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Una vida en el Palacio

Las senadoras socialistas Daisy Tourné y Mónica Xavier dejan el Parlamento

Las senadoras Daisy Tourné y Mónica Xavier, ambas del Partido Socialista y pioneras en la lucha de género, dejan el Poder Legislativo con el cambio de gobierno.

27.12.2019

Lectura: 17'

2019-12-27T06:00:00
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Por Elena Risso

Daisy Tourné (DT) y Mónica Xavier (MX) dejarán el Parlamento el 15 de febrero, luego de años en el Poder Legislativo. Con su partida, se produce la salida de las cámaras de dos reconocidas feministas que tuvieron un papel muy activo en la promoción de temas de género. Tourné ya había anunciado que no volvería a competir por una banca; en el caso de Xavier no resultó electa para el Senado porque los socialistas obtuvieron un solo lugar, que será ocupado por Daniel Olesker.

Tourné tiene 68 años, es docente, fonoaudióloga y psicóloga social. Esas dos últimas ocupaciones las siguió ejerciendo de forma honoraria desde 1995, cuando asumió primero como diputada y luego como senadora del Partido Socialista. Entre 2007 y 2009 fue ministra del Interior del primer gobierno de Tabaré Vázquez, cargo al que renunció en junio de 2009 tras conocerse un discurso suyo con insultos a figuras de la oposición y legisladores del Frente Amplio.

Xavier tiene 63 años, es cardióloga y senadora del Partido Socialista desde 2000. Fue presidenta del Frente Amplio entre 2012 y 2015, abandonando el puesto por diferencias en el seno de la coalición de izquierda. También fue secretaria general del Partido Socialista entre 2016 y 2019.

Después de años de tareas parlamentarias, Tourné quiere retomar la escritura, algo en lo que incursionó hace algunos años cuando publicó un libro de poemas. También espera concretar un sueño postergado: crear la Fundación Paulina Luisi, que tendrá como cometido promover la participación de mujeres en política.

Xavier también quiere impulsar esa iniciativa, ahora que tendrá más tiempo libre. Tiene claro que no volverá a la Medicina, algo que abandonó en 2012, cuando asumió la Presidencia del Frente Amplio.

¿Cómo comenzaron a militar?

DT: Tengo dos etapas, soy fundadora del Frente Amplio como estudianta. Venía de una familia blanquísima, por eso soy socialista como hueso de bagual, no hay que negar las raíces. Papá era hermano de Uruguay (Tourné, político nacionalista). En mi casa la política era cotidiana, los Tourné se reunían todos los domingos. Empecé a estudiar Magisterio en el 68, ¿qué iba a hacer? No podía ser de otra cosa, los de derecha eran bichos extraños. Militaba en el seccional 1, en la calle Maldonado, enrollaba carteles. Ahí se dio la infiltración que hicieron los "camaradas", los comunistas, en el Partido Socialista, en el 71. También me vinculé al Partido Socialista por un gran error de mi tío Uruguay, cuando una vez estudiando en Magisterio le pedí un libro de Juan Manuel de Rosas. Me dijo: "Te voy a dar el mejor libro de este país que se ha escrito sobre Rosas", y me dio el de Vivian Trías. Ahí empecé a leerlo. Yo tenía eso de izquierda, obviamente me simpatizaban al inicio las cosas que hacían los tupamaros. En esa época no eran tan claras las divisiones, me parecían como robinhoodescos, pero nunca estuve muy de acuerdo con la violencia armada. Mi militancia fuerte en el Partido Socialista comenzó en dictadura, cuando me engancho a militar a través de mi inclusión en AEBU. Ahí hago militancia clandestina en serio, vendiendo cosas, llevando volantes en el cuerpo, saliendo a volantear con Laura Motta (esposa de Daniel Martínez).

¿Estuvo detenida?

DT: No. Sí me vinieron a buscar cuando hacía Magisterio porque estaba en las listas gremiales.

¿Y usted?

MX: Por mi padre (Manuel Xavier). Lo mío fue genético. Mi madre es italiana, mi papá artiguense, se encontraron en el preuniversitario de la época. Hicieron la carrera de odontólogos juntos, se casaron y se fueron a vivir a Artigas. Era muy dura la realidad política y social en Artigas. Surgió el movimiento de los cañeros; muchos dirigentes socialistas en esa época estuvieron en esas actividades. Además, la solidaridad llevaba a que si alguien hacía un acto de izquierda, por ejemplo los comunistas, íbamos los socialistas y viceversa. Había realidades muy duras, más allá de que uno la viviera como niña, que vinieran los militares acompañando a los presos, la mayoría presos sociales, a mi casa a atenderse. O que mi papá fuera al lugar de reclusión por algún problema odontológico de alguno de esos presos, te hacía ver algo que después vivimos cuando vinimos a Montevideo y fue la primera clandestinidad del Partido Socialista. Cuando vine acá, hice los últimos dos años en la Escuela Francia con compañeros con los que aún me sigo reuniendo, y después fui al Liceo Suárez. En Secundaria me empecé a meter en la militancia, fuimos organizando a las juventudes socialistas. Pasamos la situación traumática de perder a mis amigos, que se fueron al Partido Comunista.

¿Hablaron de ese tema después con integrantes del Partido Comunista?

DT: Sí, claro. Al que todavía le sigo cobrando, en broma, es a Marcos Carámbula, porque fue un cuadro muy importante en la infiltración.

MX: Sí. Era parte de la dirección. Todo ese sector agarró a toda la juventud, la universitaria y también la secundaria.

DT: Fue terrible. Es muy invasivo, es terrible. No estuve bien en el centro de la cosa, pero, eso de encontrarte de un día para otro con que te mintieron, es una gran traición. Y la Casa del Pueblo no se perdió porque los metalúrgicos la defendieron.

¿Les costó recomponer el vínculo con el Partido Comunista?

MX: Sí, sí.

DT: Sí. A todos nos costó mucho. Después, compartiendo tareas, tiempo y espacio, te obliga. Cuando empecé la militancia sindical ahí la mayoría eran comunistas. Ahí conocí a Marina (Arismendi), Alicia Pintos, un montón de gente, entrañable compañeros. Pasó mucha agua debajo del puente, igual tengo buena memoria.

MX: Como decía Wilson: "No soy rencoroso...

DT: ... pero me acuerdo".

Ese tema no lo tienen muy claro las nuevas generaciones.

DT: No tienen ni idea.

El Partido Socialista fue uno de los grupos pioneros en promover los temas de género. ¿Cómo fue ese proceso?
DT: En 2015 se decidió ser paritario, pero en 1990 en un Congreso del Parque Hotel, un grupejo de locas, el cual integraba, como no puede ser de otra manera...

MX: Yo no, yo era la resistencia.

DT: Mónica en ese momento no estaba de acuerdo, ella era mucho más prolija. En el Partido existía un grupo de mujeres, las Mujeres Socialistas del Uruguay, que éramos feministas y nos juntábamos en Casa del Pueblo. También hay que entender que los primeros movimientos feministas en organizaciones atravesadas por el patriarcado, como era cualquier organización política de este país, eran muy reactivas. Generaban gran reacción también. Los socialistas igual siempre estuvieron mucho más abiertos. En el 90 se nos ocurrió a algunas mujeres presentar una moción para iniciar la discusión de la cuotificación, para tener un año de debate. Convencimos a Chifflet para que presentara la moción, nadie le iba a decir que no. Entonces salió que el Partido asimilaba como buena la discriminación positiva para la mujer y se planteaba un año para la discusión.

MX: Además, teníamos a la gente que venía del exilio europeo, de España, entonces tenías un Gargano defensor de eso que me criticaba mal. Yo me dedicaba a la parte organizativa interna del partido, fue salir a la vida fuera del partido y la realidad me cacheteó. No la vivía de tal forma adentro.

¿Le tocó vivir más situaciones de machismo fuera de la política?

MX: Yo no hice cirugía porque eran muy poquititas las cirujanas. Yo decía: "Si en la política hay que sufrir discriminación, en la profesión no, too much". Me encantaba la cirugía, estaba entre la neurocirugía y la cardiología, y terminé siendo cardióloga. Influyó sí.

Mónica Xavier. Foto: Sebastián Aguilar.

¿Cómo se dio la llegada al Parlamento?

DT: Llegué en 1995, iba tercera después de los Guillermos (Chifflet y Álvarez). Hace mucho que nosotros votamos secreto en el Congreso del Partido Socialista, y yo teína competencia. La gente se piensa que hay cuota y no hay competencia. Había varias para ese lugar. Salí yo para ir en la lista. Salí diputada en el segundo escrutinio.

MX: Y yo salí suplente de ella, llegué a asumir. No tenía ninguna definición al respecto y tenía el contrapeso de mi viejo que me decía que la carrera legislativa me iba a costar la carrera de médica. Me pesaba, la verdad, la opinión de él. No estaba tan decidida tampoco, así que ingresé en algunas oportunidades. En el 2000 entré como senadora, tercera después de Gargano y de Korzeniak.

¿Qué balance hacen de la vida política que han tenido?

DT: Soy una mujer privilegiada. Pertenezco a una generación que tenía muy mal visto el "quiero ser tal cosa". Yo no me propuse "quiero ser diputada o quiero ser esto". He sido privilegiada, me gusta muchísimo la tarea parlamentaria, aprendí a valorarla con los viejos parlamentarios.

MX: No me concebiría sin la actividad política. No necesariamente esta que he tenido, pero por mi historia personal no me concibo sin militar. Y también sentir el privilegio, cuando sentís la confianza de tus compañeros.

¿Cuál fue el momento más duro que les tocó pasar?

MX: A mí sin dudas la salida de la Presidencia del Frente. Fue un gran error, muchos lo ven como el lado de la acumulación de cargos, me parece un gran error, producto de la banalización de la política, que llega a todos lados. No entender la importancia del Frente Amplio, que es la mitad de la votación y que necesita de iniciativa política permanente. No podés estar justo fuera del lugar donde están los líderes políticos de los otros partidos.

¿Incidió que fueras mujer?

MX: Incidió. No fue decisivo, pero sí.

DT: Yo creo que sí. Hay varones que nunca...

MX: Hubo compañeros que nunca aceptaron, más allá de haber tenido la primera presidencia con legitimidad, de voto directo de los frenteamplistas.

DT: Para mí lo peor que he vivido ha sido la violencia brutal contra mi persona. Pero brutal. No me pegó nadie, pero nunca he recibido un grado de violencia de género más brutal de todos lados, de adentro de casa y de afuera. Debo haber sido Tarzán a esa altura para bancar.

Se la criticó, por ejemplo, por andar a caballo. Hoy ese tipo de críticas a mujeres serían inconcebibles, y no pasó tanto tiempo.

DT: Se dijo de todo.

Se la criticaba por cualquier cosa, más allá de los números del Ministerio.

DT: Mirá los números y vení a agradecerme, porque fue el mejor momento del Ministerio del Interior. Lejos. Preguntale a los policías. Ahora, soy cruel, yo no disimulo nada: de puta, tortillera, borracha. Todo, absolutamente todo. No fue eso lo que más me dolió, porque siempre hay gente que dice, sino que no escuché una voz que me defendiera.

¿Pasó facturas por eso?

DT: Nunca. La vida es larga. Me cansé, hice una depresión espantosa. Primero me hice Gardel, como suelo hacer.

Estuvo mucho tiempo sin hablar con los medios.

DT: Los medios me destruyeron, dijeron cualquier cosa que hoy no se atreven a decir, que no se atreven a decir de ningún varón pudiendo decir cosas más fuertes. Acá hubo políticos varones que comprobadamente explotaban sexualmente a niñas, en la casita de Paysandú. ¿Viste algún titular que reflejara esa circunstancia? Calladitos la boca. Los grandes cómplices. Por eso corté, no iba a andar explicando. Me parece de los más antiguo, de lo más poco culto tener que decir cuál es mi opción sexual. ¿Vos has visto algún heterosexual diciendo "mucho gusto soy heterosexual"? ¿Qué te importa? Fue absolutamente violento, a doble punta. A mí no vino nadie a decirme nada. El día que renuncio al Ministerio hubo dos personas que vinieron a verme: Lalo Fernández y Aldo Guerrini. Nadie más.

¿Le costó reinsertarse en la vida política?

DT: Me tomé una licencia, me reintegré al Parlamento porque a mí no me vas a ganar. Pero los golpes eran tan terribles; la violencia simbólica a veces es mucho más destructiva que la violencia física. Yo considero que he sido víctima de violencia de género, sin dudarlo. Cuanto más conozco de la violencia de género más reconozco que fui víctima. Y sí, caí con una brutal depresión porque aguantar aquello... Pero la gente se recompone, se repara. Resiliencia.

¿Cree que podría haber hecho las cosas de una manera diferente?

DT: Hice cosas diferentes, que tal vez con el tiempo se comprenderán. Una de ellas es que la izquierda tenía un pésimo relacionamiento con la Policía, porque nos habían cagado a palos en reiteración real. Uno de mis objetivos era tener un buen vínculo, reconocerlo y humanizarlo. Lo hice y fue exitoso, pero me costó carísimo, mucha gente no lo entendió. Creo que hasta ahora no lo entienden. A mí me cuesta. Soy de la generación del 68, del Mayo francés, del hippismo, siempre estuve en contra del statu quo y me cuesta atarme a la corrección política actual.

Daisy Tourné. Foto: Sebastián Aguilar.

Xavier, usted asumió un papel activo en intentar levantar el veto, del presidente Vázquez, a la ley del aborto, un tema que era muy sensible para las mujeres frenteamplistas y que significaba chocar directamente con el presidente. ¿Se arrepiente de haberlo hecho?

MX: En absoluto. Primero porque estoy absolutamente convencida de que había que hacerlo. Y cuando ves un año más en el que no ha muerto una mujer por aborto inseguro en condiciones de riesgo, decís "se evitó una muerte innecesaria". Segundo, que no hemos obligado a nadie a que aborte, eso costó mucho. Que haya una ley no obliga a nadie. Tercero, porque creo que esas cosas hay que discutirlas y después democráticamente se resuelven. La herencia del Partido Socialista en ese tema está clara, y fue muy valiente cuando integrando ese partido y frente a una resolución de un congreso que nos mandataba a continuar a quienes fuéramos legisladores socialistas a continuar con el trámite legislativo a alcanzar la despenalización, dijo bueno, desde las responsabilidades que tengo no puedo mantener ese mandato tan claro del congreso, que había sido por una amplísima mayoría. Cuando se dio la situación del debate yo hablé con Tabaré. Si bien ambos debíamos reconocernos en una posición meditada y diferente, también estaba la decisión de proseguir con ese tema. Nunca tuve ningún reproche de Tabaré. Él también me explicaba que el veto era un recurso que teína a disposición y que no usarlo era una decisión que contravenía lo que pensaba.

DT: ¿Te acordás quién firmó el veto?

María Julia Muñoz, que era la ministra de Salud.

DT: Porque nos negamos a firmarlo los ministros socialistas. Ninguno firmó. A la primera que llamaron fue a mí, no firmó Gonzalo Fernández, ni Daniel Martínez.

MX: Quiero dejar claro que nunca tuve problemas de relacionamiento con Tabaré.

Ustedes tuvieron un papel muy activo en la bancada bicameral femenina durante el gobierno de Jorge Batlle. A escala parlamentaria se trabajó en la cuota, por primera vez se habló de la despenalización del aborto, las licencias especiales, el acompañamiento en el parto, pornografía infantil y una serie de iniciativas sobre temas de género. Sin embargo, parecería que recién ahora el tema tomó fuerza.

DT: Creo que empieza a crecer la conciencia de la gente, la gente toma la bandera y empieza a sumarse. Ahora pasa a ser incorrecto políticamente no sumarse a esos temas. Creo que hoy, a pesar de que estoy convencida de que están pensando lo mismo que en el 90 o antes, no se atreven jamás a decirlo porque hay una enorme cantidad de gente que se suma, que perdió el miedo a decir y a sumarse a las movilizaciones. Ahora veo los 8 de Marzo o los 25 de noviembre lleno de gurisas jóvenes y de varones en las marchas.

También hay gente que va a mostrarse.

DT: Sí, hubo varias inauguraciones este año.

MX: Creo que a la acción parlamentaria, que siempre la hicimos muy en sintonía con las aliadas de la academia, con las aliadas del movimiento sindical, con las aliadas de la sociedad civil que tenían la temática de la mujer, se suma en el último tiempo la política pública, que transversaliza los temas de género. La ley de derecho sexuales y reproductivos del 2008, aunque sufre el veto del aborto, deja para la implementación de la política pública, para la incorporación a la educación formal e informal, para la formación de los profesionales de la salud, una serie de mandatos que van teniendo otra integralidad. La prueba es que esta legislatura no tuvo iniciativas de origen legislativo porque la mayoría vinieron del Poder Ejecutivo y del Instituto de las Mujeres. Más allá de que fueron cinco años complejos porque hubo tensión parlamentaria y debate por las cosas más irrisorias y uno no tenía las ganas de encarar más temas.

¿Qué le hubiera gustado encarar?

MX: Creo que un tema importante fue la objeción de conciencia. No se plantea solo para la interrupción voluntaria del embarazo, se plantea para las personas trans, para otros aspectos médicos que tienen que ver con los derechos reconocidos y entonces hay que discutir ese tema.

¿Y a usted?

DT: Hay un enorme faltante en la violencia de género, que es la violencia de género a las mujeres políticas. Hay un estudio realizado por ONU Mujeres que dice que 82% de las mujeres que ejercieron o ejercen la política algún tipo de violencia sufrieron. Y 25% de las mujeres que trabajaban en política sufrieron violencia física en América Latina. A la violencia de género a la mujer política hay que hincarle el diente. Tiene que ver con el ejercicio del poder. Cuando vos abrís la puerta para el poder, en general cuando no hay más remedio por las cuotas, las mujeres que entran son las que se portan bien, las más adaptadas al sistema patriarcal. Cuesta llegar a las que tienen una concepción más jugada al tema de género, que es lo que necesitamos.

¿Cómo ven que asuma una vicepresidenta?

DT: El caso de Beatriz es un caso particular, en un partido donde ella pagó. Tengo un gran respeto a Beatriz, un buen vínculo y reconocimiento. Jugó un papel muy importante en un partido en el que el tema de género no es fácil.

MX: Yo también tengo muy buena relación con Beatriz.
Cuando estaban todas en el Parlamento había una coordinación entre mujeres, respaldaban sus proyectos.

DT: Llegábamos a ir a actos juntas.

MX: Ahora las mujeres son predominantemente del Frente Amplio y las mujeres de otros partidos no se han involucrado.

También es muy dispar la situación dentro del Frente Amplio. A las del MPP no se las ve con ustedes.

MX: Una de las cosas que hicimos, ni bien aprobada la ley de violencia de género, cuando había mucha lentitud en hacerla funcionar, fuimos todas juntas a una entrevista en la Suprema Corte.

DT: Hay que reconocer que hay distintos desarrollos y distintas miradas. Por más que nos pusiéramos de acuerdo en un montón de cosas, hay mujeres dentro de la izquierda que quieren decir: "Yo quiero llegar por mis propias condiciones". Y no reconocen los obstáculos que tiene el género, más allá de que ella tiene las condiciones desde hace mucho rato y no tienen cómo probarlas, porque no se le exige lo mismo a los varones. A veces te encontrás con varones jugados y bien, y también con mujeres que llaman la atención porque hacen todos los mandados del patriarcado.