Personajes
UN ESTILO ESPECIAL

Maggie Rogers, la estrella que no estaba preparada para triunfar

La cantautora se posiciona como una promesa de la música electro-pop; su último disco le valió una nominación a Mejor artista nuevo de los premios Grammy

20.12.2019 15:59

Lectura: 10'

2019-12-20T15:59:00
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Florencia Pujadas

Una compositora y cantante jovencita sale de un pueblo rural en Estados Unidos y tiene la suerte de ser descubierta por un productor discográfico en una clase de facultad. Ella se presenta, le muestra un demo y él -que ni siquiera había retenido su nombre- se impacta con su composición. La escena queda grabada en un video, se sube a YouTube y, sorpresa, se hace viral. Esta historia podría haber sido sacada del argumento de una película adolescente o ser la aspiración de los soñadores que quieren convertirse en estrellas de rock. Pero es una historia real y el nombre de la protagonista es Maggie Rogers. Todo ocurrió muy rápido y fue demasiado. Al menos eso dice ella. Y el relato no se parece tanto al de los ídolos de las películas, que disfrutan de la fama y el reconocimiento del público.

Maggie no está preparada para soportar el peso que viene con la fama; tiene ataques de pánico, demora más de dos años en presentar un nuevo disco y tiene miedo de perderse en las tendencias de la música. También teme perder la libertad que sentía mientras escribía escondida en sus rincones seguros. "Yo venía de pasar, como productora y compositora, mucho tiempo sola en mi habitación y en los estudios. De repente, estaba en el ojo público de una manera sobre la que no tenía absolutamente ningún control. Fue realmente aterrador", dijo más tarde en una entrevista con The New York Times.


La forma que encontró para lidiar con los ataques de pánico y el miedo a la mirada de los otros fue, precisamente, a través de la música. Aquella increíble experiencia de ser descubierta por un famoso productor musical le sirvió como inspiración para expresarse y dejar de ser la joven tímida y sencilla que apareció de la noche a la mañana en YouTube. Tomó la guitarra, el piano, una lapicera y un cuaderno, se encerró en un estudio y volvió con un álbum -descrito por los críticos como auténtico, fresco, íntimo- que este año le trajo una nominación a los Premios Grammy como Mejor artista nuevo. Ahora, la joven naif pasó a ser una artista seria, influida por el country y varios otros géneros, con una voz y un estilo que la hacen muy identificable.

Un estilo adquirido. Hay una respuesta que se repite con alguna variación en la mayoría de los artistas: "Soñé con esto desde que nací". No importa si es Whitney Houston o Billie Eilish, quien se ríe de ella misma cada vez que lo repite porque apenas tiene 17 años. Pero lo cierto es que Maggie Rogers está trabajando en sus habilidades compositivas y experimentando con instrumentos desde pequeña. La cantante, de 25 años, nació en un pueblo ubicado a orillas del río Miles en Easton, Maryland.

Su padre es concesionario Ford y su madre una exenfermera que la hacía escuchar a Alanis Morisette y la llevó a sus primeras clases de arpa a los siete años. Ambas compartían el gusto por la música (a la pequeña le gustaba Antonio Vivaldi) y cantaban juntas en el patio. "Toda la vida tuve influencias de distintos estilos musicales", contó Maggie a más de un medio de comunicación. También aprendió a tocar el piano, la guitarra y escribió sus primeras composiciones antes de llegar a la adolescencia. Era hiperactiva: en el liceo tocaba el arpa en la orquesta, el banjo, cantó en el coro, se unió a la banda de jazz escolar y se enamoró de la música folk. Le gustaba experimentar con sonidos en programas de edición, lo que más tarde se convirtió en una de sus herramientas favoritas para fusionar estilos. Tenía una vocación bastante clara.

Después de graduarse ganó un concurso del Berklee College of Music donde inició una corta pero intensa carrera. A los 17 años, debutó con The Echo, un álbum que muestra la influencia de Bon Iver y Sufjan Stevens (el genio que sorprendió con la banda sonora de Call Me By Your Name). Aquel disco le sirvió como prueba de admisión para entrar al Instituto de Música Grabada Clive Davis en la Escuela de Artes Tisch de la Universidad de Nueva York. En esta ciudad se sumó a distintas bandas y pasó varias noches tocando durante largas temporadas que definió como una "sobredosis de música en vivo".

Y llegó la época en la que no pudo escribir. Estuvo casi dos años y medio luchando con un estancamiento creativo sin poder componer una sola canción. "Simplemente no sabía quién era, así que no sabía cómo quería sonar", comentó más tarde. Esto sucedió hasta que viajó a Europa un semestre y conoció el house y el techno, dos géneros que sonaban en los boliches de París y Berlín. "Cuando estás muy estimulado, tu memoria cambia. Es lo que quiero mantener", contó años más tarde en The New York Times. Por entonces, y antes de que fuese popular, el mundo creativo de Maggie Rogers navegaba entre el folk, el techno, el house y el pop. "Hay muchas canciones de pop que quizás no están bien hechas pero es un género increíble porque permite dar un mensaje con pocas palabras", dijo sobre un estilo que está un tanto prostituido. Y aquellas canciones sí que tenían contenido.

Del ejercicio al éxito. Motivada por sus profesores, dos años después de The Echo, Maggie publicó Blood Ballet, otro álbum de folk con el que fue construyendo su perfil. Pero no fue hasta su participación en la masterclass con el reconocido músico y productor discográfico Pharrell Williams que su nombre sacudió a la comunidad en YouTube. Tal y como suele ocurrir en estos talleres, el invitado llega para dar una conferencia, compartir sus experiencias y analizar el trabajo de los alumnos.

Para esa clase, la alumna compuso Alaska en menos de un día. Su profesor la llamó, ella se sentó al lado de Williams y, con un nerviosismo que se nota en la pantalla, le dijo que todavía no estaba terminada. "Es probable que necesite por lo menos dos horas de mezcla", comentó. Pharrell se emocionó, le volvió a preguntar su nombre y le dijo que nunca había escuchado nada así. "Es singular, no podés compararlo con nada. Es algo especial. Esto es como droga para mí; has creado algo único", le dijo. Para la canción había mezclado el folk con la electrónica que conoció en París y mostraba su conexión con la naturaleza."Parte de una experiencia espiritual. Estuve un tiempo sin hacer música y volví hace unos meses. Quiero mostrar armonía, la conexión con la naturaleza, música que vibre", comentó en el video sobre la canción que hoy tiene más de 100 millones de reproducciones en Spotify y 14 millones de visitas en YouTube. Además, fue incluida en la lista de futuras promesas de la música de la BBC británica, la plataforma Vevo y la revista New Yorker. Fue un éxito por donde se lo mire, pero no era el impulso que Maggie deseaba.

Williams es el rey de los cazatalentos, trabajó con artistas tan populares como Ed Sheeran y es conocido por estampar una impronta pop y hip hopera en los primeros años de la década del 2000. Podría haber sido un respaldo para su carrera, pero ella sintió que no estaba preparada para lidiar con la atención que venía con el reconocimiento en las redes sociales. "El video cortó mi cuerpo y mi alma por la mitad", le dijo al The New York Times. Estaba agradecida, sí, pero más de una vez contó que no sabía cómo lidiar con la presión, la expectativa por sus nuevas composiciones y los cambios en su vida privada. Pasó a tener una agenda con eventos, toques y entrevistas. Le dijo a más de una discográfica que no estaba preparada para hacer un disco entero y desapareció para concentrarse en su música.

Reapareció un año más tarde, después de firmar con Capitol, con el EP, Now That the Light is Fading. Fue un adelanto a la discográfica, pero no quiso seguir publicando hasta estar segura de que estaba siendo fiel a sí misma. "Era claro que había mucho más para ella que un momento viral; era una artista con un alma real y con algo que decir. Es una estrella del pop moderno con un fuerte punto de vista femenino", aseguró en una entrevista la directora de Capitol Music Group, Michelle Jubelirer. No le dio miedo desaparecer para sus fanáticos y volvió con un disco que finalmente la posicionó en la industria musical, Heard It In a Past Life, que incluye temas como Fallingwater, Give a Little y Light On, y que le trajo una nominación a los Premios Grammy.

Feminista, bruja y rockstar. A diferencia de otras estrellas del pop que se suman a las tendencias del momento para atraer a más seguidores, las letras y el ritmo de las canciones de Maggie son como un diario íntimo que habla de la historia de alguien que se siente incomprendida. Cada una de las composiciones está dedicada a una parte de su recorrido hacia la fama, pero pueden ser fácilmente traspoladas a las vivencias de quien las escuche.

Habla de una persona introvertida, que lucha por volver a encontrar el equilibrio con estrofas que dicen cosas como: "Intenté frenar todo, llorar en el baño / con todos a mi alrededor diciendo ‘debes estar tan feliz ahora'". Frases tan sencillas como auténticas. Incluso la primera línea de la canción Give a Little habla del dolor de dejar de ser quien uno era. Es una obra autobiográfica (un tema se traduce como Devuelta a mi cuerpo) y muestra cómo sobrelleva esto que experimenta hace tres años, un proceso al que muchos artistas se han referido al contar lo difícil que es dejar de ser anónimo para ubicarse en el ojo de la tormenta.

Maggie Rogers no solo sobresale por su música; ella cree que el arte trasciende fronteras y lo traslada a su vestuario y estilo de vida. Inspirada en Freddy Mercury y Florence Welch, se sube al escenario con prendas dignas de Woodstock. Usa pantalones Oxford, tops apretados, conjuntos monocromo y el pelo suelto. Es pelirroja, no le gusta ponerse mucho maquillaje y tampoco se depila las axilas. En su cuenta de Instagram se declara como feminista (tiene un llavero que dice: "Maggie Rogers es una feminista, bruja y rockstar") y le gusta divertirse con atuendos un tanto masculinos, jugando al límite. Es ecléctica y fusiona estilos, pero sigue sin entender mucho sobre la fama.

"Cuando estaba en la calle vi carteles con mi nombre en las estaciones de radio y me daban náuseas. Si te gusta mi música, está bien y si no, también. Creo que eso no vende álbumes, pero es mi actitud", dijo hace unos meses en una entrevista con CBC. Más de una vez aseguró que la música es su forma de canalizar las emociones, y ahora parece estar preparada para mostrar quién es.