Cultura
Una liga de chicas superpoderosas

Little Rebels: la didáctica línea de muñecas de peluche que representan a mujeres pioneras

Inspirada en figuras icónicas, la colección creada por la uruguaya Marjorie Spitalnik fue distinguida en los TAGIE Awards, uno de los premios más importantes de la industria, y está nominada a los TOTY, el Oscar de los juguetes

01.02.2021

Lectura: 14'

2021-02-01T07:00:00
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Por Juan Andrés Ferreira

En mayo de 1868 la escritora, activista feminista y abolicionista Matilda Joslyn Gage, figura determinante en la consolidación del sufragismo femenino de Estados Unidos, pasó a ser la editora de The National Citizen and Ballot Box, periódico oficial, de publicación mensual, de la Asociación Nacional pro Sufragio de la Mujer (NWSA, por su sigla en inglés), entidad que ella misma ayudó a crear. En The National Citizen expuso, en artículos y columnas de opinión, acerca de temas relacionados con el feminismo y estableció, además, un espacio destinado a recordar nombres de mujeres omitidos por la historia oficial. Fue esa, precisamente, una de las principales inquietudes que Joslyn Gage tuvo a lo largo de su vida: la de reivindicar el papel -muchas veces protagónico- de figuras femeninas olvidadas.

El papel y la importancia que han tenido el pensamiento y las acciones de Joslyn Gage pueden compendiarse en la definición que la estadounidense Gloria Steinem, referente del movimiento feminista de las décadas de 1960 y 1970, dio de ella como "la mujer avanzada a las mujeres avanzadas de su época". En mayo de 1993, en un trabajo académico titulado The Matthew Matilda Effect in Science, la historiadora Margaret W. Rossiter acuñó el término "efecto Matilda" para ilustrar lo que Joslyn Gage intentó combatir a fines del siglo XIX: la "supresión sistemática de información sobre mujeres en la historia de la ciencia" y la negación de la contribución de las mujeres en la investigación científica.

En setiembre de 2020, en una entrevista con Galería, la por entonces candidata a intendenta de Montevideo Laura Raffo, recordaba su adolescencia y reflexionaba acerca de la ausencia de figuras femeninas como referentes durante esos años. "En aquella época no era tan fácil encontrar mujeres destacadas en algunos rubros para tomarlas de ejemplo. Estamos hablando de 30 años atrás, era un mundo mucho más dominado por el varón, que demandaba mucho más que la mujer se masculinizara para lograr las cosas y que no te proponía modelos de rol femeninos, aunque los había", decía. "Hoy eso cambió".

Entre el torpedeo de hashtags que se sacuden a diario en la web, en enero de 2021 estuvo el de la campaña #NoMoreMatildas, iniciativa de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AIMT), nacida de la necesidad de derribar estereotipos, visibilizar referentes femeninos en la ciencia y alertar acerca del impacto negativo que la ausencia de mujeres en textos escolares tiene en las aspiraciones profesionales de las niñas.

"¿Te imaginas qué hubiera pasado si Einstein hubiera nacido mujer?" era la pregunta con la que comenzaba la animación difundida en las redes por la AIMT y en la que se sugería, no sin una base bien documentada, que probablemente en la actualidad no se sabría de la existencia de una mujer científica llamada Einstein debido, principalmente, a que los méritos se los hubiera atribuido algún compañero de investigación.

Ese es, esencialmente, el efecto Matilda, el motivo por el que los nombres de mujeres brillantes no hayan trascendido en la historia, en los libros de texto y en los manuales científicos. En otras palabras: una de las razones por las que generaciones enteras han crecido con la idea de que la ciencia es cosa de varones. "Si se hubiese dejado a las mujeres científicas brillar, habríamos ido muchísimo más deprisa", señaló Carmen Fenoll Comes, presidenta de AMIT, en una nota con El País de Madrid.

Marjorie Spitalnik

En 2018, la uruguaya Marjorie Spitalnik, con experiencia en comunicación y marketing, estaba recorriendo la mitad del camino de un máster en temas de emprendedurismo por la Universidad de Columbia, de Nueva York, al cual había accedido por medio de una beca parcial. Se encontraba en Montevideo, en su casa, evaluando la posibilidad de pivotar en el modelo de negocio que estaba trabajando (en el lenguaje de las startups, pivotar es el término que designa a la acción de modificar y optimizar las actividades clave del negocio para lograr un crecimiento más sostenible). Mientras acompañaba a su hija Luana con una tarea de la escuela, la niña le preguntó: "¿Me podés explicar, mamá, para qué quiero saber sobre Juan Zorrilla de San Martín?", recuerda ahora Spitalnik. "Había algo que me venía haciendo ruido, pero no lograba determinar qué era. Hasta que ella me dijo eso. Ese comentario fue determinante. Ahí entendí. Ahí me di cuenta de que en los textos escolares de ella casi todos los personajes históricos eran hombres y casi no había ninguna mujer".

Así que le preguntó a Luana si conocía a personajes históricos femeninos como Marie Curie o más cercanos en el tiempo como Malala Yousafzai. Y no: Luana no tenía ni idea. "En los textos escolares de mi hija nadie le estaba hablando de cómo Marie Curie dio con la radio que nos permite tener radioterapia", apunta Spitalnik. Quizás no estaba del todo familiarizada con el concepto acuñado por Rossiter. Sin embargo, el efecto Matilda estaba ahí. Entonces comenzó a buscar materiales sobre Curie para compartir con su hija. Y descubrió que ella tampoco sabía tanto como pensaba. Aunque este no sería el único descubrimiento.

"Empecé a investigar. Me puse a leer un montón de otras historias sobre mujeres pioneras", prosigue Spitalnik. En busca de más información para compartir con Luana llegó a Mary Jackson, la primera ingeniera afroamericana en la NASA. Y a Amelia Earhart, la primera aviadora mujer en cruzar el Atlántico, autora de tres libros y decenas de artículos con relatos de sus travesías.

Y encontró libros como Goodnight Stories for Rebel Girls o Little Leaders: Bold Women in Black History. Aunque faltaba algo. "No había nada jugable, nada abrazable. Soy muy del juego, muy didáctica. A mí, para que me quede algo llevame a hacerlo. Hands-on. Necesito vivir la experiencia. Me queda mucho más. Calculo que a muchos niños les pasa lo mismo", comenta. "Ahí fue donde hice clic y pensé en hacer peluches con esas historias". Fue entonces cuando se dio el otro descubrimiento. "Descubrí, a los 36 años, cuál era mi pasión real. Yo venía trabajando con mujeres en crisis, sabía que iba por ahí, pero con esto me di cuenta de que quería empoderar y educar niñas y mujeres". Y así nació Little Rebels.

Malala, Amelia, Marie y Mary. La colección Little Rebels fue distinguida en la categoría Mejor diseño en la decimotercera edición de los premios anuales Toy & Game International Excellence Awards (TAGIES), cuya ceremonia se celebró, obviamente, de manera virtual. A su vez, las rebeldes también están nominadas a los premios TOTY (Toy Of The Year) como peluche del año (básicamente, los TOTY son los Oscar de la industria de los juguetes). "Estamos compitiendo con Baby Yoda, me quiero matar, ¡cómo me pongo a competir con eso!", dice Spitalnik entre risas. "Estamos en la misma categoría. Zarpado estar en la misma categoría que Star Wars".

Pero ¿qué es Little Rebels? Para empezar, una línea de muñecas de peluche que representan a mujeres pioneras que, en palabras de su creadora, rompieron paradigmas. Ellas son: Malala Yousafzai, Amelia Earhart, Marie Curie y Mary Jackson.

Cada una de ellas es representada en su versión de niña, ataviada con un tipo de vestimenta icónico o que sintetiza el campo de trabajo en el que desarrolló su carrera. Yousafzai, la joven activista pakistaní ganadora del premio Nobel de la paz 2014 a los 17 años, viste una túnica amarilla y lleva la cabeza cubierta por un velo rojo que recuerda al que luce en la portada de su autobiografía, Yo soy Malala (libro que precisamente está en el living de la casa de Spitalnik).

Earhart, la piloto más famosa de todos los tiempos, figura clave en la historia de la aviación y la exploración, la primera mujer que realizó la travesía del Atlántico en solitario, lleva su casco y sus gafas de aviadora, y va bien abrigada con una campera de corderito.

Curie, una de las científicas más influyentes de la historia moderna, la primera mujer premio Nobel y la primera persona en recibir dos Nobel en distintas disciplinas (Física y Química), va con un vestido con motivos muy similares al que luce en una de sus imágenes más conocidas, aunque de otro color.

Por último, a Jackson, la matemática, científica de la computación e ingeniera aeroespacial que superó las barreras de la segregación y el sesgo de género, siendo una figura clave en el éxito de las misiones espaciales de la NASA, se la ve con la tradicional túnica blanca asociada a las ciencias (desde mediados de 2020, el cuartel general de la NASA en Washington lleva su nombre).

"Cuando arranqué busqué equilibrar entre mujeres históricas y mujeres contemporáneas", explica la madre de las rebeldes. "Hay miles de mujeres para representar, pero tenés que entrar con las más conocidas. Sabía que tenían que ser peluches tiernos, amigables, con caritas de princesa tipo Disney, un estilo en línea con Frozen, porque en el estante tienen que competir. Aunque no sepas que la que está ahí es Marie Curie, primero te tiene que gustar la muñeca, después te enterás quién es. Pero primero te tiene que atraer la muñeca y tenés que poder agarrarla". Luego viene todo lo demás. Que es lo siguiente.

Little Rebels también es una herramienta para que los adultos puedan enseñarles a sus hijos acerca de estos personajes y, con ellos, entablar un diálogo sobre asuntos como "la diversidad, la inclusión, el coraje, el respeto y la igualdad", explica Spitalnik. Los peluches van acompañados de una app a través de la cual se accede a una animación que muestra la historia, las ideas y los logros de cada pequeña rebelde. La app, que ha sido desarrollada por la firma uruguaya Unicorn Games, también incluye un pequeño libro electrónico que sirve como correlato del video, una trivia de preguntas y respuestas, una sección para colorear, y la posibilidad de usar realidad aumentada (RA) que permite interactuar con la versión digital de la muñeca.

El 8 de marzo de 2020, Día Internacional de la Mujer, Spitalnik lanzó un KickStarter para hacer la producción de las muñecas. "Ahí logré hacer el primer batch de muñecas", cuenta. "Por KickStarter se vendieron cuatrocientas y pico. Las demás las estamos vendiendo al mundo y a Uruguay". En el último año participó en encuentros y seminarios web patrocinados por Women in Toys, lo que le permitió dialogar con agentes de Walmart y Mattel, entre otros. "Tengo un montón de conversaciones corriendo en paralelo y un par de inversores se acercaron".

En los premios TAGIE, la uruguaya compitió con pesos pesados como Fisher-Price, compañía fabricante de juguetes diseñados para contribuir al aprendizaje de niños de edad preescolar. "Cuando veo que dice ‘The winner is Marjorie...' lo primero que pensé fue que se había equivocado. ‘Ya alguien le va a avisar que se equivocó', pensé. No fue así, había ganado. Después de eso me puse a pensar en lo zarpado que es que tu primera reflexión sea esa. Síndrome del impostor al firme, cien por cien. Todavía no lo puedo creer".

Aquí, un paréntesis. El síndrome del impostor, también llamado síndrome del fraude, es un malestar psicológico en el que las personas exitosas no logran asimilar del todo sus logros, llegando a dudar y sentir culpa por recibir una atención o un reconocimiento que consideran inmerecido. Algunas investigaciones asocian al síndrome con el perfeccionismo, el alto nivel de autoexigencia y el temor al fracaso. Y hay un dato interesante: manifestaciones de esta conducta suelen verse sobre todo en mujeres (una de las personalidades que ha reconocido haberlo padecido es Michelle Obama). Según un informe de OnePoll realizado en 2018 para el Access Commercial Finance de Reino Unido, dos tercios (66%) de las mujeres habían experimentado el síndrome del impostor en su trabajo durante los últimos 12 meses. Según esta investigación, los hombres tienen 18% menos de probabilidades de experimentar el síndrome del impostor que las mujeres, y poco más de la mitad (56%) dice haberlo experimentado en los últimos 12 meses.

Dibujos en peluches y peluches en rebeldes. Spitalnik nació en San Pablo. Es brasileña, uruguaya y lituana. Y vive en Uruguay. Es hija de Dinah Spitalnik, una de las pioneras en marketing para redes sociales en Uruguay, y autora de Escape de los Balcanes, novela histórica coescrita junto a Alicia Escardó. Desde hace más de 15 años trabaja en publicidad y comunicación.

"Kamikaze", dice ella: "No tengo otra definición para lo que soy. Hice de todo. Analista en publicidad en ORT. Al mismo tiempo, la carrera de chef en el ITHU (Instituto Turístico Hotelero del Uruguay). Después tuve un programa de cocina en Montecable, donde hice la producción y la conducción. Tremenda experiencia. Hice Comunicación Corporativa y Relaciones Públicas. Hice Producción Audiovisual. Todo en ORT. Estuve unos cuantos años en ORT. Y fui bartender. Trabajé muchos años como bartender. De hecho, fui una de las primeras mujeres bartenders (con título) de Uruguay. Laburé siete años de noche. Laburé un montón. Dejé porque quedé embarazada de Luana. Lu es el corazón de todo". Es que, el embrión de lo que posteriormente fue Little Rebels nace del influjo de su hija. Se llamó Tedybujo.

En 2013, cuando Luana tenía unos cinco o seis años le mostró un dibujo que había hecho y le dijo que sería increíble que ese dibujo fuera de verdad y pudiera jugar con ella. Esa misma noche Spitalnik se puso a investigar en la web acerca de cómo convertir aquel diseño bidimensional en un juguete de tres dimensiones. La respuesta: pasar del papel al peluche. Se contactó con una costurera que encaró el desafío de animar los trazos de Luana. Y así, lo que se inició como un juego se transformó en un emprendimiento. Y nació Tedybujo.
Así funcionaba: por intermedio de la web (el sitio del proyecto, su página en Facebook o vía mail) los niños (o más bien, los padres de los niños) enviaban sus dibujos. En un lapso de aproximadamente cinco días recibían, a través de Correo Uruguayo, la materialización de ese dibujo en un peluche. Una mariposa, un auto, una superheroína, una bailarina, un robot, un oso, un león de patitas finas, una ¿oruga? multicolor: cada peluche era cosido a mano con una asombrosa fidelidad al trazo infantil por mujeres en contexto de crisis (violencia doméstica, madres solteras).

El emprendimiento tuvo diferentes etapas de crecimiento y expansión, con derivados como Tedynursery, un hospital para remendar peluches; Tedysign, destinado al diseño de ropa de los peluches; y Tedyjewel, que transformaba en dijes para adultos los dibujos de los niños. También trabajó en conjunto con Ceibal y realizó talleres en escuelas.

En 2016, junto con Tedybujo, Spitlanik fue seleccionada para participar del YLAI (Young Leaders of the Americas Initiative), patrocinado por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Tras esa experiencia, obtuvo una beca parcial para realizar un máster durante el período 2017-2019 en la Universidad de Columbia, en Nueva York: Entrepreneurship and Competitiveness in Latin America (ECLA), "que es como un MBA para emprendedores", comenta. "A mitad del máster me di cuenta de que Tedydibujo era insostenible. Acá, la mano de obra es imposible de pagar. Era un proyecto muy social. Solo trabajábamos con mujeres en crisis. No había forma de hacerlo crecer". Y entonces fue cuando, haciendo la tarea para la escuela, Luana le dijo: "¿Me podés explicar, mamá, para qué quiero saber sobre Juan Zorrilla de San Martín?".

Spitalnik, su hija Luana y las pequeñas rebeldes: "Lu es el corazón de todo", dice la emprendedora uruguaya.

 

DÓNDE ESTÁN LAS REBELDES

Little Rebels se vende a todo el mundo a través de su sitio web, pequenasrebeldes.com.  En Uruguay, además, las pequeñas rebeldes pueden encontrarse en Mis Petates (Montevideo) y en la juguetería Upalalá (Paysandú). Se recomiendan para niños a partir de 4 años y el precio en la web es de 35 dólares. Por cada Malala vendida, Little Rebels dona un porcentaje a la Malala Fund.