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Regreso a clases con presencialidad

La vuelta de los cuadernos y el tapabocas

Especialistas en temas de educación opinan sobre la importancia de las clases presenciales, y los pro y los contra de la escuela en casa.

28.02.2021 06:00

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2021-02-28T06:00:00
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Unos 700.000 preescolares, escolares y liceales volverán oficialmente a clases este 1º de marzo (aunque hay instituciones que ya comenzaron). A fines de enero, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) dio a conocer los lineamientos en los que basará este año siguiente a 2020, el de la pandemia de Covid-19, en el que Uruguay fue el único país de América del Sur que volvió durante su transcurso a las clases presenciales. Es por eso, sumado a las posibilidades tecnológicas sustentadas por plataformas como el Plan Ceibal, que las autoridades rechazan el concepto de que haya sido un año perdido.

Para el año lectivo que comienza la estrategia del gobierno apunta, entre otras cosas, a lograr la mayor presencialidad posible, crear espacios de acompañamiento con docentes y estudiantes, vinculando a la familia y al entorno, y apelar a la educación combinada entre lo presencial y lo virtual. El escenario planteado, aunque en parte ya conocido por la experiencia del 2020, vuelve a poner a padres y alumnos en estado de cierta incertidumbre, pues la dinámica del hogar nuevamente se verá alterada y todos deberán poner de sí para salir con buena nota. Y entre clases presenciales y virtuales, la falta de rutinas, las complicaciones de horarios, la separación en grupos y subgrupos y la disponibilidad de la tecnología, aparece como telón de fondo el miedo al contagio de la enfermedad.

Galería consultó a distintos actores del mundo educativo y científico (pero también relacionados con la educación), sobre qué se puede esperar de este inicio de clases. Ellos son: Héctor Florit, maestro, exdirector y exconsejero del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP); Juan Pedro Mir, maestro, pedagogo, integrante de Eduy21 y exdirector de Educación; Elbia Pereira, secretaria general de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM); Agustina Ponce de León, psicopedagoga y magíster en Educación Emocional; Carolina Chevalier, licenciada en Educación Inicial, magíster en Gestión de Centros Educativos y doctoranda en Educación; Natalia Trenchi, psiquiatra infantil; y Juan Cristina, profesor titular de Virología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (de la que fue decano) y prorrector de Enseñanza de la Udelar.

Existen matices: hay quienes consideran que el tiempo es corto para el arranque propuesto, que es difícil la adaptación de los espacios, que lo más adaptable son los niños o que, por el contrario, quienes más sufrieron la virtualidad fueron los más pequeños. Pero también hay coincidencias: la presencialidad en las aulas es bienvenida y los padres, pese a todo, pueden estar tranquilos y confiar.

Lo virtual no es negativo para el aprendizaje. El maestro Héctor Florit (exintegrante del CEIP y del Consejo Directivo Central de la ANEP) piensa que la asistencia presencial "es inherente sobre todo a la escuela y a la educación inicial". Y al estar todo el sistema político y docente de acuerdo en el concepto de la "presencialidad segura", el cumplimiento a rajatabla de los protocolos sanitarios fueron en 2020 y deberán ser en 2021 una contraparte clave. Sin embargo, considera que la adaptación de los locales para lograr el distanciamiento social requerido puede ser difícil de lograr. A su criterio, el escaso tiempo lo torna "inviable".

"Son complejas las inspecciones para transformar un galpón o un club en un aula; además, hacen falta cargos docentes para desdoblar eventuales grupos de 35 y 36 alumnos. Eso no está previsto". Sobre la seguridad sanitaria, Florit arrima tranquilidad a los padres, recordando que los sucesivos informes del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) dan cuenta de que "los niños tienen menos riesgos tanto de enfermedad como de contagio", que no hubo casos fatales por coronavirus en niños ni adolescentes, que los pocos contagios "se han producido fuera de las instituciones educativas" y que los protocolos en escuelas se han cumplido de forma por demás correcta.

Por las dudas que la situación amerite el retroceso de alguna perilla, el exdirectivo de Primaria enfatiza que "lo virtual no es negativo para el aprendizaje" sino más bien "un complemento necesario" que "llegó para quedarse". El Plan Ceibal, asegura, impidió que 2020 fuera un año perdido.

La presencialidad es necesaria. "Desde lo pedagógico, tanto la Unicef como la Unesco, como la Sociedad Uruguaya de Pediatría y la Cátedra de Psiquiatría Infantil, todos coinciden en que lo mejor para los niños es la presencialidad física en Primaria e Inicial", asegura el maestro y exdirector de Educación Juan Pedro Mir. "La presencialidad es necesaria para una economía que se tiene que sostener. La experiencia del año pasado fue muy exitosa, fuimos el único país de la región en que los niños volvieron a clases. Lo contrario sería un retroceso".

Quien hoy integra la organización de técnicos y profesionales de la educación Eduy21 sostiene que ya en octubre esa organización propuso conseguir "más metros cuadrados para ganar distanciamiento" en sindicatos, clubes y plazas públicas para los recreos. "No puede haber encintados en lugares de recreación públicos. Los niños son los que menos contagian. Apuntamos a clubes juveniles, de barrio, a las propuestas socioeducativas, y a aumentar el número de docentes y auxiliares. Hay una fantástica reserva en los docentes de Magisterio y Profesorado".

Como padre, él está tranquilo y dice que los otros padres deben estarlo también. Claro, así como hay brechas económicas y educativas, también las hay en tejidos sociales familiares. "La pandemia y el confinamiento han desnudado la precariedad del tejido familiar en buena parte de la sociedad uruguaya, algo que permea a toda la sociedad. No siempre hay una familia presente, como debería haber. Y también reflejó la importancia del centro de estudio como encuentro con otros, lo que permite al joven y niño ir más allá de su entorno familiar. Los niños extrañaban el contacto con sus compañeros".

Intenciones basadas en hechos. La titular del gremio de los maestros es enfática en dos cosas: uno, que no entiende la profesión de una forma que no sea presencial; dos, "que hay que asegurarles a las familias que está firme el compromiso de los docentes y funcionarios no docentes como hasta ahora". Esa presencialidad, sostiene Elbia Pereira, siempre va a estar ajustada a algo tan dinámico como los protocolos sanitarios. "Esto ameritó una reorganización de los centros escolares donde los edificios no estaban preparados. Se subdividieron grupos. El docente debió encontrar la forma de estar en dos espacios físicos distintos, lo que no es óptimo y atenta contra el derecho del niño de tener en su aula a su maestra. Así se terminó 2020 en algunas escuelas".

"Si bien el país ha salido de la zona roja, hay perspectivas de vacunación y somos bien considerados por la gestión de la pandemia, a las buenas intenciones hay que plasmarlas en hechos concretos. Y tiene que estar garantizada la salud de los niños y los trabajadores", concluye.

Primera en abrir, última en cerrar. La magíster y psicopedagoga Agustina Ponce de León tiene bien grabada una frase que en estos días se ha repetido mucho en radio y televisión: las escuelas son lo primero que se abre y lo último que se cierra. "A los niños, sobre todo a los más chicos, les afecta la virtualidad; en el liceo quizá no pase tanto eso. Entonces, siempre que se pueda y cuidándonos, tomando el año pasado como referencia, apoyo 100% la presencialidad. A no ser, claro, que la situación empeore a un nivel insostenible".

Pese a su marcado apoyo a la presencialidad, rechaza que 2020 haya sido un año perdido. "Vi gente de varios colegios enloquecida, pero para mí fue una gran oportunidad para centrarse en los aprendizajes. No solo los curriculares: estar con la familia, compartir. Y sobre los contenidos, muchos colegios pudieron sobrellevarlos". Claro, admite, que la brecha se agravó; y ese ensanchamiento está directamente relacionado con la infraestructura de la institución educativa.

"Sí estoy convencida de que los padres pueden estar tranquilos. Las instituciones van a tomar los recaudos necesarios y las familias las deben tomar también. Ojo, puede haber un contagio como en cualquier lado, pero el virus ya está y la solución no pasa por encerrarse y dejar de hacer las cosas", concluye Ponce de León.

Así en casa como en la escuela. Carolina Chevalier, especializada en Educación Inicial, considera que en el actual escenario, con la presencialidad anunciada y las otras tres medidas "que la apoyan", lo que apunta a una "educación combinada", se puede esperar que "el año lectivo pueda desarrollarse en forma adecuada".
Para ella, los niños han mostrado gran flexibilidad y adaptación a la situación inusual vivida el año pasado.

Quizá quienes más se complicaron hayan sido los padres. "Las plataformas virtuales funcionaron con éxito en muchos centros educativos. Los que se vieron más perjudicados fueron los niños o niñas que no tenían acceso a Internet u otras complicaciones derivadas del caso. La falta de presencialidad al inicio o el no poder tocarse, darse un beso como antes, sí generó un cambio ‘negativo' y difícil de entender en algunos casos, que se fue suavizando poco a poco y suplantando por otras realidades".

Pensando en los padres, Chevalier sostiene que ellos "pueden estar tranquilos" porque se han estado cumpliendo todos los protocolos de sanidad. "Lo que no deben perder de vista es la importancia de la presencialidad, el estar con el otro, el jugar con los otros, el identificarse con un par. Por otro lado, seguir los protocolos en casa, para que el niño y la niña no vean cortes o rupturas entre lo que ven en casa y el centro educativo. De esta manera lo naturalizan y lo viven como parte de sus vidas", cierra.

Más beneficios que riesgos. Aun habiendo estado "completamente de acuerdo" con el cierre de las escuelas en marzo del año pasado, cuando del peligro sanitario se conocía poco y nada, a la psiquiatra infantil Natalia Trenchi le parece "indispensable" la vuelta de los niños a clase desde el arranque. "Hecha la experiencia y ya conociendo más el comportamiento del virus, la balanza entre riesgo y beneficio es muy favorable al beneficio. La escuela para los niños es mucho más que el lugar donde aprenden contenido académico: allí aprenden a ser ellos mismos en sociedad. Sin mencionar que para algunos la escuela es el refugio seguro donde son cuidados y atendidos", sostiene.

Como médica, Trenchi aspira a que los niños salgan "mentalmente fortalecidos" de estos tiempos de nueva normalidad. Eso incluye la capacidad de reconocer el peligro "sin paralizarse sino incorporando estrategias de cuidados". Esto incluye, y bien vale saberlo dentro del ámbito escolar, el uso de tapabocas, la higiene correcta, evitar las cercanías y el contacto físico sin perder la interacción humana y la diversión. "Por suerte, esto último no depende 100% de tocarse. Podemos sentirnos muy amigos de alguien aunque no compartamos el vaso".

Consultada sobre cómo ha sentido (en la clínica o fuera de ella) el temor de los padres a la hora de volver a clases, ella respondió que mayoritariamente el sentimiento es "de confianza" y que hay un "convencimiento" deque "la escuela es crucial en la vida de los chiquilines". Eso más allá de que la enseñanza presencial le permite al mundo adulto ordenar su propia vida. "La experiencia de ‘escuela en casa' fue muy buena en algunos aspectos, pero hiperexigente (y desgastadora) para madres y padres. De una breve encuesta que hice a familias durante la cuarentena, salió claramente que el peor momento de la convivencia era cuando tenían que hacer tareas escolares".

Del año pasado, concluyó que en "una familia con buenos vínculos, con adultos con capacidad de organización y una buena red de apoyos", la cuarentena fue hasta disfrutable. Lo contrario pasaba en un núcleo con conflictos internos. "Otra cosa importante es que esta experiencia subrayó la necesidad de criar niños que no estén preparados solo para la diversión en grupo y el confort fácil: necesitamos criarlos con riqueza interior, con la capacidad de estar consigo mismos y autoacompañarse, con la posibilidad de experimentar placer en actividades creativas, con capacidad para tolerar diferentes grados de tensión o incomodidad, sabiendo cómo esperar sin desesperar", agregó. Bueno para tener en cuenta en caso de que se repitan situaciones de 2020.

Todo es muy dinámico. El virólogo Juan Cristina, por cuyas aulas han pasado varios de los científicos que hoy están en la primera línea de combate contra el Covid-19, no ve con malos ojos el inicio de las clases con presencialidad. "Pero esto es muy dinámico. Esto te lo digo hoy y capaz que al 15 de marzo opino otra cosa".

Cristina, prorrector de la Universidad de la República, se apresura a decir que él no es parte del GACH, el comité científico que asesora al gobierno en materia sanitaria. "Pero colaboro con todos los amigos que tengo ahí y los respaldo a muerte", asegura.

Este científico subraya que una medida como la vuelta a clases con presencialidad no se puede tomar desde una sola dimensión. La ausencia de las clases puede generar efectos psicológicos negativos, sobre todo en niños y adolescentes. "Seguramente los colegas del GACH tuvieron esto en cuenta. Y repito: esto es evolutivo. Si bien estamos bajando (los números de infectados), esto no significa que más adelante esos índices no pueden subir".

Cristina tiene cifradas esperanzas en la llegada de las vacunas y, aunque se ha demostrado que los niños no son un vector de contagio ni un grupo de riesgo, "sí es importante que los maestros y el personal de la escuela esté en la primera línea de vacunación".

No es la misma situación, añade, en la población estudiantil que él más conoce: la universitaria. "Ahí ya estamos movilizando 120.000 personas, con lo que significan los traslados en Montevideo y las sedes del interior. Es la gente joven la que va a todos los lugares". Aún no han resuelto, dice, la posibilidad de un primer semestre virtual.

"Yo creo que, monitoreando la situación, y con las recomendaciones del GACH, la distancia y el tapabocas, que los vamos a ver un largo rato, los padres se pueden sentir tranquilos. Las escuelas y los liceos no han sido fuentes importantes de contagios. Han mantenido higienes y protocolos a rajatabla. Extremando las medidas de salud pública, deberíamos estar bien", afirma el profesor de Virología de la Facultad de Ciencias.