lo permitan. El acoso puede ser verbal, físico, intelectual, y me parece que lamentablemente las mujeres durante muchos años naturalizaron ciertos patrones, y por miedo o por vergüenza, y por vergüenza y por miedo, decidieron callar. Y muchas veces se les cuestiona el hecho de no hablar en el momento, como si fuera fácil atravesar todo eso. El hecho de encontrar más compañeras que hablen del tema te da fuerza para sacarlo. Para tomar la decisión de hablar puede pasar un mes, un año, o toda la vida, y eso lo superentiendo. Siento que se sigue discriminando a la mujer en ese sentido, y excede el ámbito del cine o la televisión, pasa a todo nivel. Pero me parece que cuando sucede algo así en el mundo del espectáculo lo que logra es que pase a los medios de comunicación, y eso lo hace masivo, llega a más lugares, marca la agenda, entonces se le presta más atención.

¿Te pasó alguna vez de no aceptar o abandonar un proyecto por no sentirte cómoda?

No, no me pasó, pero lamentablemente sucede mucho más de lo que la gente cree. Sí me sucedió cuando empecé a trabajar acá en Argentina que sentía cierto prejuicio con relación a mí y me hacían notar algunas cosas. Claramente, estaba mal que lo hicieran, incluso si lo hacían para sacar lo mejor de mí. Yo tenía una personalidad fuerte, estaba muy convencida de lo que estaba haciendo y, si bien me molestaba, no llegaba a dolerme. Pero de repente le toca a otra persona que se siente vulnerada y abandona un sueño o la pasa mal. Hay que tener mucho cuidado con las palabras y las formas, siempre.

Hace unos meses surgieron cuestionamientos a aquella publicidad de O.B. que te lanzó a la fama y que marcó a la generación de adolescentes en los 90. ¿Cómo lo ves hoy? ¿Lo volverías a hacer?

Me parece muy bueno que todo el tiempo se estén hablando de estas cosas y que todo el tiempo estemos revisando nuestras propias acciones porque justamente revisando nuestro pasado es que nuestro presente y nuestro futuro va a ser distinto. Si no, vamos a repetir algo de lo que nos quejamos todo el tiempo. Está bien traer hoy algo que pasó para entender que en el contexto actual eso no estaría bien visto.

Creo que si agarrás cualquier publicidad de esa fecha y la traés al hoy quedaría totalmente fuera de lugar. Y está bien que eso suceda y que nos sorprenda. Cuando hice esa publicidad tenía 12 años y me pasaron dos cosas. Por un lado, me llamó un representante de Argentina porque esa publicidad también la dieron acá; o sea, profesionalmente me benefició. Pero personalmente te digo que cuando la hice estaba en primer año de liceo, en el 26, y durante una semana no fui a clase porque me daba mucha vergüenza que me miraran la cola y hablaran de mi cola. Yo pude dar vuelta la página y quedarme en ese momento con lo positivo de esa exposición. Además, siempre fui muy contestataria, nunca me quedé callada, y creo que eso me ayudó. También siempre agradecí la libertad que me dieron mis padres para dedicarme a mi vocación. Cada vez que quise ir a un casting ellos me acompañaron, cuando quise estudiar teatro me apoyaron y cuando a los 16 años me quise venir a vivir a Argentina ellos, con todo el dolor del mundo, me dejaron, confiaron en mí. Dicho esto, si mi hijo me dice que quiere ser actor, yo le voy a decir: "Muy bien, te acompaño a estudiar, pero hasta los 18 años no quiero que vos te expongas". Porque lo más lindo que tiene la niñez es ser niño y ser anónimo. Cuando uno crece con la mirada del otro es muy duro, porque la mirada del otro es crítica y, aunque sea un halago, a uno lo modifica. Mi infancia no es la de hoy; hoy hay redes sociales, te hacen bullying, grooming... Es muy complicado. Hoy, yo elegiría otra infancia para mi hijo.

En paralelo a tu carrera como actriz y cantante te fuiste comprometiendo con causas que excedían lo artístico, como la lactancia materna o el cuidado del ambiente. ¿Qué cosas te movilizan?

Siempre fue así, recuerdo ser muy chica y participar en actividades sociales desde la escuela o los clubes a los que iba. En el barrio en el que yo nací había mucha necesidad, y si bien yo nunca tuve una necesidad real, nunca me faltó un plato de comida o un par de championes, mis padres se cayeron un montón de veces, había muchos chiquilines muy complicados que siguen complicados..., y la verdad es que no me da igual. Siempre que me llaman colaboro, para mí es una necesidad y además es un derecho. Cuando tenés la posibilidad de comunicar algo y alguien te pone un micrófono, sería injusto contar solamente que voy a estrenar una película. Si sé que puedo ayudar a que otra persona se sensibilice y colabore con una causa, ¿por qué no lo voy a hacer? Principalmente si creo en ella. Y con cada causa que apoyo voy aprendiendo también. La enseñanza te despierta y, cuando despertás ante una realidad, después no te podés hacer el bobo. No puedo cerrar los ojos, subir mi vidrio polarizado y seguir adelante.

En varias entrevistas recientes dijiste que te seguís sintiendo uruguaya, pero que tu lugar para vivir es Argentina, un país que "no es pobre, es injusto". ¿Alguna vez pensaste hacer política como una forma de corregir esas injusticias que ves en la sociedad?

No, la verdad que no. Es muy difícil la política, de cualquier manera, uno vive de manera política. Cualquier situación, decisión o acción que uno tome es política, incluso ignorando que uno está haciendo política, todo el tiempo con nuestras acciones hacemos política. Somos política, pero participar activamente con un rol no solo no me veo, sino que no creo que sea un lugar desde el que pueda construir. Siento que desde mi lugar acompaño de otra forma a las personas. Desde la actuación me ha pasado, incluso con las comedias, que muchas personas que están solas me dicen que les alegré el rato. No quiero mandarme la parte, pero hay una tarea social del actor que está bien que suceda. Y después, como individuo, cada uno tiene la libertad de pensar lo que quiera. Soy una persona que ante todo siempre pone el respeto hacia la diferencia. No pretendo que la gente piense como yo ni cambiar su punto de vista, creo que también la democracia se trata de eso. Nunca me llamaron de ningún partido, me sorprendió cuando se dijo eso (Daniel Martínez pensó en ella como posible compañera de fórmula para las elecciones nacionales pasadas), ni creo que lo hagan; se nota que estoy muy lejos de aspirar a un cargo político... o quizás no se nota (risas).

A excepción de los futbolistas, como ahora pueden ser Luis Suárez o Edinson Cavani, sos seguramente la uruguaya más internacional. ¿Qué barreras tuviste que vencer para llegar al lugar que ocupas hoy?

Nunca me detengo a pensar el lugar que ocupo, voy haciéndolo. Cuando alguien me recuerda que hace más de 20 años que estoy en Argentina, ni me doy cuenta de que pasó tanto tiempo, me acuerdo de cada cosa que pasó. En cuanto a las barreras, me río cuando me hacen un comentario sobre si siendo mujer, siendo de un barrio, cómo pude llegar tan lejos... Cómo no voy a ser consciente de que el lugar donde nacés lamentablemente te marca; no es lo mismo un niño o una niña que puede acceder a ir a la escuela que otro que tiene que salir a trabajar. Soy consciente de eso, es mentira que todos tenemos las mismas oportunidades, sobre todo donde nosotros vivimos te marca mucho el lugar donde naciste. Pero, una vez que yo hice ese recorrido y que lo conseguí, que me digan que por ser mujer y por nacer en un barrio popular sorprende, daleee, ¿si fuera hombre no te sorprendería? Soy consciente de que no todos tenemos las mismas oportunidades, pero me río cuando alguien se sorprende de que yo haya conseguido algo que en apariencia se guarda para otras personas. Eso es un poco clasista.

Quizá eso se explica porque cada uno en su mochila carga con distintas cosas, desde talentos hasta prejuicios o formas de ser. En el documental tu padre dice algo así como que tu fuerte siempre fue la energía y la voluntad que le ponías a las cosas que hacías.

Es genial, para mí papá era una chica más. Y lo era, mi papá dijo la verdad. Yo no tenía un talento por sobre ninguna compañera. Iba al coro de la escuela y cantaba, pero no era la voz solista, era parte del relleno. Pero claro, nunca me detuve. Es un mix, por eso soy muy consciente de lo que te puede marcar la opinión del otro, un maltrato, un comentario negativo. Si lo he recibido, he podido atravesarlo, pero eso tiene que ver con mi personalidad.

Una vez, cuando recibí un premio que me sorprendió, subí al escenario y dije que creía que era un premio a la constancia. Soy una persona constante, en todo sentido, con mis deseos, con mis sueños y constante también con mis propios límites. Soy consciente de que quizás nací con algo, pero si me quedaba solo con eso no iba a llegar a mucho porque tampoco era algo muy grande (risas). Entonces yo tenía que ser constante y hacer un esfuerzo en aprender, en pulir, en perfeccionar, intentar, caerme, escuchar una crítica, reinventarme. Creo que uno puede nacer con un gran talento y no hacer nada con eso. Y creo que uno puede nacer con un talento más sutil y hacer mucho con eso. Creo que las ganas y la constancia, al menos en mi caso, han sido el motor de mi vocación.

Nunca nada me parecía poco, ningún papel o personaje. En esta profesión, llega un momento en que empezás a construir más con los no que con los sí, pero hasta que no llega ese momento todo es nutrición, todo es experiencia. Y yo soy como una esponja que va aprendiendo.

Actriz, cantante y ahora un poco maestra

¿Cómo estás viviendo la cuarentena?

Reconociendo los privilegios que tenemos como familia. Tenemos la posibilidad de quedarnos en casa sin la necesidad de salir a trabajar y al mismo tiempo sabemos que vamos a tener trabajo. Ata tiene 8 años y está emocionalmente bien, que es lo más importante, porque para mí todo lo demás es secundario, el resto se irá acomodando. Él es un niño feliz, que expresa sus sentimientos de forma clara.

Se habla de que esta situación afecta a todos por igual, pero no es así. Es cierto que cualquiera se puede contagiar, pero no es cierto que todos somos igual de vulnerables. En Argentina hay 63% de niños pobres y miles de personas que no tienen acceso al agua; entonces no es cierto que se pueden cuidar de la misma manera que nosotros, que tenemos más que lo necesario como para estar bien. También estamos preocupados por los compañeros y compañeras, porque en nuestro rubro, tanto la actuación como la música, los shows y los teatros claramente van a ser de las últimas cosas que vuelvan a abrir. Yo tenía tres películas argentinas por estrenar este año, también otros proyectos que comenzaba a rodar, dos series, una nueva película, una gira, pero de alguna manera también estoy reconfortándome porque hay varias pelis mías que las están dando por distintos canales. Gilda la pasaron mucho y Re loca se estrenó hace dos días en los cines de Rusia, que abrieron ahora. Nosotros no estamos considerados como trabajo esencial, sin embargo, acompañamos a mucha gente en su aislamiento.

¿Cuánto cambió la dinámica familiar en estos meses de parate laboral tan fuerte?

En la escuela de Ata no estudian online, no es como otras escuelas que hacen toda la currícula por Zoom. Para la escuela tenemos un grupo de WhatsApp donde los maestros mandan las consignas diarias y los padres somos los que acompañamos el desarrollo del aprendizaje y de la tarea. Eso en mi caso tiene cosas muy lindas, porque él justo está en 3er año y acompañarlo en la lectoescritura y en la caligrafía me da mucho placer. Es algo que a mí siempre me gustó, me gustaban mucho los libros y siempre le puse mucha atención a la forma de escribir. Y uno aprende todos los días, porque claramente no estás capacitado como los maestros, ni tenés la paciencia que tienen los maestros (risas). ¡Grandes, maestros!

 

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