Personajes
Entrevista

María Gomensoro: “Vamos a sincerarnos; no me interesa conformar a todo el mundo”

Tras alejarse de Consentidas y Radio Carve, la comunicadora conduce el ciclo Poderosas en TNU, despunta el vicio de la escritura en su blog personal y no tiene miedo a tomar posición sobre los grandes dilemas sociales

19.06.2020 06:00

Lectura: 16'

2020-06-19T06:00:00
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Por Florencia Pujadas

Un corte de pelo puede ser insignificante. Hay personas que cambian según las tendencias de la temporada y no tienen miedo de modificar su estilo. Pero María Gomensoro no está dentro de este grupo. La comunicadora, de 45 años, solo se cortó el pelo bien cortito dos veces en su vida: la primera fue cuando era pequeña en manos de su hermano y la segunda llegó con la cuarentena. Una fue parte de un juego de niños, la otra tuvo una intención. Aunque también fue un acto impulsivo, el corte fue el símbolo externo de un cambio que venía procesando desde antes del 2020. Fue un mensaje de libertad.

El cambio se procesó en etapas. Primero ocurrió el anuncio de su partida de Consentidas, el magazine de Canal 10 que condujo junto a Emilia Díaz y Sara Perrone durante 13 años. "Necesitaba una adrenalina: sentía que me repetía y estaba en una zona de confort", dice. Se quería dedicar al programa Recalculando, que se emitía en las tardes de Radio Carve, pero el ciclo terminó de forma abrupta en marzo por decisión de la emisora. "Pasé 24 horas llorando, porque si hubiese habido 20 instancias, las habría tomado todas para que no se apague el micrófono", cuenta a galería. Y ahí, como le gusta decir, salió a buscar oportunidades. En ese momento encontró motivación en un blog personal -que trata temas como el positivismo tóxico- y aceptó conducir un nuevo ciclo de TNU en horario central, Poderosas, dedicado a mujeres que se destacan en la cultura, las ciencias y los deportes.

¿El corte de pelo fue un acto de rebeldía?

Fue un poco impulsivo. Siempre soñé con el pelo corto porque tengo muy poco y fue una lucha eterna. También está asociado al estereotipo que te exige el silencio de la multitud y a una idea de la feminidad. El pelo corto está asociado con lo masculino y siento que te lo piden los medios; para estar en un programa tenés que tener el pelo más largo. Cuando renuncié a Consentidas me sentí libre de decir: "Puedo hacer lo que quiero". Ojo, no es que me lo pedían, pero uno se pone esos obstáculos y esas ideas. En la cuarentena dije que iba a hacer un cambio drástico y tampoco sabía si iba a volver a la televisión. Me puse a escribir en mi portal y estuvo bueno porque es un espacio que me deja seguir explorando cosas que quiero explorar. Con la emergencia nacional de violencia de género, el año pasado, me pregunté qué estaba haciendo, qué decía en la radio y quién es la sociedad, qué queremos. Necesitás personas por fuera que te den herramientas; no podemos ser indiferentes. Antes había una frase que decía "cada familia es un mundo" y la de "con lo que pasa puertas para adentro no se meta, usted no tiene que opinar". Y no es así, porque no podemos mirar para el costado. Mirá ahora donde estamos: niños abusados, mujeres maltratadas, las cárceles repletas de almas que me importan.

¿En qué momento tuvo ese quiebre más crítico?

Cuando retomé la cancha de la radio con Recalculando me puse en contacto con esas realidades y la gente me empezó a buscar anónimamente para darles una mano. En ese momento dije: "Tengo que hacer algo". Me cansé de decir: "Ok, ¿qué hacemos?". La violencia, los valores... Le pedimos al sistema educativo, al Codicen y a la Anep que eduquen y no es por ahí. No hay que meterle plata al sistema escolar solamente; el cambio tiene que ser en nosotros y a todo nivel.

¿Por qué se fue de Consentidas? ¿El ciclo terminó?

A mí Consentidas me encanta y me gustaba la comodidad del equipo. Yo me crie ahí: no soy comunicadora de oficio, caí sin querer en el medio, me enamoré, aprendí de la gente con la que estaba, me puse a hacer cursos online. Fui autodidacta y tuve compañeros muy generosos. Pero Consentidas no solo era un programa de televisión; cuando empezó teníamos un programa de tres horas en Carve. Después dejó de ser radio, se convirtió en un programa de entretenimiento -que está perfecto porque es tele y hay que entretener- y me empecé a sentir cómoda. Pero la comodidad me aburre. Necesitaba una adrenalina: sentía que me repetía y estaba en una zona de confort. En ese momento empecé a abrir puertas, se abrieron las de la radio y yo amo la radio, porque es un momento que te llevás a todos lados. La palabra tiene peso. Ahí dejo de ser María la linda, la fresca.

¿Le pesa esa imagen?

La usamos todos mucho tiempo. Yo voy a cumplir 46 años y no quiero ser más eso. Ya está. La frescura está alucinante porque quiere decir que siempre te estás renovando, que el agua está circulando y no te estancás. Hubo un momento en el que me empezaron a pesar cosas y cuando estás en un medio tenés que entretenerte. Pero el entretener se asocia a lo light y no... yo puedo llevarte por otras puertas. Me gusta que se arme un debate, que tengamos un momento de reflexión y de compartir puntos de vista.

Esta semana empezó la conducción del ciclo Poderosas, de TNU. ¿Qué la atrapó del proyecto?

Cuando me llamaron de la productora OZ Media, les pedí involucrarme con la producción periodística porque me encanta. La idea es hacer entrevistas a mujeres poderosas o mostrar espacios donde las mujeres están invisibilizadas para darles voz; hay personajes del deporte, la ciencia. Nosotros recién arrancamos y grabamos con personas como Laura Canoura. Tenemos mujeres valiosas y valores para exprimirlos. Hablamos con mujeres políticas de distintos partidos, con Cristina Morán.

En Twitter compartió el video de cuando Cristina Morán le pregunta a Martín Lema qué ocurrió cuando interrumpió a la diputada Verónica Mato mientras hablaba sobre las mujeres en el Parlamento...


Claro. Me parece que tenemos, y me incluyo en este tirón de orejas, que dejar de tamizar todo con políticas. Si criticás a Martín, sos del Frente Amplio, y si no lo criticás, tal cosa. No estamos hablando de política; estamos hablando de un cambio de mentalidad y de que es una mujer que habla en el Parlamento y es donde tiene que hablar. Hubiese estado divino que (Lema) entienda la forma, el grito y pida perdón en nombre del género. A los hombres y a las mujeres -lo pongo en negrita y subrayado- que dicen: "Me tienen cansada las feministas", les pido que por favor no digan nada. Hubo mujeres que se tuvieron que tirar abajo de una carretera para que vos tengas el voto y puedas estar ahí. Capaz que las feministas radicales, las que muestran las lolas y pintan la iglesia, no me representan, pero a veces estas formas te llaman la atención. Yo soy antiviolencia y mi feminismo es mixto.

Hace unos días, el diario El Observador publicó una entrevista de Leonardo Haberkorn a Patricia Wolf donde ella contaba que un director de TNU la había intentado "cargar", que lo había denunciado pero no pasó nada. ¿Se enteró del episodio?

No la leí. Yo no puedo opinar porque al canal solo fui una vez a reunirme por otro tema (Poderosas es una producción de TNU realizada por OZ Media). Esas cosas pasan y pasan en todos los ámbitos, lo sabemos. Por algo estamos tratando de trabajar en una ley de violencia de género y de cambiar tantas conductas de trabajo que están interiorizadas. Cuando una mujer habla es una histérica; "andá a saber lo que hizo", "andá a saber cómo estaba vestida". Esto todavía existe y tenemos que desterrarlo porque pasa en el vínculo laboral, porque pasa en nuestros vínculos personales. Pasa en las familias, en los grupos de amigos.

¿Tuvo dudas de empezar el ciclo en un canal estatal?

Yo tuve un tema con acceder a estar en el canal porque obviamente la gente me asocia con la coalición -yo públicamente dije que nunca había votado a la izquierda- y porque no quería ser empleada pública. En su momento no sabía cómo era lo que iba a afrontar, pero después de hablar con Gerardo (Sotelo) vi que quería cimentar las bases de una buena televisión pública a escala nacional. Venga quien venga y del palo que venga, jamás, salvo que esté diciendo una gran barbaridad que me exija desde el estómago una editorialización, voy a coartar la libertad de expresión. No me importa de qué palo sea y no me importa en la casa de quién estoy.

Además de conducir el ciclo Poderosas, en su blog trata distintos temas, tiene entrevistas con referentes y una nota escrita sobre el positivismo tóxico. ¿Por qué le interesa este fenómeno?

La gente tiene miedo de sufrir porque está instalada la idea de que tenés que ser feliz y es un esfuerzo enorme. La gente que me conoce se sorprende, piensan que soy más bolichera y soy muy introvertida. A mí me gusta socializar, pero tengo mis momentos de soledad y los amo; no tengo miedo a caer en el abismo. He caído mil veces en el abismo y en ese desasosiego dominical. Pero el uruguayo promedio tiene miedo. Yo me asusté mucho cuando llegó la pandemia y empezaron a pedir la cuarentena obligatoria. Hace mucho que sigo el tema de la salud mental y en Uruguay hay muchos niños que toman Ritalina, personas con psicofármacos. Si vos, en esos estados depresivos, los encerrás, puede ser una hecatombe. Y también es cierto que nosotros mismos nos obligamos a decir: "Dale, vamos, pum para arriba", y no tenemos que estar pum para arriba todos los días. Es un desgaste de energía que nos hace entrar en un vacío: si no cumplo con determinadas cosas y no puedo llenar mis fotos de Instagram con amigos, soy una loser.

¿Se persigue lo inalcanzable?

Claro. Yo creo que hubo una calma en la cuarentena porque se empezó a ver la realidad y hubo que ponerse en contacto con lo lindo y lo feo de estar solo. La terminología del positivismo tóxico tiene que ver con perseguir lo inalcanzable. ¿Sabés qué es la felicidad? No sentir indiferencia. Es ese instante en el que te sentís querido o en el que alguien te mostró interés. A mí me pasó que un día de la cuarentena me desbordó: fue un día de tomar decisiones, de escuela, de si me llamaban o no, del dolor de cuando nos bajaron el programa de radio. Realmente pasé 24 horas llorando porque si hubiese habido 20 instancias, las habría tomado todas para que no se apague ese micrófono. Entre esos bajones me sentí morir. Ahí empecé a recibir mensajes de "va a estar todo bien", "vamos para arriba" y yo decía que me tenían que dejar caer. Está bien no estar bien, hacerme moco. Hay un psicólogo que habla de hacer el ejercicio de ver qué pasa si lo perdés todo.

¿Lo hace?

Sí. Yo me planteo escenarios para imaginar qué pasa si se me muere un hijo, qué pasa si me enfermo yo, qué pasa si me quedo viuda. Lloro por el qué pasa si, y valoro lo que tengo. Me pone en perspectiva.

¿Cómo llegó a ese ejercicio?

La vida me cascó lo suficiente como para llegar a ese ejercicio. Perdí a mi mamá de cáncer cuando yo tenía 20 años. Si bien es el orden natural de la vida y uno se acostumbra a las ausencias, me tuve que ir a vivir sola con mi hermano, a trabajar sin un mango, dejar de estudiar porque tenés que buscarle la vuelta, casarme joven... Esos esfuerzos de saber que sos tus propias herramientas. A todos la vida nos casca de alguna manera y hay que canalizar sin lamentarse. Yo entiendo que hay momentos de duelo donde decís: "¿Por qué me pasa esto a mí?". Pero lo lamentás o te tenés lástima y son cosas distintas; la lástima es un estado de quietud y yo aprendí que vos te buscás las oportunidades, podés moverte y agarrar la carreta con las dos riendas para empezar a andar. Son ejercicios.

¿Qué la moviliza hoy?

Cuando tenés muchos hijos, tú sos el catalizador de muchas energías y hay muchas personas que padecemos ser el punto neurálgico de eso. No quiero entrar en tema de género y feminismo asociado al papel de la mujer en la familia, porque seguramente muchas me vayan a saltar, y no sé si es por genética o por construcción social, pero hay una realidad que es nuestra condición de catalizadoras de energía. No sé si es por intuición, porque vos filtrás las emociones en el embarazo. La mujer tiene muchas estrategias y la capacidad de frenar y bajar. Capaz es un poco de personalidad y no de condición de género.

Aunque recién dijo que no quiere entrar en cuestiones vinculadas al género,¿siente sororidad entre las mujeres de los medios?

Sí, las experiencias que tuve son muy buenas. Nosotras tenemos un grupo con muchísimas mujeres de todos los ambientes y nos damos para adelante; cuando alguien necesita algo o cuando una no tiene laburo, nos ayudamos y hay una cosa ahí que está muy buena. No importa ni el pelo ni el color ni la ideología. Ahí es unión y vamos para adelante. Aclaro lo del feminismo porque el feminismo tiene muchas versiones y hay tantos feminismos como mujeres. Yo lo vengo descontracturando; las cosas me pasan, después las pienso. Sentía que quería cortar con una etapa. Quiero ser libre y ser libre de decir lo que quiero con respeto y aportando a la construcción social. Lo dije hace poco en Twitter.

¿Cómo se lleva con ese mundillo?

A mí me encanta. Cuando necesitás que la comunidad tuitera se ponga las pilas y te dé para adelante, te dan para adelante. La gente se contacta, escribe. Después está el otro, que lee el titular y se queda con eso. Cuando veo que hay alguien obtuso y fundamentalista, le doy dos oportunidades y a la tercera lo bloqueo. Pero a mí me encanta discutir con gente que piensa distinto. El otro día empecé a seguir a varios sectores políticos y seguí al herrerismo; ellos me pusieron: "Bienvenida, María", y abajo pusieron comentarios como: "¿De qué me perdí?". Empezó una cosa que nada que ver para ensuciar, se agregaron ingredientes para que la conversación se fuera para otro lado.

Una situación similar ocurrió, por ejemplo, cuando decidió cubrir la jineteada en la asunción de Luis Lacalle Pou como presidente. ¿Cómo recuerda aquel momento?

Hubo gente que no entendió lo que fuimos a hacer. En su momento, yo le pedí a Carve para hacer la cobertura porque quería vivir la experiencia de los jinetes, había un tema con (el movimiento) Un Solo Uruguay y quería percibir la grieta. Yo fui a buscar la grieta. Y como me siento muy cómoda porque tengo campo, soy productora rural y conozco el medio -yo me crie en el campo-, llamé a personas de Canelones y fui a cubrirlo por la radio. La gente entendió que había ido para apoyar al gobierno de Lacalle y yo fui a hacer otra cosa. Quería vivir la experiencia porque no hubo nadie que lo siguiera así. Las cámaras estaban detenidas en el Palacio Legislativo y sobre Avenida del Libertador, que era donde estaban los ocho metros con quienes se manifestaban en contra de Bolsonaro, en contra del maltrato animal. Es lógico: es una democracia. En esos ocho metros la gente les gritó de todo a los jinetes y se sintió el cambio de una energía violenta. Ahí estaba pesado: se sentía resistencia, pero fueron ocho metros. Después había gente con banderas del Frente Amplio, familias enteras mirando y viejitos y viejitas sentados en los residenciales. Te daban agua, te ofrecían algo para el caballo.

¿Busca desafiar los prejuicios de la comunicadora linda, la que vive en La Tahona?

Los prejuicios son muy injustos y la gente se ata con ideas dañinas. Te armás un preconcepto y no tenés ni idea de la realidad. Hace poco me pasó que hice voluntariado con CanastasUY y fuimos a las cárceles con Denisse Legrand por el proyecto Nada Crece a la Sombra. Éramos varios de La Tahona. La gente no lo podía creer y nosotros decíamos: "Qué tiene que ver". Es al revés: tengo un privilegio, no tengo que estar pensando en qué como, y mi capacidad emocional está disponible para ayudar a otros. Le dije a Denisse que iba a subir una foto para visibilizar lo que se estaba haciendo porque la gente no conoce el proyecto. Y hubo gente que comentó: "Qué bueno lo que estás haciendo", y otros que decían: "Dejá de hacerte publicidad y autobombo". Yo contesté que le agradecía por el mensaje y que sí, estoy haciendo autobombo, porque me seguís y te invito a que los sigas. Lo estoy haciendo como otras personas que van a África y muestran lo que hacen. Vos no seguís a la ONU, vos seguís a Angelina Jolie. Entonces, vamos a sincerarnos; no me interesa conformar a todo el mundo. Los que tienen un prejuicio es porque tienen un resentimiento; en algún momento alguien de ahí o con ese perfil los lastimó. La gente odia a los presos, se pide humanidad y los estás matando con indiferencia. Yo entiendo el "María, esperá a que te maten un hijo", pero no quiero esperar a eso.

¿Por dónde pasa el cambio?

El cambio cultural ya lo tenemos. Ya sabemos que el homosexual se puede casar y está bárbaro, tenemos la despenalización del aborto y una agenda de derechos que no se toca. Ahora tenemos que tener un cambio de mentalidad. Cuando salgamos de esta crisis, las oportunidades van a ser muy pocas y vamos a tener que irlas a buscar.