Estilo de vida
Interiorismo

La casa de Soraya Herrera, un hogar a la mexicana

Guiada por la osadía, el instinto y la nostalgia, la casa de la cocinera Soraya Herrera logra ser un espacio acogedor lleno de significado y personalidad, y a la vez generar impacto

10.04.2021 07:00

Lectura: 5'

2021-04-10T07:00:00
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Por María Inés Fiordelmondo

Si algo no falta en el mundo del interiorismo son las reglas. Que los colores oscuros achican y los claros suman metros e iluminan, que no hay que mezclar demasiados materiales diferentes, que la simetría ayuda a crear armonía, que no puede haber ventanas sin cortinas, que menos es más. Todo con tal de lograr un ambiente cálido y cómodo a la vez. Un verdadero hogar.

La casa de la cocinera mexicana Soraya Herrera, fundadora de Sabores de México y radicada en Uruguay desde 1996, parece ser la excepción a todas esas reglas. Incluso va más allá, transgrede todos los límites impuestos por el diseño de interiores. O, en realidad, se rige por sus propias normas. Y en ese camino se convierte en uno de esos hogares que retienen, porque una vez que se entra, es difícil salir. Ubicada en el barrio La Tahona, los 260 metros cuadrados construidos y distribuidos en dos plantas no funcionan como un muestrario de las pautas que predominan en Pinterest ni como el resultado del know how de experientes decoradores. Es, básicamente, un claro ejemplo de que es posible combinar la osadía y la creatividad con el buen gusto. Y de que, además, dejarse guiar por el instinto no solo dota a cada espacio de significado y personalidad, sino que también produce impacto.

En tiempos de minimalismo, Soraya dice que no puede deshacerse de todo aquello que no sea útil, esencial o funcional. Más bien, tiende a acumular. Y nada lo esconde. Fue así como los huipiles mexicanos (blusas bordadas) que su hija ya no usa terminaron enfundando los almohadones de los sillones de la sala, o convirtiéndose en cortinas. También fue así como las fotos de su hermana en tiempos de luchadora libre o de su abuela vestida de gaucha en 1930 llegaron a tener su rincón especial dentro del living, a la vista de todos. La cocinera mexicana se considera nostálgica, pero en su casa los baúles de recuerdos a los que se recurre cada tanto no parecen tener mucho sentido. Allí el pasado convive con el presente. "¿Qué hacía mi abuela vestida de gaucha en el norte de México en 1930?", se pregunta hasta ahora Soraya entre risas al mirar la foto.

El contraste entre texturas, materiales y colores, así como la comunión entre pequeños y grandes objetos o souvenirs son algunas de las constantes en todos los espacios. Soraya dice que es una casa juguetona. "Es divertida, quiero que la gente se sienta bienvenida, que sea amigable con los niños, que tenga eso de no sentir que estás encajando en una estructura, que te sientas libre, como la casa misma, que está siempre en movimiento, siempre cambiando", enfatiza desde el living de paredes rojas.

Improvisación y reglas. Después de haber vivido un tiempo en el municipio de Suárez (Canelones) y otros años en Pocitos, en 2002 Soraya y su esposo peruano, Tom, apostaron a un terreno en La Tahona como el lugar para construir su hogar definitivo. Diseñaron su casa a partir de madera, al estilo wood framing. Hasta hoy viven allí junto con sus dos hijos. Al comienzo no había más que unas pocas ideas básicas, como que los espacios fuesen abiertos, amplios y luminosos. Todo lo demás fue fluyendo de forma orgánica, sin una pizca de planificación. Con los años, la casa llegó a ojos de productoras audiovisuales que la eligieron para filmar rodajes, y además se fue convirtiendo en "un pedacito de México en Uruguay", como dice Soraya.

Una de las reglas implícitas de esta casa es la reutilización. Así como Soraya recicla blusas y las convierte en cortinas o fundas de almohadón, también prefiere dar nueva vida a mobiliario heredado en lugar de comprar. Otra característica es la fuerte presencia del trabajo manual de las mujeres mexicanas. "Tengo muy presente el valor del trabajo de las mujeres. Hay comunidad, cultura, historia detrás que remueve", comenta.

El baño de visitas es, para sorpresa de quienes llegan desprevenidos hasta allí, uno de los ejemplos más claros de ello. Una de sus paredes está cubierta por una fila de retratos de personajes icónicos de la historia mexicana: Hernán Cortés, Emiliano Zapata, Pedro Infante, María Félix, Cantinflas, la infaltable Frida Kahlo y Juan Gabriel, "el último divo popular mexicano", dice la cocinera.

Si el living adelanta la personalidad, el alma y el espíritu de quienes habitan la casa, la cocina integrada es su
demostración más explícita. Allí compiten dos elementos protagonistas: la madera, presente en la escalera, en una gran mesa y otros muebles y una pared-pizarra de tiza ocupada el día de la visita de Galería por el dibujo de un enorme florero y retratos familiares. A veces la ocupan la lista de supermercado o una cantidad de fórmulas de física y matemática. "Es la pared más cambiante de todas. Es un recicle importante", resume Soraya, quien no ve la hora de que regrese la normalidad para volver a realizar las cenas temáticas que organizaba regularmente y donde se daban cita unas 30 personas en el enorme comedor.

El cuarto de Soraya y Tom sigue la misma línea que el resto de la casa, con algunas pequeñas diferencias. Mientras que en otros ambientes predominan los colores fuertes, aquí los pasteles -como el verde de la pared- se encargan de transmitir la calma y tranquilidad necesaria para el momento de descansar.