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Cosas que no borramos

Los residuos invisibles: qué es la basura digital

La basura digital crece y, aunque no es tangible, produce una huella de carbono real y un caos de archivos que hay que aprender a gestionar

22.11.2021

Lectura: 10'

2021-11-22T16:42:00
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Por Clementina Delacroix

Más de 200 notificaciones de mensajes nuevos de WhatsApp tras una hora sin mirar el celular, cientos de correos electrónicos cada día, 20 tomas casi idénticas del mismo momento, fotos y videos borrosos, memes, gifs; la cantidad de archivos digitales que pasan por nuestros dispositivos es cada vez mayor. Tiene sentido, el crecimiento de la población activa en Internet se incrementa año a año y el tiempo que se dedica al uso de tecnologías relacionadas con Internet es también cada vez mayor. A partir de julio de 2021 Internet llega a 65% de la población mundial, lo que significa que 5.170 millones de personas utilizan Internet, 92,7% de esos usuarios accede a la red a través de dispositivos móviles. 

Cada día tiene 1.440 minutos y durante cada uno de esos minutos se suben más de 500 horas de contenido a YouTube, se comparten 70 millones de mensajes por intermedio de WhatsApp y Facebook Messenger, Google realiza 5,7 millones de búsquedas, se escriben 200.000 tuits, se envían 197,6 millones de mails y se descargan 414.764 aplicaciones, por mencionar parte de lo que sucede online en tan solo 60 segundos. 

Según las previsiones de la plataforma global de datos e indicadores Statista, el volumen total de información creada, capturada, copiada y consumida en 2021 será de 79 zettabytes, cifra que era de dos en 2010 y se prevé que crezca hasta más de 180, en 2025. 

Este uso de Internet crea una demanda cada vez mayor de energía y una acumulación de información digital, a la que comúnmente se llama basura digital, que es intangible pero contaminante. El problema de la basura digital es que se hace difícil identificar la cantidad de contaminación provocada, a diferencia de la que cusa su prima, la basura tecnológica o electrónica. 

Se llama basura tecnológica a todos aquellos dispositivos eléctricos que se descartan por haber llegado al final de su vida útil o porque aparecen tecnologías más avanzadas que los reemplazan, como computadoras, celulares, memorias usb, impresoras, por mencionar algunos. Es sencillo calcular el problema del volumen creciente de estos desechos. Sin embargo, es más complejo en el caso de la basura digital. 

“Hoy el desecho de los equipos que ya no se utilizan es independiente a si sirven o no porque estamos permanentemente buscando tener más memoria, más capacidad y realmente no nos detenemos a pensar si lo precisamos. No hacemos una limpieza clara de los dispositivos, y pensamos que la solución es tener el último todo el tiempo. Eso sucede con todos los dispositivos tecnológicos, en definitiva terminamos haciendo una actualización”, señala la consultora en ciberseguridad Ethel Kornecki. Se crea un círculo vicioso entre la basura digital y la tecnológica porque la acumulación de archivos en los distintos dispositivos acorta su vida útil, los hace funcionar mal, ser más lentos y terminar siendo reemplazados por nuevos modelos. 

La mayor utilización de Internet lleva indefectiblemente a una mayor demanda energética. “El Centro de Eficiencia Energética Australiano afirmó que por medio de Internet se emiten 830 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, e incluso adelantó que esa cifra se va a duplicar en los próximos años”, cuenta Kornecki. Estas cifras, sumadas al uso de la Big Data y el crecimiento de los dispositivos conectados, hacen que la situación se torne cada vez más preocupante y se genere una demanda eléctrica mayor con el correspondiente aumento de emanaciones de gases dañinos. 

Sin duda cada vez tenemos más dispositivos y no tenemos una buena forma de desecharlos. Además, no hacemos una buena limpieza, no hacemos una edición de las fotos que no usamos, de los documentos que no usamos, cuando se nos llenan simplemente los cambiamos”, afirma Kornecki.

El mundo digital vino para quedarse, hay que entender lo que está pasando y no pensar que digital y electrónico es sinónimo de inocuo. La experta señala que no hay conciencia de la contaminación producida por el uso de los equipamientos tecnológicos y la acumulación digital. Para dimensionar el problema en términos sencillos, explica que si Internet fuera un país, sería el sexto más contaminado del mundo. 

Dime cómo lo usas y te diré quién eres. Más allá de la contaminación de la basura digital y su impacto global, este bombardeo constante de documentos, archivos, fotos, mensajes y audios tiene repercusiones a nivel personal. El psicólogo Roberto Balaguer, que ha dedicado los últimos 20 años a estudiar los cambios que se han suscitado en la sociedad a partir del advenimiento de Internet, los dispositivos móviles y las redes sociales virtuales, explica que cada persona utiliza los dispositivos de acuerdo a su forma de pensar, su forma de manejar el conocimiento y la información. “Se ven distintos tipos de uso vinculados a que transferimos a los dispositivos parte de nuestra cognición, los usamos como complemento, tenemos vínculos más cercanos o vínculos más distantes. Es decir, usamos los dispositivos en función de lo que somos”, explica. 

De esta forma es probable que una persona desordenada y poco metódica en su vida sea desordenada en el uso de sus dispositivos. “Siempre hay excepciones, pero es altamente probable que haya una fuerte correlación entre la manera de ser y la forma de uso, lo ordenado o no, lo acumulativo o no. Si entrás al dormitorio de alguien eso te dice mucho de la persona, lo mismo sucede si ingresas a un dispositivo. Y al igual que un dormitorio, los dispositivos son espacios bastante privados. Son una especie de proyección de la persona y su personalidad”, agrega el experto. 

Están aquellos que lo tienen todo bien ordenado y los que tienen infinidad de carpetas caóticas y nunca pueden encontrar nada. La información tiene un valor relativo para cada persona. “Para algunos perder una parte es algo terrible, otros lo manejan con mucha liviandad”, dice Balaguer. 

Las personas se han vuelto tecnodependientes, sostenidamente aumenta el tiempo de conexión a Internet y el uso de los dispositivos, y en pandemia el crecimiento fue aún más acelerado. Vogue Business España señala en un artículo publicado en agosto que siete de cada 10 españoles reconocen que les cuesta controlar el volumen de la basura digital que acumulan en la nube y en sus dispositivos móviles. El sentimiento de que no alcanza el espacio para guardar todo lo que se quiere conservar es generalizado. Las situaciones más complejas comienzan cuando una persona tiene dificultad para evaluar qué de toda la información que produce día a día es importante conservar y cuál le convendría descartar, y decide conservarlo todo, o casi todo, generalmente de una forma caótica, acorde al volumen de información que un usuario de Internet promedio maneja diariamente. A esas personas se las conoce como acumuladores cibernéticos y se dice que sufren de síndrome de Diógenes digital. Si bien esa patología no existe como categoría nosológica y no es un síndrome que se pueda encontrar actualmente en los manuales de psiquiatría, se identifica así a las personas que no pueden priorizar la información digital que poseen, no quieren deshacerse de ningún archivo y guardan todo por si en algún momento lo llegan a necesitar. 

“La persona que sufre de Diógenes muchas veces acumula de todo, desde las cajas en las que vienen los electrodomésticos hasta bandejas descartables, vasos, bolsas de nylon, diarios viejos. El síndrome de Diógenes termina imposibilitando la vida, empieza a comer todo el espacio habitable y vital de la persona. Es un proceso largo que llega a hacer imposible la convivencia y la existencia. Si bien no está tipificado en los manuales de psiquiatría, uno puede hacer un paralelismo digital y decir que hay personas que tienen ese síndrome digitalizado. Pero la problemática no tiene el mismo alcance porque la acumulación digital ocupa un espacio virtual y lo peor que puede pasar es que no haya más espacio de almacenamiento. Metafóricamente es parecido, pero en la materialidad es mucho más duro y deprimente que en el ámbito digital”, explica Balaguer. De todas formas, el experto señala que el hecho de que la acumulación digital hoy no sea considerada una patología, no significa que no haya personas que estén haciendo un uso patológico de sus dispositivos y estén teniendo dificultades. 

La imposibilidad de algunas personas de descartar su huella digital puede hablar de una problemática más profunda de poder dejar cosas atrás y avanzar en la vida. Puede ser una limitante emocional para hacer lugar a experiencias nuevas. El caos digital influye en la sensación de tener el mundo ordenado, que es muy importante, ya que cuando el mundo está ordenado las cosas parecen fluir mejor. No poder encontrar algo entre miles de archivos puede generar mucha ansiedad. Además, la acumulación convierte a la persona en un blanco fácil para los delitos informáticos. 

Ciberdelitos y problemas de seguridad. La información es poder y el mal manejo que se hace de la basura digital en los dispositivos puede provocar problemas serios como ciberdelitos. “Si se gestionan bien los dispositivos y se almacena lo que realmente se debe almacenar, de la forma correcta, con el debido cuidado, obviamente no tendríamos hoy en Uruguay y el mundo entero la exfiltración de datos que se produce, ni los ataques que sufren las organizaciones y los usuarios”, asegura Kornecki. “El buen uso de los datos a través de las analíticas de datos e incluso de la inteligencia artificial es válido siempre que se haga una buena depuración de la información generada. Realmente la basura digital es preocupante y nos tendríamos que ocupar de tener buenas prácticas”, añade la experta. 

Tanto  Kornecki como Balaguer coinciden en que se debería educar a las personas en el uso adecuado de sus dispositivos, ya que la tecnología aprovecha las vulnerabilidades cognitivas de los seres humanos para que dediquen más tiempo del que planean al uso de los dispositivos. “Hay que enseñar a manejar mejor los dispositivos y tener claro que la contaminación que causan va a incrementarse. Debemos ser conscientes de esto y de que las emanaciones existen”, reflexiona Kornecki. “Es parte de la llamada ciudadanía digital. Cuanto más conscientes seamos, más libres podemos ser en nuestras decisiones y mejor vamos a poder administrar nuestro tiempo y dedicarlo a las cosas importantes y no solo a las cosas interesantes”, concluye Balaguer. 

Consejos para evitar la acumulación digital 

- Verificar y vaciar regularmente la carpeta de correo no deseado. 

- Elegir una sola foto de cada momento. No guardar fotos iguales, ni tomas borrosas.

- Borrar conversaciones y archivos de WhatsApp. Especialmente memes, gifs o imágenes que no necesitamos una vez que las hemos visto.

- Limpiar el escritorio y vaciar la papelera con regularidad. 

- Organizar en carpetas los archivos que decidimos conservar. Evitar generar carpetas desastre (donde se guarda todo sin criterio solo para que no quede el escritorio desordenado).

- Eliminar archivos y conversaciones que no se hayan visto en los últimos seis meses.

- Activar la opción que tienen la mayoría de las aplicaciones para no guardar los archivos directamente.