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Fútbol de festejo

Montevideo Wanderers Fútbol Club celebra este 15 de agosto sus 118 años

Un repaso por la historia, el presente y el futuro del equipo bohemio que hoy se posiciona segundo en el Torneo Apertura y lo celebra con un nuevo aniversario

14.08.2020

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2020-08-14T06:00:00
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Por Valentina Villano

En la última década del siglo XIX, un grupo de jugadores de Albion Football Club liderado por los hermanos Sardeson decidió conformar un nuevo club que, años más tarde, se transformaría en una institución ejemplar del deporte nacional.

La liga local no existía, por lo que la competencia del equipo se resumía a encuentros amistosos. Sin embargo, diferencias en el campo deportivo con otros integrantes del cuadro llevaron a este grupo a fundar su club con todos los requisitos legales. El 15 de agosto de 1902 dejó de ser una fecha más y pasó a convertirse en la fundación oficial de lo que hoy se conoce como Montevideo Wanderers Fútbol Club.

Hoy, con una marcada trayectoria, una reelección presidencial que posicionó a Gabriel Blanco como presidente por segunda vez consecutiva, y la vuelta al fútbol con un triunfo de 2 a 0 ante Boston River en la cuarta fecha del Torneo Apertura, el club bohemio cumple y celebra sus 118 años.

Comienzo bohemio. Hay quienes dicen que el origen del nombre proviene de la admiración que los hermanos Sardeson tenían por el Wolverhampton Wanderers, equipo que predominaba en el fútbol inglés y que ganó la FA Cup cinco veces entre 1872 y 1878. Sin embargo, también están quienes sostienen una versión más poética, vinculada al rechazo que Albion tuvo al momento de enfrentar a este grupo de jóvenes que buscaban independizarse. "Nada tenéis, seréis unos vagabundos, como se dice en inglés... unos ‘wanderers".

Apenas cinco meses después de la fundación oficial, Wanderers ya disponía de cancha propia en las calles Millán y Vilardebó, un logro inusual para la época. Pero la evolución del club exigía mayores comodidades y por eso arrendaron un nuevo predio en Belvedere (con entrada por Julián Laguna 3440), transformándose en un escenario de nuevos y memorables recuerdos. 

En esa época, la camiseta original era de franjas verticales blancas y azules. Pero al año se cambió por la actual blanca y negra, tras enfrentar a Estudiantes de Buenos Aires, equipo con el que se generó una amistad histórica y que vestía esos colores.

En 1933, el ciclo de permanencia en Belvedere se agotaba y el club se instaló en una excepcional zona de la capital: el Prado. El club bohemio se hizo en este barrio, salvo unos años en los que debió mudarse al Parque Artigas de Las Piedras, desde 1969 hasta 1974.

Wanderers fue protagonista desde los inicios del fútbol uruguayo, peleando de igual a igual con Nacional y Peñarol, y ganando varios torneos en los inicios del siglo XX a nivel local e internacional. 

Logró coronarse campeón uruguayo en 1906 (invicto), 1909, 1923 y 1931 (invicto); fue campeón de la Copa de Honor en 1908, 1910 y 1937; campeón de la Copa y Campeonato Competencia en 1906, 1908, 1911, 1917, 1918, 1987 y 1990; campeón de la Liguilla Pre Libertadores de América en los años 1987 y 2001; y campeón de Clausura y 1er puesto en la Tabla Anual en 2013 y 2014.

Tras la brillante primera década, Montevideo Wanderers conformó una generación de jugadores de inigualables condiciones: Miguel y Martín Aphesteguy, hermanos ineludibles en la historia del club, quienes junto con Cayetano Saporiti conformaron un célebre "triángulo final" y consiguieron la mejor defensa del Campeonato Uruguayo; Enrique Sardeson, uno de los fundadores y primer arquero internacional uruguayo; o Alberto Zumarán, famoso goleador del club.

La tradición bohemia también conserva otros referentes como Domingo Tejera, Roberto Figueroa o Carlos Bastos, brillante centrodelantero y puntero, con más de 90 goles en su haber.

La generación ganadora. Diversos jugadores de notables aptitudes llevaron a Montevideo Wanderers al primer sitial dentro del fútbol uruguayo. En 1931, este club obtuvo por cuarta vez el Torneo uruguayo, siendo campeón invicto en el que sería el último campeonato de la era amateur.

El día del último partido de ese campeonato, el 19 de diciembre de 1931, Renée Tito Borjas falleció en el hoy Estadio Luis Franzini, al fallarle el corazón por la alegría de ver a su querido equipo campeón. Borjas fue el jugador más emblemático de la era amateur, por eso la tribuna principal del estadio actualmente lleva su nombre.

La primera gran desazón llegó en 1952, cuando en su 50 aniversario le tocó disputar por primera vez el Torneo uruguayo en la divisional B. Sobre mediados de los 60, Wanderers decayó nuevamente en lo futbolístico y en lo económico. Entre 1967 y 1972 militó en la B, pero en 1971 apareció uno de los grandes dirigentes bohemios, Mateo Giri, quien marcaría en gran parte la historia actual del club. Con él a la cabeza, Wanderers retornó a la primera división en 1973.

A la Libertadores. Uno de los hitos más trascendentes de su historia se dio en 1975, cuando un equipo que no era ni Nacional ni Peñarol logró clasificar por primera vez a la Copa Libertadores. Tras vencer a Nacional 2 a 1 en el último partido de la Liguilla Pre Libertadores, con gol del Trapo Olivera en los descuentos, Wanderers volvió a hacer historia.

En 1980, este club conformó un equipo que todo hincha recuerda y que perduró en el tiempo. Peleó el título de Campeón Uruguayo hasta las últimas fechas, con un medio campo conformado por Enzo Francescoli, Jorge Barrios y Ariel Krasouski y una delantera con Jorge Dado Cabrera, Jorge Cacho Yáñez y Luis Alberto Loco Acosta.

La década del ochenta es una de las más gloriosas en la historia del club, al lograr recuperar posiciones de privilegio en el fútbol uruguayo y sudamericano. Pero en 1997, sumido en una crisis futbolística y económica muy grande, Wanderers descendió a la B. La historia del club volvió a dar un giro en 1999, cuando apareció otro gran presidente, Walter Devoto, que recompuso al club, logró el ascenso en el año 2000 y ganó la Liguilla Pre Libertadores en el año 2001.

De los años más recientes, nadie puede olvidar el Wanderers de 2014, equipo que bajo la dirección de Alfredo Arias logró obtener el Campeonato Clausura y culminar primero en la Tabla Anual.

Durante todos estos años, Wanderers se transformó en un semillero de grandes jugadores, como Obdulio Varela, Oscar Chelle (máximo goleador de Wanderers con 104 goles), Oscar W. Tabárez, Ariel Krasouski, Jorge Barrios, Enzo Francescoli, Luis Acosta, Pablo Bengoechea, Daniel Carreño, Pablo García, Sergio Blanco, Fernando Muslera y Sebastián Eguren.

Dejaron huella. En sus 118 años, Wanderers tuvo diversos presidentes que dejaron marca en la historia del club. Desde Juan Sardeson hasta Alfredo Viera, responsable de trasladar el equipo al estadio que hoy lleva su nombre, y que originalmente fue denominado como Wanderers Park.

También destacó Héctor Rivadavia Gómez, fundador y primer presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol; Mateo Giri, autor del retorno de Wanderers a la A y presidente de un período muy rico en conquistas deportivas; y Walter Devoto, quien sentó las bases del Wanderers actual, rescató al club de una grave crisis económica y deportiva, y creó y donó el Complejo de Formativas que lleva su nombre.

Actualmente, quien preside el club y fue reelecto en las elecciones del pasado 14 de julio es Gabriel Blanco, socio e hincha de Wanderers desde que tiene uso de razón. "Es como una gran familia. Uno lo ve cada vez que va a un entrenamiento o a un partido. Todos los que trabajan en el club lo hacen con un plus y eso se transmite desde las formativas a los niños más chiquitos de Wanderers", dice Blanco. "Es una gran familia y cada uno pone su granito de arena para que los jugadores quieran volver al club y se sientan identificados", agrega.

Wanderers es un club que, además de generar un gran fanatismo en sus seguidores, trasciende todo tipo de bandería política. Figuras desde Daisy Tourné, hasta Eduardo Bonomi o Pedro Bordaberry se convirtieron en fieles hinchas del cuadro, aunque en sus tribunas también se ven personalidades como Roy Berocay, Gustavo Rey, Orlando Dovat o Luciano Supervielle. 

El presente bohemio. En los últimos años, Wanderers ha realizado una reestructura organizativa que buscó profesionalizar el club y hacerlo viable en el largo plazo. En 2014 tenía un patrimonio negativo de 4,3 millones de dólares y cerró el 31 de mayo de 2020 con un patrimonio positivo de 4,2 millones de dólares. "Hoy somos un club viable económicamente, con varios meses de presupuesto por delante cubiertos. Eso nos permite ser muy optimistas en cuanto al desarrollo del club en los próximos años", explica el presidente del club.

Esta gran recuperación fue acompañada de un período de inversión muy fuerte en infraestructura (Parque Viera y Complejo Devoto), en el que se invirtieron 1,8 millones de dólares entre los años 2016 y 2020. Esto se vio reflejado en la auditoría externa que el club encargó hacer. "Fue la primera vez en la historia del club que se hizo una auditoría externa por una empresa de primer nivel (Grant Thornton). Este año decidimos entregar la memoria y el balance a la opinión pública, nos pareció un momento oportuno".

Actualmente, el club cuenta con más de 2.000 socios, de los cuales 1.300 están activos y se encuentran habilitados para votar. Si bien en 2019 los resultados deportivos no colmaron las expectativas, desde 2014 a 2020 Wanderers clasificó en cinco oportunidades a copas internacionales, tuvo actuaciones destacadas localmente y formó varios jugadores que integraron las selecciones nacionales. La transferencia de esos jugadores fue la base para la consolidación económica del club.

En este momento el club tiene nuevos proyectos en mente. "Vamos a comenzar la segunda etapa del Plan Maestro en el Complejo Walter Devoto. La idea es hacer vestuarios totalmente nuevos para la primera división, una zona para fisioterapia, otra zona para los técnicos, y una zona de tratamiento especial para goleros, que estaríamos ejecutando a la brevedad", explica.

Hoy, los sueños están a la espera de poder cumplirse. Wanderers no es solamente un club, es tradición, historia y respeto, que se enseña y se transmite de generación en generación y se refleja en el amor incondicional que cada uno de sus hinchas tiene por la camiseta.

 

Obdulio Varela

Esta figura, emblemática por lo que representa para todo el fútbol uruguayo, que logró como capitán de la selección uruguaya la hazaña de Maracaná en 1950, debutó en Wanderers en 1938 con 20 años de edad. En 1941 se consagró capitán del equipo y el 22 de noviembre de 1942 jugó el último partido oficial en Wanderers, ya que, al siguiente año, se convirtió en jugador de Peñarol.

Luego de su retiro, Obdulio dijo que la época más feliz de su vida había sido cuando jugó en Wanderers. En el libro Obdulio, desde el alma, escrito por Antonio Pippo, el autor recoge las siguientes palabras del entrevistado: "¿Se dio cuenta de una cosa? ¡Todo lo que hablé de esa época de Wanderers! Y lo hice con alegría, ¿vio? Bueno, no es para menos, siempre he creído que en el fútbol es lo mejor que me pasó". 

Con motivo de la celebración de los 100 años de su nacimiento, Wanderers presentó los Premios Obdulio, un reconocimiento que hacen los planteles de formativas al jugador que representa de mejor manera cinco valores que caracterizaron la vida de Obdulio: liderazgo, humildad, entrega, valentía y compañerismo.

Este sábado 15 de agosto, con motivo de la celebración de los 118 años de Wanderers, se inaugurará frente al Viera un monumento en conmemoración de Obdulio. Se trata de una estatua de acero inoxidable de 2,10 metros de altura creada por el artista Fernando Foglino e inspirada en la imagen de Obdulio con la pelota bajo el brazo, haciendo una clara alusión a la figura del capitán en la final del mundo de 1950. 

Pasión que se hereda: familias enteras que comparten el fanatismo por el club


Familia Lanfranco. “El origen de Wanderers es con mi abuelo, Nicolás Lanfranco, hijo de tanos inmigrantes”, dice su nieto Bruno Lanfranco, quien explica que desde ese momento no hay miembro de la familia que no sea hincha de este club. Bruno es socio desde su nacimiento.“Mi padre me hizo socio de Wanderers pero se olvidó de anotarme en el registro civil”, recuerda, y agrega que recién lo hicieron cinco años después. “No existí hasta casi entrar a la escuela. No se olvidó de hacerme socio pero se olvidó de hacerme persona”, cuenta entre risas.

Son más de 50 los hinchas que llevan o llevaron el apellido de esta familia. “Mi viejo creó un lazo tan grande, no solo con nosotros sino con sus nietos, que mis hijos mayores también se hicieron hinchas de Wanderers”, dice Bruno. “Wanderers es familia. Nos conocemos todos. Es más que fútbol”, concluye. 

 

Familia Bordaberry. Lo que llevó a la familia Bordaberry a vincularse con el club no fue el fútbol, sino la paleta vasca. "Mi abuelo nació en Durazno y junto con mi bisabuelo, cuando se vinieron a Montevideo, se mudaron a la calle Agraciada y Suárez. Como buen vasco jugaba al frontón e iban a jugar a la sede de Wanderers. Ahí se comenzaron a vincular con el club", recuerda Pedro Bordaberry.

Ya son cuatro generaciones las que se hicieron fanáticas del club. "Mi padre fue hincha de Wanderers y hoy algunos de mis hijos son también hinchas", dice. "Lo seguí toda mi vida. Este año no se puede ir a ver fútbol pero vamos a ver (qué hacemos), cuando juegue Wanderers y Montevideo City Torque: nos sentaremos en la mitad de la cancha", dice Bordaberry, quien hoy está trabajando como asesor en el cuadro rival.  

 

Familia Supervielle. “Peñarol es pueblo, Nacional una ciudadanía y Wanderers es una estirpe que se distingue por sus valores de caballerosidad, respeto al adversario, elegancia en el juego y buen trato en la tribuna. Somos pocos pero buenos”, dice Daniel Supervielle, socio desde 1976 e hincha de nacimiento. El primer fanático de la familia fue su padre, también llamado Daniel, quien comenzó a vincularse a este club porque vivía en el Prado, a cinco cuadras de la cancha.

Hoy son alrededor de 10 los Supervielle socios del club, entre ellos el artista y músico Luciano Supervielle. “Mi viejo fue hincha de Wanderers toda su vida y mi relación empezó a través de él. Con los años fui cultivando mi apego al club”, explica Luciano. “Lo que sí conservo desde el principio es esa relación afectiva que tiene que ver con mi viejo. Un momento de encuentro para charlar y ponernos al día”, concluye. 

 

Familia Nin. “El tema con Wanderers empezó conmigo. Yo iba a una escuela en el Prado y de ahí me iba con el chofer a las prácticas de Wanderers”, recuerda Jorge Nin, quien comenzó a vincularse con el club desde muy pequeño. Siempre acompañó a Wanderers a todas las canchas hasta que en el año 61 decidió incorporarse a la directiva junto a Walter Lanfranco, como número uno, y él como número dos. “Todos ellos son recuerdos muy queridos para mí”, dice.

Pasaron los años y llegaron los hijos. María Elena, socia vitalicia, Esteban, también socio vitalicio, y Jorge, alguien que define como “más que adicto al fútbol”. Con ellos llegaron cuatro nietos, también socios e hinchas de Wanderers. “Wanderers es mi padre, lo asocio con él porque desde que tengo uso de razón me llevaba a las concentraciones, a los partidos, a la sede”, explica su hijo, Jorge Nin.

Su padre tuvo una relación muy cercana con Obdulio Varela y Óscar Washington Tabárez. Fue vicepresidente del club desde 1961 hasta 1963 y también integró diversas directivas. Su hijo, en tanto, fue presidente desde 2016 hasta 2018, y vicepresidente acompañando a Gabriel Blanco. “Me tocó estar en la directiva muchos años y siempre busqué consejos de mi padre”, cuenta.

“Soy un tipo muy pacífico, de diálogo, pero no acepto que nadie hable de otro cuadro que no sea de Wanderers y en eso soy un poco intransigente. Una de las cosas que siempre le agradezco a mi padre es que me haya hecho hincha de Wanderers, y si tuviera que elegir de vuelta, sin lugar a dudas lo volvería a elegir. Para mí es una familia”.  

Familia Rossi. “Wanderers es una pasión de generación en generación. Vamos a la cancha y nos acordamos de mi abuelo, que fue el que nos hizo hinchas de toda la vida”, dice Enrico Rossi, integrante de la cuarta generación Rossi fanática de este club.

El fanatismo nació con Braulio Rossi, bisabuelo de Enrico, y sigue con su abuelo Henry Rossi, quien creció siendo hincha de Wanderers. “Hasta que se casó iba siempre con un amigo a verlo al Viera. Después tuvo hijos y dejó de ir, pero nunca dejó de ser hincha. Eso lo fue pasando a sus cuatro hijos varones; el mayor es mi padre”, cuenta, y explica que de los cuatro, solo dos son hinchas de Wanderers. Ya son alrededor de 25 simpatizantes los que llevan este apellido, de los cuales 14 ya se hicieron socios. 

Familia Nopitsch. “El origen es mi padre, que aparte de habernos influido en valores y en el cariño que nos dio, dejó la pasión de Wanderers a toda la familia”, dice Fernando Nopitsch, fanático del club bohemio.

Fernando tiene los mejores recuerdos de la infancia. “Vivíamos muy cerca de la cancha del Viera, íbamos todos juntos a ver a Wanderers, y creo que la mejor instancia fue cuando ganó el campeonato en Florida, al que fuimos todos, incluso mi madre (de 90 años). Fue uno de los mejores momentos”.  La familia Nopitsch reúne en cuatro generaciones alrededor de 40 fanáticos del club. “Es sentimiento, parte de la historia personal de cada uno de nosotros y de nuestra historia familiar”, concluye.