Cultura
Dirigida por Marco Caltieri

Llega Metro de Montevideo - La serie, falso documental sobre el subterráneo imposible

La ficción expande el universo planteado en el libro del mismo título editado en 2011; su estreno está previsto para el segundo semestre de 2021 en las pantallas de TNU y TV Ciudad

18.04.2021

Lectura: 16'

2021-04-18T07:00:00
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"Ahora Montevideo está a la par de las grandes capitales del mundo, como Londres, Milán y Río de Janeiro. Finalmente, Montevideo tiene su metro", anunciaba el ingeniero Estero Bellaco al cortar la cinta inaugural de la línea A, también llamada línea Roja, del Metro de Montevideo. Qué momento. Denominada Plaza Matriz - Plaza Cagancha, línea Roja es una de las 12 rutas que dan forma y contenido al moderno sistema de transporte colectivo nacido y desarrollado a mediados de la década de 1990. La línea Roja efectúa un trayecto que va desde la plaza Matriz hasta la Estación de Maroñas. La otra vía subterránea, la línea D o línea Verde, sale desde la zona de la Intendencia de Montevideo, desde la estación El Gaucho, pasa por debajo de Constituyente, bulevar España, sigue un tramo por la rambla y otro por Luis Alberto de Herrera hasta llegar a la elegante estación Larrañaga. Además de estos dos tramos subterráneos, el Metro de Montevideo incluye tres vías elevadas, cuatro de tranvía y otras tres de trenes urbanos. Una de las líneas de tren urbano (la U3, identificada con el color amarillo) une Tres Cruces Shopping y Terminal con el Aeropuerto Internacional de Carrasco en un viaje que insume solo treinta minutos.

El metro de Montevideo es moderno, amigable, fácil de usar. Prácticamente no hay forma de perderse. Así lo sugieren los mapas, la cartelería y las guías que la Corporación Metro de Montevideo (CMM) ha diseñado para los ciudadanos. Y así lo sería, parece, si el metro de Montevideo fuera real. Pero el metro de Montevideo no existe. Y de existir, quizás no sería todo lo estupendo que en principio podría suponerse.

Parte de la historia del nacimiento, el perfeccionamiento y los inconvenientes que debió sortear a lo largo del tiempo la red de metro de la capital uruguaya está consignada en las páginas de Metro de Montevideo, libro "institucional" firmado por Marco Caltieri y publicado en diciembre de 2011 por la editorial Amuleto. Es una maravilla satírica que parodia el lenguaje corporativo, los vicios de la publicidad, los delirios de los discursos demagógicos, dejando siempre en evidencia los complejos (especialmente el de inferioridad) que forman parte de la identidad uruguaya.

Fotomontaje publicado en el libro Metro de Montevideo

Supuestamente, este libro es una edición más amigable y comercial del proyecto inexistente en esta línea del espacio tiempo: Metro de Montevideo - Balance y perspectivas en su decimotercer aniversario. Hacia un futuro luminoso, un documento de 450 páginas con una abundante cantidad de información, fotografías, estadísticas y "divertidas anécdotas" sobre el metro de Montevideo, según apunta el director de prensa y RRHH de la CMM, que no es otro que el mismo Caltieri, publicista y realizador audiovisual, además de uno de los creadores y editores de la mítica revista Guacho! (autodefinida como una compilación de "historietas tontas"), y de Flúo, el canal de contenidos web responsable, entre otros, de los micros Peter Capusotto en Uruguay.

Pues bien. Ahora, el Metro de Montevideo está a la par de otros grandes palacios subterráneos del mundo y la historia de su gestación, progreso y expansión se verá reflejada en una serie de ocho episodios que se estrenará, con fecha a confirmar, a partir del segundo semestre de 2021, en TV Ciudad y TNU.

Fotomontaje publicado en Metro de Montevideo (2011)

Titulada Metro de Montevideo - La serie, esta producción fue la ganadora de la tercera edición de SeriesUy, premio destinado al estímulo a la producción de ficción uruguaya en formato seriado (que entregan divisiones del MEC, el MIEM y la Intendencia de Montevideo). Además de un fondo de cinco millones de pesos consignados a la realización, SeriesUy contempla la posterior difusión de la obra en medios públicos, además de su proyección internacional. En anteriores ediciones, el premio fue para Todos detrás de Momo, policial con tintes de comedia que se estrenó en 2018 en TV Ciudad y TNU (actualmente disponible en Vera TV), y Gris, thriller que se sumerge en el mundo del narcotráfico, corrupción y trata de personas, que no llegó a rodarse.
Producida por Cholo Films, Metro de Montevideo es pura ficción, aunque se presenta siguiendo la lógica del documental convencional. La serie expande el universo planteado en aquel libro surrealista editado por Amuleto, que a su vez nació como una especie de juego a raíz de la experiencia del realizador durante los casi 10 años que vivió en Buenos Aires.

"El proyecto empieza de una manera muy menor, haciendo postales, después afiches, después el libro", cuenta Caltieri vía Zoom a Galería. "Y en algún momento pensé en que podía ser un largometraje. Que ese era un lugar lógico para seguir desarrollándolo". Escribió algunas escenas teniendo como referencia a This Is Spinal Tap (1984), el modélico falso documental dirigido por Rob Reiner sobre una banda de heavy metal. Tiempo después, en paralelo a su actividad como creativo publicitario y realizador audiovisual, comenzó a trabajar junto con la productora Clara Charlo en formatos televisivos. Juntos desarrollaron El cuco de las matemáticas, una serie infantil que se transmitió por TV Ciudad, y TV Educativa, sátira que actualmente está en proceso de posproducción y que, dice Caltieri, "en realidad no es educativa: es algo así como un programa educativo de un gobierno de facto".

Mentir un poco. Metro de Montevideo se arma de varias fuentes, todas apócrifas. Desde el video institucional que se está grabando con motivo de la celebración de los 25 años de la instalación del metro, con entrevistas al staff gerencial de la corporación, a fragmentos de programas radiales y televisivos, piezas publicitarias, infomerciales, material de archivo, jingles, imágenes obtenidas de cámaras de seguridad y de documentales que realizan otros personajes de la serie. "Las ideas que tenía para un largo empecé a trabajarlas y transformarlas en episodios. Eso implica traer más personajes, implica desarrollar un arco narrativo. Escribí tres episodios, que son con los que ganamos el fondo". El asistir a una charla taller a cargo de una de las guionistas de BoJack Horseman le proporcionó las herramientas que necesitaba para confeccionar un sistema de trabajo. "Armé un equipo con Gustavo Etchandy, Diego Nietto, Gervasio Della Ratta y Constanza Silva. Agarramos esos tres capítulos iniciales y los rompimos todos y con esos personajes más otros que fueron apareciendo, desarrollamos el arco narrativo de la serie".

Serie que, a propósito, cuenta con un casting de lo más exótico. "El casting tiene actores de carnaval, que siento que son talentos gigantescos que el audiovisual no ha explotado lo suficiente (capaz que me equivoco, capaz que sí hay algo), salvo excepciones, como Todos detrás de Momo. Aunque lo que hacemos en Metro de Montevideo es una comedia, a esos actores les estamos dando un plano medio, sin que tengan la cara pintada. Es algo que termina dando resultados maravillosos. Es el caso del actor principal, Carlos Bananita González, que tiene un tempo de comedia arriba que es increíble", comenta el realizador.

Carlos "Bananita" González interpreta al ingeniero Estero Bellaco, director ejecutivo de Metro de Montevideo 

González interpreta al inefable presidente de la corporación, un personaje que lleva el nombre de una de las batallas más sangrientas de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870): Estero Bellaco. "Carlos tiene un oficio brutal. Es un tipo que lee los textos y ya sabe dónde van los remates. Pasamos mucho tiempo construyendo al personaje, revisando las palabras que usa, sus latiguillos, y llegaba un momento en el que yo le mostraba el texto y él ya sabía hacia dónde iba. Es un tipo con un método gigantesco y una responsabilidad enorme. Tiene 74 años y nunca había hecho ficción, salvo algo muy chiquito en El Chevrolé (película de 1999 dirigida por Leonardo Ricagni). Para mí fue una sorpresa maravillosa. Como también lo fue Jimena Márquez (docente de literatura, dramaturga, directora de teatro, actriz y letrista de carnaval), que es coprotagonista, y la saca del estadio".

"Jimena Márquez la saca del estadio", resume Caltieri

El elenco salido del mundo del carnaval se amplía con el cantante, músico y actor Aldo Martínez y la comediante Jimena Vázquez (de Humoristas Cyranos, elegida figura máxima del Carnaval 2018, y actualmente en el programa La culpa es de Colón).

También hay personajes que hacen de ellos mismos o que interpretan a criaturas que se parecen mucho a ellos mismos. Como el caso de Fernando Vilar, Noelia Campo, Maxi de la Cruz o Guillermo Lockhart. Algo que, aunque parezca más sencillo, no siempre lo es. Así lo explica Caltieri: "Tenés que tener mucho sentido del humor para hacer eso, en especial cuando la exposición pública es parte de tu trabajo. La verdad es que todos tuvieron mucho sentido del humor. Y estuvieron dispuestos a todo. Siempre iba con un poco de premura y ellos aceptaron siempre y, además, hicieron aportes gigantescos".

Cada uno también fue aportando material para su personaje. "Vilar, además del talento y la generosidad, aportó un sentido del humor increíble: él está haciendo de él mismo, él es Fernando Vilar en la serie, y la verdad es que pasa de todo con ese periodista. Es fundamental el ping-pong que hace con el ingeniero Bellaco. Cuando Fernando leyó una de las noticias que teníamos en el guion, todos nos miramos en el set bastante sorprendidos y emocionados: es de verdad, esto está pasando. Además, el equipo está compuesto sobre todo por treintañeros y para ellos Fernando es la voz del informativo. Fernando estuvo veintipico de años en el informativo. Lo ves, lo escuchás leer una noticia y decís: 'Esto es de verdad'. Entonces, que un tipo que tiene esa voz, esa capacidad de decirte que esto es verdad esté dispuesto a jugar en un juego donde todos estamos un poquito mintiendo, me parece alucinante. No voy a parar de agradecerle que se haya prestado a esto", apunta el realizador.

"(Fernando) Vilar, además del talento y la generosidad, aportó un sentido del humor increíble", dice Caltieri

"Noelia (Campo) también aportó una idea buenísima para su papel: es una Noelia Campo que se desvive porque la reconozcan y la saluden. Son cosas que tal vez no imaginás que el otro esté dispuesto a hacer. Y lo hace, tiene ganas de hacerlo". De la Cruz empezó haciendo un papel puramente ficticio, una suerte de homenaje a los personajes de su padre. Iba a ser un pastor evangélico, hasta que se dieron cuenta de que mejor era darle una vuelta al asunto. "Rendía más que fuera realmente Maxi que se había convertido en pastor evangelista. Vamos a ver cómo queda eso", ríe Caltieri.

"Hay además actores que he conocido a lo largo de los años en publicidad, porque vivo de eso, de hacer reclames, y me voy como guardando gente muy talentosa, que conozco de hacer un reclame de treinta segundos, un minuto, y que pienso: 'Este tipo sería genial para hacer una ficción'. Bueno, ahora tuvimos la oportunidad de hacerlo".

Otra parte del elenco viene del universo de la música. Están los Dalton (Alejandro y Marcelo Fernández Borsani, de Buenos Muchachos), Tabaré Rivero, Martín Buscaglia y Gerardo Nieto, jugando también en la permeable proximidad entre persona y personaje. "Con todos los que participaron en la serie poniendo su nombre hablé acerca de los límites que el guion establecía y la posibilidad de negociar la letra. Yo a un actor le tengo que pedir lo que está escrito, pero a alguien a quien le estoy pidiendo que haga de sí mismo o que construya un personaje de ficción que es como sí mismo o que se llama igual y hace prácticamente lo mismo que él, ahí hay que negociar. Es algo que también pasa con Martín (Buscaglia), que interpreta a un músico que se llama Martín Buscaglia y que lo contratan para escribir el jingle de la corporación Metro de Montevideo".

Jimena Vázquez en el rodaje de Metro de Montevideo

Grabar en pandemia. Rodada en tiempos de pandemia, la serie debió ajustarse a lo que este contexto impuso. "Íbamos a grabar imágenes del subte en Buenos Aires. Al final no pudimos ir, lo que nos llevó a revolver eso de otra manera. También íbamos a filmar en AFE (en la ficción se convierte en un "magnífico Shopping Center Cultural", según Bellaco), que tampoco pudo ser, entonces inventamos, convertimos algunas locaciones en estaciones de subte. Tomamos la plaza Juan Pedro Fabini y la entrada del Centro de Exposiciones de Montevideo y la convertimos en una boca de subte. Con otros trucos y apliques digitales de posproducción convertimos otros lugares, como el Mausoleo, en estaciones de subte. En sí la serie no va a tener ni un solo tren. No va a haber ningún tren. Nos pasó un poco como a Tiburón, que antes de filmar se les rompió el tiburón. Bueno, acá no hay ningún tiburón, no hay ningún tren, hay algunos trucos que generan la ilusión de que hay trenes. Los trenes están sugeridos, se los va a escuchar y se los va a ver, de alguna manera, a través del impacto que tienen en la ciudad y los ciudadanos".

Metro de Montevideo "no es una ficción hecha y derecha", comenta Caltieri. "Finge ser un documental, por lo tanto, en ese esquema hay participaciones que son simplemente personajes hablando a cámara y eso es todo lo que hacen. Construyen un relato que está como más atrás, o fuera de cuadro. Nadie está haciendo nada. Todos están hablando de algo que han hecho o algo que ya sucedió o va a pasar. Es lo de los trenes: no se ven, pero están. La realidad, la acción, termina quedando allá atrás, detrás de unos velos. Nadie dice nada de lo que realmente es. Dicen lo que creen que está pasando o creen que pasó. Eso, en la vía de los hechos, significa capaz que un personaje solo tiene que hablar a cámara".

La ucronía de Metro de Montevideo producirá material que pasará al otro lado de la pantalla. Se prevé que en simultáneo con el estreno de la serie se edite un libro firmado por Estero Bellaco, un manual para el éxito. Mientras tanto, ya pueden escucharse algunos anuncios de los autoparlantes del metro (alcanza con buscar "Metro de Montevideo" en YouTube) que, entre otras consideraciones, exhorta a "no tirar yerba en los andenes".

Una idea chiquita. Metro de Montevideo tiene un correlato con un hecho real. "Creo que en 1996 o 1997 vinieron unos inversores, un español y un uruguayo que vive en España, y dieron algunas notas de prensa; la que más recuerdo es la que salió en la revista Posdata. En aquella nota plantean que la construcción del metro de Montevideo es algo inminente. Que tienen todo cerrado con las autoridades departamentales y que están ajustando detalles para arrancar con la obra. Les perdí el rastro enseguida. Y al mes el tema ya había pasado al olvido. Y así como habían aparecido, desaparecieron. Creo que el proyecto de ficción Metro de Montevideo hace de cuenta que realmente pudieron construir el subte. El ingeniero es un poco una síntesis de esos dos inversores. De hecho, algunas cosas que dice Bellaco se las he robado de manera textual". Por otro lado, la serie muestra una ciudad bastante decadente. "Hay cosas que están deterioradas, fruto de la dejadez, una dejadez propia de nosotros, de hacer algo y dejarlo por ahí hasta que se pudra, se caiga y haya que hacerlo de nuevo".

Antes de ser serie, el subterráneo imposible formó parte de la primera muestra Ghierra intendente que se realizó en 2010, precisamente en el museo de exposiciones conocido como Subte. En el catálogo Caltieri decía: "Yo no creo que Montevideo merezca ser diferente de lo que es. Yo no creo que Montevideo necesite cosas, como un tren subterráneo. No soy urbanista ni aspirante a serlo. Simplemente, me resulta conmovedor el ansia de una pequeña ciudad por ser más grande de lo que es. (...) Metro de Montevideo es un subterráneo imposible, como el monorriel de Los Simpsons. Sí, somos Springfield. Esta muestra es una muestra de que nos parece triste ser solo, tristemente, Springfield".

Del libro Metro de Montevideo, de Marco Caltieri

La idea detrás del metro de Montevideo, reconoce hoy, en charla con Galería, surge de "un mecanismo de autoparodia sobre tener una determinada rigidez a la hora de ver una realidad y decir: 'Esto debería ser así', de vivir en un mundo del deber ser, que es algo que me pasa mucho. Eso que le pasa a Bellaco, me pasa mucho, lo de decir: '¿Por qué esto no es así?'. Y en un punto me doy cuenta de que estoy siendo un estúpido. Entonces, en vez de estar sufriendo por el deber ser que no es, busco reírme de ese debe ser. Porque además ese deber ser funciona, es fantástico sencillamente porque vive en nuestra cabeza: cuando se hace carne y se hace realidad, capaz que no está tan bueno. Y eso fue lo que me pasó en Buenos Aires".

Al principio, apenas se había mudado a la capital argentina, Caltieri estaba fascinado con el metro. Lo tomaba todos los días. Le parecía increíble que un sistema de transporte tan necesario e indispensable en cualquier ciudad que se precie de tal no existiera en Montevideo. "Los primeros tiempos que iba al laburo, de Palermo al microcentro, viajaba en el subterráneo", recuerda. "Iba como un nene. Enamorado. Hasta que llegó el verano. Y creo que no debe haber una experiencia más espantosa que la línea D en la hora pico en verano. Es el infierno. Me llevaba un bolso con una remera limpia para cambiarme en el laburo".

Con el tiempo también empezó a ver otros detalles. "Ves cosas que no funcionan, que se rompen, que son peligrosas. Ves que hay túneles que no van a ninguna parte, señalética mal hecha. Entonces, es divertido hacer el trabajo de ida y vuelta, el pensar que esto debería ser así, bien, pero también imaginar qué más pasaría si fuera de otra manera. El metro de Montevideo viene de ahí. Es una idea chiquita", asegura.

Esa idea chiquita primero fue una postal de una ficticia estación de subte en Montevideo. Luego se sumó la señalética. Y también el recorrido (o mejor dicho: los recorridos). Y luego aparecieron los mapas, la cartelería, la modificación del espacio urbano, las áreas tomadas por la omnipresente publicidad, el libro y, ahora, la serie. "A veces pasa que agarrás una idea chiquita y la empujás y la empujás y la seguís empujando, le vas sumando cosas, y de repente llegás a un punto en el que estás relejos de aquella idea inicial. ¿Y qué hacés? Seguís empujando porque, al final, es gracioso".