Personajes
Actriz, cantante y docente

Mané Pérez: "El teatro me salva"

Nombre: Mané Pérez Edad: 31 Ocupación: actriz, música y docente, coordinadora del área de actuación del Instituto Universitario de Artes Escénicas Señas particulares: tiene otro nombre en su documento de identidad; les huye a los trámites; no puede quedarse quieta más de dos horas seguidas.

03.05.2021

Lectura: 6'

2021-05-03T07:00:00
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Por Juan Andrés Ferreira

Nació en Montevideo, vivió su infancia en Minas y en Melo. ¿Cómo recuerda aquellos años? Con mucha felicidad. Mi infancia fue muy al aire libre. Viví en lugares muy abiertos, en casas con patio, en viviendas o complejos con espacios verdes, rodeada de amigas y amigos de distintas edades. Y sin pantallas: la primera computadora entró a casa a mis 10 años. Fui una niña muy líder. Era de organizar muchas actividades extrañas. Unos amigos de mi hermano me apodaron "organizadora de boludeces". Organizaba carreras de bicicleta, armaba quiosquitos y terminaba perdiendo dinero: compraba cosas en el quiosco de enfrente y después, con el afán de vender y que mi plan funcionara, las vendía más baratas.

Todos la conocen como Mané, que ni siquiera está relacionado con Virginia, el nombre que figura en su cédula. Fue un apodo que le inventó su hermano. ¿Recuerda cómo y cuándo? El apodo surge cuando nací. Mi hermano tenía poco más de tres años y me decía "hermanita, hermanita", que se fue transformando: "hermanita", "manita", "mané". Y quedó. Mi hermano tenía el don de poner apodos a toda la familia. No fui la única. Mis abuelas son "guaguas" y mi tío es "Papite". A medida que tuve conciencia lo empecé a elegir. Mi apellido es muy común y mantener el Mané tal vez fue una manera de diferenciarme. En mi tarjeta de 15 fue Mané, en mis primeros eventos artísticos fue Mané y hoy en día firmo como Mané.

Dicen que de niña, en los cumpleaños o las reuniones familiares, mandaba a callar a todo el mundo y se ponía a cantar, bailar o contar chistes. Todo lo tímida que soy ahora no lo era de niña: era superextrovertida. Callaba a toda la familia y me mandaba un chiste de Jaimito que hoy en día sería censurado. Me ponía a cantar, armaba obras teatrales con mis primos. Yo los dirigía y los mandoneaba. Si se podía cobrar una entrada, mejor. Uno de mis regalos de Reyes fue una grabadora de casetes, de los mejores regalos que he recibido. Empecé a obsesionarme con ser locutora. Entonces hacía programas de radio. Empecé a grabarme cantando porque necesitaba que en mis programas hubiese canciones. Así que primero las grababa en la radio, después las transcribía y después las cantaba y me grababa para pasarlas en mi programa. Como jugando, muy inconscientemente, era muy teatral.

Ingresó a la Escuela de Comedia Musical Luis Trochón (ahora Escuela de Acción Artística) a los 16 años por las clases de guitarra. Había tenido un acercamiento a la guitarra en Melo, porque me gustaba un chico que estudiaba guitarra. ¡Marcos! Le agradezco hasta el día de hoy. Marcos empezó a estudiar guitarra con un profesor, y yo, por ir atrás de Marcos, me puse a estudiar guitarra y me apasioné. Y en esta transición de que me mudo a Montevideo quería seguir estudiando guitarra. Así conozco la Escuela de Comedia Musical. Voy por guitarra y ahí me entero de un montón de materias que no sabía ni lo que eran: danza jazz, actuación, técnica vocal, ballet, repertorio. Y ahí me apasioné con la Escuela. De hecho, al año cerró la materia guitarra y yo seguí igual. Terminé egresando de esa escuela cuatro años después.

¿En qué momento descartó la posibilidad de ser profesora de Filosofía? En el momento que entré a la EMAD. Yo percibía el miedo de mi familia, aunque no era radical, respecto a la intención de volcarme al teatro. Entonces, creo que por miedo y por querer lo mejor para mí, estaba un poco eso de "Bueno, vas a hacer teatro pero fijate si te gusta algo más". Me encanta la docencia, es algo que siempre quise, y en esto de que todo lo llevo como a este lugar del pensamiento de los mil puntos de vista, de la empatía, de las 30 caras que puede tener todo, dije: filosofía. Hice Humanístico, me iba muy bien en Filosofía, la tenía como una materia que me gustaba y averigüé en el IPA... pero nunca me llegué a anotar.

Haciendo teatro viajó bastante. Sí, tanto que en un momento pensé: "No sé si quiero tanto". Justo llegó la pandemia y me encerró un año, un año en el que prácticamente no iba a estar acá. Con La flauta mágica tenía gira por México e Italia. También tenía gira con Ella sobre ella. Y un proyecto en España que, por suerte, creo que este año se va a dar, y que iba a ser tres meses. Obviamente no deseaba que se cancele todo, menos de este modo, pero es un "cuidado con lo que deseas". Pasa.

¿Cómo define su relación con la música? Con respecto a la música que hago, tengo momentos. La actuación se ha convertido en mi trabajo y en la medida que es el trabajo una encuentra lo metódico: a veces estás más inspirada, a veces no, pero ya encontraste la forma de hacerlo igual, estés como estés. Con la música, además de que no tengo tantos conocimientos académicos, tengo mis etapas. Me gustaría ser cantante y tener mi banda pero sería en otra vida. En esta ya me ha tomado el teatro. La música llega también como entretenimiento, como hobby, como descarga, porque hacer una canción me ha salvado.

Se involucra en proyectos que tienen un importante despliegue físico. ¿Tiene alguna rutina de entrenamiento? Me cuesta mucho la constancia en el deporte, no soy una persona que tenga un determinado cuidado con su cuerpo. De hecho, tengo mis desórdenes alimenticios, tema que trabajé un montón en Ella sobre ella. La lucha constante en cómo está mi cuerpo y cómo me siento. Enseguida que empiezo a comer mal o a no moverme me siento incómoda. En general se da que empiezo a cuidar mi cuerpo porque estoy en algún proceso que me lo requiere. Por eso también, hasta en este sentido el teatro me salva: creo que si no fuera actriz sería una señora sentada que le gusta comer y no se mueve.