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Libro

La verdadera historia de Harry y Meghan

Dos reporteros que cubren a la familia real británica decidieron contar la verdadera historia detrás del romance del príncipe de Inglaterra y la actriz estadounidense, exduques de Sussex, en Finding Freedom, un libro que vendió más de 30.000 copias en sus primeros cinco días

18.01.2021 07:00

Lectura: 17'

2021-01-18T07:00:00
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Por Patricia Mántaras

El trabajo de los cronistas Omid Scobie y Carolyn Durand es seguir a los miembros de la Corona británica en sus quehaceres profesionales y también estar al tanto de sus affairs privados. El primero es el editor de realeza en Harper's Bazaar, y la segunda es una escritora que lleva 20 años cubriendo el Buckingham Palace, el Kensington Palace y la Clarence House para diferentes medios. A fines del año pasado la dupla publicó Finding Freedom: Harry and Meghan and the Making of a Modern Royal Family (Encontrando la libertad: Harry y Meghan y la creación de una familia real moderna; disponible en inglés en Amazon), un libro que narra la relación del príncipe Harry y Meghan Markle desde antes incluso del día en que se conocieron. El relato termina en la desvinculación de Harry de sus deberes reales, y en el trayecto se detiene en algunos momentos álgidos, desde el asedio de los tabloides a la falta de apoyo de la familia Real que sentía la pareja.

Con un estilo bastante parecido al de una novela rosa, los cronistas ofrecen una visión idealizada de los que fueron duques de Sussex y una mirada edulcorada de su historia de amor, pero los pormenores del día a día de sus vidas, la descripción de los espacios en que se mueven y algunos detalles íntimos del ámbito intrafamiliar compensan al lector curioso de estos temas.

Quiero ser plebeyo. Que Harry era el rebelde de la familia lo sabía cualquiera. Bastaba con ver el tipo de actividad que solía concitar su atención y su poco interés en sentar cabeza, incluso proviniendo de la familia más tradicionalista y conservadora del Reino Unido. Cuentan que Diana impulsaba a Harry a que se saliera del molde y se comportara como un niño: "Puedes ser travieso", le decía; "simplemente, que no te descubran".

Al parecer, su disconformidad iba todavía más allá. Uno de los autores del libro asegura que en un encuentro distendido y con una copa de por medio Harry le confesó su deseo de ser "un tipo normal", "que pudiera irse de mochilero a Brasil un año persiguiendo sus pasiones" y no tener siempre un celular tomándole fotos impertinentemente frente a sus narices. "Siempre supimos que Harry soñaba con una vida lejos de las paredes del palacio", escriben.

Mientras tanto, al otro lado del océano Atlántico, esperando que su destino se cruzara con el de su príncipe, estaba Meghan Markle. Una actriz estadounidense de relativo bajo perfil pero confiada, con la seguridad en sí misma que, según cuentan, venía de la "devoción" que sus padres sentían por ella. "Su madre, Doria Ragland, y su padre, Thomas (Markle) -que se conocieron en el set de General Hospital, donde él era director de iluminación y ella una pasante en el departamento de maquillaje- se separaron dos años después de casarse. Pero se mantuvieron unidos en pos de la hija que compartían, criando a Meghan sin muchas fricciones: compartían la custodia y pasaban las vacaciones juntos".

La niña asistió a la Little Red School House, una prestigiosa escuela en donde estudiaba la "élite" de Hollywood, entre ellos Johnny Depp y Scarlett Johansson. Estaba claro que Meghan era una niña inquieta: su primera aparición en televisión fue en un programa de Nickelodeon, cuando la entrevistaron por una carta que había enviado a la Casa Blanca en protesta por el comercial de un detergente que decía: "Las mujeres de todo Estados Unidos están luchando con asaderas y sartenes engrasados". A partir de su queja, la compañía cambió el "mujeres" por "personas". Un pequeño logro feminista.

La secundaria la cursó en un colegio solo de chicas llamado Immaculate Heart. Harry, en ese entonces, era alumno del Eton College. Después, él se enlistó en la Real Academia Militar Sandhurst y ella eligió la Universidad de Northwestern, donde se graduó en 2003 en Teatro y Relaciones Internacionales; sus intereses ya estaban bien delimitados. Primero fue modelo y después incursionó en la actuación con apariciones breves en series como CSI: NY y Without a Trace. Pero su salto fue con la serie Suits, en la que consiguió uno de los roles protagónicos. Por esas fechas, año 2011, ya empezaba a codearse con celebridades, trabando amistad cercana con figuras de la talla de Serena Williams, cobraba 10.000 dólares por aparición en eventos y decidió contratar a una relacionista pública en Londres para ampliar sus horizontes. Otra de sus aspiraciones era convertirse en influencer de estilo de vida, y para eso creó el blog The Tig (por el vino Tignatello, pues cuando lo probó entendió lo que era que un vino se ganara su corazón), sobre moda, gastronomía y viajes.

La primera cita. El verano boreal de 2016 la encontró soltera. Había terminado, después de dos años, su primera relación seria después de su divorcio (su matrimonio con el productor Trevor Engelson duró tres años), pero los fracasos no habían dejado secuelas: "Meghan todavía creía en encontrar el amor duradero". Harry, en tanto, había dejado hacía ya un tiempo, después de siete años, con Chelsy Davy, su única relación duradera. Ella era "discreta y leal", y lo había acompañado en los momentos clave de su vida, incluyendo su graduación y el casamiento de su hermano William con Kate Middleton.

Todavía no se sabe exactamente quién unió los puntos y asoció las posibles compatibilidades para organizar la cita a ciegas entre Meghan y uno de los solteros más codiciados del mundo. El primer encuentro -en Londres, puesto que ella se encontraba de viaje- entre ambos estaba previsto para que fuera en una reunión de varias personas, con amigos en común, para que no se sintieran incómodos. Se dispuso un apartado privado en el club por membresía Soho House y, cuando finalmente se vieron en persona, la chispa se encendió de inmediato. Dicen que ella estaba nerviosa por aquello de que "venían de diferentes mundos", pero él la halló impactante ("la mujer más hermosa que había visto", según le dijo a un amigo) y después de empezar hablar las preocupaciones desaparecieron. "Meghan es alguien que se mueve muy bien en escenarios sociales; todos los ojos están en ella", contó a los autores alguien cercano a la pareja. Esa noche, él le habló de su trabajo caritativo y sus viajes a África, y ella de su compromiso con el rescate de perros abandonados.

No pasó mucho rato después de que se despidieran para que él le escribiera un mensaje de texto. Ella estaba en su habitación de hotel cuando recibió el primero de muchos que recibiría. "Sus mensajes eran a menudo cortos y llenos de emojis, en particular el emoji del fantasma, que usaba en vez de la carita sonriente", aseguran. "Meghan encontró su etiqueta para textear adorable, justo como el príncipe", escriben los autores. Según una amiga de ella, "definitivamente él no escondió el hecho de que estaba interesado. Él quería que ella lo supiera". Un amigo de él contó que Harry parecía estar en "trance".

La noche siguiente volvieron al Soho para una cena íntima de dos en el restaurante Dean Street Townhouse. Ella, según un amigo de él, "estaba completando todas las casillas rápidamente", las casillas de requisitos que debía llenar para ser la indicada. Al día siguiente volvieron a verse. Meghan llegó en taxi al Kensington Palace, más precisamente al Nottingham Cottage, donde vivía Harry, dentro del predio del palacio. "Cuando Harry abrió la puerta, no había una gran escalera ni una alfombra roja de plush, ni arte colgando de marcos dorados y pesados, ni servicio de mayordomo. En su lugar, el príncipe tenía apilado en el pequeño pasillo una cantidad de abrigos y sus botas estaban junto a la puerta, como en una casa normal", relatan en el libro.

Separados pero juntos. Después de ese gran paso a la intimidad de Harry, ella volvió a su vida, filmando Suits, y él a su agenda de compromisos sociales y benéficos. La relación siguió en silencio, solo en conocimiento de algunos amigos cercanos de uno y de otro. Después vino un viaje a África, organizado por él. Fueron al Okavango Delta, un lugar salvaje donde se organizan safaris; uno de los preferidos de él, en el centro de Botswana. "Meghan inmediatamente impresionó a Harry con sus habilidades para empacar". La chica viajaba liviano, sin ítems innecesarios. "Mientras acampaban ella se limpiaba la cara con toallitas húmedas y deambulaba felizmente en el bosque si necesitaba ir al baño", cuentan. Al volver, ella le dijo a una amiga que nunca se había sentido "tan segura, tan cerca de alguien en tan poco tiempo".

En los siguientes tres meses él la visitó tres veces. Tomaba vuelos comerciales (siendo siempre el último en subir y el primero en bajar) con destino a Toronto, donde vivía ella. Él la llamaba Meg y ella lo llamaba H. El secreto duró seis meses, porque los vecinos empezaron a notar la presencia del príncipe en la zona y la noticia finalmente trascendió desde la portada del Sunday Express. Empezaba la persecución de la prensa, que esta vez tendría además connotaciones racistas. "Los Windsor enturbiarán su cristalina sangre azul, la piel pálida de los Spencer y el pelo pelirrojo con un rico y exótico ADN", escribía el Daily Mail según el libro. Antes de Meghan, "miembros de la familia real habían salido e incluso se habían casado con plebeyos, pero ningún miembro senior de la realeza había tenido una relación pública con alguien que no fuera blanco", escriben Scobie y Durand.

Harry se topó en carne propia, por primera vez en su vida, con el racismo. No estaban preparados para la tormenta que desataría el que su relación se hiciera pública. "Es una lástima que ese sea el clima del mundo", dijo ella en una entrevista que dieron en conjunto a la BBC. "Al final del día simplemente estoy orgullosa de quién soy y de dónde vengo, y nunca hemos puesto el foco en eso", agregó ella.

El compromiso. Para fines de 2017 ya estaban instalados en la casa de él. Ella no solo dejó atrás su vida en Toronto, también renunció a su trabajo y tuvo que cerrar su blog. Ya sabía que eran las reglas del juego si quería una vida con un príncipe. En cuanto al entorno, las opiniones estaban encontradas. Mientras que el príncipe William le aconsejaba a Harry que se tomara su tiempo y no apurara las cosas, los compañeros de elenco de Meghan se alegraban de verla feliz: "Ella se merece todas las cosas buenas de este mundo", dijo un compañero.

Meghan estaba preparando pollo al horno para la cena en la cocina del Nottingham Cottage cuando Harry le propuso matrimonio. Se puso de rodillas y le extendió el anillo hecho a medida que selló el compromiso. Tenía en el centro un diamante de dos quilates y medio de Botswana, y estaba rodeado de dos diamantes de tres cuartos quilates de la colección de Lady Di. "No solo era una hermosa pieza de joyería, también un guiño significativo a su madre", escriben los autores. El compromiso se anunció públicamente el 27 de noviembre de 2017. Antes, Meghan tuvo que pasar por el trámite de reunirse con la reina. El encuentro fue a las cinco de la tarde y mucho más cálido de lo que imaginaba. Fue acompañada de Harry, que besó a su abuela en las dos mejillas y la llamó granny (abuelita). Ella puso en práctica todo el protocolo que había practicado. Los perros de la reina, dos corgis llamados Vulcan y Candy, ayudaron a relajar el ambiente con el simple hecho de aceptar a Meghan sin ladrar. "He sido recibido los últimos 33 años con ladridos. Ella entra, y nada", contó Harry, orgulloso de su prometida. La charla duró una hora, como estaba estipulado, y fluyó agradablemente mientras bebían el blend de té favorito de la reina, una combinación de Darjeeling y Assam.

La boda. Pese a que el vínculo entre Meghan y su padre siempre había sido bueno y cercano, después de su noviazgo con Harry se arruinó, al punto de que no asistió a la boda, presuntamente por problemas de salud. La realidad era que en el último tiempo había estado vendiendo a los medios información sobre la pareja y eso había deteriorado el vínculo.

Meghan entró a la George's Chapel del Castillo de Windsor acompañada del príncipe Carlos, con un vestido simplísimo de Clare Waight Keller, la entonces directora artística de Givenchy. "Al momento en que la novia y el novio estuvieron frente a frente, Harry le dijo a su padre con gratitud ‘Gracias, pa', y fue imposible no estar sobrecogidos por el amor entre ellos. ‘Te ves hermosa, te extrañé', le dijo Harry a Meghan", recuerdan los autores, que evidentemente descifraron estas palabras leyendo los labios de los novios.

Después vinieron las celebraciones privadas, con Carlos ofreciendo un discurso en el que hizo referencia a Harry de bebé y al cambio de pañales, y a lo emocionante que fue verlo convertirse de hijo menor a esposo. Después apareció en escena Elton John, amigo muy querido de Diana, que cantó Your Song, Circle of Life y I'm Still Standing. También tuvo su aparición el comediante James Corden, y el actor Idris Elba, que había entablado una amistad reciente con Harry, fue el DJ a pedido del príncipe. Las celebridades seguirían acompañando a la pareja, como las invitaciones de George Clooney y su esposa Amal para que pasaran unos días con ellos en Villa Oleandra, su casa en el lago de Como.

Líderes. Pero las aguas no se calmaron después del casamiento. Poco después el palacio anunció que William y Harry tomarían caminos separados en su dinámica laboral. Había rispideces. "Tienen que debatir quién consigue qué cantidad de dinero de su padre para financiar sus proyectos. A eso hay que agregar que hay una jerarquía inherente que es muy complicada", contó alguien cercano. "William siempre era la prioridad. Muchas de sus disputas han sido por presupuestos. Es lo que pasa cuando estás en negocios con tu familia". A su vez, Meghan ya había entendido que no podía esperar lograr un vínculo cercano con Kate, ni consejos, ni apoyo, porque la duquesa de Cambridge parecía demasiado ocupada con su familia, sumado a que se la conoce por su carácter introvertido.

Harry y Meghan querían crear su propia casa en Windsor, con su oficina y su staff. Ella, que ya tenía algunos proyectos de beneficencia, "patrocinios", como los llaman, se había lucido en varios encuentros haciendo gala de una seguridad y una empatía que sorprendió a la Corona. Se hizo notorio que Isabel confiaba en Meghan porque la joven, según una fuente del palacio, manejaba "esas situaciones (públicas, sociales) sin fallas", porque siempre estaba "bien preparada y es respetuosa, muy inteligente y buena entendiendo lo que se requiere". Según escribió una columnista de política de The Sunday Times, en el palacio temían que Meghan "fuera un fenómeno aún mayor que Lady Di".

Sin embargo, los tabloides seguían ensañándose con ella. Incluso más adelante, cuando su embarazo de Archie estaba avanzado, la criticaban por cómo se vestía y hasta por cómo se sostenía la panza. "Es como una muerte por mil cortes", le dijo ella a una amiga. "Harry trataba ser todo lo que su esposa necesitaba, pero sentía que ese era el momento para que su familia entrara en acción". Pero eso no pasó.

Un camino diferente. Archie nació el 6 de mayo, varios días después de la fecha estimada, en el Portland Hospital, una elección diferente de la que tomó Kate para dar a luz a sus tres hijos, y antes que ella Lady Di para los nacimientos de William y Harry: el Hospital St. Mary. Harry en persona anunció públicamente la llegada de su primer hijo frente al castillo de Windsor: "Estoy muy contento de anunciar que Meghan y yo tuvimos un varón temprano esta mañana, un varón muy saludable. La madre y el bebé están increíblemente bien. Ha sido la experiencia más maravillosa que podría llegar a imaginar. Cómo las mujeres hacen lo que hacen trasciende mi comprensión, pero estamos absolutamente emocionados y agradecidos por todo el amor y el apoyo de todos", manifestó.

Las señales de que el camino que estaban tomando era diferente se hacían cada vez más evidentes. La siguiente decisión que tomaron también dio que hablar. Archie tendría doble ciudadanía, pero no tendría un título. Querían que fuera un ciudadano privado hasta que pudiera decidir por sí mismo. "No tener un rol senior en la familia real pero tener un título es solo una carga", dijo un asistente del palacio.

El catalizador de ese deseo de independencia fue la publicación de una carta íntima de Meghan hacia su padre por un periódico, y la demanda que Meghan hizo al medio. "Mi mayor miedo es que la historia se repita", dijo Harry en un comunicado. "He visto lo que pasa cuando alguien a quien amo es comoditizado al punto de que ya no es tratado ni visto como una persona real. Perdí a mi madre y ahora veo a mi esposa cayendo víctima de las mismas fuerzas poderosas".

El apoyo de la Corona seguía sin aparecer y ellos se dieron cuenta de que estaban en un punto sin retorno. Habían tomado una decisión: "Darían un paso atrás en sus roles como royal seniors y cortarían su acceso a la subvención soberana. Ganarse la vida por sí mismos para apoyar sus emprendimientos filantrópicos era una meta atemorizante pero excitante", dicen los autores.

Finalmente, lo comunicaron públicamente en su cuenta de Instagram, la única plataforma que tenían para expresarse sin intermediarios. Allí explicaron que tendrían un nuevo modelo de trabajo y que dividirían su tiempo entre el Reino Unido y Norteamérica, pero que continuarían "honrando sus deberes con la reina, la Commonwealth y sus patrocinios".

El statement tomó por sorpresa al palacio, que seguía evaluando cómo instrumentar aquel pedido de independencia a medias que, más que inusual, era inédito. Necesitaban más tiempo. Finalmente se anunció la total desvinculación de Harry y Meghan de los deberes reales. No serían más miembros trabajadores de la familia real, ya no podrían usar su título (duques de Sussex) en sus emprendimientos futuros y Harry perdería sus honores militares.

La resolución no fue lo que la pareja esperaba, pero significaba la libertad. A partir del 1º de abril de 2020 ya no dependerían del dinero público y por lo tanto no tendrían obligaciones para con el pueblo británico. Instalados en una villa de estilo mediterráneo en Los Ángeles, empezaron una vida nueva. Entre sus planes está abrir una nueva fundación, para la que ya tienen nombre: Archwell (en griego, fuente de acción). "Conectamos este concepto con la organización caritativa que esperábamos construir un día", contó la pareja. El concepto inspiró también el nombre de su hijo.

"Harry siempre quiso salirse", dijo una fuente cercana a los autores del libro. "En el fondo siempre estuvo pasándola mal en ese mundo. Ella le abrió la puerta en ese sentido".