Estilo de vida
Entrevista: Carmen Albana Sanz

La importancia de la educación emocional

La maestra uruguaya premiada en España Carmen Albana Sanz difunde en Montevideo su programa de Educación Emocional

30.08.2019

Lectura: 15'

2019-08-30T23:52:00
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Por Patricia Mántaras

Carmen Albana Sanz vive hace 15 años en España, pero es uruguaya. Nació y creció en el barrio Borro y, contra todo pronóstico, terminó Primaria, Secundaria y Magisterio, y trabajó unos años como maestra en Montevideo. Después de dejar el país con su marido, aprendió catalán, revalidó su título y empezó a ejercer su vocación en Barcelona. Recibió el premio a Mejor maestra de Cataluña y dos nominaciones a Mejor docente de España en los Premios Educa Abanca —considerados los Goya de la educación. En marzo de este año obtuvo, también en España, el reconocimiento a la Mejor innovación pedagógica por introducir en Uruguay el programa de educación emocional que creó e implementó junto a su colega y compañera Virginia Espejo en el colegio Nuestra Señora de Montserrat, del municipio catalán de Parets, donde trabaja actualmente.

Algo tan básico para socializar como identificar una emoción es imposible si se carece de las herramientas necesarias. A eso apunta este plan orientado a lograr una buena gestión emocional en los niños, que Sanz define como “una educación continua y una acción sistemática en las que, a través de una serie de actividades introducidas dentro de programas curriculares, se logran construir habilidades emocionales en los niños que les servirán para crear un clima emocional y social propicio para el aprendizaje”.

El programa se desarrolla en las escuelas sin quitar demasiado tiempo curricular —solo cinco minutos diarios más una hora y media una vez al mes— y es un mecanismo de fortalecimiento de la autoestima, fomenta la empatía y el uso de palabras positivas en los niños, y actúa como preventivo de la violencia. La posibilidad de formarse en esta área ha llegado a los docentes uruguayos gracias a clases a distancia gratuitas que esta maestra y su equipo imparten a través de una plataforma online. Por iniciativa propia, cientos de educadores nacionales se han inscripto.

Sanz, que visita periódicamente el país, llegó para ser parte de la 1ª Jornada Internacional de Educación Emocional, que organizó en conjunto con Audec (Asociación Uruguaya de Educación Católica) y que tendrá lugar en el Colegio Santo Domingo. Este sábado 31, desde las 9 de la mañana, expositores referentes en el tema de España y Uruguay abordarán desde diferentes enfoques la importancia de educar en emociones.

El primer día de esta laureada maestra en Montevideo —llegó con una semana de anticipación— tuvo 29 horas, cuenta. Empezó con una visita a la escuela Nº 29 del Cerro y siguió en el barrio Borro. Después de esta entrevista la esperaba un encuentro en una radio y más compromisos a la mañana siguiente. Pero no se muestra cansada: habla con entusiasmo de este proyecto en el que confía plenamente y que intenta divulgar en forma honoraria, por pura convicción.

La educación emocional ya tiene un tiempo, pero ahora se ve una especie de auge.

Sí, hace ya unos 20 años que se está llevando a cabo en diferentes partes del mundo. Entró con mucha fuerza en Europa, y surgió ante la necesidad de dar respuesta a determinadas conductas que tenían los niños: agresividad, falta de respeto, coqueteo con las sustancias nocivas, embarazos precoces, falta total de conductas asertivas por parte de los jóvenes, el bullying, el cyberbullying. Surgió para dar respuesta a la construcción que va haciendo la persona cuando no realiza una buena gestión emocional y cae en depresiones, ansiedades. Intenta dar respuesta a esos comportamientos a los que desde la educación formal muchas veces no podemos dar respuesta, y también con la idea de que durante muchos años la educación se basó fundamentalmente en todo el aspecto cognitivo. Si el niño es capaz en el área de matemática, si puede resolver una situación problemática y si en el área de lengua sabe comprender el mensaje de un texto, ya estaba. No se pensaba en el aspecto emocional. Algunos colegios están dándole más visibilidad a la importancia de trabajar en una buena gestión emocional a través de un programa que no quita mucho tiempo pedagógico del maestro. Es una actividad puntual de cinco minutos todos los días, y luego una de una hora y media una vez al mes. Es un programa que tiene quince horas. Si durante cinco minutos en el aula trabajamos en cómo nos sentimos y una vez al mes trabajamos una competencia emocional, vamos a lograr resultados visibles en medio año. Se pueden comprimir también en los primeros tres meses del año, y da muy buenos resultados.

¿El programa está orientado a alguna edad en particular?

No; cuanto antes comencemos a trabajar con la educación emocional, mejor. Se puede trabajar desde los 3 hasta los 16 años. Nos basamos en un marco teórico de referencia, porque estas actividades no pueden venir enganchadas como palillos en una cuerda; tienen un paradigma teórico que las sustenta y luego se aplica en las actividades. Nos basamos en los primeros autores que hablaron de educación emocional, Mayer y Salovey, y luego Daniel Goleman, que tomando sus aportes escribió ese famoso bestseller que se conoce como La inteligencia emocional.

¿La educación emocional puede generar inteligencia emocional, o con esta ya se nace?

Nosotros hablamos de educación emocional y no de inteligencia emocional porque se entiende que el concepto de inteligencia tiene que ver con funciones elevadas del cerebro, en las que entrarían la atención, la memoria, la percepción. Son estructuras innatas y a medida que te vas socializando y vas entrando en ambientes escolares vas desarrollando aún más esa inteligencia. Cuando hablamos de educación emocional entendemos que todos podemos ser educados en las emociones, es un concepto mucho más pedagógico, más amplio, en el que las emociones se aprenden a reconocer en la escuela. El programa parte de cinco competencias emocionales. La primera es la identificación de las emociones: tenemos que enseñarle al niño que tiene emociones. Si tú vas a una escuela de contexto crítico y le preguntas a un niño ¿cómo te sientes hoy?, te hacen el gesto de levantar el hombro. Ese gesto te tiene que dar pie a pensar que este niño no puede poner en palabras lo que está sintiendo, por lo tanto le vamos a enseñar. Comenzamos con identificar las emociones básicas: el miedo, la tristeza, la alegría, el asco, la sorpresa. Eso se hace con cualquier actividad; de repente les pones una cantidad de revistas sobre la mesa y les pides que busquen caras de alegría, de asco, de miedo; eso le va mostrando al niño que para cada emoción a veces nuestro esquema corporal funciona. Tenemos que enseñarles además a contextualizar una emoción, entonces ponemos las cinco caritas de estas emociones básicas, les damos a los niños unos palillos con su nombre y todas las mañanas, cuando entran a la clase, en esos cinco minutos, ponen el palillo en la emoción en que se encuentran. Ahora estoy alegre; ahora, sorprendido, entones el ojo clínico de la maestra ve: “El 80 por ciento de la clase me puso la pinza en la alegría, entonces pienso que están bien. Ah, pero Pablo puso la pinza en la tristeza, ¿qué le pasa?”. Vamos a ver qué tiene Pablo. Si él no quiere hablar, le vamos a preguntar a un amigo. “¿Qué piensan ustedes? ¿Qué le pasará a Pablo?”. Necesitamos que el grupo sienta cómo está Pablo. Cuando sabemos cómo está, y cuando Pablo lo hable, se sentirá mejor, porque las emociones por suerte no son fijas en la vida de las personas, van cambiando a medida que pasa el tiempo. Ellos de repente están alegres a la entrada, que es lo más importante, pero cuando vienen del patio quitan la pinza de la alegría y la ponen en la tristeza, y tú te acercas al niño y te dice que a la hora del recreo se peleó con alguien y está muy triste. Entonces vamos generando un diálogo, vamos tratando de que las cosas fluyan en los niños para que de una forma natural comiencen a exteriorizar y a hablar de las emociones.

¿Cuáles son las otras habilidades que se enseñan?

La segunda habilidad es la regulación emocional. Ahora que identifica cuando está rabioso y cuando está muy enojado, lo que tiene que aprender es a regular ese enojo. “Puedes estar enojado y está bien. Lo que está mal es que pegues cuando estás enojado, porque así un enojo se convierte en una conducta violenta”. La educación emocional es preventiva y es una forma de parar la conducta violenta. ¿Cómo? Les enseñamos a los niños un pensamiento tipo semáforo: el color rojo, paro, el amarillo, pienso, y el verde, actúo. Esta estructura de pensamiento le enseña al niño que entre parar y actuar hay un tiempo, y ese tiempo le sirve para no ser agresivo. Entonces, si alguien le pegó o  insultó a la madre, él pensará y después actuará, ya no va a actuar pegando. Hay que enseñarle a ese niño a que se acerque a decir “tú me has hecho mucho daño, has insultado a mi madre, no me gusta que me hagas esto”. Y los niños en el colegio lo hacen, y lo hacen de una forma natural.

¿Se ven los resultados entonces?

Sí, y mucho. Luego viene la autonomía emocional. Aquí se trabaja la empatía, pensar en el otro, saber que al otro hay cosas que le hacen daño, pensar que las palabras tienen vida y que esta vida puede ser en positivo o en negativo. Que si te digo algo que duele te va a venir un nudo en el estómago, porque hay una reacción orgánica al escuchar una palabra que no te gusta. Lo mismo cuando te dicen “qué guapa que estás”, te recorren una alegría y una emoción diferentes. Entonces hay que tener cuidado con las palabras; también los maestros cuando nos referimos a los niños. Porque hay palabras que trancan la rueda de un carro, y el carro de la vida de esa persona no avanza. Y hay otras palabras que empujan ese carro. Cuando estaba en la escuela una maestra me dijo que la cabeza no me daba, sin darse cuenta de que yo no sabía leer por mi situación familiar, porque no tenía a nadie que me explicara en mi casa, que estábamos solos. Cuando un maestro tiene una mirada apreciativa sobre un niño, cuando le dice “yo confío en ti”, “sabía que lo ibas a hacer bien”, sabe que puede sacar la mejor versión de ese niño. Por eso tenemos que trabajar dentro de un contexto en el que se cuidan las palabras que decimos, fomentar el uso de palabras positivas tanto en los padres como en los maestros y los alumnos entre sí, porque después pasamos a la cuarta y a la quinta competencias, que son generar un bienestar social y un bienestar para la vida. Si nosotros aplicamos esta serie de actividades y las trabajamos con los niños, cuando salgan a los 16 años del secundario tendrán muchas herramientas emocionales, sabrán cómo actuar, se les habrán fomentado las conductas asertivas y nuestra sociedad mejorará. Porque como vamos, sin cuidar el aspecto emocional, caemos en la indiferencia hacia el otro, y cuando somos indiferentes hacia el otro ya no hay compasión, ya no hay empatía, ya está el “no me importa tu vida”.

Muchos de estos niños vienen de hogares vulnerables, en que tal vez no reciban palabras alentadoras de su entorno familiar. En esos casos la palabra del maestro es más importante aún.

Claro, en esos contextos más carenciados el mejor espejo en el que pueden reflejarse los niños es el del maestro, y el lugar más seguro es la escuela. Por lo tanto, cuanto más tiempo permanezca un niño contenido en una escuela, mucho mejor para ellos y para la sociedad. Hay muchos niños que se están yendo del sistema, y son joyas que perdemos todos: pierde la sociedad, pierden las familias, pierde el país. Porque quién sabe a dónde podría haber llegado ese niño si hubiera seguido estudiando.

Debe ser fundamental la formación del maestro en estas áreas.

Si tú no tienes estas habilidades, ¿cómo las vas a poner en práctica? Yo nací y crecí en el barrio Borro, y hace cuatro años por la zona de Aparicio Saravia y San Martín, un niño de unos 9 años, metido en el mundo de las drogas, mató a un taxista. Yo estaba en Barcelona, en mi casa, pensando ¿cómo puede pasar esto?, cuando me enteré quién era el niño: el padre había sido alumno mío. Yo pensé, si en ese momento, años atrás, hubiera tenido la experiencia que tengo ahora para trabajar la educación emocional, quizás este resultado hubiera sido diferente. Estaba tan dolida, que le escribí una carta al presidente y le dije que por qué no pensaba la educación en términos emocionales, que mandara gente a ver qué pasaba en otros países, cómo algunos han podido eliminar el suicidio, las deserciones, el problema de bullying.

¿Quién era el presidente entonces?

Fue en el período anterior de Tabaré Vázquez. Me respondió y me derivó con el Ministerio de Educación. Y las cosas quedaron ahí, en esa derivación.

¿No se avanzó en eso?

A veces no avanzan las cosas porque hay otros objetivos que nos llaman más la atención, a veces porque no existe la madurez necesaria, y a veces porque tampoco hay interés. No sabemos por qué no avanzó.
¿Cuál es el estado de situación actual en Uruguay en la implementación del programa?
Nosotros comenzamos a trabajar hace dos años con dos escuelas y el año pasado lo hicimos con 10, se fueron sumando. Este año trabajamos con 735 profesoras que pertenecen a 40 centros educativos, algunas vienen de escuelas públicas, otras de colegios privados, laicos y religiosos, hay educadores que vienen de INAU, y personas que vienen de centros de educación no formal, como Los Pinos. Armamos un grupo de formación para estos maestros, le llamamos Seminario de Educación Emocional y es online. El proyecto, que es totalmente laico, no es religioso, eso es muy importante. Fundamentamos todo nuestro proyecto en las nuevas corrientes de pensamiento, en la neurociencia y en todos los aportes que nos brindaron investigaciones en educación emocional en el mundo. Tomamos nuestro proyecto del colegio Nuestra Señora de Montserrat y comenzamos a hacer una cadena de trabajo, lo aterrizamos a la realidad uruguaya y lo modificamos en el lenguaje.

¿Los maestros que se han sumado lo hicieron por iniciativa propia o del centro?

Son iniciativas de las maestras, que ven necesario saber y tener herramientas para poder hacer frente a muchos niveles de agresividad que ven en el aula. Al final, todo esto genera un malestar docente, porque si el maestro que hizo su carrera y está preparado para trabajar no puede dar clase porque un niño le tira una silla, y otra viene y le rompe un cristal... Hay situaciones de mucha violencia.

Con motivo de la jornada de Educación Emocional, ¿ha tenido contacto con el MEC?

El Ministerio de Educación y Cultura le dio el aval a la jornada por considerarla “beneficiosa para el país”. Pero se lo dio a la jornada, no a la capacitación. Porque quien tiene que avalar la capacitación es Primaria, y por el momento nos ha desestimado. Irupé Buzzetti- (directora del CEIP) el año pasado me recibió y le pareció muy bien lo que estábamos haciendo, pero al parecer los cambios vendrán desde abajo. Cuando los cambios empiezan a gestionarse desde las bases, son buenos cambios.

Al final, las maestras son las que están en contacto con los niños y con sus realidades.

La maestra es la que cierra la puerta del aula, tiene su clase y sabe lo que hace.

El objetivo principal del programa, según ha dicho, es llevar al niño a un estado en el que esté más inclinado a incorporar conocimientos.

Una persona emocionalmente estable está preparada para aprender, en todos los órdenes de la vida. Si tú estás bien emocionalmente, puedes levantarte todas las mañanas, salir a trabajar, tener sueños, imaginar y saber que puedes llegar. Si tú no estás bien emocionalmente, ¿qué vas a dar? ¿Puedes aprender con tristeza? Si estás preocupado por algo, porque te fuiste de casa y tu padre se había enojado con tu madre y ella estaba llorando, la cabecita de ese niño gira en torno a su madre, y que luego la maestra le diga “esfuérzate más”… ¿Cómo me voy a esforzar más? Estoy pensando cómo quedó mi madre en mi casa. Si tuviera un espacio para hablarlo todos los días, quizás la maestra le podría dar una palabra de ánimo. ¿Y si aplicamos la educación emocional? ¿Si le enseñamos el niño a decir lo que siente?


1ª JORNADA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN EMOCIONAL

El encuentro, orientado a directores, coordinadores educativos, maestros, psicólogos, asistentes sociales, educadores, estudiantes, apela a “una educación que no se olvide del corazón” a través de especialistas en el tema de España y Uruguay. Entre otros asuntos, los expositores profundizarán en el rol del educador en la educación emocional, el manejo de las emociones y las dificultades de aprendizaje, competencias socioemocionales, las emociones en la ciencia y las experiencias en centros educativos uruguayos.

Sábado 31 en el Colegio Santo Domingo (Rivera 2257). Desde las 9 hasta las 18.30 horas. El costo es de 500 pesos por persona y las inscripciones pueden hacerse hasta hoy jueves 29, a través de la web www.audec.edu.uy.