Cultura
Se editó Gente normal

Motivos para leer a la escritora irlandesa Sally Rooney

Gente normal, su segunda novela, es una prueba más del talento de esta joven autora para narrar con precisión quirúrgica y sin adornos una historia de amor parecida a muchas, igual a ninguna

01.08.2020 07:00

Lectura: 12'

2020-08-01T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

Sally Rooney está cansada de responder siempre la misma pregunta: ¿tus novelas son autobiográficas? Por lo general no responde "sí" o "no". Se limita a argumentar de manera elegante por qué el origen de la historia (su propia vida o una precisa observación de su entorno) es totalmente irrelevante.

"La primera gran novelista millennial", "la voz de una generación", "Salinger para la generación de Snapchat", todas esas etiquetas fabricadas para promover a autores-nuevos-con-el-potencial-de-convertirse-en-fenómeno-editorial, no siempre tienen sustento. Contadas veces el slogan promocional se encuentra con la realidad. Tratándose de Rooney, se puede decir que son definiciones justas.

Conversaciones entre amigos, su primera novela, ganadora del Sunday Times Fiction Prize en 2017, fue recibida efusivamente tanto por el público como por las celebridades: la escritora británica Zadie Smith (que no podía creer que fuera una novela debut) y las actrices estadounidenses Sarah Jessica Parker (que dijo haberla leído en un día) y Lena Dunham ("es mi escritora favorita de ficción contemporánea") son solo algunas de ellas.
Gente normal, su segunda y más reciente novela, siguió un camino similar: fue nominada al 2018 Man Booker Prize y resultó ser el libro más elogiado por la crítica de ese año en el Reino Unido. Rooney es uno de esos casos poco frecuentes en que la crítica y los lectores llegan a un consenso.

Echando mano a sus escasas experiencias de vida, la autora irlandesa de 29 años construye tramas poco pretenciosas con personajes sólidos e inteligentes, llenos de opiniones, de la soberbia de la juventud y de la incertidumbre de tener toda una vida por definir. Ambas historias avanzan en torno a un vínculo amoroso hiperrealista, no siempre complaciente, pero honesto. "No creo en la idea del individuo", le dijo la autora a The New York Times: "Me encuentro consistentemente atraída a escribir sobre la intimidad, y la forma en que nos construimos los unos a los otros". Ella misma ha llegado a definir sus libros como "novelas del siglo XIX vestidas con ropa contemporánea", escritas desde una perspectiva inspirada en el humor y el tono mordaz de los tuits, aunque no se trata estrictamente de literatura juvenil. "Puede que Gente normal no trate sobre lo que significa ser joven ahora mismo, sino de algo mejor que eso: muestra qué supone ser joven y estar enamorado en cualquier momento. Un clásico del futuro", escribe la crítica de The Guardian.

Dicen que hay que escribir de lo que se sabe, y eso hace Rooney, que en Gente normal vuelve a situar el relato en el Trinity College, la misma universidad en la que transcurre Conversaciones entre amigos, la misma en que ella se graduó. Marianne y Connell son los protagonistas. Se conocen en la secundaria y empiezan una relación destinada a la intermitencia y basada en dos pilares fundamentales: el poder que Marianne sabe que Connell tiene sobre ella ("Ella estaba conectada a la presencia del cuerpo de él de un modo microscópico, como si el movimiento rutinario de su respiración tuviese poder suficiente para hacerla enfermar"), y el que ella no sabe que tiene sobre él.

Leer a Sally Rooney se volvió una señal de estatus en algunos ámbitos; está bien visto. Es intelectual y cool a la vez, es signo de sensibilidad sin sensiblería. Tal vez no sean los motivos más inteligentes para elegir un libro, pero también están los otros motivos: solo la agudeza y frescura de algunos diálogos de Gente normal son razón suficiente para verse impulsado a pasar las páginas. Más de un millón de personas compró (y tal vez leyó) la novela hasta ahora.

Traducida al español, Gente normal acaba de llegar a Uruguay, al mismo tiempo que en países anglosajones se estrena la miniserie Normal People, basada en la novela. 

Sally Rooney, parte 1. En febrero de 1991 en Castlebar, una localidad del condado de Mayo, en Irlanda, Marie Farrell, profesora de Matemáticas y directora del Linenhall Community Arts Center, dio a luz a Sally Rooney. La niña, hermana del medio, creció en un hogar con ideología socialista. Más adelante demostró ser haragana en todas las actividades que no le interesaban, y una gran argumentadora a favor de aquello que le apasionaba, cualidad que oficializó al sumarse al equipo de debate del colegio. Le "costaba ser encantadora", según contó al Independent de Irlanda.

A los 15 años empezó a asistir a un taller de escritura y a los 18 publicó su primer cuento en un diario local. Aunque siempre confió en que podía "escribir buena prosa", no contempló la posibilidad de que un día perdería su anonimato como consecuencia de ese don. Todavía intenta hacer las paces con eso.

Tiempo después se graduó de la carrera de Inglés en Trinity College, en Dublín, y después siguió con un máster en Literatura Americana. Le costó decidir qué maestría cursar, sentía que una opción como Política era destinar su cerebro a algo "más útil", pero le ganó la vocación. Tal vez por eso sus personajes, o algunos de ellos, tienen firmes convicciones políticas: "Siento que de verdad puedes salirte con la tuya y poner muchas de tus opiniones en una novela", confesó a The New Yorker.

Mientras cursaba el máster, con 24 años, empezó a escribir un borrador de lo que sería Conversaciones entre amigos. Lo reservó un tiempo, dudando de su calidad, y cuando una agente literaria la contactó después de haber leído un ensayo que Rooney había publicado en The Dublin Review, rescató el manuscrito y se lo hizo llegar. Siete editoriales mostraron interés en publicarlo.

Conversaciones entre amigos. El debut de Rooney, el que escribió día tras día durante tres meses, de un tirón, es una trama de seducción posmoderna. Frances y Bobbi, dos universitarias y amigas que supieron ser pareja, leen sus poemas en un encuentro literario y al terminar conocen a Melissa, una escritora de más edad y con clase. Decidida a escribir un artículo sobre ellas, las invita a sumarse a su círculo de amistades. Así es que conocen a Nick, su apuesto marido. La atracción que Frances siente por Nick resulta ser mutua, y empiezan una relación de la que Melissa, al parecer, está al tanto y aprueba.

"El descubrimiento de que estaba enamorada de él, no solo encaprichada sino profunda y personalmente unida a este hombre de un modo que tendría consecuencias duraderas para mi felicidad, había despertado en mí una nueva clase de celos hacia Melissa. (...) ¿Le gustaba más que yo? Si estuviéramos las dos a punto de morir en un edificio en llamas y solo pudiera salvar a una, ¿acaso no salvaría a Melissa sin dudarlo un segundo? Me parecía poco menos que cruel tener tanto sexo con una persona a la que más tarde dejarás morir abrasada".

Las heroínas simpáticas no son el fuerte de Rooney, pero en esta novela escrita en primera persona, desde el punto de vista de Frances, la empatía y la identificación del lector, en cambio, se desarrollan desde las primeras páginas.

Entre los personajes de esta novela -como también lo hacen los de Gente normal- subyacen las diferentes raíces sociales y económicas, aunque la vida los haya llevado a terminar en el mismo círculo y a frecuentar los mismos sitios. Un reflejo, tal vez, de la experiencia de Rooney con sus compañeros de clase en Trinity College. "No estaba preparada para encontrarme con la clase de gente que dirige el país", dijo a The New Yorker. "Por un lado estaba en shock, pero, por otro, tenía la sensación real de querer probarme a mí misma, probarme que era tan buena como ellos. No sé por qué, habría tenido mucho más sentido solo dejarlos ser, pero es una fascinación que no es solo repulsión".

A Golf News le dijo lo siguiente: "La cosa con los libros es que todo el mundo puede leerlos. Hay mucha gente que probablemente disfrute Conversaciones entre amigos que son parte del sistema que está activamente explotando el trabajo de otras personas. Estoy segura de que hay terratenientes que lo leyeron y pensaron que fue una gran lectura. ¿Estoy feliz de haberle dado a esa gente 10 horas de distracción? ¡No!".

En algún lugar, la frustración de "escribir entretenimiento" y de hacer "objetos de estética decorativa en un momento de crisis histórica", se vuelve una insatisfacción para la autora, que solo aplaca la certeza de saber que escribir "es lo único" en lo que es buena.

Gente normal. La inspiración para el segundo libro vino casi enlazada a la conclusión del primero. Quería relatar la intimidad de una relación a un nivel "granular, casi forense". La narración empieza en enero de 2011, cuando Marianne le dice a Connell, de la nada, que le gusta. Días después él le pregunta que si se refiere a que le gusta como un amigo, y ella le responde que no, no solo como amigo. Esa chica frontal, brillante, atractiva a su manera y poco apreciada socialmente en el colegio le interesa a Connell, pero el terror de que sus amigos se enteren de que algo pasa entre ellos hace que desde un principio las charlas, los besos, el sexo, sean un secreto para el mundo, sin importar lo intensos que se vuelvan ("Hablar resulta más agradable sabiendo que es probable que vuelvan a hacerlo antes de dormir, y Connell sospecha que la intimidad de sus conversaciones, que a menudo oscilan entre lo conceptual y lo personal, hace también que el sexo sea mejor.").

La madre de Connell, Lorraine, trabaja como limpiadora en la casa de Marianne, una de las familias ricas de la zona. Ese ingrediente incómodo, los mundos diferentes en los que viven y a la vez los que comparten, es algo de lo que raramente hablan pero que está de alguna manera latente ("Los ricos cuidan los unos de los otros, y ser el mejor amigo de Marianne y su presunta pareja sexual lo ha ascendido al estatus de rico consorte: alguien a quien se le montan fiestas de cumpleaños sorpresa y se le procuran trabajos facilones salidos de la nada.").

La novela transcurre y los capítulos van marcando el paso del tiempo: a veces con elipsis de unos meses, a veces de días, de minutos. Narrado en tercera persona, el libro se centra alternadamente en Marianne y en Connell, en Connell y en Marianne, para hacernos saber cuán intensos/frívolos/eternos/contradictorios son sus sentimientos, y cómo algunos ínfimos factores externos pueden incidir en decisiones importantes o minar directamente la felicidad.

Propone, también, dos definiciones de lo que es "La vida", tan distantes entre sí y a la vez tan certeras: "Marianne tenía la sensación de que la vida real estaba sucediendo en un lugar muy lejano, en su ausencia, y no sabía si algún día lograría averiguar dónde estaba y formar parte de ella". O "La vida es eso que llevas contigo, dentro de la cabeza. Así que lo mismo da que me quede aquí tumbado, inspirando el polvo repugnante de la moqueta al interior de los pulmones, notando cómo se me va quedando dormido el brazo derecho bajo el peso del cuerpo, porque es en esencia igual que cualquier otra experiencia posible", piensa Connell.

Sally Rooney, parte 2. Su segunda novela, Gente normal, la encontró más preparada: no leyó las notas ni las críticas, como sí hizo, concienzudamente, con su primer libro. "Es muy importante para mi bienestar psicológico no leerlas", aseguró.

En el último año la irlandesa vio cobrar vida a Marianne y Connell en la piel de Daisy Edgar-Jones y Paul Mescal, los actores que protagonizan la serie de la BBC Normal People. Rooney coescribió los primeros seis de los 12 episodios, dirigidos todos por Lenny Abrahamson, el realizador nominado al Oscar por La habitación.

Sumarse a un equipo de trabajo para llevar adelante una tarea colaborativa fue una experiencia completamente nueva. "Como novelista, lo único que rige son mis caprichos", contó a Vanity Fair; "Ahora hay todo un grupo de personas creativas, que tienen sus propios intereses (...). La idea de un proceso colaborativo es nuevo para mí. Realmente nuevo y realmente diferente y no necesariamente algo a lo que aspirara".

Con la serie ya terminada y al aire en la BBC -y también disponible en streaming en la plataforma Hulu-, Rooney vuelve a la soledad de la escritura, su zona de confort. Como a la mayoría de los escritores que conocen el éxito de muy jóvenes, el temor a no tener más ideas suele manifestarse cada tanto. "Empiezo a inventar todas estas racionalizaciones y soy capaz de buscar ejemplos de novelistas que publicaron en sus 20 y nunca más publicaron", dijo a Vanity Fair.

Algunos le dicen que debería disfrutar más del éxito de este momento, pero ella reconoce que no es alguien con "una gran cantidad natural de entusiasmo". Aunque sabe que es posible que más adelante mire hacia atrás en el tiempo y caiga en la cuenta de cuán extraordinario es que todo esto (los millones de libros vendidos, los elogios, las entrevistas, la fama) le suceda a una persona tan normal.

 

Gente normal, de Sally Rooney. Literatura Random House, 2020, 256 páginas, 590 pesos.

Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney. Literatura Random House, 2018, 336 páginas, 590 pesos.