Personajes
Entrevista

Martín Buscaglia: "Las cosas que me gustan, me gustan sin mí. No siento que yo falte"

Nombre: Martín Buscaglia • Edad: 49 • Ocupación: músico, cantante • Señas particulares: le gustan más los libros que las películas de Herzog, debutó en un escenario con Mateo, vivió en tres países, tiene ascendencia croata.

26.04.2022 07:00

Lectura: 5'

2022-04-26T07:00:00
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Volvió a hacer una gira en Argentina. ¿Cómo le fue? Muy bien. Estuve en Buenos Aires, Rosario, La Plata, Concordia y Concepción del Uruguay. Ahora que nos abrimos al mundo, todo lo celebratorio y emotivo que es la experiencia de un concierto aumentó luego de dos años. Si bien nunca lo sentí como un peso en Uruguay, en Argentina y en España me pasa algo muy lindo, que es llegar sin un pasado, sin un entorno, sin ser parte del rubro familiar. Viajar además es un aprendizaje musical, no tanto lo más vano del aplauso; sos mejor músico si tocás para diferentes públicos y no solo para tu circuito.

O sea que se es mejor músico si se viaja. Exactamente. Es un aprendizaje que no tenés en tu casa, grabando o mirando tutoriales. Además, extrañaba la disposición anímica para estar arriba de un escenario, y también la que precisás después, cuando vas descendiendo de ese estado especial.

Su primer toque fue con Eduardo Mateo y estuvo el poeta Elder Silva. Yo tenía 16 años, fue en 1988. Era en una fiesta de un programa de radio de CX 30 en el Teatro Astral. Me acompañaron Mateo en un bongó y tabla hindú, y Marcos Gabay en el contrabajo. Actuó un grupo de teatro y Elder leyó un poema sobre Lennon. Hice temas míos, hippie punkies abrasilerados, que nunca llegué a grabar. Mateo en mi entorno familiar era alguien cotidiano. No tenía la percepción de alguien encumbrado, como lo era en el ambiente musical, pero había un respeto especial a sus palabras y comentarios. Sigue siendo un faro.

Fue telonero de Paul McCartney en 2012. ¿Cómo fue la experiencia? Los Beatles son lo más cercano a la unanimidad que hay entre músicos y melómanos. En ese sentido fue emotivo, porque tiene que ver con tu historia, es la música con la que te hacés músico, es lo único imprescindible, el resto lo podés rellenar. Pero ser telonero no es un hecho artístico relevante, puede tener una gran dosis de emotividad y te sirve para tu currículum. Como hecho artístico me resulta más nutritivo componer con un joven músico uruguayo que toque para 100 personas que tocar 15 minutos antes de Paul. No quise interactuar con él. ¿Qué le iba a decir? ¿“Me encanta tu música”? ¡Ya lo sabe! ¡Se lo dicen todos! A veces me preguntan con quién me gustaría tocar y yo siempre respondo: con nadie. Las cosas que me gustan, me gustan sin mí. No siento que yo falte.

¿En cuántas casas vivió? ¿Y cuál fue su lugar en el mundo? Nací en Malvín. Entre ahí y el Barrio Sur viví en Buenos Aires, donde mi viejo (Horacio Buscaglia) laburó con (el técnico de sonido) Carlos Píriz. Después viví en Villa Dolores, el barrio donde estoy ahora. Luego en Solymar Norte, Madrid y de nuevo Villa Dolores, al lado de mi casa anterior, en una especie de comunidad llena de colegas músicos que van y vienen. El lugar en el mundo te lo armás vos, pero tengo un recuerdo muy potente de mi estancia en Madrid. Volví porque mi viejo, que murió en 2006, estaba ya muy mal. Llegué y quedé embarazado (sonríe) de mi primera hija. El cúmulo de esas experiencias hizo que me quedara.

¿Le quedó algo que decirle a su padre? ¿Llegó a conocer a su nieta? No. Se murió cuando mi mujer estaba embarazada. No, no me quedó nada para decirles a ninguno de los dos...

Su madre, Nancy Guguich, murió en noviembre pasado. ¿Qué me puede contar de ella? Mucho… pero prefiero algo específico y escaso. En lo íntimo, todo lo que vivimos sus allegados fue una master class. En lo público, fue muy emocionante lo que pasó después. Esa devolución cariñosa está relacionada con la infancia, con que estuvo 15 años en Canciones Para No Dormir La Siesta y 23 con Cantacuentos. Eso atraviesa muchas generaciones. Y también está la voz, tan singular y personal. Te lleva a todo otro mundo de alegría y desparpajo. Ella era un tipo de artista para la que no hay repuestos. No tenía redes sociales pero sí tenía un taller para niños y hacía una fiesta en la calle descalza para los chicos. Este tipo de artistas, más subrepticios, no tiene repuestos. Sigo charlando con ella. También sigo charlando con mi viejo. Con mi madre estoy laburando, literalmente: ayer estuve trabajando con material nuevo que hicimos con ella, tomando decisiones y la sigo consultando. Es emocionante y agradezco emocionarme de eso.

¿Cómo se considera como padre? Es inevitable cometer errores, pero si lo hacés desde el amor y si te ven apasionado en lo que hacés, quiero creer que algo les queda. De la música, lo único que les inculqué adrede fueron los Beatles. Ahora tengo una nena y un varón. Vivo con ellos y la madre en Villa Dolores.

¿Qué siente que le da la talla como músico? ¿Los discos, los premios, el público? Los premios, que cada tanto recibo, tienen un valor artístico cero. Además, no tienen valor financiero. Tampoco podés desdeñarlo, porque una muestra de cariño siempre es bienvenida. Un músico tiene que preocuparse por componer y tocar mejor, y así llegar a más gente. También tiene que hacerse cargo: yo no puedo quejarme si no lleno un estadio como hacen otros artistas, porque hice elecciones que me llevan a otro lugar, quiero creer que me llevan a la calidad y no a la cantidad. Quiero creer que somos parecidos con la gente a la que llego. Eso hace que un concierto sea muy emotivo. Me reafirmo cada vez que toco y cada vez la vivo como la primera.