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Celebrar en Uruguay

Microcelebraciones: la nueva forma de festejar

El distanciamiento social obliga a pensar alternativas para celebrar casamientos, aniversarios y otros eventos; la tendencia mundial es ir hacia encuentros íntimos, reducidos y al aire libre

15.10.2020

Lectura: 14'

2020-10-15T06:00:00
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Por Clementina Delacroix

Ramón (uruguayo) y Bárbara (española) se casaron en España en la Iglesia de San Martín. La celebración de la boda se realizó en un restaurante y asistieron 25 personas, fue muy íntima y divertida entre charlas y brindis.

Estamos surfeando la cresta de la ola de la nueva normalidad y difícilmente podamos apreciar el verdadero impacto de lo que estamos viviendo. En los próximos años, sociólogos e investigadores deberán descifrar hasta qué punto la experiencia de la pandemia ha afectado las concepciones culturales y el comportamiento humano. Aspectos como el trabajo, la vida familiar, la salud y el relacionamiento entre personas han sufrido grandes cambios, de eso no hay duda. Lo que aún no sabemos es si estos serán temporales o permanentes.

Hoy parece lejana la posibilidad de volver a disfrutar de un concierto multitudinario hombro con hombro junto a miles de personas. Pero tal vez sí podamos imaginarnos y deseemos festejar la llegada de un aniversario especial o una boda junto a amigos y familiares. Sin embargo, este tipo de celebraciones están reguladas por un detallado protocolo del Ministerio de Salud Pública (MSP), que establece a la fecha un aforo máximo de 60 personas, con un distanciamiento mínimo entre las mesas de dos metros y una duración de hasta dos horas y media.

Las posibilidades que deja el protocolo transformaron el formato de los festejos al que estábamos acostumbrados los uruguayos. "Somos muy disfrutadores, para nosotros una fiesta es sinónimo de comida rica, mucho baile, música y alcohol. Me pasó muchas veces tener que decir a los invitados de un casamiento: ‘Bueno, chicos, se tienen que ir, ya son las 6 de la mañana y tenemos que desarmar la fiesta'", explica la ambientadora de eventos Gabriela Curbelo, integrante de la propuesta Nuevas Formas de Celebrar, un proyecto que trabaja en pos de generar encuentros más íntimos, a partir de la suma de miradas y de estéticas de profesionales vinculados al rubro.

La diseñadora y fundadora de Estudio Monaqueda Clara Laborde afirma que, aunque en un principio la mayoría de los novios no se resignaban a la idea de festejar de una manera diferente a la que habían soñado, muchos están empezando a ceder ante la opción de hacerlo en un formato distinto. "Hablé con varias parejas que manejaban la opción de postergar todo y ahora están considerando la posibilidad de casarse en formato reducido en la fecha prevista y, por qué no, en el primer aniversario de casados hacer una fiesta más grande con baile para los más jóvenes".

Foto: Adrián Echeverriaga. La ambientada de eventos e integrante de la propuesta Nuevas Formas de Celebrar, Gabriela Curbelo, junto a la diseñadora de Estudio Monaqueda, Clara Laborde.

Curbelo, por su lado, asegura que el mundo ya estaba yendo hacia esas maneras de celebrar. "Trabajo con clientes del exterior en Uruguay y se venía viendo ya desde hace unos años una tendencia a hacer celebraciones más pequeñas. No es solo el Covid-19 que haya motivado el cambio en las dimensiones de las celebraciones, sino que las tendencias ya venían haciéndose notar. El Covid-19 nos obligó a acelerar los procesos y empezar a pensar seriamente en estas nuevas formas de encontrarnos", explica.

La opción que queda, entonces, es pensar en microcelebraciones, en las que se invita a menos personas, por menos tiempo, y se piensa en una alternativa de festejo, como puede ser un almuerzo en una bodega, un civil por videoconferencia, una fiesta en dos turnos focalizada en la parte gastronómica y con una banda en vivo. La creatividad comienza a surgir para dar soluciones innovadoras y diferentes, pero tan disfrutables como las tradicionales.

Foto:Boffano Studios. Ramón Márquez (uruguayo) y Bárbara Menéndez-Valdés (española) se casaron en la iglesia San Martín en Segovia (España). La celebración de la boda fue en un restaurante al que asistieron 25 personas.

Nos casamos igual. "El 2020 fue el año de buscar cómo casarnos de forma diferente", explica Valentina Pirez, cuya boda es en pocos días. En enero concretaron los planes, pero la pandemia llegó cargada de la incertidumbre de no saber cuándo ni cómo podrían hacerlo. "Básicamente empezamos a buscar inspiración en cómo se casaba la gente en Europa y Estados Unidos. Con nuestros amigos en chiste decimos que vamos a tener una boda european style".

Su plan inicial era hacer un casamiento de más de 500 invitados, por lo que antes que nada tuvieron que achicar mucho la lista, algo que no fue fácil por lo numerosas de ambas familias. Decidieron hacerlo en Villa Domus, Canelones, en dos turnos de menos de 60 personas.

Fueron definiendo los detalles a partir del protocolo que establece: respetar el distanciamiento entre mesas, que los invitados estén sentados lo más posible y en caso de que circulen, lo hagan con tapaboca.

Como no había posibilidad de tener baile optaron hacer ambos turnos de día con los invitados dispersos entre el salón y el jardín, ubicando a los adultos en un sector alejado de los jóvenes. "Rogamos que esté lindo para que la mayoría de las personas puedan estar afuera", apunta la novia.

Los novios mandaron hacer tapabocas especiales y vaporizadores con alcohol personalizados. Por otro lado, se concentraron en ofrecer un menú diferente que proporcione una experiencia y haga más divertido el momento de la comida. Además, contrataron shows de música en vivo, entre otras novedades pensadas para sorprender a los invitados.

"Queremos demostrar que respetando los protocolos se puede hacer y que no va a haber ningún problema. Lo hacemos tal como está estipulado por el gobierno por una responsabilidad personal sobre nuestros invitados y porque hay que dar el ejemplo", asegura Valentina.

El tema de la cantidad de invitados y de poder reducir la lista de nombres fue uno de los puntos más delicados de este nuevo formato, pues aquí es donde, se sabe, juegan muchas sensibilidades. "Después de esa selección que tuvimos que hacer, incluso nos empezó a gustar la idea de que fueran menos personas", confiesa. Sobre ese número ya reducido solo pudo invitar a la mitad a la celebración en la iglesia. "Obvio que tuvimos que dejar afuera mucha gente que queríamos que estuviera, pero las condiciones no están dadas para hacer algo grande".

Foto: Boffano Studios

Un sí online. La tecnología ha sido una gran aliada en estas circunstancias y algunos eligen transmitir los festejos online para los que no pudieron integrar el selecto grupo de invitados o incluso para sus familiares cercanos que se encuentran fuera del país o prefieren evitar el contacto social por diferentes motivos.

Lucas Chamyan y Danila Gullerian tenían todo pronto para casarse el 28 de marzo en Bueno, Aires. Él es uruguayo y ella argentina, y habían decidido hacer la boda del otro lado del río. Pero sus planes se frustraron apenas dos semanas antes de dar el sí. Los familiares de él que viajaban a ser testigos de la unión ante Dios y ante la ley se quedaron con los vestidos, las reservas y los pasajes en la mano. Hace unos días, siete meses después, parte de esos mismos seres queridos se tuvieron que conformar con ver la ceremonia civil a través de Zoom. "Es difícil estar lejos, no poder acompañar. Además, para nosotros (son evangélicos protestantes) el casamiento es muy, muy importante, más allá del compromiso que asumimos ante Dios, es algo supersagrado porque es empezar una nueva familia guardándonos hasta ese momento clave. No poder estar allí y abrazarlos fue duro, pero se veían superfelices y eso nos dio tranquilidad", explica Katherine, hermana de Lucas, quien siguió la ceremonia a través de la pantalla, pero no usó aquel vestido que tenía preparado. "Mucha gente me lo preguntó", se ríe, "pero no, ninguno de la familia se vistió especialmente", confiesa.

Frente a la difícil decisión de cancelar primero y luego asumir que debían hacer la celebración de forma virtual, los novios se sintieron bastante mal. Sin embargo, hoy están felices de no haber esperado más tiempo. Primero se casaron por civil, usando tapaboca, en una ceremonia a la que solo pudieron entrar dos testigos. Duró apenas 10 minutos. Los familiares de él asistían vía internet, los de ella esperaban a unas cuadras del registro (no les permitieron esperar en la puerta), donde, como de costumbre, les tiraron arroz. Luego se sentaron al aire libre en un café a brindar por los esposos. Unos días más tarde se celebró el matrimonio religioso. La pareja decidió hacerlo en el jardín del mismo salón donde antes hubiera sido la fiesta con 250 invitados. Lo hicieron solos frente al pastor que bendijo la unión. Al día siguiente partieron de luna de miel a Brasil, destino que eligieron por tener abiertas las fronteras.

Íntimos pero increíbles. "Lo que venía sucediendo hace un par de años es que se había perdido el sentido de la celebración. Había pasado a ser algo tan grande que parecía una especie de show. Creo que hasta los propios novios, en el caso de las bodas, muchas veces sentían que no los representaba. Lo que va a suceder ahora es que se va a volver a una instancia que es más cercana a cada pareja", opina Curbelo, quien se muestra confiada ante la desafiante situación profesional.

Foto: Patricia Riba. Producción de Nuevas Formas de Celebrar, un proyecto integrado por Valentina Damiani (arte y estilismo), Florencia Queralt (cocina), Lily Orihuela (videografía), Patricia Riba (fotografía) y Gabriela Curbelo (dirección creativa).

Las microcelebraciones, como se les llama, implican un número reducido de invitados, lo que las hace más íntimas y acogedoras, pero no por eso más sencillas. Suelen ser al aire libre, durante el día y más cortas. Y suceden dos fenómenos que se contraponen: algunos buscan realizarlas en lugares remotos, alejados del ajetreo de la ciudad, mientras que otros aprovechan el tamaño reducido de la lista de invitados para animarse a celebrar en su propia casa.

Una de las grandes posibilidades de este formato es que permite ahondar en los detalles y trabajar en crear una experiencia única para cada uno de los asistentes. "Cuando realizás un casamiento grande tenés ciertas limitaciones como, por ejemplo, con la comida. Que llegue en condiciones a cientos de invitados en un mismo momento implica elegir en función de un menú más acotado. Cuando organizás una microwedding para 30 personas se puede jugar con una vajilla más divertida y pensar un plato o menú más original", explica Clara Laborde. "La clave al casarte en formatos reducidos está en generar una experiencia a partir del casamiento. Aprovechar a realmente salirse del molde y hacer algo que va a ser mucho más memorable por lo distinto. Creo que ese es uno de los aspectos más positivos", señala la diseñadora.

Las microcelebraciones son moneda corriente en Inglaterra desde hace años. Los ingleses no sienten la culpa que invade a los uruguayos al tener que dejar a alguien fuera de la lista. Allí las bodas son solo para un grupo pequeño de allegados y suelen festejarse en varias instancias a lo largo de un fin de semana. Por ejemplo, el viernes se hace un té, el sábado la ceremonia y el domingo se festeja con un brunch. Una variante que ha propiciado la pandemia es la de invitar a un grupo distinto de personas a cada una de estas etapas: un día va la familia, luego los amigos y el tercero los compañeros de trabajo. Algunos valientes incluso lo han llevado más lejos, y han organizado una boda por turnos a lo largo del día.

El nuevo look. Clara Laborde vistió a varias novias durante la pandemia. "Tuve una, por ejemplo, que se casó en tres turnos de 50 personas, mediodía, tarde y noche", cuenta. "Para ella pensamos en un vestido que se adaptara a las tres celebraciones y elegimos un pantalón con un top que arriba tenía un poncho que se podía sacar. Las novias están buscando looks que se transforman (dos en uno o tres en uno) y se adaptan a los distintos momentos del día. "Estamos haciendo vestidos más informales, enfocados en los casamientos que se vienen en verano, con muchos apliques, usando mucho lino, algodón, apelando a lo rústico. Las tendencias, obviamente, cambiaron porque no es lo mismo casarte en tu casa ante 50 amigos íntimos que ante 400 personas", señala Laborde, y explica que en estos casos el estilismo pasa a jugar un rol aún más importante en la definición del look.

"Muchas se están jugando al pantalón, que ya era tendencia hasta en las novias más tradicionales y ahora se asienta aún más", concluye. Desde su experiencia, lo que recomienda es que se den el lujo de jugarse a hacer cosas distintas que en los casamientos más grandes y tradicionales a veces no se hacen, entre otras cosas, porque requieren mucha inversión. 

Queda claro que las celebraciones son otro ejemplo en el que las crisis se convierten en oportunidades de transformación, de innovación, de eliminar tradiciones que pudieron haber perdido sentido con el tiempo e incorporar nuevas tendencias que nos renuevan a todos. 

Foto: Boffano Studios

La sonrisa con tapabocas

"Es lo que más extraño", admite el fotógrafo especializado en bodas Mateo Boffano refiriéndose a la sonrisa, que en las nuevas celebraciones se esconde bajo el tapabocas. Pero no se refiere solamente a la sonrisa de las personas que retrata; también extraña sonreírles a los invitados. "Es difícil porque trabajamos sonriendo, demostrando que la foto salió bien con la sonrisa, entonces tenemos que buscar otros métodos para demostrar que está todo bien porque si no, ven a alguien con un tapabocas y piensan que está de mal humor", explica.

A Boffano le encantaría que la tendencia de las microcelebraciones llegara para quedarse, más allá de que también se siente a gusto en casamientos grandes. "Estaría muy bueno porque si lo armás bien, puede ser un casamiento más íntimo, que salga mucho más barato, en el que se pueda zafar de los invitados por compromiso", asegura. Sin embargo, cree que los uruguayos son un poco tradicionales, que el cambio es lento y que es difícil sacarle a la gente esas ganas de invitar a muchos.

"Al ser casamientos de pocas personas es mucho más fácil abarcar a todos los invitados", explica el fotógrafo, que por más invitados que haya en un casamiento, debe fotografiar a todos y a veces en bodas de 500 o 600 personas admite que alguno se le puede pasar. 

Una tendencia que Boffano identificó en las microweddings en las que trabajó es que se les está dando más importancia a los discursos, porque al haber menos gente se vuelven más íntimos y algunas personas sienten que se pueden explayar mucho más al momento de expresar sus sentimientos. Entre los puntos a destacar señala que los novios tienen más tiempo -incluso para el momento de las fotos- y parecen estar más relajados y conectados con los invitados.

 

Protocolo vigente

Hasta 60 personas.
Hasta dos horas y media de encuentro.
Distancia mínima entre mesas de dos metros.
El uso de la mascarilla se debe exigir en todo momento, salvo mientras se ingieren bebidas y alimentos.
El salón debe tener una lista de todos los participantes con nombre y teléfono.
Se tomará la temperatura a todos antes de ingresar.
No se permite bailar.
Se prioriza la realización de fiestas infantiles.
Se exhorta a las personas mayores de 65 años y a las portadoras de comorbilidades a no concurrir.
Se incorpora un protocolo de limpieza, desinfección y ventilación de todas las áreas del salón.