Cultura
Aniversario de un ícono

Los 80 años del necesario Bob Dylan, un símbolo que llevó poesía a la música popular

Grabó 39 discos, navegó en el folk, el blues, el pop y el rock, ganó un Oscar y un Nobel, y el expresidente de EE.UU. Barack Obama lo nombró como el músico más importante de la historia de su país.

28.05.2021 07:00

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2021-05-28T07:00:00
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Por Leonel García

"Dicen que todo período, toda época, tiene sus héroes. Toda necesidad tiene una solución y una respuesta". El discurso de Ronnie Gilbert, activista política y cantante del cuarteto The Weavers, importante nombre del boom del folk en Estados Unidos, iba in crescendo. "Este joven es alguien que surgió de una necesidad. Vino aquí y se convirtió en quien es porque había cosas que se tenían que decir y los jóvenes eran quienes querían decirlas y decirlas a su manera".

Era el 26 de julio de 1963. Era un año muy convulsionado de un tiempo muy convulsionado, al que todavía le faltaban la Marcha en Washington, aquella en la que Martin Luther King le contaría al mundo que tenía un sueño, y el asesinato del presidente John F. Kennedy. Había 40.000 asistentes esa noche en el Newport Folk Festival, en Rhode Island. "De algún modo él tiene la antena conectada a su generación. No hace falta decir más, ya lo conocen, es suyo, ¡Bob Dylan!". Una ovación enorme consagró al nuevo vocero de los suyos, que hacía poco había cumplido 22 años y hacía dos meses se había consagrado con su segundo disco, The Freewheelin' Bob Dylan. Este incluía Blowin' In The Wind, un fruto de su tiempo que nació con destino de himno pacifista y que hablaba de los caminos que debe caminar un hombre para ser reconocido como tal, de los mares que debe volar una paloma antes de pisar tierra firme, de cuántas muertes son demasiadas.

Pasaron casi seis décadas. El lunes 24 de mayo Bob Dylan, nacido en Duluth, Minnesota, como Robert Allen Zimmerman, cumplió 80 años. Su nombre artístico surgió de su admiración por el poeta Dylan Thomas (aunque las biografías menos favorables dicen que partió de una necesidad "comercial" de no usar un apellido judío). Desde muy joven estuvo donde tenía que estar y con lo que tenía que tener -básicamente, el circuito folk de Nueva York, su guitarra, su armónica, su voz nasal y su admiración por Woody Guthrie- para convertirse, al principio de la década de 1960, con el rock en capa caída, en el ícono de la canción de protesta, rótulo que en rigor a la verdad nunca le gustó demasiado.

Este tiempo lo encuentra disfrutando de los elogios que recibió Rough And Rowdy Days (2020), su álbum de estudio número 39 y el primero con material inédito en ocho años: 10 canciones mezcla de folk, rock, blues, pop y country. Como ha demostrado en todo este tiempo, prácticamente nada de lo musical le es ajeno.

En el medio, Dylan se colgó una guitarra Fender y electrificó su música (lo que causó la ira de los ortodoxos del folk) en 1965, cuando la beatlemanía ya había vuelto a poner al rock y al pop al frente, le cambió el rumbo musical a The Beatles, se recluyó ocho años y abjuró del movimiento hippie, despidió a The Band, dejó el judaísmo que traía de familia, se volvió cristiano e incurrió en temáticas religiosas y en la música gospel, perdió y ganó los favores del público, formó el supergrupo The Traveling Wilburis (con George Harrison, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison), vio a un papa leer un sermón basado en Blowin' In The Wind, volvió al judaísmo, influenció o fue versionado por mil artistas tan disímiles como The Rolling Stones y Dua Lipa, Jimi Hendrix y Tracy Chapman, Guns n' Roses y Leonard Cohen.

Fue ícono e iconoclasta a la vez. Se casó dos veces y tuvo cinco hijos. Fue pareja de Suze Rotolo y de Joan Baez. Compuso The Times They Are A-Changin', Like A Rolling Stone, A Hard Rain's A-Gonna Fall, Knockin' On Heaven's Door, Maggie's Farm, If Not For You, Mr. Tambourine Man, All Along The Watchtower, Rainy Day Woman #12 & 35, Hurricane y un montón tan grande de canciones que el Instituto de Estudios que lleva su nombre calcula que hay 2.000 libros escritos en Estados Unidos solo sobre ellas. Sus canciones le valieron 11 premios Grammy, un Oscar y un Globo de Oro a mejor canción original (Things Have Changed, en 2000).

"Bob liberó tu mente de la misma manera que Elvis liberó tu cuerpo. Nos enseñó que el simple hecho de que la música fuera naturalmente física no significaba que fuera antiintelectual", dijo Bruce Springsteen en enero de 1988, cuando Dylan entró al Salón de la Fama del Rock and Roll. Sus letras, algo subrayado por sus fans, algunos de los cuales lo veneran como a un dios pagano, son consideradas como su mayor aporte a la música moderna. El premio Nobel de Literatura que recibió en 2016, siendo el primer músico en recibirlo, terminó, por si hacía falta, de consagrarlo en tal sentido.

En mayo de 2012, mientras le entregaba la medalla de la Libertad, el entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, no fue ahorrativo en elogios sobre Bob Dylan: "No hay mayor gigante en la historia de la música estadounidense".

Dylan es tan grande -en un arbitrario e imaginario Olimpo de la música popular contemporánea y anglosajona se lo suele ubicar en la misma cumbre que tocan The Beatles, The Rolling Stones o Elvis Presley- que es muy difícil definir dónde radica esa grandeza. ¿En su lírica? ¿En darle a la música moderna nuevos estándares de poesía? ¿En animarse a cambiar para seguir siendo el mismo? ¿En su influencia en prácticamente todos los artistas que le siguieron?

"Hay algo que es medular: él venía de la música folk, del canto de protesta, electrifica su propuesta, llega al universo del rock y le introduce poesía", dice el músico y compositor Walter Bordoni. El ejemplo más notorio es su vínculo con The Beatles. Los ingleses y el de Duluth se conocieron el 28 de agosto de 1964 en un hotel de Manhattan. Bob les dio a conocer la marihuana y algo más. La influencia de Dylan en los Genios de Liverpool ya ha sido muy estudiada: basta ver lo que hacía el cuarteto hasta ese año y lo que hizo después, que significó el pasaje de la beatlemanía a las obras mayores de la historia del rock. Por su lado, en 1965 Dylan se electrificó y volvió al rock que había escuchado en su adolescencia en su disco Bringing It All Back Home, el quinto de su carrera.

"En realidad, Bob influyó en todos. A Jimi Hendrix, que no tenía nada que ver con él, le preguntabas por un compositor que admiraba y nombraba a Dylan. ¿Vos te acordás la discusión que se armó por el Nobel de Literatura? ‘¿Cómo darle ese premio a un músico?'. Discusión insólita, porque en rigor la poesía nació siendo cantada", agrega Bordoni.

Para Felipe Reyes, conductor de Galgomundo, por Radiomundo, dueño de La Ronda y fanático dylaniano (aún se recuerda la actividad Dylan Compró La Ronda con la que festejó los cinco años de su establecimiento en 2006), hay algo "con el tema de las letras" pero sobre todo con lo que dejó: "Vos ponés su nombre en allmusic guide, buscás a quién influenció o quién le siguió la corriente y la lista es larguísima". Conocedor profundo de la historia del músico -al que vio en vivo seis veces, en Montevideo, Punta del Este, Buenos Aires por dos, Córdoba, Rosario y Londres-, habla del "tipo que pasó escuchando muchas horas de radio de chico", sobre todo blues, country y rock and roll, y que luego de un pasaje no demasiado relevante por la Universidad de Minnesota, "decide irse a Nueva York, donde había un círculo de bares buenos para tener una guitarra y una armónica". Era el circuito de Greenwich Village, en Manhattan, adonde llegó luego de ir al hospital psiquiátrico de Greystone Park a mostrarle sus respetos a su interno más prestigioso: el prócer del folk norteamericano Woody Guthrie.

"Cuando tuvo que escribir sus canciones no precisó robarle a nadie. Ya tenía todo", añade Reyes.

Los distintos saltos estilísticos de Dylan, demostrando solvencia en cada uno de los terrenos musicales que pisó, son los puntos que destaca el escritor y periodista Nelson Díaz, hoy en Justos y pecadores de Radio Uruguay y en la revista Dossier. "Empieza siendo un cantante de protesta, antisistémico y referente de los jóvenes descontentos, revoluciona el folk, coquetea con el pop y el rock, y siempre siendo el poeta que es hoy. Con Dylan hay un cuidado en las letras y el estilo. Hay canciones muy conocidas que sin el ropaje de la música valen muy poco. Las letras de Dylan se defienden solas. Eso se llama poesía".

Su carrera como compositor comenzó en su segundo disco, el ya señalado The Freewheelin'..., cuya portada lo muestra con su novia de entonces, Suze Rotolo, caminando por Nueva York. Ella fue fundamental en los inicios de su carrera y no solo por estar muy vinculada a los boliches de la movida folk de la ciudad. "Ella estaba muy politizada y lo influyó mucho a escribir canciones antisistémicas. Ella lo metería también en la poesía de (Arthur) Rimbaud", afirma Díaz. También le daría a conocer la obra de Berthold Brecht.

Además de su música, Dylan fue capaz de crear productos e imágenes culturales icónicas. Una de ellas es la portada de este disco, captada por el fotógrafo Don Hunstein: los hombros encorvados, el look ausente y la actitud bohemia del artista, junto a una bella y sonriente muchacha colgada de su brazo, inspiró no solo estéticamente a miles de parejas en todo el mundo, sino que les dio esperanza a tipos que podrían considerarse desgarbados o desprolijos. Si este peludo que canta raro -la voz nunca fue el punto fuerte de Bob- puede gozar de tan linda compañía, ¿por qué yo no? Otro surgió a partir de su canción Subterranean Homesick Blues, de 1965. El audiovisual que acompañó la canción, algo así como un primitivo videoclip filmado en Londres, mostrando y desechando fragmentos de la canción escritos en grandes tarjetas, también fue replicado hasta el cansancio.

Y, por supuesto, estaban sus letras. "Yo fui productor y representante del Darno (Eduardo Darnauchans). Y él siempre decía que Dylan se merecía el Nobel de Literatura. Qué lástima que no pudo llegar a verlo", recuerda Díaz.

Eduardo Darnauchans, inmenso admirador de Dylan, presentó Dylaniana en su disco El trigo de la Luna (1989), fue telonero de la primera actuación del genio en Uruguay, el no muy gratamente recordado recital del Cilindro Municipal en 1991, y cantó sobre "las venas de Dylan, Donovan y Antoine" en la autobiográfica En Tacuarembó si te parece, armónica nada casual incluida, en su último álbum El ángel azul (2005), editado dos años antes de su muerte. Cuando falleció, evoca el periodista, el Darno fue despedido en el cementerio con It's All Over Now, Baby Blue.

En un año, cuando Bob Dylan cumpla 81 años, ya se podrá decir protagonista y testigo de un nuevo hito. Para el 10 de mayo de 2022 está prevista la apertura del Bob Dylan Center, un museo en su honor, en Tulsa, Oklahoma. El lugar contará con 100.000 elementos extraídos del archivo y el acervo del artista, incluyendo fotos y filmaciones nunca vistas, manuscritos originales y grabaciones inéditas. Las exposiciones permanentes y temporales fungirán como homenajes en vida, otros más, para el hombre que se convirtió en símbolo por motivos que la emoción y también la razón entienden. La explicación, la respuesta, a tanta devoción y reconocimiento, luego de tantos caminos caminados por un hombre solo, está soplando en el viento.

DYLAN POR OTROS

Knockin' On Heaven's Door,
por Guns n' Roses

Esta canción, que Dylan escribió en pocas horas, es lo que más se destacó del western revisionista Pat Garret & Billy The Kid (1973), del cual era parte de su banda sonora. Diecisiete años después, la versión de los rockeros californianos apareció en otro soundtrack, el de Days Of Thunder (1990). Ya era y siguió siendo uno de sus números fuertes de sus recitales en vivo.

All Along The Watchtower,
por Jimi Hendrix

¿Esto es para Bob Dylan lo que el With A Little Help From My Friends de Joe Cocker es para The Beatles? Según dijo en su momento el propio Bob, nadie hizo una mejor versión de un tema suyo. El compositor incluyó esta canción, repleta de metáforas, en su disco de 1967, John Wesley Harding. El guitarrista más influyente de la historia del rock la reversionó al año siguiente.

Like A Rolling Stone,
por The Rolling Stones

Uno de los mayores éxitos dylanianos coincidió con su pasaje a la electricidad, en 1965. Treinta años después, los Stones incluyeron una versión grabada en vivo en la Brixton Academy de Londres en su disco Stripped (1995), del cual fue su primer corte de difusión. Por las dudas: la letra -críptica, irónica y muy elogiada- no se trata de homenaje alguno al quinteto británico.

Mr. Tambourine Man,
por The Byrds

La prensa musical estadounidense acuñó la etiqueta folk rock con el single debut de The Byrds, banda integrada por Roger McGuinn y David Crosby, Mr. Tambourine Man, de 1965. En ese mismo año su compositor, que no era otro que Bob Dylan, también sacó su versión. La que tuvo más éxito fue la de los Byrds, que llegó al primer puesto a ambos lados del Atlántico.

The Times They Are A-Changin',
por Tracy Chapman

Así como Dylan sorprendió al mundo con su voz, su guitarra y su armónica, también esa fue la carta de presentación (sin la armónica) de Tracy Chapman en la década de 1980. Cantautora de fuste, ella igual mostró su maestría en una excelente versión de esta canción, incluida en el registro de la celebración de los 30 años de la carrera del artista, publicado en 1993.

¿POR DÓNDE EMPEZAR?

¿Por dónde puede entrar un profano a la obra de Dylan? Aunque ha vendido más de cien millones de copias en todo el mundo, no es un músico de grandes estadios como sí lo son sus contemporáneos Paul McCartney o The Rolling Stones. La voz es más atrayente que magnética y la poesía no es un género literario que hoy goce de mucha popularidad.

Para el músico Walter Bordoni, una buena puerta de entrada es Highway 61 Revisited, el disco de 1965 que se abre con Like a Rolling Stone. "Ahí está su esencia, sobre todo como cantautor pop-rock". Este tema, versionado por mil artistas, se ubicó en el número 1 del listado Las 500 mayores canciones de toda la historia de la revista Rolling Stone en 2004. "Pero también está su segundo disco (The Freewheelin'...), el último (Rough...) es una maravilla, hay otro en los años 90, Time Out Of Mind (1997), que es un discazo". Sin embargo, este músico resalta que el trabajo que nombra primero es la "consolidación de un estilo" y que lo que vino después, matices más o menos, fueron "reversiones". Pero, en todo caso, reversiones geniales.

Felipe Reyes, empresario y comunicador, ríe y resuelve ser bien gráfico: "Girás la rueda con toda la discografía, tirás la bolilla y cualquiera que salga te va a gustar. Hasta con el peor disco, el más difícil, se te abren las puertas de la percepción". En su caso puede nombrar Desire, de 1976. "Hay gente que dice que algunos discos no están tan buenos. Pero Fernando Cabrera es uno de los que piensa que Dylan no se equivoca", cuenta.

Al periodista Nelson Díaz le resulta más difícil escoger uno como su puerta de entrada. "Es que hay varios que me interesan mucho y los escucho bastante seguido, como si fuera una bitácora". Luego de enumerar una larga lista de trabajos se detiene en Oh, Mercy (1989), considerado por muchos críticos como un regreso de Dylan a los primeros planos, cuando ya tenía más de 25 años de carrera sobre el lomo, y un llamador para nuevos seguidores.

Es que los años 80, con la excepción de este disco y de su participación en Traveling Wilburys, no fueron lo mejor de Dylan. Prueba de ello resultó su participación en el éxito mundial benéfico We Are The World (1985), donde se lo nota muy incómodo y desacertado, pese a tener más credenciales musicales que cualquiera de los muchos otros artistas presentes en esa canción.

BOB DYLAN EN URUGUAY

Dos veces se presentó Bob Dylan en Uruguay. La primera vez, histórica, es recordada más que por cualquier otra cosa por el espantoso sonido del recital, producto de la históricamente traicionera acústica del Cilindro Municipal. Eso fue el 12 de agosto de 1991. Tocó 18 canciones ante unas 5.000 personas que, prácticamente, tuvieron que adivinar qué tema estaba interpretando.

"Fui con la data de tres discos -Desire, Oh, Mercy, y un compilado- y volví con una bola de sonido en la oreja", recuerda Felipe Reyes. Nelson Díaz, más allá de la "albóndiga sonora", cuenta que la emoción lo hizo pasarse llorando durante buena parte del recital. Walter Bordoni señala que el telonero, Eduardo Darnauchans, se pudo escuchar mejor porque se acompañó solo con dos guitarras y no con una banda completa como Dylan. "Es horrible porque, si bien la acústica del Cilindro era mala, nunca fue peor que esa noche. Dicen que Dylan se juramentó no volver a pisar nunca más acá luego de ese concierto".

Esa leyenda urbana, que existió y nunca fue comprobada, se limitó en todo caso a Montevideo. El 20 de marzo de 2008 se presentó en Punta del Este, en el Conrad Resort y Casino. Tocó 17 canciones, incluyendo dos covers.