Cultura
Teatro documental

Marianella Morena: “El arte es el reservorio de la libertad”

Después de convivir con tres mujeres trans en Rivera, la dramaturga presenta su primera obra documental Naturaleza trans en el Teatro Solís

25.01.2020 06:00

Lectura: 15'

2020-01-25T06:00:00
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Por Florencia Pujadas

Tiene que despertar un debate. Detrás de cada proyecto, Marianella Morena cuestiona roles establecidos, provoca reacciones y abre una interrogante. No importa si trabaja en la resignificación de un clásico o si el foco está en una nueva historia: sus obras están teñidas de temas políticos y sociales. "Yo creo que las artes escénicas son una herramienta de transformación por el poderío que te generan. Tu identidad tiene otro capital que no está en lo cotidiano. La teatralidad te da fuerza, convicción", asegura. Y esa fuerza es la que utilizó como inspiración para la adaptación de Romeo y Julieta en Las Julietas (2009); la que estuvo detrás de Antígona Oriental (2013), una pieza escrita con testimonios de ex presas políticas, hijas y exiliados de la dictadura militar, y la que mostró en la adaptación de Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen con un inesperado giro: el debate sobre la instalación de una planta de celulosa en el pueblo.Ahora, esa fuerza reaparece en Naturaleza trans, un trabajo documental que se presenta sobre el escenario del Teatro Solís desde el viernes 31. Antes, el lunes 27 y martes 28, estará en el Festival Internacional de Buenos Aires. 

Hace dos años, la dramaturga -que también participó en publicaciones e investigaciones entre América Latina y Europa- se instaló en una residencia en Rivera para preparar un proyecto con tres mujeres trans. No tenía claro qué quería mostrar, ni qué iba a hacer. Pero las tres historias, los almuerzos que compartieron y las tardes alrededor de la chimenea se transformaron en el guion de su primera obra documental. "No es un espacio de reproche, ni de queja, pero sí es una denuncia. No es vengativo, y ellas son una fiesta", dice la artista que lleva montados más de 30 trabajos. Morena fue reconocida con el Premio Molière, el Premio Florencio y estuvo nominada a los ACE en Buenos Aires. Es una de las artistas con mayor proyección internacional y está en una constante búsqueda interior y personal. "En el arte tiene que haber algo de inconformidad porque, si no, empezás a generar productos que pueden ser preciosos y con los que ganás premios, pero no son lo que vos sos como artista", dice.

El año pasado estrenaste Enemigo del pueblo sobre los conflictos de UPM. ¿Cuál es el mayor desafío en la adaptación de un clásico a un tema actual?

Vengo trabajando hace años en generar que los clásicos dialoguen con el hoy y con temas sociales y políticos. Creo que tiene que ver con lo que pasa en la realidad y con tu evolución como artista; tiene que ver con lo que sos y cómo te podés expandir. A mí me interesa y apasiona involucrarme cada vez más. En Enemigo del pueblo hubo mucha investigación; trabajé con la periodista Soledad Gago. Ella hacía las entrevistas y vio quiénes estaban en contra y a favor. Cada vez me gusta más involucrar a periodistas o personas que estén en otras disciplinas que no tienen que ver con la artística.

En Naturaleza trans hubo investigación y una colaboración de personas con distintos perfiles. ¿Cómo llegaste al proyecto que terminó en el guion de tu primera obra documental?

Al proyecto llegué por Tamara Cubas. Nosotras habíamos trabajado juntas y ella me contó sobre una residencia que se usa como destino artístico. Es un proyecto que se llama Campo abierto, está en el medio rural y tiene un compromiso social muy fuerte porque trabaja con poblaciones vulnerables de Rivera. También me contó sobre las chicas trans, y yo tenía muchas ganas -aunque no sabía cómo hacerlo- de involucrarme con un proyecto social. Cuando empezamos no teníamos un objetivo ni una meta. No estaba esa presión previa de tener que terminar en un espectáculo. Dijimos que era una experiencia transversal donde ellas iban a recuperar o mostrar que tienen su voz. Yo creo que las artes escénicas son una poderosa herramienta de transformación por el poderío que te generan. Tu identidad tiene otro capital que no está en lo cotidiano. La teatralidad te da fuerza, convicción. Para este proyecto hicimos un acuerdo: yo viajé e hicimos una residencia. Me quedé con ellas y convivimos cuatro o cinco días para conocernos.

Allison Sánchez

¿Cómo fueron aquellos días?
Era pleno invierno, porque fui en julio de 2018. Pasamos casi siempre alrededor de la chimenea conversando. En la casa tenés un living enorme, una cocina, habitaciones y un galpón que fue creado para trabajar de la manera que quieras. En ese primer encuentro no llegamos al galpón, sino que conversamos y convivimos. La convivencia tiene una bajada territorial y directa donde está todo horizontalizado, más allá de que cada uno tiene un rol. No es como en los ensayos, que te vas a tu casa: todos estamos en el mismo nivel, comíamos la misma comida...

¿Con esa horizontalidad se eliminaron las fronteras? ¿Fue más fácil que se abrieran y contaran sus historias?

Claro, fue muy importante. Y el acercamiento fue muy distinto a una obra. Hice dinámicas básicas de juego expresivo, hablamos de la interpretación de las masculinidades; qué es ser femenino o qué es masculino. Las chicas no tenían una preparación actoral y me parecía interesante encontrar un equilibrio entre ellas, sin formación, y yo, que tampoco iba a bajar la exigencia. Después volví a Montevideo, nos presentamos en los fondos y empecé a trabajar en una línea conceptual que es el de la frontera.

¿Por qué elegiste este concepto?

Porque era el núcleo del proyecto. En Naturaleza trans se muestra la frontera territorial, la frontera biológica. También el límite entre lo real y lo irreal. Están las fronteras instaladas, las que creamos y las que vivimos todos los días. Y está la frontera del prejuicio. Ellas tenían ganas de encontrar un relato y compartirlo. Tuvimos cuidado en relación con cuáles son los límites para contar lo que querían contar; hay varias historias que salieron cuando conversamos en el cuarto y en la habitación. Después de ganar el fondo, hicimos una residencia de un mes a fin de año con Agustín Urrutia (actor y asistente con el que Morena suele trabajar), y convivimos todos. En las mañanas ellas tenían que definir cuáles eran los relatos que querían trabajar, de tarde trabajaban con Agustín y después generábamos material personal y propio. Nos metimos en el campo, caminamos, creamos distintos sistemas para que se les despertaran distintos estímulos.

¿Hablaron de hasta dónde querían contar? Estar frente al escenario y contar tu propia historia es una forma de exponer hasta lo más íntimo.

Hablamos mucho de hasta dónde necesitaban exponerse. Es mucha exposición, sí, y cuando empezás a abrir te das cuenta de que son relatos de mucho dolor. Hay discriminación en los hogares, en lo educativo y en la iglesia, pero también hay mucha fuerza y alegría. Eso me pareció removedor y me dio fuerza para trabajar en el proyecto. Ellas son muy jóvenes: Victoria tenía 18 años, Alisson, 24 y Nicole, 29. Victoria no terminó la escuela y yo pensé que esas cosas ya no pasaban en Uruguay. Hay muchos Uruguay dentro de Uruguay. No entendés por qué hay tanto odio en la familia, en el liceo. Hay un cuento de una chica que pidió que la llamaran por su nombre de mujer y la rechazaron. Yo no termino de entender por qué te saca tanto odio y tenés la necesidad de castigar al otro por una decisión que no te repercute a vos. En este proyecto, todo empezó a fluir y a mostrarse. También apareció la relación con la naturaleza y eso que yo no soy muy pronaturaleza... Aunque vengo del campo, acá lo viví de una forma más salvaje. En la ciudad sentís que tenés el control y ahí desaparece, es la naturaleza la que domina.

Ahí vuelve a aparecer el concepto de redefinir las fronteras...

Total. Nosotros estábamos aislados en el medio del campo y empezamos a hacer una desintoxicación del concepto de género, el ruido y el otro que te impone un sistema, una forma de desear, de querer o de estar. Cuando estás ensayando, y por más que estés en un estado presente, también se te cruza la vida, las personas con las que convivís. Hay un exceso de información que te estalla y tiene una especie de punch, de efecto sobre tu cuerpo. En este proyecto nos pasó que con los días empezamos a sentir algo que en un ensayo no lográs. No digo que sea nada místico, pero es especial: llega un momento en que no te querés volver. Y eso que yo soy más urbana.

Victoria Pereira

La experiencia debió de ser removedora. ¿Cómo la viviste?

Desde un lugar de mucho control porque lo emocional no puede estar encima de lo lógico y lo técnico; hay que generar y trabajar en un eje constante y natural. También viví experiencias removedoras con Antígona oriental (que fusionó un clásico con historia reciente con ex presas políticas en escena) y un proyecto en Perú con 200 mujeres. Es como que el otro se te entrega, te da esa historia de vida y vos tenés que ver cómo asimilarlo sin que te genere fisuras psicológicas. Me gusta mucho porque me exige, me confronta todo el tiempo con mis propios límites y pone al descubierto mis propios prejuicios. Todos los tenemos; estamos formateados para generar prejuicios, creer en verdades únicas y decir que algo es natural o no. ¿Qué es lo natural? Tiene más que ver con la evolución.

En tus obras aparecen cuestionamientos sociales. ¿Son críticas que te venís planteando desde la adolescencia?

Si le preguntás a mi madre, te va a decir que sí. Yo vengo de una familia que no tiene nada que ver con el campo artístico. De hecho, recién tuve acceso al arte cuando veníamos a Montevideo. No tuve acceso al cine ni al teatro, pero siempre tuve una identidad muy fuerte. Yo decía: esto sí, esto no. Había una búsqueda que no estaba identificada porque vos solo sabés qué es lo que querés en función a lo que conocés, pero tenía claro lo que no quería. El arte es el reservorio de la libertad, es un espacio que te protege y en el que no se debe censurar nada.

También es un espacio donde se desdibujan los límites de lo que "está bien" o "está mal".

Es que es así: es un lugar libre. Con los años sí hay una evolución en la calidad, y las artes escénicas no han parado de transformarse. Cada tanto se construyen paradigmas sobre lo que está bien y lo que no sobre el escenario pero también hay una pulseada y un juego fuerte con la confusión. Yo vi al elenco de una obra de un director italiano que estaba formado por personas con problemas psiquiátricos y con síndrome de Down. Estuve todo el tiempo en un desajuste y era la primera vez en la que me sentía interpelada. Estaba en un lugar desconocido. Vos venís con un canon de reacciones y eso me desconcertó. Era una verdad que te estallaba en la cara.

¿Es lo que trasladás a la obra?

Claro. Yo pensé hasta dónde podía transgredir para contar las cosas y este proyecto vino a mí. El cosmos me escuchó... Yo creo mucho en eso.

¿Por qué las funciones de Naturaleza trans son al mediodía?

Porque es una fiesta. No es un espacio de reproche ni de queja, pero sí es una denuncia. No es vengativo, y ellas son una fiesta. Desde ese lugar y esas ganas de recibir la vida se tomó la decisión de hacerlo al mediodía. Las personas trans están asociadas a la noche por la "oscuridad", lo prohibido y lo que no se ve. La luz aparece porque no hay vergüenza y el almuerzo porque es un punto de encuentro para la familia. Hay muchas formas de ser familia, y un espacio teatral es una familia. No tiene por qué durar toda una vida, pero en ese momento es genuino, honesto. La forma en que lo actúo dice muchas cosas, el horario dice cosas, y yo quería que apareciera la forma en que se había hecho el proyecto.

Nicole Casaravilla


Estás en una búsqueda constante de desafíos. ¿Te definís en el movimiento?

Sí, no me gusta quedar atrapada y me parece que la experiencia tiene que ser el empuje de confianza para buscar lo que no sabés. En el arte tiene que haber algo de inconformidad porque, si no, empezás a generar productos que pueden ser preciosos y con los que ganás premios, pero no son lo que vos sos como artista. Alimentar la duda es lo que me permite estar en una búsqueda, y esa es la definición del artista. La creación pura es el abismo, es pararse al borde del precipicio.

¿Ese pensamiento se traslada a tu estilo de vida? El trabajo del artista puede traer cierta incertidumbre e inestabilidad.

Sí, yo en noviembre estuve en Bruselas y en Madrid. Llegué acá y necesité un tiempo para estar conmigo. Cuando viajás recibís información nueva, y necesitaba generar un espacio de soledad. Pero a veces ese espacio no te alcanza. Del 25 de diciembre hasta hace unos pocos días estuve encerrada y salía lo imprescindible. Estaba en soledad, salvo por Irina (su gata). A veces lo podés contar y puede sonar como raro, pero como no tengo un trabajo estable ni oficina, yo trabajo en cualquier momento y a cualquier hora. Cuando necesito saber qué quiero decir y cómo lo quiero decir voy a esa soledad para conectar con mi cuerpo. Eso sí tiene que ver con mi estilo de vida. Yo siempre vuelvo, pienso, veo qué hago con mi vida y cómo dispongo de mi tiempo. Priorizo el tiempo por encima de la economía. Si tuviera que trabajar ocho horas en una oficina no podría, pero más allá de la cantidad -porque acá trabajás más horas- es porque a mí me gusta decidir sobre mi tiempo. Yo renuncio a un montón de cosas que me podrían generar otro estándar porque considero que la plata es un problema a favor y en contra. A veces tengo que estar dos días escribiendo o leyendo, y eso significa asumir un montón de inestabilidad.

¿Te costó permitírtelo?

No, al contrario. Me costó mucho más pensar en que tengo que ser práctica, que tengo que pagar las cuentas. Me ha costado la realidad. Socialmente estamos preparados para estudiar algo que te genere ingresos, ver de qué vas a vivir. Yo creo que el último trabajo que no tenía que ver con lo artístico lo tuve a los 24 años. Ganar muy bien en un trabajo también es una trampa porque de ahí no te vas más. Subís el nivel de vida, ganás más y quedás atrapado. Te lo digo como creadora y porque en mi caso es la felicidad, no podría hacer otra cosa.

¿De dónde surge tu impulso como gestora cultural?

De vivir en Uruguay (risas). Durante mucho tiempo hice teatro sin un peso y sin cobrar nada ni para mi equipo ni para mí. Ahí la forma de sobrevivir -y no estoy hablando de generar dinero, sino de generar proyectos artísticos- es involucrarte. En Uruguay está la "ley del artista", de 2008, donde -y es absurdo- somos considerados trabajadores. Vos también tenés que comer. Es un sistema de vida y de producción diferente que no está en el estatuto como ha sido ordenado en el BPS. También han pasado cosas positivas como la profesionalización del artista escénico, que ha permitido la exportación y ha permitido aumentar la confianza en uno mismo. Yo no necesité que alguien me dijera que yo valía para saberlo. Y cuando viajé por primera vez, que tuve más reconocimiento fuera que en Uruguay, lo que logré fue corroborar que yo valía. Uruguay tiene esa cosa de fascinación con el otro y de que somos chiquitos, pero también depende de cada uno. Cuando uno sale de ese lugar de pobreza, la cosa cambia porque el otro también compra lo que estás transmitiendo.

¿Y si las ansias de nuevos proyectos se acaban?

En algún momento tuve esa fantasía negativa de pensar que capaz me levantaba y no había pasado nada. Ahí me suicido. No le tengo miedo a la página blanca; he desarrollado la forma de vivir con eso y de salir de los bloqueos. Ahora, por ejemplo, me bloqueé con algo y lo que hice fue encerrarme. Estuve cuatro días sin salir a la calle: leía, escuchaba música y en un momento apareció. No te podés enloquecer ni presionarte. Tenés que confiar en que va a suceder, y tener paciencia. En algún momento va a aparecer un dato y te vas a dar cuenta de que es por ahí.

Naturaleza trans en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís. Viernes 31, sábado 1º, domingo 2, viernes 7, sábado 8 y domingo 9 de febrero a las 13.30 horas. Entradas a 400 pesos.