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NFT: qué son, para qué sirven y dónde se compran

En 2021 los NFT —certificados de autenticidad de obras digitales— alcanzaron cifras millonarias de ventas y crearon revuelo en el mercado del arte. ¿Estrategia de marketing o herramienta disruptiva?

02.01.2022

Lectura: 14'

2022-01-02T11:05:00
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Por Alejandra Pintos

A mediados de 2021 Mark Zuckerberg anunció que de ese momento en adelante su compañía pasaría a llamarse Meta, en lugar de Facebook. Lo que empezó como una red social entre estudiantes terminó siendo una de las compañías más importantes del mundo, con unos problemas grandísimos de credibilidad e imagen. Con ese estratégico rebranding vino otro anuncio: la inversión de 10.000 millones de dólares en el desarrollo de su propio metaverso.

En el video de presentación Zuckerberg es transportado a un entorno virtual y le dice al espectador: “Imagínate que te pones unas gafas y estás en una versión digital de tu hogar. Hay partes de tu casa recreadas virtualmente tal cual son, y otras cosas que solo existen en el mundo digital”.

Para muchos la premisa puede sonar lejana o hasta absurda, ¿quién puede pensar en abstraerse tanto de la realidad cuando hay problemas mucho más urgentes o tangibles? Sin embargo, para quienes trabajan en tecnología, juegan en Minecraft o son miembros activos de foros como Reddit y Discord, esto no es ninguna novedad. Estos universos digitales ya existen —uno de los más conocidos es Descentraland— y tienen que ver con lo que se conoce como la Web 3 (ver recuadro). Sin embargo, el aval de Zuckerberg termina de consolidarlos.

A medida que fue aumentando la cantidad de horas que pasamos en Internet, la identidad virtual ha ido cobrando cada vez más importancia. Por eso, parece una progresión natural que se puedan comprar muebles o ropa para usar solo en el mundo virtual. Incluso se pueden comprar obras de arte intangibles a través de los llamados NFT, que se venden por millones de dólares.

The Quiet Night, de Aliendope, es una de las obras seleccionadas por la galería de NFT Aura.

The Quiet Night, de Aliendope, es una de las obras seleccionadas por la galería de NFT Aura.

¿Qué son los tokens no-fungibles?. “NFT, el millonario negocio del criptoarte”; “El arte digital que puede acabar con el sistema financiero”; y “Artista ganó más de 90 millones de dólares en 48 horas con su obra NFT”. Cuando se habla de NFT los titulares suelen ser grandilocuentes: se habla de una fortuna inimaginable, de una revolución, de la panacea o la perdición para el mundo del arte, depende de quién escriba. Están los fanáticos, los detractores y los que aún no saben qué significan o cómo funcionan, pero lo que está claro es que esto es solo el comienzo. 

De acuerdo con un reporte de Google, las frases “cómo comprar bitcoin” y “qué son los NFT” estuvieron entre las más buscadas del mundo y el interés va en continuo aumento. En definitiva, ambos tienen que ver con lo mismo: la blockchain y sus diferentes aplicaciones, desde las criptomonedas (como bitcoin) hasta los tokens no-fungibles (NFT). 

El primer concepto es, tal vez, el más fácil de entender. Se trata de un activo digital que no existe de forma física, que no tiene un respaldo como el patrón oro y por lo tanto sufre grandes oscilaciones en su valor en función de la demanda. Todo esto es archivado en la blockchain, una base de datos descentralizada o registro contable compartido. Cada usuario tiene su billetera, que oficia como una cuenta de banco, con la que puede hacer transacciones de criptomonedas.

Al igual que los dólares, los bitcoins, litecoins o ethereum son todos iguales entre sí: mis cinco dólares son iguales a los cinco dólares de otro y esa es la esencia del dinero. Sin embargo, el token no fungible se caracteriza por ser único. Así como en el mundo existe una sola Mona Lisa pintada por Leonardo Da Vinci o un solo contrato de propiedad de un apartamento, no hay dos NFT iguales. Esta herramienta funciona principalmente dentro de la red Ethereum y lo que hace es documentar quién es el dueño de determinada pieza de arte digital (entre otras aplicaciones). 

Mike Winkelmann, conocido como Beeple, hizo historia con la primera obra de criptoarte subastada por Christie’s, que en 225 años nunca había vendido obras digitales. La pieza, llamada Everydays: the first 5000 days, fue adquirida por casi 70 millones de dólares. “Nunca pensé que podría vender mi trabajo de esta manera. ¿Es una burbuja? Hay una buena chance de que lo sea”, dijo Beeple en una entrevista con el sitio Business Insider.

Así como en 1849 la fiebre del oro llevó a unas 300.000 personas a mudarse a California en busca de ese metal precioso con la esperanza de dejar atrás la miseria, hoy hay cientos de miles que buscan ser criptomillonarios y, después de conocer la historia de Beeple, muchos creen que una de las formas de llegar a hacerlo es vendiendo NFT.

Mike Winkelmann vendio´ Everydays: the First 5000 days, un collage de 5.000 obras, por casi 70 millones de do´lares.el disen~ador y artista, adema´s del certificado de autenticidad en blockchain, ahora ofrece un certificado fi´sico y un soporte de ha

Mike Winkelmann vendio´ Everydays: the First 5000 days, un collage de 5.000 obras, por casi 70 millones de do´lares.el disen~ador y artista, adema´s del certificado de autenticidad en blockchain, ahora ofrece un certificado fi´sico y un soporte de ha


La fiebre de los NFT. “Soy más nerd que artista”, dice el artista y diseñador gráfico Guido Iafigliola, conocido en Internet por su seudónimo, Glitchdo. Desde hace más de 20 años se dedica a crear arte digital y, por eso, cuando se enteró de la existencia de los NFT (“simplemente cuatro líneas de código en la blockchain que certifican que algo es de alguien”, como lo explica él), parecía más que obvio que tenía que aprovechar esa herramienta para vender sus obras. “Empecé a investigar y me dediqué a ver cómo funcionaban los NFT, el porqué de las cosas y ahí me perdí en la madriguera del conejo”, cuenta a Galería. En lugar de dedicarse a vender sus piezas terminó creando un canal de YouTube colaborativo enfocado en el “intercambio de conocimiento” sobre temas del entorno digital, Mütüo.

“Me alegró mucho porque creo que es un antes y un después en cómo se va a valorar el arte digital. Pero soy una persona que también cuida mucho sus obras y no quise subirlas y nada más. Me lo tomé con bastante reserva, primero tratando de entender la tecnología, esperando un poco que pase la súper burbuja”, asegura. Recién ahora, sobre el final del año, lanzó a la venta su primer NFT, una pieza de arte generativo (que muta gracias a un sistema autónomo). El precio de base es de 0.1 ETH, lo que equivale a unos 400 dólares. “Eso de que ‘subo todo, vendo todo y me hago rico’ es un mito. Si subís las cosas y no tenés una campaña para promocionar, no tenés gente que te dé para adelante, contactos que te muevan las obras, no va a pasar nada. Hay millones de personas subiendo cosas”, asegura.

Martín Alcalá —emprendedor en tecnología, fundador de Tryolabs y músico— coincide con esta visión y recalca que los NFT son una herramienta, y que para tener éxito se necesita más que crear una obra. “Algo muy importante, y que tal vez al principio no es tan claro de ver, es el componente de la comunidad: vos cuando comprás un NFT te hacés parte de la comunidad de personas que tienen esos NFT, y eso de alguna manera se parece bastante a lo que es un club de fans. Entonces, mucho va en el marketing que le puedas hacer y eso va de la mano del fanbase o de la audiencia, ya sea un artista, un deportista o un periodista”. Alcalá les ve gran potencial en la industria de la música, que dejó de vender discos físicos para pasar a recibir magros ingresos a través de las reproducciones de streaming y, por eso, lanzó un NFT musical con su banda, Damoosic.

Physis es una obra de arte generativo de Guido Iafigliola, la primera a la venta como NFT

Physis es una obra de arte generativo de Guido Iafigliola, la primera a la venta como NFT

Una galería de criptoarte. Juan Pablo Scheinsohn y Sandro Guevara son los creadores de Aura, una galería de arte especializada en NFT que realiza una curaduría de artistas de todas partes del mundo. Ante la pregunta de si es verdad que uno se hace millonario vendiendo criptoarte responden casi entre risas: “Es un mito, pero también puede pasar, aunque hay muchas variables”. “Todo lo nuevo genera miedo, y más cuando no lo entendés. Es muy simple, desde el inicio del arte las vanguardias generaron miedo, fueron incomprendidas. El NFT es un medio nuevo para el artista, le da una herramienta para comercializar. No es más que eso. No es una amenaza para nadie ni es el fin del arte físico”, agregan.

El hecho de que exista una galería de arte como Aura que haga el trabajo de recibir aplicaciones, buscar artistas y exhibir una curaduría de obras habla de que, contrario a lo que muchos piensan, el criptoarte no llegó necesariamente para eliminar a los intermediarios ni para transformar los roles existentes en el negocio del arte. Incluso, Aura organiza muestras IRL (en la vida real), como le dicen ellos, en las que exhiben piezas seleccionadas en diferentes soportes como tabletas o pantallas. El pasado lunes 27  inauguraron la primera en Uruguay, en la Galería de Las Misiones de José Ignacio, que culmina hoy, jueves 30.

¿Un cambio de paradigma o una movida de marketing? Laura Bardier, directora de la feria de arte contemporáneo Este Arte, que se realiza cada verano en Punta del Este, se mantiene escéptica. “Mi teoría es que el mundo de las finanzas —lo que tiene que ver con el crypocurrency y tecnología blockchain— quería masificar esta tecnología y por eso buscó asociarse con otros sistemas para promocionarlo, para demostrar que se puede aplicar a otras cosas. Para mí la pregunta que se hicieron es: “¿Cuál es la cosa que está absolutamente más lejos de las finanzas electrónicas? Y lo que se les ocurrió fue el arte. Un poco también por la unicidad, por el hecho de que las obras de arte son apreciadas normalmente porque son únicas”, explicó a Galería. Y agregó: “Es simplemente una estrategia de marketing, usaron el arte como podrían haber usado los muebles o la comida. Buscan el shock, pero no parten de una necesidad real. Es una acción mediática y es especulación para elevar la cotización y el mercado”.

Lo cierto es que el arte digital, como tal, existe desde principios de la década de 1980 y ha ido cobrando diferentes formas, desde un brazo robótico programado para dibujar en una hoja de papel hasta una obra hecha en Photoshop o una pieza de realidad aumentada. Los NFT se presentan a sí mismos como la solución al problema de la falta de escasez en el arte digital: lo creado en computadora puede ser reproducido infinitamente, lo que hace que pierda valor —según algunos. 

The Bored Ape Yacht Club es una cotizada colección de 10.000 NFT con distintas variaciones de un mismo simio, criticada por los detractores de los NFT como un absurdo.

The Bored Ape Yacht Club es una cotizada colección de 10.000 NFT con distintas variaciones de un mismo simio, criticada por los detractores de los NFT como un absurdo.

Bardier no comparte esta visión y asegura que los artistas digitales, en su experiencia, no han tenido problema para vender su obra. Sostiene que para el artista no cambia nada. “Se habla de la democratización del arte, de que todos los artistas ahora pueden vender. Antes también podían, no es que no lo hacían porque no tenían los NFT. No vendían porque no tenían las estructuras adecuadas. Una de las cosas que yo promuevo con la feria es la formalización de ciertos roles, la profesionalización del arte. Creo que, a largo plazo, la mejor manera para que el arte y los artistas se desarrollen profesionalmente y puedan vivir de lo que hacen, es teniendo representantes, teniendo galerías. No todos los artistas van a poder tener representantes, no todos los artistas son buenos. Creo que el rol del artista es producir obra, es pensar qué temas le interesan, cuáles son los temas de hoy, cómo se ve el futuro, cómo podemos mejorar la sociedad; investigar y experimentar en cuanto a formas y colores. El arte tiene que ver con el mundo de las ideas y es en eso que el artista tiene que estar focalizado, no en tratar de vender algo. Por eso existe el rol del galerista. Un buen galerista tiene que agarrar la obra del artista, entenderla, ser partícipe de esa producción y guiarlo. Encontrar un balance entre las cosas interesantes que está haciendo y buscar a qué coleccionista o museo le puede resultar atractivo”, explica.

Puede que se trate de una movida de marketing y ciertamente existe una burbuja en este momento que resulta en precios inflados —promovidos también por quienes se hicieron ricos en criptomonedas y quieren estimular el crecimiento de la industria—, pero también hay quienes creen que esta nueva tecnología tiene potencial para cambiar el mundo. “La blockchain, criptomonedas y NFT vienen a interpelar a qué cosas les damos valor. Y esa es la revolución que estamos viviendo. ¿Por qué un dólar tiene valor? ¿Por qué un cuadro tiene valor? ¿Qué es el valor?”, dice Glitchdo.

Otro de los que creen en este futuro descentralizado es Pedro Copelmayer, de 20 años. Él se sumergió en el mundo blockchain hace cinco años, perdió “mucha plata”, ganó otro tanto y hoy es un convencido de que los NFT tienen el potencial de cambiar el mundo para bien. De hecho, esa es una de sus misiones con BroLi, una librería que por cada libro que vende dona otro. 

“Creo que molesta un poco que a un montón de guachos como nosotros les esté yendo bien con algo que a la sociedad en general no le cierra. Un NFT, en su aplicación para el arte, no es más que comprar una obra de arte autenticada”, explica, y agrega: “Esa su aplicación más conocida, pero un NFT puede ser un cuadro, como en el arte, un contrato de propiedad, una transacción o un registro médico”. 

En países donde los registros físicos no son confiables o son vulnerables a incendios, robos y alteraciones, la descentralización de esa documentación puede ser transformadora. “Está buenísimo todo el tema de la especulación, pibes haciendo millones de dólares con NFT, pero también hay productos que resuelven necesidades reales y son recontranecesarios en estos países”. Un ejemplo es el UBI (Ingreso Básico Universal), el token con visión social creado por el argentino Santiago Siri y que pretende repartir la riqueza entre toda la humanidad.

“Tenemos que crear productos cripto desde el sur, para el sur y que resuelvan las necesidades del sur”, concluye Copelmayer.

Web 3 y la evolución de la Internet

En los inicios de la Internet los usuarios navegábamos la red yendo de una página a la otra sin poder interactuar con el contenido, era algo unilateral. A eso se le llama web 1.0. Luego llegaron los me gusta y comentarios, pudimos crear nuestros perfiles, subir fotos y videos, conversar en foros y escribir lo primero que pasaba por nuestra mente. Eso dio comienzo a la web 2.0 , que hoy se encuentra en su estadio más avanzado. Ahora, es el turno de la web 3.0. El término, acuñado por Gavin Wood, cofundador de Ethereum, alude a una nueva versión de Internet, que se basa en la descentralización de las bases de datos y los proyectos colaborativos.

“Yo creo que todo esto viene a a ayudarnos a construir cosas de manera global y también trae nuevas herramientas de consenso y de votación, de poder dirigir las cosas de manera descentralizada. El año que viene para mí vamos a estar hablando de las DAO (decentralized autonomous organizations), una herramienta superpoderosa para poder hacer cosas globales y tener mecanismos de consenso justos y basados en algoritmos”, explica Glitchdo.