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Manto sagrado

La camiseta de Dios: la que usó Maradona en el segundo tiempo ante los ingleses en 1986

Cómo una vulgar remera comprada en una tienda mexicana se transformará en el objeto más caro a ser subastado de la historia del fútbol

30.04.2022 07:00

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2022-04-30T07:00:00
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Por Leonel García

El 21 de junio de 1986 no era la prehistoria pero el mundo era más ancho y ajeno. Tal vez por eso, porque los celulares eran un lujo y las redes sociales eran algo impensado, no se supo de inmediato qué pasaba ese día en las espartanas instalaciones del club América de México, donde Argentina se concentraba para jugar el mundial que finalmente ganaría. Uno de los futbolistas, Julio Olarticoechea, filmaba cámara en mano cómo un grupo de bordadoras cosían los escudos de la selección nacional de Argentina, diagramados apenas horas antes por un diseñador que trabajaba en la institución anfitriona, en unas camisetas azules que habían sido compradas de apuro el día anterior.

“Un día antes del partido, son las seis de la tarde, y estas mujeres nos están cosiendo la camiseta. Si salimos campeones del mundo nos tienen que hacer un monumento a todos”, se escucha la voz de un risueño Jorge Burruchaga, otra de las figuras de esa selección. La filmación, hoy ya muy difundida, muestra que esas camisetas aún no tenían puestos sus respectivos números. Estos serían colocados esa misma noche. Y el partido al que Burruchaga se refiere eran los cuartos de final del Mundial de México 1986 entre Argentina e Inglaterra.

Una de esas camisetas genéricas y “tuneadas” contrarreloj, la 10 que Diego Maradona usaría en el segundo tiempo y con la que tocaría la cima del Olimpo del fútbol, fue comprada por unos pocos billetes y ahora valdrá fortunas. El periodista Andrés Burgo, autor del libro El partido, justamente sobre ese mismo partido, fue muy gráfico al recordar ese episodio al programa Mejor país del mundo, de la emisora porteña Radio Con Vos: “Se compró por un dólar, dos dólares, y ahora va a valer siete millones”.

El domingo 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca del Distrito Federal de México, Maradona —hasta entonces solo un gran jugador— entró en la inmortalidad. Argentina derrotó a Inglaterra por 2 a 1 y él anotó dos goles históricos, ambos en el segundo tiempo: el más polémico, conocido como la Mano de Dios, y el más antológico, recordado hoy como el Gol del Siglo. Para los argentinos, ganar ese partido significó una cuestión de honor nacional y patriótico, cuatro años después de perder la Guerra de las Malvinas, justamente contra el eximperio. Para ellos fue mucho más importante ese triunfo que la final en la que vencerían una semana después.

Esa camiseta 10, la de Maradona en ese segundo tiempo, la de los dos goles eternos, la azul que debió terminar de confeccionarse la tarde anterior, una indumentaria alternativa a la alternativa que había sido usada y descartada, está siendo subastada en Sotheby’s desde el pasado miércoles 20. A las pocas horas ya había recibido una oferta que los organizadores consideraban como el “piso”: cuatro millones de libras esterlinas (US$ 5,22 millones). La puja durará hasta el 4 de mayo y se cree que el mejor postor deberá pensar en unos seis millones de libras esterlinas. Qué ironía: la casaca más histórica del más icónico de los futbolistas argentinos se vende en un sitio de subastas británico porque estaba en manos de un jugador inglés.

Ser o no ser. Esta camiseta estaba en poder de Steve Hodge. Este era un mediocampista inglés de 23 años que jugaba en el Aston Villa y que en ese histórico encuentro ante los argentinos jugaba recién su octavo partido internacional. Pese a haber disputado dos mundiales, el de México y el de Italia 1990, y haber salido campeón en su país con el Leeds en 1992, su mayor trascendencia como jugador fue, justamente, haber cambiado su camiseta inglesa blanca número 18 con Maradona. De hecho, su autobiografía, de 2010, se llama El hombre con la camiseta de Maradona.

No hay registros fílmicos de ese intercambio, que, contó luego Hodge, fue en la rampa del vestuario luego del partido. Las fotos y las filmaciones sobre el césped muestran a Diego besándose la camiseta gloriosa.

En su libro, Hodge escribió: “Cuando terminó el partido, un par de compañeros quisieron la camiseta de Maradona. Al principio ni pensé en eso. Nunca lo había hecho en el mundial, y solo quería irme rápido. Los argentinos festejaban como locos. Pero como ya estábamos eliminados, me dije: ‘Bueno, puedo probar’ y me acerqué a darle la mano a Maradona. (Uno de los delanteros ingleses) Chris Waddle estaba en lo mismo. Había mucha gente, era un caos, así que le deseé lo mejor y me fui. En eso me pidieron que hablara con (el periodista inglés) Gary Newbon y eso me retrasó, así que tardé un par de minutos en irme de la cancha. Los equipos tenían dos túneles separados, pero bajo tierra se unían y nos llevaban a los vestuarios. Yendo para el mío, veo cómo Maradona también iba para el suyo. Nos miramos y estiré mi camiseta, como pidiéndole un cambio. Él dijo que sí con la cabeza y listo. Fue pura casualidad. Juntó sus manos, como un gesto de agradecimiento, y se fue”.

En su investigación, Burgo destacó que no cayó del todo simpático entre el resto de los jugadores ingleses que uno de los suyos cambiara su camiseta luego de una dolorosa derrota que significaba además la eliminación del mundial.

En su libro Mi mundial, mi verdad, Maradona reconoció que “de camino al vestuario, uno de los chicos ingleses, resultó ser Hodge”, al que no reconoció entonces, le pidió el intercambio. “Dije que sí y lo hicimos”. La camiseta de Hodge tuvo un final mucho menos épico: ya en el vestuario argentino Maradona cambió con su compañero Oscar Garré esa 18 por la 10 inglesa que a su vez este marcador había intercambiado. El 10 era un número que a Maradona lo subyugaba, y además era la de Gary Lineker, goleador y figura más esplendente de los europeos.

Sin embargo, Dalma Maradona, hija mayor del futbolista fallecido en 2020, aseguró en el programa radial Día Perfecto de radio Metro de Argentina, que la camiseta que Hodge puso a subasta es la usada durante el primer tiempo. Su madre, Claudia Villafañe, exesposa de Diego, defiende esa misma tesis. A ambas les parece impensable que el Diez cambiase una camiseta que desde el pitazo final se supo que terminaría siendo legendaria, luego de una victoria histórica, tras una actuación soñada. El mediocampista uruguayo Jorge Barrios, quien formó parte del plantel que jugó (y perdió) contra Argentina por los octavos de final, recueda hoy a Galería que Maradona, en ese tiempo “no era de cambiar camisetas”. “De hecho, contra Uruguay no la cambió”, agregó.

En la nota radial ya citada, Burgo —quizá el mayor especialista sobre ese partido que haya sobre la faz de la tierra— adhiere empero a las tesis de los jugadores. “Es muy incómodo darle la razón a un inglés y no a una Maradona”, rio nervioso ante los micrófonos. Sin embargo, fue firme a la hora de decir que la camiseta del segundo tiempo estaba en poder de Hodge y la que permanece en el acervo de la familia Maradona es la del primero.

De hecho, Sotheby’s dijo que pudo autentificar la camiseta, que desde 2002 estaba exhibida en el National Football Museum de Manchester, a través del proceso conocido como Resolution Photomatching, examinando el escudo, los vivos y la numeración, cuyas conclusiones fueron también contestes con la de una indumentaria armada de apuro. “La camiseta está en buenas condiciones generales consistentes con el uso intensivo, la transpiración y la actividad atlética. Ligero deshilachado en el dobladillo en la parte inferior delantera de la camisa y manchas menores en todas partes”, indica el texto de la subasta.

Liviana de apuro. La historia de esta camiseta es cinematográfica. Argentina ya había jugado de azul, su indumentaria de alternativa, en el partido que por los octavos de final había vencido a Uruguay por 1 a 0 en la ciudad de Puebla, en una lluviosa tarde del 16 de junio de 1986. Luego del encuentro, el técnico argentino, Carlos Bilardo, tomó las camisetas y las pesó: la transpiración de los jugadores las había convertido en unos plomos. Enojado, las rompió y mandó a pedir otras. Para él sería impensable jugar con ese peso muerto en lo que quedaba de la Copa, para peor en el caluroso mediodía de la capital mexicana.

Bilardo, médico de profesión, le había pedido antes del mundial a la empresa Le Coq Sportif, que era la que vestía a la selección, que elaborara camisetas más livianas y que la transpiración no les resultara pesada a los jugadores. Eso era revolucionario en 1986. La firma deportiva francesa respondió con casacas con tecnología air-tech, consideradas por entonces casi una extensión de la piel, pero que solo reservaron para la indumentaria titular, la típica albiceleste. Las azules, de alternativa, eran de algodón, comunes y corrientes. Para peor, iban a tener que volver a usarlas: el miércoles 18 Inglaterra le ganaba 3 a 0 a Paraguay por octavos y se convertía en el rival argentino; como ambas indumentarias titulares eran similares, el sorteo determinó que Argentina tenía que usar su segunda indumentaria. Y Bilardo las había roto.

Como sea, el jueves 19, ante la imposibilidad logística de Le Coq Sportif de confeccionarles otro juego alternativo con la tecnología solicitada en tan poco tiempo, Bilardo le ordenó a su ayudante Ruben Moschella, integrante del cuerpo técnico, que saliera a buscar remeras azules, con el logo de Le Coq Sportif y más livianas.

Luego de fracasar en una media docena de lugares, Moschella consiguió en una tienda dos modelos parecidos que cumplían esos requisitos y los llevó a las instalaciones del América. Según recordó El Gráfico en 2013, Bilardo y sus ayudantes dudaban sobre cuál usar, sin sentir particular entusiasmo por ninguna. Fue Maradona, quien pasó casualmente por la habitación del debate, el que puso fin a la disyuntiva: “Qué linda esta camiseta. Con esta le ganamos a Inglaterra”, escogiendo una, luego de mirar y palpar las dos.

Los argentinos adquirieron 38, dos para los 19 jugadores de campo, uno para ser usada en cada tiempo. Las bordadoras se encargaron contrarreloj de emparcharles el escudo —que no era exactamente igual que el oficial— y colocarles el número. Así salieron los argentinos a la cancha, con un azul notoriamente más brilloso que el del partido anterior, con un escudo sin laureles y con números plateados y no blancos. Sí, la camiseta con la que Maradona se inmortalizó en México, con la que hizo un gol con la mano y otro gambeteando a medio equipo inglés, y que ahora se está subastando en una cifra millonaria había sido adquirida de apuro y armada con aún mayor premura en una tienda cuyo nombre quedó en el olvido.

Rompiendo récords. No se conocen los motivos por los cuales se quiere subastar la camiseta ni qué destino tendrá el dinero recibido. Consultado por Burgo para su libro, publicado en 2016, Hodge le respondió que pese a haber recibido ofertas no quería venderla. En su autobiografía, el inglés dijo que la camiseta gloriosa estuvo guardada en su ático hasta 2002, cuando le llamó la atención una noticia: “Una de las remeras que Pelé había usado en el Mundial 70 fue a subasta y se vendió por más de 150.000 libras”, unos 225.000 dólares. El dueño era un “checoslovaco”, integrante de la selección que jugó contra Brasil en la fase de grupos del Mundial de México 1970.

Sin embargo, los archivos de prensa señalan que la camiseta de Pelé subastada ese año por esa cifra fue la 10 de Brasil que usó en la final de ese mundial en la que derrotaron a Italia por 4 a 1. La subasta, realizada el 27 de marzo de 2002 en Christie’s —competidora de Sotheby’s—, alcanzó las 157.750 libras, triplicando las previsiones originales, un récord mundial para una camiseta deportiva. Como sea, desde entonces Hodge intentó asegurar su tesoro, pero ninguna compañía quiso tasarla. Desde entonces, la dejó en exhibición en el museo indicado.

La de Pelé es hasta ahora la camiseta de fútbol más valiosa de la historia, récord que ya se sabe será pulverizado por esta azul de Maradona. No es, empero, la casaca deportiva por la que se ha pagado más. Este honor corresponde a la leyenda del béisbol Babe Ruth: por la vestimenta de los New York Yankees que utilizó entre 1928 y 1930 se pagaron 5.640.000 dólares en una subasta de Hunt el 15 de junio de 2019. Si alguien puede destronar esta marca, es Maradona.

Y Maradona, se transformará póstumamente también en “responsable”, gracias a sus goles, del objeto relacionado con el fútbol más caro en ser subastado. Ese honor corresponde al manuscrito de Reglas, reglamentos y leyes del Sheffield Football Club, más conocido como el Código Sheffield, un conjunto de normas de 1857 que es considerado el origen de las reglas del fútbol. El martillo cayó en 2011 en Sotheby’s en US$ 1,24 millones. La Mano de Dios y el Gol del Siglo lo dejarán atrás.

"PARA MÍ, NO TIENE LÓGICA"

Para Héctor Bavastro, responsable de la centenaria casa de remates uruguaya Bavastro e Hijos, hay algo que hay que tener en cuenta: estamos en Sudamérica y lo que resulta insólito por acá, en materia de precios, puede no serlo en Europa o Estados Unidos. “Para mí, precios como los que se manejan por la camiseta de Maradona no tienen lógica. Más allá del valor histórico, en esto depende quién lo tenga, quién lo quiera y el poder adquisitivo de los potenciales compradores”, dice a Galería. “Eso es Londres, es otro mundo. Si realmente vale o no vale esos millones, no lo sé”.

Por ir a la historia del fútbol uruguayo, Bavastro recuerda las 70 piezas relacionadas con el Maracanazo que subastó en 2010 por un total de 150.000 dólares. La medalla recibida por Juan Alberto Schiaffino, autor del gol del transitorio empate del partido decisivo ante Brasil, y quizá la mayor figura de ese equipo, se vendió por unos 20.000 dólares, recuerda. “Y en noviembre pasado, por ejemplo, rematamos una camiseta de la selección brasileña que era de Pelé, firmada por él, y no hubo ofertas. ¡Y eso que con las plataformas digitales llegábamos a todo el mundo!”.

Bavastro recuerda que en Argentina, la subasta de bienes que pertenecieron a Diego Maradona, realizada a fines del año pasado, incluyendo inmuebles y vehículos, fue un sonado fracaso.

OTROS ÍCONOS CULTURALES A REMATE

Los seis mil cristales de strass del ajustadísimo vestido color carne con el que Marilyn Monroe le cantó el Happy birthday, Mister President a John F. Kennedy en 1962 se subastó en 2016 por 4,8 millones de dólares. El comprador fue la franquicia Ripley’s Believe it or Not. Diseñado por Jean Louis, es la prenda de vestir más costosa que pasó bajo un martillo.

En 2017, Christie’s subastó el Salvator Mundi, atribuida a Leonardo Da Vinci, pintada en torno al año 1500, por 450 millones de dólares. Es el cuadro más caro jamás vendido. Redescubierto de forma casi fortuita en 2005, aún hay dudas, sin embargo, de que haya sido el maestro renacentista su verdadero autor.

Además de ser una gran canción, escrita e interpretada por un gran artista, el manuscrito de Like A Rolling Stone de Bob Dylan la convirtió en la canción más cara de la historia del rock. El garabato de cuatro páginas incluyendo notas, acordes y versos finalmente no publicados se subastó en 2014 en dos millones de dólares.

Al menos en subasta pública, el auto por el que se pagó más fue por un Ferrari 250 GTO de 1962, que se lució en las competencias de Turismo en Italia. Fueron 48.405.000 dólares en 2018. Se hace la precisión al principio porque estos autos de altísima gama suelen ser pujados en instancias más privadas, para un todavía más selecto grupo.