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La Plaza de Toros de San Carlos: despertar de las ruinas

Después de 109 años, el 9 de diciembre reabre la Plaza de Toros Real de San Carlos como escenario para la cultura y el deporte con capacidad para 2.000 personas

25.11.2021

Lectura: 14'

2021-11-25T08:28:00
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Todos los días a las 8 de la mañana el veterano iba a la Plaza de Toros a confirmar que seguían con las obras de restauración. No lo podía creer. De niño jugaba al fútbol en el pasto del ruedo. Creció viendo cómo la mole iba perdiendo los ladrillos con cada nuevo temporal, cómo la estructura de hierro cada vez quedaba más expuesta y herrumbrada. Estaba seguro de que la perdían. Pero un día aparecieron grúas y camiones decididos a cambiar lo que parecía inexorable. Por eso, cada mañana le contaba esta historia al arquitecto a cargo de la obra, Walter Debenedetti, director de Planeamiento y Patrimonio de la Intendencia de Colonia. “Quiero entrar”, insistía ante la negativa del jefe que velaba por su seguridad. Pero al séptimo día el corazón del arquitecto se rindió, le dio un casco, un chaleco y lo llevó hasta el borde del ruedo. “Yo no puedo creer estar acá”, dijo el hombre mientras intentaba hacer foco con la cámara de fotos entre las lágrimas que le brotaban. “No puedo creer que estén haciendo este trabajo. Muchas gracias”, a lo que el arquitecto respondió de la misma manera. “Yo también estoy agradecido, yo soy coloniense”. A pesar de que el especialista en patrimonio ha sido el motor de este proyecto, reconoce que tuvo la suerte de su lado porque le tocó estar en “el momento en que se alinearon los astros”. Según Debenedetti, no se intervino antes este monumento histórico porque para que eso sucediera se debían dar tres cosas al mismo tiempo: un proyecto arquitectónico, voluntad política y dinero. “A veces estuvo la voluntad política pero la plata no estaba”. Sin embargo, el proyecto estaba pronto hacía tiempo esperando que los otros dos factores se concretaran. “Siempre dije: ‘Yo quiero tener el proyecto armado porque un día la plata va a salir, y un día la voluntad política va a estar y lo único que no puede faltar es el proyecto’”. De hecho, Debenedetti tiene este proyecto en la cabeza desde mucho antes de 2012, cuando efectivamente empezó a tomar forma en los papeles. El sueño de ver la plaza restaurada está ahí desde que empezó a estudiar Arquitectura. “Me crie viendo esto como una ruina, toda mi vida. Hasta los 18 años que me fui a Montevideo a estudiar viví en Colonia, esta es mi ciudad. Veníamos acá y yo pensaba qué increíble que no podamos… y pasaron como 30 años y acá estoy, viendo esto, ahora”.

Walter Debenedetti. Foto: Adrián Echeverriaga.

Walter Debenedetti. Foto: Adrián Echeverriaga.

Walter Debenedetti fue el hombre que se puso el proyecto al hombro —casi como una meta personal—. “Es una mochila que alguien tenía que cargar, porque no me alcanzan las horas para relatarte los dolores de cabeza que hay atrás de esta obra y la cantidad de veces que tuve piedras, pero después encontré ganas, voluntad y mucha gente que me tiene confianza técnica, porque muchos pensaban que esto no se podía hacer. Pero después decían: ‘bueno, si el arquitecto dice…’. Hice un cronograma de trabajo para ver cuáles eran los pasos que había que seguir para llegar a las licitaciones y empezar la obra, y se cumplieron tal cual, y estamos acá como pensaba, finales de 2021 con la obra pronta para inaugurarse. También ha servido que hace muchos años soy el director de Patrimonio, cambian las administraciones y yo mismo soy una especie de patrimonio, cambia todo menos yo (risas), y eso hace que haya una continuidad, que es muy bueno para estos trabajos”. 

Antiguo complejo turístico. La Plaza de Toros Real de San Carlos fue construida por el empresario Nicolás Mihanovich e inaugurada en enero de 1910, como parte de un complejo turístico que tenía un muelle, al lado una usina de energía eléctrica (la primera del interior del país), un frontón de paleta, y un hotel casino que hoy es la Universidad de la Empresa. Mihanovich traía su barco, el Vapor de la Carrera, cargado de turistas argentinos que descendían en el muelle, donde se tomaban un trencito que los pasaba por delante de la Plaza de Toros —levantada con un atractivo pero caprichoso estilo morisco— y los dejaba en la puerta del hotel, ubicado a corta distancia. La idea —la misma que continúa hasta el día de hoy— era atraer a los argentinos ofreciéndoles entretenimiento de apuestas en el casino y en las corrida de toros.

En 1912 se prohibieron las corridas de toros en Uruguay, y con esta decisión la actividad principal del edificio dejó de existir. Recién en 1935 pasó a manos de la Intendencia de Colonia. Eventualmente, la antigua fábrica textil Sudamtex hizo una fiesta en el ruedo en la década del 50, en 1980 se organizaron algunas actividades por los 300 años de la fundación de Colonia del Sacramento y de ahí en más quedó abandonado. Hasta hace unos 25 años se podía visitar, pero luego se prohibió el ingreso por peligro de derrumbe, aunque la gente entraba igual, e incluso llegó a haber ocupantes ilegales que levantaron unas construcciones precarias. 

El hecho de haber permanecido tantas décadas frente a las narices de una comunidad que no podía entrar y disfrutar de ese edificio tan singular, fue la razón por la que Debenedetti decidió hacer el Abierto por Obras, un proyecto que consistió en habilitar visitas guiadas durante gran parte del proceso de restauración. 

El arquitecto tomó la idea de unos colegas y amigos vascos que hicieron lo mismo durante la restauración de la Catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz, en el País Vasco. “Desde que arranqué a hacer el anteproyecto el Abierto por Obras estuvo planteado”. Para América fue toda una novedad y se hizo en convenio con la Asociación de Guías de Colonia, que estuvieron felices de poder trabajar durante la pandemia. Y resultó un éxito de público: la obra fue visitada por entre 3.000 y 4.000 personas por mes, con aforo limitado por la situación sanitaria. 

Foto: Adrián Echeverriaga.

Foto: Adrián Echeverriaga.

Un tercio para la cultura. Con esta obra —comenzada el 23 de octubre de 2019— se rehabilita un tercio de la estructura total de la plaza, donde se colocan gradas nuevas, se refuerza la estructura y se incluyen locales comerciales en planta baja. En tanto, los otros dos tercios permanecen como ruina consolidada, a la que solo se puede acceder con visitas guiadas. Dos razones se esgrimieron para esta decisión. La primera es un tema conceptual. “Me parecía que estar sentado en un lugar totalmente refaccionado a nuevo y ver cómo estaba antes te permite darte cuenta de lo que pasa con los edificios que no se usan, no se cuidan, ni se mantienen; se caen, el proceso es inevitable”, explica el arquitecto. La segunda razón, que es la que inclinó definitivamente la balanza, es que así la obra tiene un costo aproximado de 8 millones de dólares. El costo de una refacción total probablemente alcanzaría los 20 millones. “Y, obviamente, no los teníamos”. 

El financiamiento se hizo con aportes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo de Desarrollo del Interior, ambos gestionados a través de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). Además, se sumaron fondos propios de la Intendencia de Colonia. “Por suerte teníamos una intendencia que estaba en condiciones económicas de poder asumir el reto y (el intendente Carlos) Moreira lo planteó como prioridad absoluta. Y cuando las cosas se priorizan, se consigue el dinero”. 

El primer paso se dio con la primera licitación, en 2013, que ganó una consultora catalana y se encargó del escaneo 3D de todo el edificio, pues no existen planos y no se podía subir a las gradas a medir. El informe final de este estudio estuvo pronto en 2015. El resultado arrojó que la pared de ladrillo estaba bien, pero había que recomponerla en los sectores donde había faltantes para fortalecer el círculo, de lo contrario podía colapsar. Para reforzar la estructura se colocó, a su vez, un anillo de hierro que le dio mayor rigidez.

“Hay un tema en patrimonio que es muy importante: la autenticidad. Lo que se restauró se restauró, lo que es viejo es viejo. Yo no quiero que la gente piense: ‘uy, qué lindo, cómo lo mantuvieron 120 años impecable’. No, no fue así, mentira, se cayó. Yo la llamo ‘una vieja señora con cicatrices’. Hay que asumirla así. Es muy elegante pero tiene sus años, sus cicatrices, y ahí está su hermosura”, opina Debenedetti. 

Se mandaron a hacer ladrillos especialmente para que fueran primos hermanos de los originales. El arquitecto rechazó 13 empresas (entre ellas algunas brasileñas y argentinas) hasta dar con el tono, la forma y la misma resistencia portante que los originales, para evitar futuras fisuras. Tarea nada sencilla. Los ladrillos de principios del siglo pasado fueron hechos en hornos ubicados a 5 kilómetros, en la playa La Arenisca, sobre la costa, lo que les dio una composición con mucha arena y mucho sílice. Finalmente los consiguió en una fábrica de Minas (Lavalleja), que debió entregar arriba de los 100.000. 

El trabajo con el hierro, por su parte, tuvo otra historia: se podía restaurar, ya que estaba bien de calidad. Para la construcción original el hierro había sido traído de Alemania; se armó una parte en Argentina y se terminó en el lugar. Esta información, así como la de los ladrillos, surgió de una investigación histórica llevada a cabo con historiadores y arqueólogos. 

Foto: Adrián Echeverriaga.

Foto: Adrián Echeverriaga.

Algunos de los sectores de la estructura de hierro fueron restaurados o reforzados, y estos trabajos se pueden distinguir claramente de los originales: los que tienen remaches son los hierros originales y los lisos son los refuerzos contemporáneos. “Tuvimos que reforzar por condiciones de seguridad, porque han cambiado notoriamente las condiciones de seguridad respecto a lo que era en 1910. Pero ese era el criterio, porque más de una vez me preguntaron dónde conseguimos los buloncitos para poner... No, no. La idea es que toda la remodelación hecha en el siglo XXI se note, sin hacer alardes, pero respetando el lenguaje y dialogando. Porque acá lo importante es el original. Nosotros tratamos de ser lo más respetuosos posible con la intervención, pero que se note”, explica Debenedetti. 

Debajo de las gradas que quedaron como ruina consolidada se fueron guardando todas las piezas que no se podían reparar. “Todo lo que estaba en la plaza se quedó en la plaza”. De esta manera, quedó un sector como testimonio del paso del tiempo que se puede visitar con una guía. Incluso, en el exterior junto a la puerta de entrada se mantuvo unos trozos de pared caídos en un temporal en el verano de 2013.

Las gradas estaban en muy malas condiciones, si se usaban colapsaban. Para la parte refaccionada se colocó por encima una losa independiente de hormigón prefabricado, es decir que las gradas originales no se usan, pero al quedar por debajo están a la vista como techo del ambulatorio cubiertas por una malla de protección. 

Más que un escenario. El nuevo complejo cultural Real de San Carlos estará gestionado por una empresa privada que será elegida por licitación. El proceso está en marcha, pero se estima que la gestión no comenzará hasta marzo o abril de 2022.

Además del espacio central con capacidad para 1.922 personas sentadas en las gradas, más unas mil paradas o 500 sentadas en el ruedo, el edificio albergará un museo taurino (cuya museología ya está hecha por la intendencia pero el montaje correrá por cuenta del gestor), un restaurante, una sala de convenciones, una tienda con merchandising, una cafetería, dos locales comerciales, y probablemente alguna isla en el ambulatorio. 

Render del proyecto terminado.

Render del proyecto terminado.

En la parte posterior (opuesta a la entrada principal) se armó el backstage, con dos contenedores refaccionados y recubiertos con madera donde se encuentran los camarines con vestuarios, baños y duchas. Allí también se encuentra la entrada al ruedo para el armado del escenario y el área de servicios con bomba de incendio y tanques de agua.

Dos ascensores totalmente vidriados conectan las dos plantas, separadas por una altura de 5,50 metros. El techo superior está a 11 metros, mientras que los puntos más altos del edificio, en la parte de los pretiles, tienen 19 metros de altura. 

Esos techos del ambulatorio del segundo piso eran originalmente de chapa y se cambiaron por cielorraso de madera. “Esa fue una de las tantas negociaciones con el ingeniero acústico. La chapa reverbera mucho. Él quería poner paneles acústicos y yo preferí poner madera”, aclaró el arquitecto. 

El tema acústico volvió a aparecer en el ruedo. “En todas las plazas de toros hay una cosa que se llama el burladero, donde los toreros se esconden cuando viene el toro. El ingeniero acústico quería poner un panel que sobresaliera y yo le dije que hiciéramos como si fuera un burladero, con la misma altura que es máximo de 1,60 metros. Además, colocamos en el muro de atrás un aislante acústico”.

El escenario, que correrá por cuenta del gestor o la producción de los espectáculos, no estará siempre armado, pues la idea es que sea un espacio polifuncional. En el espacio central (cubierto de césped) se pueden practicar todos los deportes menos fútbol 11, armar cualquier tipo de escenario o carpa y hasta entrar modelos nuevos de autos u otros vehículos. Son miles los usos que puede tener, por lo que instalar un escenario condicionaría las opciones.

Esta obra presenta casi 40% del edificio restaurado para su uso público, pero ¿se puede llegar a 100% si se consiguen los fondos? “A mí me gustaría que a 100% no, para que siempre hubiera un testimonio de cómo era”, opina Debenedetti. “Pero se puede seguir restaurando y llegar a 80%. Patrimonial y estructuralmente está resuelto el tema, es cuestión de cómo funcione esto, si realmente se necesita más capacidad. 

Render del proyecto terminado.

Render del proyecto terminado.

La comunidad de Colonia, que hasta ahora contaba solo con una tribuna del Campus Municipal para eventos de una capacidad similar, está expectante. El 9, 10 y 11 de diciembre las puertas se volverán a abrir al público después de 109 años cerradas, y la inauguración será con actividades y espectáculos de artistas locales. Luego, en los meses en los que se defina la adjudicación al nuevo gestor, seguramente la intendencia organice algún evento. 

Con este nuevo escenario con las condiciones y exigencias del siglo XXI, la perspectiva es que lleguen espectáculos de calidad que antes no tenían un lugar adecuado. “Apostamos al desarrollo de la cultura, como pauta fundamental, este es un monumento histórico y por lo tanto aquí lo que prima es la cultura, de los colonienses, de los uruguayos”, dice Debenedetti, quien además asegura que la puesta en marcha de la Plaza de Toros jugará un rol clave en el circuito turístico junto con el casco viejo de la ciudad. “Invertir fuera del sitio del patrimonio mundial puede ayudar al sitio. Nosotros tenemos una sobrecarga impresionante de turismo en el casco viejo; extenderlo hacia el Real de San Carlos, involucrar este patrimonio, puede implicar más días de permanencia o simplemente descongestionar el sitio. A veces no solo tenés que invertir continuamente en el lugar mismo del patrimonio, sino que hay otras cosas que ayudan. Esto hace el equilibrio, porque también es parte de la historia. 

Recuperamos para la cultura un monumento histórico que se caía, es un símbolo de los colonienses y de Uruguay”, concluye.