Estilo de vida
Entre maullidos y capuchinos

Mascota por un rato: el auge de los cat cafés

Estos restaurantes ofrecen a sus clientes la posibilidad de estar en compañía de un gato y, en algunos casos, de adoptarlos; El primero en Uruguay está ubicado en Punta del Este

10.02.2020

Lectura: 9'

2020-02-10T16:55:00
Compartir en

Por Alejandra Pintos

Tomar un café en compañía de un animal -perro o gato, según la preferencia- es una experiencia más que placentera. Para muchos, incluso, relajante y desestresante. Pero no todos pueden darse ese lujo, porque ser dueño de una mascota no es sencillo. Para empezar, es necesario vivir en una casa o apartamento que lo permita -ya sea por su tamaño o por los otros ocupantes del espacio-, también tener tiempo disponible, un presupuesto mínimo que permita cubrir todos los gastos y paciencia, mucha paciencia. Y ¿qué tal si existiera una forma de jugar con gatitos sin todo ese compromiso? Esa es la premisa de los cat cafés, unos restaurantes en los que el cliente puede, además de comer algo rico, mimar a diferentes animales.

El primero abrió en Taipei, Taiwán, hace 22 años. El Cat Flower Garden empezó como un experimento: una familia que amaba los gatos (siempre que podían llevaban a su casa algún animal rescatado de la calle) decidió abrir un restaurante integrando a los felinos a la dinámica. Al principio, según contó la creadora al sitio web Vice, les costaba conseguir clientes, pero con el tiempo fue ganando popularidad, sobre todo entre los turistas. Recientemente sumaron dos perros al grupo de 15 gatos que vivían en el restaurante y, con esa incorporación, lo volvieron a bautizar Café Dogs & Cats (Café perros y gatos).

El concepto tuvo gran éxito en Japón, donde, al igual que en Taiwán, la gente suele vivir en apartamentos demasiado pequeños como para tener mascotas o con varios roommates y, por lo tanto, añoran el contacto con un animal; sobre todo con los gatos, que son venerados en ese país. En los últimos años hubo un boom de estos emprendimientos y actualmente existen unos 150 cat cafés en Japón, unos 125 en Estados Unidos (de acuerdo con CNN) y otros 100 alrededor del mundo, desde Londres, Dubái y Barcelona hasta México D.F. y Punta del Este.

Cada café tiene un perfil diferente, pero se suele tratar de un espacio con varias habitaciones con estaciones de juego y almohadones para que los gatos recorran y se distiendan. En ese ambiente en el que los animales son los reyes, se ubican diferentes mesas para los clientes, que pueden comer y beber en compañía de los felinos. En general, se sugiere no hacer ruidos fuertes ni movimientos bruscos para no asustarlos, y se prohíbe perseguir, agarrar y molestar a los gatos. La idea es que si el felino quiere, se acerque, y si no se quedará en su lugar. Lo que sí se recomienda es levantarse de la silla y acariciarlos. Los sanitarios -para aquellos preocupados por el tema de la higiene- están ubicados en un cuarto aparte.

Pero más allá del beneficio para quien los visita, algunos tienen un costado social y los gatos, que son rescatados, están en el café para recibir cariño, socializar y, si algún cliente quiere, llevarlos en adopción. En otros, la población de felinos se mantiene constante porque, argumentan algunos, eso disminuye el estrés y la posibilidad de contagio de enfermedades entre ellos.

El cat café puntaesteño 

Adriana Olaza y Enzo Ramón abrieron Adrianuzca's Cat Café en Punta del Este hace dos años. Desde hacía tiempo y de manera honoraria, la pareja se dedicaba a rescatar gatos de las calles del balneario. Como necesitaban financiar los gastos de veterinarios, raciones, vacunas y arena para los gatos que alojaban en su casa de manera transitoria y, tomando como inspiración los cat cafés que conocieron en España, decidieron abrir el primero en Uruguay. Les tomó un año conseguir la habilitación de la Intendencia de Maldonado, pero, finalmente, lograron abrir el espacio ubicado en la Av. Gorlero y la calle 17.

Esta es su tercera temporada y, a pesar de ser el único cat café instalado en todo el departamento y el país, Olaza reconoce que les ha costado encontrar público para su emprendimiento. Sin embargo, en TripAdvisor (la red social de críticas de lugares turísticos) el espacio tiene comentarios más que positivos y una reputación de cinco estrellas.

A diferencia de otros países, en los que los clientes hacen fila o sacan turno para visitar el café, en Adrianuzca's no es necesario hacer reserva. Lo que sí no se puede es perseguir y molestar a los gatos, sobre todo a los que están durmiendo, y los niños tienen prohibido levantarlos. Si los animales se cansan del contacto humano, pueden ir a una zona de relax, donde los clientes no tienen acceso, para estar tranquilos. Por cuestiones bromatológicas, la comida se lleva en bandejas desde la cocina, la única área en la que no pueden ingresar los gatos.

Pero además de servir simpáticos capuchinos decorados con orejas y bigotes de gatos o galletitas con forma de animales, este espacio tiene como objetivo apostar "al bienestar y al cuidado de los gatitos en la búsqueda de un hogar feliz". Por lo tanto, si un cliente quiere llevarse a uno de los gatos del café, puede hacerlo, contrato de adopción responsable de por medio. Hasta el momento, 61 gatos han encontrado hogar gracias a Adrianuzca's. Con las ganancias que produce este emprendimiento gastronómico, la pareja costea su trabajo como rescatistas.

Juntar fondos, salvar gatitos y conseguir adoptantes

Un sábado de tarde, en una casa prestada en Malvín, el grupo Catitosuy organizó una tarde de "gatitos y café", en forma de pop up. Según se anunciaba en las redes sociales, el evento tenía como propósito recaudar fondos para los 50 gatitos que rescataron entre diciembre y enero, de forma honoraria. A través de Instagram se reservaba hora -para evitar que se concentrara toda la gente en un mismo horario- a cambio de una donación de 200 pesos en RedPagos. También, como forma de pago, se aceptaban bolsas de ración, pañales, sabanillas, paté o pulguicida. Con la entrada se incluía una consumición.

Sobre las 19 horas había unas 10 personas distribuidas en cuatro piezas diferentes de la casa: el comedor, el living y dos terrazas cerradas. Junto a la puerta, en la cocina, se ubicó una mesa con comida vegana -un éxito entre el público, se vendió enseguida- y otros dulces. Mientras las personas tomaban jugos y café sentados en los diferentes sillones o en el suelo, unos 20 felinos correteaban entre ellos, jugaban o dormían. Todos caminaban mirando para abajo, procurando no pisar a los gatitos más pequeños que iban de un lado a otro.

Pierina, una gata blanca con gris y beige era una de las más simpáticas y no tenía problema en sentarse sobre quien fuera y disfrutar de un rato de mimos. Eso sí, había que ser cauto con la comida, porque los brownies eran su debilidad. Afuera jugaban Julio María y Angie, dos cachorros blancos con detalles en negro que fueron encontrados con conjuntivitis y desnutridos, pero que tras un mes de cuidados fueron haciéndose fuertes. A lo largo de la tarde los gatitos conquistaron a los asistentes, que decidieron llevar a sus casas a varios de ellos. A medida que iban consiguiendo adoptantes, las organizadoras les colocaban una cinta en el cuello para que nadie se fuera a encariñar con uno que ya estaba tomado.

En la terraza se dio un encuentro espontáneo de rescatistas. Algunos, de organizaciones conocidas entre los amantes de los gatos, como Garritas Charrúas, Cero Callejero y Burakeras. Otras, como Volonté adopciones, recién están empezando. También había algunas independientes, "bicheras", como se autodenominan, que sin nombre ni apoyo les han dado un refugio a más de 50 animales. Allí conversan de lo difícil que es cumplir un rol que, a su entender, debería estar a cargo del Estado; sobre todo de las castraciones y grandes colonias en predios abandonados, galpones o depósitos.

De acuerdo con Astrid Sánchez, voluntaria de Cero Callejero y una de las voceras del evento, este tipo de acciones son "fundamentales para desarrollar empatía y un cambio de paradigma en la sociedad", y "ayudan a que se despierte otra sensibilidad en las personas con los animales". "Yo creo que no adoptar a veces es una decisión responsable. Porque cuando tú no tenés tiempo, no tenés capacidad o no tenés la posibilidad de hacerte cargo es bueno ser honesto con eso y hacerte cargo. Pero eso no quita que te importen, no significa que no puedas ser parte y ayudar", agrega.

Sánchez, junto a su organización, realizó una propuesta al presidente electo, Luis Lacalle Pou, para crear una normativa que establezca distintos tipos de albergues en función de su escala. Esta reglamentación, basada en "buenas prácticas internacionales", buscaría regularizar el asunto de los refugios y los rescatistas, que hasta el momento se ha dado de forma espontánea. Esto se adelanta, en parte, en la ley de urgente consideración, en el capítulo que habla de la creación del Instituto Nacional de Tenencia Responsable y de Bienestar Animal.
"Lo que queremos es crear distintos tipos de albergues e invitar a distintas personas, a los vecinos, a que formen parte. Ya sea para que vengan y los cuiden o para que pasen un rato, tomen un té o colaboren económicamente, pero que sientan que se están haciendo cargo. No se llevan al gato porque tal vez no pueden, pero les dan cariño a los gatitos, que lo necesitan, porque son animales domésticos. Así ellos se desarrollan bien y los albergues reciben el apoyo para seguir haciendo su trabajo", explicó a galería.

Animales Sin Hogar (conocido como ASH), es una asociación civil sin fines de lucro creada en 2003 y pionera en el rescate de animales. Actualmente es responsable de un promedio de 1.600 animales, de los cuales 800 son perros y unos 150 son gatos. La mayoría de ellos están en la chacra de la asociación, en las afueras de Montevideo, pero viendo que eso podía ser un obstáculo para los adoptantes crearon Espacio ASH. Ubicado en el Centro de Montevideo, es un lugar donde quienes estén en busca de adoptar a un animal pueden conocer a los candidatos y, también, tomar un café o comprar accesorios a modo de colaboración.

Bastet, otra organización dedicada al rescate de gatos, busca hacer su propio cat café en Montevideo con el mismo objetivo, aunque las regulaciones bromatológicas del departamento lo impiden, ya que, de momento, los únicos animales permitidos en un restaurante son los perros guía. Sin embargo, las organizaciones que luchan por los derechos de los animales tienen esperanza de que cambie la normativa y así poder establecer una nueva forma de acercar las mascotas al resto de la sociedad.