Cultura
Juegos de mesa

Monopoly, el capitalismo más puro para jugar en familia

Patentado hace 85 años y nacido bajo otra inspiración décadas atrás, este histórico entretenimiento vive y lucha

29.05.2020 06:00

Lectura: 12'

2020-05-29T06:00:00
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Por Leonel García

En un principio fue The Landlord's Game, algo así como "el juego del terrateniente". Era un juego de mesa, o de caja, diseñado por la poeta, diseñadora, actriz teatral, taquígrafa, ingeniera y militante por los derechos de la mujer Elizabeth Magie Phillips. Su creación fue patentada en 1904 y lo que pretendía era alertar sobre los peligros de los monopolios y de los riesgos del capitalismo, así como apuntar hacia un reparto más equitativo de la riqueza, todo eso entre negocios inmobiliarios y billetitos de juguete. No en vano, según recordó la National Geographic el 20 de marzo de este año, Magie era seguidora de las ideas del economista Henry George, quizá el más importante del siglo XIX, impulsor del single tax (impuesto único) sobre lo obtenido de la tierra, con lo que producir una suerte de renta básica universal embrionaria.

Había dos sistemas distintos de reglas de este juego, consistente en comprar y alquilar propiedades, pagar impuestos o, llegado el caso, terminar preso, que debían ser acordados por los participantes. Uno era antimonopolista y buscaba que todos los jugadores ganaran algo. La adquisición de una propiedad, por caso, redundaba en beneficios para todos. El otro era lo contrario: ganaba el que se quedaba con todo, lo que era un canto al monopolio. Magie quería enseñar sobre los beneficios que causaba que la riqueza de uno no derive en el empobrecimiento del resto, pero en eso fracasó rotundamente: no hace falta saber cuál sistema resultó el favorito entre los jugadores.

Charles Darrow, un buscavidas nacido en Filadelfia, que había quedado sin trabajo luego de la Gran Depresión, conoció el juego y vio el filón. Enseguida diseñó una versión bastante modificada -lo suficiente como para evitar demandas, pero no tanto como para no ser notoria la influencia-, que incluía ferrocarriles, subastas entre los jugadores (entre dos y ocho), estacionamiento gratuito, fichas muy atractivas y le puso de nombre Monopoly (Monopolio), como para que no quedaran dudas de cómo venía la mano. La versión situada en Atlantic City fue patentada por él en 1935, hace 85 años.

La compañía juguetera Parker Brothers (responsable entre otros del Clue, el Trivial Pursuit y el Risk, un antecedente del TEG) se hizo con los derechos de ambos entre 1935 y 1936, comenzando la distribución a escala nacional y luego mundial. Para completar la antimoraleja, a Magie -embanderada con la economía solidaria- le pagó 500 dólares por su idea; pero como el contrato con Darrow estipulaba los derechos de autor, este -a tono con el concepto ultracapitalista de su diseño- se llenó de dinero con su creación.

El éxito del juego superó la época de Parker Brothers, adquirida por General Mills en 1963, y a su vez fusionada con Kenner en 1980. Esta unión fue comprada luego por Tonka en 1987, la que finalmente paso a ser desde 1991 parte de Hasbro. Y el Monopoly -cuyo ícono es un veterano vigoroso, de frac, galera, bastón y bigote blanco con rostro regordete- siempre se mantuvo.

Es que cuando Monopoly cumplió 80 años, en 2015, la revista Forbes señaló que entre sus múltiples variantes este juego vendió más de 275 millones de ejemplares, comercializados en 43 idiomas y en 111 países. Lo habían jugado entonces más de 500 millones de personas. Estos números, según la edición del 26 de febrero de 2015 de esa publicación, lo transformaban en el juego de mesa más popular del mundo.

A 85 años de su patente -sin tomar en cuenta su antecesor-, Monopoly sigue dando que hablar. Entre el 21 y el 27 de abril su variante Monopoly Plus estuvo disponible para descargarse gratis y jugarlo online en la PC. Esto fue una resolución adoptada en común entre Ubisoft y Hasbro (actual dueña de los derechos del juego) en sintonía con las medidas de reclusión adoptadas en todo el mundo por la pandemia del coronavirus. Fue free una semana no más, el juego por antonomasia de los negocios no iba a hacer caridad por mucho tiempo, desde ya.

Largo, demodé y aggiornado. "Pensar que el juego que quería reflejar lo malo que eran los monopolios terminó promoviendo lo contrario", ironiza en diálogo con galería Pablo Fígoli, responsable de Divertite Jornadas Lúdicas, dedicado a informar y promover eventos de juegos de mesa.

A lo largo del tiempo, se han visto distintas versiones del Monopoly en todo el mundo. En Uruguay se ha vendido, además del Monopoly propiamente dicho, otros juegos conocidos como Bancario o Banco Inmobiliario. Especialistas como Fígoli o Pablo Zamalvide, uno de los responsables de Gaming Night Society, otra jornada de encuentros en torno a juegos de mesa, señalan las evidentes similitudes.

Y esas mismas similitudes son las que han generado que en Uruguay el Monopoly no sea considerado un producto de grandes ventas como sí lo ha sido en el resto del mundo, reconoce Rodrigo López, director de Segmento, distribuidor exclusivo en el país de la línea Hasbro. "Acá su presencia no es tan significativa como en otros mercados. El Bancario le restó público, el Metropoly también, sobre todo por el tema del precio". Consultado por galería, el ejecutivo señala que es "muy delicado" iniciar acciones legales al respecto: "El mercado en Uruguay tiene que ver con relaciones y contactos. A nosotros nos caracteriza tener buenas relaciones con todos los clientes, como jugueteros y jugueterías".

Sin embargo, añade, el Monopoly en Uruguay sigue representando el 3,5% de las ventas de Segmento en la categoría gaming. "Tampoco es que las ventas sean tan malas. Se venden sí a clientes específicos y a veces a algunos más grandes como Mosca. No existe, claro, la fiebre que hay en otros mercados como en Estados Unidos, donde el Monopoly es todo en lo que refiere a juegos de mesa".

Para aumentar su atractivo por el mundo, se diseñaron tableros en distintos países y ciudades. Cuando eso quedó chico, se hicieron las versiones Plus, Deluxe, Millennials (incluye selfies y emojis), Feminista (donde las mujeres empiezan con más dinero y reciben más plata al pasar por la casilla inicial que los hombres), la Game of Thrones (donde las negociaciones ocurren en Westeros y Essos) e incluso uno Socialista. En este último ganan o pierden todos y se tiene que administrar colectivamente una escuela o un restaurante vegano. No, no es broma.

En Uruguay, el juego clásico vale 1.690 pesos. Las alianzas con otras marcas como LOL (las muñecas), Fornite o Game Of Throne cuestan 2.500 pesos. Cuando terminó la última temporada de la serie, el año pasado, solo por redes sociales esta variante vendió 90 ejemplares en un día en Uruguay, señala López. Esas alianzas, que apuntan a distintos nichos de mercado, dan idea no solo de la popularidad sino de la potencia de la marca. En total, estima, hay unas quince variantes en plaza.

Más allá de su popularidad, entre los fanáticos de los juegos de mesa actuales el Monopoly no goza de unanimidades. "Más allá de la temática, yo no lo disfruto mucho. La mecánica está un poco perimida. Es un juego que puede ser largo (unas cuatro horas) y que un participante puede ser eliminado muy pronto", dice a galería Zamalvide, cuyas jornadas de la Gaming Society Nights (en épocas no pandémicas, se entiende) pueden reunir hasta 80 personas, de las 20.00 a 8.00 horas, en un local ubicado en el Centro. "Si hay eliminación, el juego tiene que ser corto; si no, la gente que queda afuera se aburre", agrega. "Además, en este juego se da el efecto "bola de nieve'. Quien tiene más plata irá juntando más plata. A mitad del partido ya se sabe quién puede ganar". Demasiado parecido a la realidad.

El Monopoly, agregan los expertos, es de la época en la cual el furor eran los juegos de tableros de casillas, algo hoy notoriamente demodé. Además, es un juego en el cual ha sido común que los participantes creen sus propias reglas (house rules), más allá de las que están en el instructivo, que no muchos leen. De hecho, un experto como Fígoli recién se enteró de que había la posibilidad de hacer subastas para comprar un terreno cuando jugó la versión digital. "Es el típico juego al cual te enseñan a jugar, no atendés las reglas", dice.

La duración extensa en un juego de estas características -la partida más larga registrada fue de 70 días- es otra flaqueza señalada también por Fígoli. "Yo no lo jugaría. Es demasiado azaroso, premia mucho a la suerte y es muy largo para ser un juego que depende tanto de la fortuna. Hoy por hoy un juego así debería concluirse por rondas o por objetivo terminado. Pero que es popular es popular: al día de hoy siguen haciéndose ediciones especiales, como la de Game of Thrones".

Es popular y desata pasiones. En España, donde el coronavirus no ha dado lugar a prácticamente nada que mueva a la risa, una nota distinta fue el "incidente" ocurrido en la madrugada del domingo 3 de mayo en O Barco de Valdeorras, una localidad de menos de 15.000 habitantes de Galicia. Varios jóvenes decidieron romper el confinamiento para encontrarse en la casa de uno de ellos a jugar al Monopoly y ahogar en alcohol sus penas pandémicas. "No ha trascendido si fue porque alguno se arruinó por sus malas inversiones inmobiliarias, pero el asunto es que comenzaron a pelearse entre ellos y el jaleo que montaron, eran las tres y media de la madrugada, terminó por echar por tierra sus intenciones, si es que alguna vez las tuvieron, de pasar desapercibidos", según reza un maravilloso párrafo de la nota del 4 de mayo de La Voz de Galicia. Los vecinos llamaron a la Policía y la noche de juegos les resultó muy cara. Ahí perdieron todos.

CRÍTICAS INFUNDADAS

A los señalamientos sobre la supuesta lentitud de este juego que lo haría poco atractivo para los tiempos modernos, se le responde con el diseño de nuevas variantes y la vigencia de la marca en distintos países del mundo. El trasfondo ideológico de este entretenimiento es algo que también ha generado resquemores, más en algunos países que en otros.

Para Rodrigo López, director de Segmento, distribuidor de Hasbro en Uruguay, las críticas hacia el fomento de un exacerbado capitalismo del Monopoly, que llevan décadas, le parecen desubicadas. "Eso es algo fuera de lugar. ¡Estamos hablando de juego! Yo también vendo lanzadores de dardos de goma espuma y no veo que en las familias se armen masacres. Obviamente, estamos en una sociedad y en un país un poco resistente al capitalismo. Quizá por eso no tiene la misma fuerza que en otros lados", opina.

 

ENCUENTROS BENEFICIOSOS

En los últimos años los juegos de mesa, sobre todo los de origen europeo, se han desarrollado a tal punto que pueden competir con los videogames. El Catán, de Alemania, de espíritu más colaborativo y constructivo, donde los jugadores deben colonizar y desarrollarse en una isla desierta atendiendo y cuidando los recursos naturales, es considerada la estrella de estos tiempos. Si bien hay un ganador, su espíritu es bastante diferente al Monopoly.

"Antes había dos tipos de juegos: los abstractos (como el ajedrez o las damas) y los de tableros de casillas. Ahora hay montón de categorías nuevas, desde juegos de cartas a otros más complejos como administrar una cadena de comida rápida o desarrollar una industria vitivinícola. ¡La gente no sabe todo lo que hay! Yo en casa tengo cerca de 400 y la gente no conoce casi ninguno", dice a galería Pablo Fígoli, de Divertite Jornadas Lúdicas.

Su atractivo, resalta, pasa por el hecho de que son sencillos de entender pero con la complejidad suficiente como para resultar interesantes. Están el Dixit, el Splendor, el Twilight Imperium o el Through The Ages. Están los juegos llamados fillers (relleno) para pasar un rato corto y que cuestan unos cinco dólares (más envío, y no suelen estar en plaza). Pero los más complejos pueden llegar a valer 100 dólares o más (y el envío).

"Desde el punto de vista pedagógico, estos juegos permiten desarrollar todo tipo de habilidades, desde la negociación a la planificación (es que hay que tomar en cuenta que uno puede pasar tres horas jugando) hasta incluso la destreza física. Está el beneficio básico que pasa por aprender reglas y respetarlas, aprender de táctica y estrategia, trabajar la mente, saber cómo hay que jugar y cómo hay que ganar", indica Fígoli.

Pablo Zamalvide, de Gaming Society Nights, aporta algo que no se consigue con los videojuegos: congregarse, acto tan añorado en estos tiempos. "El componente social presencial es algo básico en los juegos de mesa, reunirse en torno a una. Juntarse es un ritual. Y cuanto más abierta es la jornada, más gente tiene chance de conocerse y de tratarse".

Uno de los juegos más populares en estos días es el Pandemic (no, no es fruto de un oportunista, fue creado en 2007). En ellos, los jugadores asumen diferentes roles: médico, científico, investigador o coordinador en zona de desastre. Es un juego netamente colaborativo: ganan todos o pierden todos. Cualquier parecido con la realidad...