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Narrativa, poesía y gráfica

La bibliografía de la nueva generación: editoriales emergentes en Uruguay

Cada una con su perfil, Pez en el hielo, Salvadora, Fardo y Tajante representan a una camada de editoriales alternativas que están emergiendo en la capital

12.03.2020

Lectura: 13'

2020-03-12T08:08:00
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Por Alejandra Pintos

En todo el mundo, el mercado de los libros está dominado por grandes conglomerados internacionales: Penguin Random House, Anagrama y Planeta se reparten el ranking de los más vendidos, donde predominan los libros de autoayuda, cocina y astrología. Y, justamente por eso, en un país tan pequeño como Uruguay, para estas editoriales no es sencillo (ni rentable) arriesgarse a publicar a un autor ignoto, una primera obra o un poeta disruptivo.

Es en esos márgenes que prosperan las editoriales independientes, que desde hace un par de años están viviendo una etapa fermental, sobre todo entre los menores de 35 años, que sienten que sus voces y las de sus contemporáneos no se ven reflejadas en la literatura. Muchos de estos proyectos se reúnen a través del colectivo Sancocho, que agrupa a una decena de editoriales independientes. Juntos, organizan eventos -el próximo es el 19 marzo en el bar Tundra- con los que buscan conectar con una nueva generación de lectores.

En esas ferias cada uno tiene su mesita, su espacio, para mostrar qué está haciendo y se ven desde fanzines hechos artesanalmente hasta libros a la altura de la editorial más prestigiosa, con tapas cuidadas, estéticas, que buscan convencer a un público que cada vez conecta menos con los objetos físicos de que compren un libro. Es que en el universo que conforman las editoriales independientes cada una tiene su lugar y su público. "En Montevideo hay una movida interesante de editoriales independientes y si bien hay varias, todas tienen una personalidad diferente, está bueno porque eso genera que podamos ir a ferias y convivir todos, no nos repetimos. Cada uno encontró su nicho de cosas que le interesa hacer, su perfil y su público. El nuestro es gente joven que tiene ganas de conocer qué están haciendo sus pares, entender a su generación. Acá publican personas más grandes, a mí me reinteresan, los admiro y los leo pero también tengo ganas de saber qué están haciendo mis pares", cuenta Eugenia Ladra, de Fardo, una de las editoriales que reúne a los autores más jóvenes.

Sin embargo, las publicaciones independientes no son una novedad. Uruguay tiene una larga tradición de editoriales pequeñas. Previo a la dictadura surgieron las emblemáticas Alfa (1958), Ediciones de la Banda Oriental (1961) y Arca (1962) y después lo hicieron Trilce (1985), junto con Ediciones de Uno (fundada por Luis Bravo, Daniel Bello, Gustavo Wojciechowski, Diego Techeira, Miguel Ángel Olivera, Héctor Bardanca y Agamenón Castrillón) y Fin de Siglo (1991). Sobre principios de los 2000, motivadas por el abaratamiento que trajeron las nuevas tecnologías, llegó una nueva generación de editoriales independientes, como Yaugurú, Irrupciones Grupo Editor, Civiles iletrados, La Propia Cartonera, Rumbo Editorial, Palabra Santa, Criatura Editora, Antítesis, Artefato, Casa Editorial HUM y Estuario Editora.

Ahora es el turno de una nueva generación.

Pez en el hielo

De niño, a Gonzalo Baz le encantaba leer. Sin embargo, a medida que fue creciendo y convirtiéndose en adolescente fue relegando esta actividad a un segundo plano. En la adultez se reencontró con la literatura y no solo retomó la lectura, sino que empezó a "escribir en serio, no pensando en publicar pero sí poniéndole cabeza a lo que estaba haciendo", recuerda. "Siempre tuve una relación muy íntima con la literatura, es algo que me mueve, por eso también empecé a trabajar en una librería, en Escaramuza", agrega.

Baz le mostró los textos a su pareja, la también escritora Daniela Olivar y ella le compartió los suyos. De ese intercambio surgieron las ganas de publicarlos y, junto con ellas, la idea de fundar una pequeña editorial que recopilara sus textos y los de sus amigos. Así nació Pez en el hielo.

Con una modesta inversión de 250 pesos editaron, en 2016 y de forma artesanal, Querías frío, acá tenés muñeca, con cuentos de ellos dos, Cyntia Trafi y Hoski. Los cosieron ellos mismos, a mano, y la serigrafía de la tapa estuvo a cargo de un amigo que tenía el taller en el patio de la casa. Con ese texto y con una edición local de los poemas del argentino Vicente Luy se presentaron en la Feria del Libro Independiente y Autogestionado (Fila). "Fue un momento clave de la edición independiente acá. A partir de esa feria nos dimos cuenta de que estaban aflorando un montón de editoriales. Fue todo muy de golpe y fue ahí cuando nos vimos las caras por primera vez", recuerda.
De ese encuentro surgió el colectivo Sancocho, que organiza ferias, festivales y promueve el circuito de las editoriales independientes. Los festivales, también conocidos como Sancochazos, nacieron en el bar Tundra con música en vivo y lectura de poesía, pero fueron rotando por distintos barrios, dándoles la posibilidad a los editores de conocer al público y charlar con ellos, saltándose al intermediario que representan las librerías.

"Desde el principio hubo tremendo interés. Es gente a la que le gusta leer mucho, que le interesa la literatura uruguaya, que le interesa saber qué está pasando en la narrativa y la poesía emergente. También son personas que valoran el libro como objeto, que es una característica de Pez en el hielo, buscamos que el libro sea más que un soporte", cuenta el creador de la editorial. Y no solo se acercaron lectores, sino también escritores que se sentían identificados con la propuesta de Pez en el hielo. "Ahí se empezó a transformar en una editorial en serio".
De eso ya pasaron cuatro años y llevan 15 títulos publicados, ahora de forma no tan artesanal en cuanto a la impresión y la encuadernación. Sin embargo, la selección de los textos sigue siendo intuitiva. "Cuando leemos la propuesta nos damos cuenta enseguida si tiene que ver con lo que estamos haciendo o no. En la narrativa hay un hilo y cierta tendencia a las periferias, a escribir desde un lado un poco más marginal. Es lógico que así sea porque son autores que están en los márgenes de lo que es el circuito editorial", explica Baz.

Gonzalo Baz. Foto: Adrián Echeverriaga.

Salvadora

Si de por sí una editorial independiente es una cuestión de nicho, una editorial independiente enfocada en la dramaturgia, es algo aun más pequeño. Pero no por eso menos necesario. Leonor Courtoisie notó que en el país no había nadie que se dedicara a publicar textos de teatro uruguayos y, por eso, en 2017 le propuso a su amiga Camila Guillot, escritora y correctora de estilo, crear una editorial. Juntas fundaron Salvadora. Guillot después se alejó del proyecto para abrir su propia librería, El Castillo Vagabundo, pero se mantuvo como una aliada en cuanto a la distribución. Actualmente, a Salvadora la componen Agustina Cabrera, Vanessa Cánepa, Leonor Courtoisie, Martín de los Santos, Martina Marenales, Florencia Livchich, Federico Puig Silva, Diego Recoba y Gabriela Escobar.
Mientras que la editorial preparaba sus primeras publicaciones se vincularon con Baz a través de Sancocho, que les compartió "saberes y herramientas" para facilitarles el proceso -aunque, de todas formas, no fue sencillo-. Nueve meses después se tiraron al agua con Nueva dramaturgia aduanera (2017), la primera colección de la editorial, compuesta por cinco textos y enfocada en dramaturgias escritas por mujeres contemporáneas latinoamericanas, en su mayoría con una, pocas, o ninguna obra estrenada.

Entre los títulos de la primera colección estaba Corte de obsidiana, de la propia Courtoisie. "Nunca me imaginé que me iba a autoeditar, se fue dando cuando decidí tener una editorial y preferí probar primero los errores conmigo. Vamos aprendiendo cómo hacer las cosas", cuenta. Luego, publicaron dos colecciones más: un proyecto de investigación compuesto por 10 librillos de dramaturgia escrita por mujeres uruguayas entre 1930 y 1973 y Una mujer se asoma a la ventana, con dos textos, uno de Josefina Trías (la celebrada Terrorismo emocional) y otro de Florencia Caballero Bianchi (La bestia de sal).

"El teatro es efímero, entonces al ponerlo en papel lo inmortalizamos. Josefina y Florencia nunca pensaron que iban a ser editadas porque vos siendo dramaturga, joven, en Uruguay, no pensás que alguien te va a editar un libro. Justo salió Salvadora y se los propusimos. Hay una tradición desde los 90 hasta acá de la dramaturgia de la escena, trabajar con el actor o la actriz y más o menos escribir algo", explica Courtoisie.
Hasta ahora, todas las obras publicadas por Salvadora fueron escritas por mujeres. No es una cuestión deliberada, sino que simplemente se dio de esa manera. "A una editorial que solo publicó hombres no le harían esta pregunta", dice medio en broma medio en serio la dramaturga.

"Estaría buenísimo que existieran fondos para la edición porque realmente no ganamos nada. Me gustaría poder pagarles bien a las personas por el trabajo que hacen. Para poder dedicarnos a esto sin hacerlo así nomás. Para mí, el gran desafío es que se rompa el prejuicio con este género. Lo veo más como un trabajo de militancia que dedicarme yo a esto para siempre, no quiero que me absorba. Creo que a partir de lo que está pasando con otras editoriales independientes las cosas van a empezar a moverse, hay más diversidad, una bibliodiversidad", sentencia.

Leonor Courtoisie. Foto: Sebastián Aguilar.

Fardo

La "bibliodiversidad" de la que habla Courtoisie es también una de las prioridades de Fardo, fundada por Eugenia Ladra y Joaquín di Lorenzi. Ellos se conocieron en el taller de escritura de Daniel Mella. Al producir textos todas las semanas surgieron las ganas de publicarlos, pero desde el principio supieron que no querían ir a tocarle la puerta a una editorial, sino que preferían tener el control creativo desde el principio hasta el final. En 2018 publicaron su primer libro, La naturaleza de la muerte, de Ladra. Si bien la edición era sencilla, el papel rosa de la tapa y las ilustraciones de Sofía Teperino que acompañaban al texto lo convertían en un objeto atractivo. Con esa edición nació Fardo.

A la hora de publicar buscan que los autores sean "gente joven que escribe como gente joven". "Tiene que ver con varias cosas, con los temas que se eligen. Cosas con las que las personas de nuestra generación se puedan sentir identificadas. También tiene que ver con la decisión de escribir o no con lenguaje inclusivo. Tiene que ver con no dejar por fuera temas que están sucediendo y que forman parte de nuestro cotidiano como cuestiones políticas. No necesariamente que se hable de eso, no publicamos ensayos, pero sí que lo rocen, que les importe. Nos interesa justamente visibilizar autores que están escribiendo pero que nunca han sido publicados", explica Ladra.

A pesar de que tienen poco más de un año, ya cuentan con siete títulos publicados, al menos tres lanzamientos proyectados para 2020 y material como para dos años más, porque constantemente están recibiendo trabajos de escritores emergentes que quieren editar sus primeras obras. Sin embargo, para ellos, no deja de ser algo que hacen en su tiempo libre: cada uno tiene su trabajo (ella lleva adelante un estudio de comunicación y él da clases de Inglés) y, además, ganas de escribir sus propios textos. "Si fuera por una cuestión de deseo, me encantaría dedicarme a esto. Yo creo que en Uruguay vivir de una editorial independiente es muy complejo. Una cosa que sí hemos pensado es tomar este proyecto como un punto de partida y generar otras cosas relacionadas, por ejemplo, tener un espacio que funcione como librería y centro cultural, o algo así. Como nosotros tenemos nuestros trabajos tampoco tenemos la necesidad de hacerlo, tal vez si precisáramos que se transforme en algo que nos salve mes a mes seguro cambiaríamos muchas cosas, la producción, el formato de los libros. Y un poco la esencia se pierde. Siempre decimos que vamos a sacar una editorial fantasma con otros títulos y de eso sí vamos a vivir, pero Fardo lo vamos a mantener así", cuenta la escritora entre risas.

Eugenia Ladra. Foto: Sebastián Aguilar.

Tajante

Mateo Arizcorreta y Diego Ruiz tenían ganas de escribir un libro extraño, a cuatro manos. De prosa barroca, humor absurdo y con un protagonista atípico. Era prácticamente imposible que una editorial les dijera que sí -si la ficción local es un riesgo, una ficción con esas características era demasiado riesgosa-, así que decidieron publicarla ellos mismos. Ahorraron dinero y fundaron Tajante para sacar su ópera prima, ¿No has oído hablar de Cardoso? Joaquín Otero, editor y amigo de ellos, los ayudó con un plan de trabajo que cumplieron a rajatabla. Finalmente, el libro salió a la venta en 2015 y tuvo cierto éxito, fue rentable y, además, les enseñó a trabajar con diseñadores, distribución y prensa.

"Hay una cosa horrible que hacen los escritores primerizos que se autofinancian, que es que cuando sacan un libro dicen ‘edición de autor'. A mí me deprimía hacerlo, siento que no te toman en serio. Alguien que no sabe cómo es el mundo editorial puede llegar a pensar que lo hace porque nadie quiere editarle el libro. Entonces inventé Tajante y compré el dominio. Ahí me empezó a escribir pila de gente que tenía su proyecto, yo les explicaba cómo fue que hice, pero no tenía capital. Nuestra idea era sacar libros de nuestro ámbito cercano", recuerda Arizcorreta.
Sin embargo, los planes se truncaron cuando Ruiz se mudó a Alemania y él quedó solo con el proyecto. A pesar de eso, siguió adelante, aunque no con tanto ímpetu. Para el segundo libro de la editorial, Arizcorreta decidió probar con la no ficción y publicó Beckham nunca conoció Durazno y otras historias insólitas del fútbol uruguayo, del salteño Miguel Méndez, un libro de historias que muestran el costado "más pintoresco y honesto del fútbol uruguayo".

Y en 2019 volvió al ruedo con su segundo libro, el primero en solitario, Alguien controla los dados, una hilarante novela en primera persona narrada por cuatro personajes diferentes, que tuvo muy buena recepción en la crítica. "Yo trabajo 10 horas y después me pongo a escribir un libro. Siento que tengo una desventaja competitiva. No le dedico mis mejores horas, estoy enfocado en trabajar. Sin embargo, lo saco. Hay gente que le parece que está bueno, hay gente que no, hay gente que te miente. Pero lo saco, es dar el paso. Otras personas esperan a hacer un taller, o a escribir algo mejor y nunca lo sacan. Es algo muy de la época, de la gente autoexigida", explica. Arizcorreta estudió Letras y trabaja en el rubro computación.

Para el autor y editor, cada libro es un experimento, una oportunidad de probar algo diferente. No descarta un día dedicarse solamente a Tajante, pero mientras tanto se divierte. El próximo lanzamiento, por ejemplo, es un libro objeto sobre la vida en la Tierra contado desde el punto de vista de unos extraterrestres.

Mateo Arizcorreta. Foto: Adrián Echeverriaga.